
Me ahogué en su presencia y contuve mi respiración, supuse que eso me ayudaría para no estallar en llanto, por lo menos las vagas lágrimas podían esconderse en un pañuelo desechable. Pero no quería compartir mi ambiente con nadie en ese instante, quería ser el ejemplo de lo egoísta sin importar lo que pensara el resto, quería asfixiarme en mi culpa y sentirme una masoquista con razón de serlo, pero no podía, creo que soy lo suficientemente gente para no echar a patadas a la sonriente María Paz. Eso sí, no intercambiaríamos muchas palabras después de esto, porque si lo hacía, me estaría obligando a tomar medidas drásticas para dejar de ser una "persona".
Ni necesidad hubo de explicarle lo que pasaba, creo que lo presintió al notar mi silencio, no preguntó nada, excepto dónde se encontraba el baño y si acaso podía usarlo para darse una ducha. Le indiqué y respondí afirmativamente, me daría un tiempo para pensar y poder convencerme que sólo era una estúpida exageración de parte mía. Quería que llegara el día Miércoles y hablar con mi doctora, tal vez yo necesitaba un psiquiatra en vez de un doctor común y corriente.
Aún faltaba pasar el día Martes, ¿Qué haría?, miré mi ropa y lo recordé. Debo devolverle esto a Lourdes y recuperar mis pertenencias, aún no comprendo el por qué de lo ocurrido hoy en la tarde, es como si no hubiese sido yo quien estaba en mi cuerpo, como si... Como si me estuviese enloqueciendo de a poco. Creo que el estar tan alejada de mi Universidad me ha dejado totalmente ignorante a lo que sucede en mis sistemas, ya no soy la chica con amor profundo a la Medicina, en estos momentos ni siquiera me siento capaz de sanar una raspadura en la rodilla.
María Paz aún no había regresado y yo no podía dormir, pensé en hacer algo estúpido, pero en esos momentos ése algo era lo que necesitaba para poder descansar tranquila.
Me paré rápido, supongo que fue normal el que me haya mareado, cuando me estabilicé corrí a la puerta y la cerré por afuera con cuidado, los pasillos seguían iluminados aunque fuesen las 2 de la mañana, probablemente Jenny estaba merodeando aún por el Hotel, a veces pienso que esa mujer nunca duerme, pero lo hace.
Pedí el ascensor, cuando llegó me metí adentro y esperé a que se abrieran nuevamente las puertas en el piso que solicité, fue un trámite rápido, podría haber ido perfectamente por las escaleras pero mi cansancio físico y psicológico no me lo hubiese permitido. Caminé hacia el fondo del pasadizo y doblé a la izquierda, al principio dudé un poco, ¿Estará dormido? ¿Será inapropiado entrar ahí?. Pero creo que mis palabras se oyeron hasta el otro lado de la puerta, porque sin siquiera tocar con mis dedos la estructura se abrió.
- ¿Tú no duermes, niñita? -me dijo sonriendo.
- No creo que esta noche, Joe.
- ¿Vienes a hablar conmigo?
- Creo que eso haría si me permitieras pasar... -expresé sin vergüenza.
- ¿Dónde está la niña que trajiste hace un rato? ¿Ya la echaste a la calle? -rió.
- No, está en mi habitación tomando una ducha -dije sin hacerle gracia a su comentario.
- Ok, supongo que estás esperando a que te diga que puedes pasar.
- No me molestaría si me dices que estás ocupado o estás follándote a alguien.
- ¡Laura! -gritó ofendido.
- Es la verdad, Joe, no me siento bien, no me tomes como si te estuviera jugando una broma de "Déjame entrar o si no..."
- Bueno, tienes razón, pero está un poco desordenado. Mañana tengo que entregar un informe a Tyler sobre las luces e instalaciones para la gala.
- La gala... -pensé- ¿Tú conoces a esa tipa nueva que vino a "reemplazarme"? -pregunté.
- Nadie la conoce, salió de la nada.
- Ah... Es una de las cosas que necesito conversar...
- Bien, pasa... -abrió más la puerta y se inclinó a un lado dándome el paso.
- No es que quiera acosarte con mis tontas vivencias ni nada, pero siento que contigo tengo más confianza que con el resto.
- ¿Y tu novio?.
- Muy ocupado para mí... Y no es mi novio, Joe.
- Eso es lo que pasa por meterse con personas famosas... -cerró la puerta y tomó asiento en su escritorio.
- No vine aquí a recibir tus sermones.
- No estás aquí para hacerme caso -sonrió- Continúa, te escucho.
Suspiré y me senté en su cama.
- A veces pienso que debo renunciar a todo, que no me quedan fuerzas para hacer nada más, que todo me da lo mismo y... Joe, ¿Por qué no me miras a los ojos cuando te hablo?
- Lo siento, estoy haciendo esto, viniste en un mal momento... -decía sin despegar la vista de su monitor.
Yo no estaba enojada, sinceramente no me quedaban ni ánimos para estarlo, pero necesitaba que alguien posara su atención completamente en mí para sentirme importante, aunque sea por unos míseros minutos, en esos instantes era capaz de limosnear que hubiese alguien para entenderme.
- Tienes razón, creo que será mejor que me vaya -me puse de pie bruscamente pero volví a caer en el colchón.
- No puedes irte sola -sólo al escuchar el ruido Joe soltó su notebook y se acercó a mí.
- Sí puedo, además tú estás ocupado...-decía mientras él buscaba un vaso de agua y lo ponía frente a mí.
- Creo que puedo hacerme un tiempo e irte a dejar, eso no implica nada.
- Eres un idiota... -le dije, al no tener nada coherente en mi cabeza.
- Toma esto, luego te iré a dejar- acercándome el vaso de vidrio a los labios.
- ¿Por qué te cuesta tanto mirarme a los ojos? -reclamé sin permitir que me diera el líquido.
- ¿Estás delirando? -dejó el vaso en otro lado y puso dos dedos frente a mí.
- No hagas eso Joseph, ¡Estoy bien! Sólo estoy cansada -me defendí frente a su insinuación de locura en mí.
- Bien, te llevaré a tu cuarto -dijo decidido y me paró frente a él, yo aún seguía con la idea de por qué se le hacía difícil mirarme.
- ¡Joseph! -me mantuve firme y arrebaté mi brazo de su mano.
Quedé frente a él, por fin conecté mi mirada con la suya, era un capricho que no entendí, no comprendí la verdadera razón por la cual quería que me mirara a los ojos, pero ambos cristales eran algo realmente hermoso, eran dos perlas azules que incitaban a mirarlas y a ser esclava de sus pupilas, como si el brillo que desprendían fuera lo único que importaba en ese momento, y el reflejo de mi moribunda cara en sus luceros color cielo fuera lo único que opacara la imagen. Jamás sentí el deseo de mirar fijamente a Joe, porque sinceramente jamás tuve otras intensiones con él, ni tampoco quería tenerlas, por lo menos no sobria y sana.
El crudo silencio hizo lo suyo, separó la racionalidad de mí y acercó nuestros cuerpos como si ambos tuviéramos un imán dentro de nosotros que nos obligaba a juntarnos.
Nunca quise besar a Joe, pero lo hice...
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Las luces seguían sin apagarse en la habitación del alto joven vocalista, con sus ojos aún oscuros por el delineador y la mirada penetrando el techo en busca de respuestas, en busca de concentración. Para Bill no era sencillo tener líos en su vida personal y seguir escribiendo o trabajando duro en sus discos como lo hacía antes, la baja de producción se notaba en las salas de ensayo y la paciencia enorme de las fans que anhelaban saber algo de su banda favorita a veces le hacía vivir bajo presión, aunque todas las presidentas de los distintos fanclubs del mundo le enviaran e-mails diciéndole que se repusiera completamente y que sacaran su disco cuando estuvieran tranquilos todos. Pero para el perfeccionismo de Bill, el no rendir lo suficiente era algo de lo que no podía mantenerse indiferente.
Eran las 3 de la mañana, la cabeza de Bill no lograba quedarse callada con tantas obligaciones que él mismo se imponía, le preocupaba el hecho de que Laura hubiese recibido el mensaje, el hecho que Aracelly no malinterprete las cosas, el hecho de no saber dónde estaba María Paz, el hecho de combinar tantas cosas y no poder buscarle el desenlace a nada.
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Silencio, sólo cabía espacio para el silencio, porque ni siquiera la somnolienta María Paz daba prueba alguna de que el sonido existía en esa habitación, sabía que estaba sola, pero no le importaba, por algún motivo extraño permanecía ahí sin preguntar nada, hasta que el suave canto del viento a la madrugada la hizo despertar de su hipnosis momentánea.
Se dirigió a la ventana, miro al cielo y liberó un suspiro de cansancio, sentía que no debía estar ahí, que no debió molestar a Laura y que debía volver a la casa de Bill, pues éste ya estaría muy preocupado después de la escena infantil que logró montar antes de salir corriendo y quedar parada frente a la chiquilla chilena. Tomó sus cosas entonces y bajó hacia la recepción sin desear que Laura se enojara por no avisarle de su repentino cambio de opinión.
Dejó las maletas al lado de los sillones del gran salón de bienvenida para salir a la calle y buscar un taxi, fue bajando despacio, pensando cada paso que daba y convenciéndose que volver sería la mejor opción. Los faroles de su alrededor eran lo único que permitían verle el camino para conseguir su vehículo. Avanzó hacia el centro de la avenida para ver mejor... nada, ni siquiera un ciclista que estuviera rondando a esas horas las calles del hotel Phoenix.
Confiada de esto decidió esperar, dando tres pequeños pasos y registrando en su bolso la localización de su celular para llamar a Bill, pero antes que esto fuera concretado el atronador ruido de un motor a toda velocidad la dejó sin habla, sin capacidad de reaccionar y sin sentido de la vista, sólo alcanzó a percatarse del gran golpe de su cabeza, el auto comenzó a tocar su bocina, pero ya era tarde para evitar el accidente.
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- ¿Oíste eso?
En esos minutos el infortunio que había pasado con Joe era ínfimo comparado con lo que habían escuchado mis oídos.
- Creo que fue un choque -respondió y yo me acerqué a la ventana.
- ¡Hay una niña herida! -grité - ¡Llama a una ambulancia, Joe!
- Pero ¿Qué vas a hacer...
- ¡Mierda, Joe, llama a una ambulancia, volveré cuando pueda! -la fuerza con la que abrí la puerta y la rapidez con que bajé los escalones me hizo sentir la emoción que jamás experimenté ni siquiera en mi primer año de Medicina en Chile. Tenía que calmarme y recordar qué hacer mientras llegaba la ambulancia, era mi primer caso real desde que decidí dedicarme a la salud, debía estar tranquila y pensar fríamente.
La gente poco a poco salía del hotel y rodeaba el lugar del accidente, tuve que abrirme paso entre todos para poder llegar, pero en cuanto lo hice quedé helada. Era María Paz, ¡Era la amiga de Bill! ¿Qué hacía ella ahí? ¿Qué hacía fuera de mi habitación? No recobré la razón hasta que una señora gritó que la joven no tenía pulso.
Tenía que actuar, a otro tiempo con las preguntas estúpidas. Apliqué toda la teoría que conocía, desde reanimación hasta masajes toráxicos para recobrar el oxígeno, cuando por fin pudo respirar la sirena comienza a hacerse notar cada vez más cerca, toqué su muñeca, su pulso había vuelto, sin embargo, tan rápido como me alivié, una camilla bajó del vehículo subiendo a María Paz en ella, el joven preguntó si había algún familiar, contesté afirmativamente y subí al furgón para sentarme junto a ella. Las puertas se cerraron y la gente comenzó a comentar sobre lo ocurrido, del chofer y del auto jamás se supo.
No podía quedarme callada, no podía quedarme quieta, analizaba cada acción de los paramédicos y enfermeros que atendían a María Paz en la ambulancia, seguramente ellos no esperaban a alguien tan insistente como yo.
- ¿Qué le pasó, exactamente?- me preguntó uno de ellos.
- No sé, estaba dentro del hotel y de pronto escuché una bocina afuera y vi por la ventana, estaba ella en el suelo y...
- Comprendo, es lesión cervical -dijo el otro.
- Si fuera lesión cervical la hubiese visto unas dos cuadras más lejos, pero el auto la chocó y frenó al momento de su caída...- dije.
- ¿Cómo está tan segura si no venía de unas calles más allá?- me interrogó desafiante.
- Porque estaba en mi habitación, es imposible que haya estado en otra parte que no sea a las afueras del mismo hotel -le dije con rabia.
- No importa, los exámenes dirán todo... -pronunció al fin, y guardé silencio como afirmando lo que acababa de escuchar.
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- Tomas como hombre, Nicole...
- Cállate, necesito despejarme de toda esta basura..-volvió a tomar un sorbo- Los Ángeles... ¡Já! Púdrete, maldita ciudad..
- Ya estás demasiado ebria, nos tenemos que ir...-dijo Gerard quitándole el vaso de las manos.
- ¡Déjame! Tengo que estar despejada para darle su merecido a esa perra.
- ¿Emborrachándote conseguirás tu objetivo de venganza con la chilenita?
- ¿¡Y eso a ti qué te importa!? No eres mi padre, ya soy grande para pensar por mí misma -tomó la botella y la inclinó verticalmente a su boca- Y no le digas "chilenita", recuerda que yo también vengo de allá.
- Nicole, son las 4 y media de la mañana, todavía no entiendo por qué tienes que venir a estas horas a hacer tus "caprichos" en los bares.
- Jamás he ido a un bar... ¡Creo que esta es mi primera vez! -rió fuerte.
- Mañana tienes que ir al estudio de danza..
- ¡Ah, cállate rubio amargado! -moduló con burla- Si no quieres estar aquí ¡Pues vete!
- No puedo irme, no contigo en ese estado... -quitándole la botella.
- ¡Niña! ¡Devuélvemelo, yo pagué por ese bebé!
- Nicole, ¿No tienes miedo de emborracharte en una de las ciudades con más ladrones en el mundo?
- No conozco el miedo... ¿Sabes lo que es el miedo? ¡Es una estúpida trampa para las niñas débiles! -tomó otro sorbo- Dime, ¿Tú crees que ella tuvo miedo al perder una amiga?
- No me cabe duda, pero es patético que por eso estés tomando de esa botella.
- ¡Tu cabello es patético! Ja-ja-ja
- Ay, Nicole...-soltando una bocanada de aire.
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Los minutos en el salón del hospital eran eternos, era como si la persona que estuviera ahí fuera parte de mi familia, cuando sólo la había conocido hace unos días... y de primera impresión no me había agradado para nada...
Jugaba con mis dedos para evadir el nerviosismo, sabía que por el impacto y la imagen que vi era imposible que pasara algo suficientemente grave como para la posición que estaba tomando al preocuparme tanto, pero aún así, tenía miedo, mucho miedo...
- Ahí estás...
- Llegaste, Joe...-traté de sonreír.
- Pensé que estaba tu novio contigo, digo... Por el momento incómodo y eso...
- No, no quiero causarle más problemas a Bill.
- Tarde ya... -dijo.
- Joseph, no hablemos de eso aquí.
- De acuerdo, lo siento.
- Dios, me siento tan culpable...
- ¿Por qué dices eso? -me miró extrañado.
- Porque fui yo quien la dejó sola... Si yo hubiese estado con ella, si sólo hubiese... -sacudí la cabeza y apoyé mis manos en mi frente dejando caer su peso en mis rodillas.
- No digas eso, fue un accidente Lala...
- ¡No, ese accidente se pudo haber evitado si yo hubiese estado ahí! ¿¡Entiendes!? ¡Se pudo haber evitado, se pudo! -de mis ojos corrían lágrimas de impotencia y culpa, las cuales no entendía perfectamente.
- Tranquila...- abrió sus brazos y me acurrucó a su cuerpo- Va a estar bien... No te preocupes...
***
La noche pasó fugaz, para cuando mis ojos se abrieron la sala estaba iluminada y habían enfermeras de un lado a otro, Joe no estaba a mi lado, supuse que tuvo que ir a trabajar y di un bostezo acompañado de un estiramiento de brazos que necesitaba para levantarme y buscar a un doctor.
Al instante que recorrí el pasillo hacia informaciones me topé con una sorpresa bastante inesperada, sentadas en las sillas estaban Dominique y Colette con la mirada al suelo y los ojos hinchados.
- ¿Y ustedes? -dije al acercarme a ellas por atrás.
- ¡Lala! -saltaron de susto y se pararon a abrazarme.
- ¿Qué les sucede, por qué esos ojos?
- ¡Lala, por Dios! ¡La secretaria nos dijo lo del accidente y pensamos que habías sido tú! -dijo Colette con las manos pegadas a sus párpados para secarse.
- ¿Yo? No, yo estoy bien... La niña que se accidentó fue otra...
- ¿Y por qué tú estás aquí? -me interrogó Dominique.
- Porque... este...-balbuceé un rato- Quería... ayudar y... la niña no tenía parientes y...
- ¡Ya, en serio, dí la verdad! -ordenó Domi. Tomé aire...
- Es María Paz... Es una amiga de Bill... fue a mi habitación y, salí por un momento, cuando ocurrió el accidente yo estaba con... con... -tragué saliva- con...
- Te traje café -me dijo una voz ronca a mis espaldas y volteé con espanto.
- ¡Joe! -dije con asombro.
- Bien, ya entendimos... -dijo Colette.
- ¡No, no, no... o sea, sí, pero! -dije idiotamente.
- Ya, no te preocupes, iremos al baño... -expresó Domi y tomó a Colette del brazo retirándose del lugar.
- Pensé que te habías ido...
- No, fui al casino a comprar algo, tienes que comer al despertar o quedarás pequeña... -dijo con tono suave.
- Ya es tarde... -refuté y Joe dio una carcajada.
- ¿Cómo está la niña?
- No lo sé, justamente venía a preguntar eso en informaciones...
- ¡Entonces vamos!
- Sí... -manifesté con poco ánimo.
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Las cuatro paredes que rodeaban el salón de los baños se hicieron minúsculas al observar la escena que estaba por suceder...
- Dominique... -dijo la francesa al mojar su pelo para ordenarlo.
- ¿Qué pasa?
- Bueno, quería hablarte de algo... -dijo al voltear y quedar con la mirada frente a ella.
- Entonces hablemos... -bromeó.
- Es que, es Martes y... Como sabes, mañana es la obra y... -contuvo la respiración por unos segundos y continuó- No sé como decírtelo.. es que, no... no...
- ¡Colette, relájate y dilo! ¿No te has aprendido el libreto aún? Eso no importa, ¡Podemos practicarlo todas las veces que quieras hasta que quedes tranquila!
- Es que, no habrán más ensayos, Dominique...
- ¿Por qué? ¿Luke te dijo algo?- levantó una ceja.
- No, no... Es que... -cerró los ojos y botó aire- No quiero actuar en esa obra.
- ¿Ah? -rió- ¿Qué me dices?-empezó a aumentar el volumen de sus carcajadas- ¡No bromees con eso, Colette!
- No... me....estoy....riendo....
- Pero.. -dejó golpear el cuerpo en la pared y movió sus manos como desesperada sin decir nada.
- Mira, Dominique, yo sé que no es el mejor momento de decirte es...
- ¡Eres una maldita perra egoísta! -gritó con rabia- ¿Por qué sólo te importa lo que piensas tú?
- Dominique, tú eres como una hermana para mí...
- ¡Nunca supiste lo que era una familia! ¡Porque nunca te quisieron!
- Eso es todo Dominique... -dijo en un hilo de voz- Eso... es... todo.. -y salió dejando atrás a su amiga que aún se inundaba en su ataque de cólera.
Colette quedó helada con las últimas frases dichas por su hasta entonces amiga inseparable, no podía creer que estuviera mezclando las cosas. ¿Tanto importaba para ella esa tonta obra? ¿Tanto significaba el aparecer en ese teatro? ¿Tanto así, para sacar el tema de su madre y su infancia, la cual le había confiado ciegamente? ¿Quién estaba siendo realmente egoísta? La francesa no tenía palabras, pensaba que ser sincera era lo mejor, pero jamás se imaginó la reacción que tuvo Dominique en esos instantes, en los cuales se sintió enormemente humillada frente a las muchachas que hacían uso de los lavabos y baños al momento de la discusión.
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- Disculpe, necesito saber en qué sala está la señorita María Paz.
- ¿Apellido? -contestó la mujer.
- Apellido.. Eh, bueno... María Paz... María Paz...
¡Diablos! No lo recordaba, o es que tal vez nunca me lo dijo... ¡Genial!..
- Riquelme, señorita -interrumpió Joe seguro.
- María Paz Riquelme... -repitió ella y tecleó en la computadora- Habitación 347, piso 3.
- ¡Gracias! -dijo Joseph y volteó para caminar, yo permanecí inmóvil por unos segundos- ¿Qué te pasó? ¿No vas a ir a verla?
- ¿Có-có..cómo..
- Ah, su apellido, ella me lo dijo cuando hablamos la noche que la llevaste para que yo la "cuidara"- sonrió intentando quitarme la cara de perplejidad.
Asentí con la cabeza tiesa, dirigí la vista hacia un reloj del pasillo y me dije "Vaya, las 9 de la mañana, espero que no haya empeorado su condición..."
Caminaba con un paso terco, a veces estúpido y distraído, tenía que aguantar que Joe me tomara del brazo cada cierto tiempo para que no tropezara con mis propios pies y fuera yo la que estuviese en una sala siendo operada por una nariz rota.
- Deberías llamarlo... -dijo mientras subía el ascensor.
- Aún no...
- Lala, estás muy mal...
- ¿Crees que él mejorará mi estado? -dije en un tono frío.
- Sólo sé que te ha llamado todo este rato...
- ¿Cómo lo sabes? -miré arqueando las cejas.
- Ha sonado tu celular y no contestas.
- ¿Qué? ¡Mientes! -metí mi mano al bolsillo y revisé. En efecto, Bill había estado llamando más de 20 veces- Pero ¿Cómo diantres no lo escuché?.
- Ves que estás mal.. -movió su cabeza de un lado a otro.
- No me ayudes tanto -salí del ascensor.
- Llámalo, debe estar preocupado- se situó a mi lado y miró fijamente como dando una orden.
- Está bien...
Para Joe era fácil, para mí, nunca, iba a hablar con Bill y le diría que su amiga estaba en el hospital, al momento que me pregunte ¿Y cómo está? no sabré responder, porque tampoco conozco el estado de María Paz, y lo dejaría aún peor de todo el estrés que debe llevar sobre sus hombros, pero mi instinto común me hizo marcar su número sin importar lo que pasara después.
- ¿Hola? -dije, simulando seguridad.
- ¡Mi vida, por fin! ¿Cómo estás? ¿Por qué no contestabas? Oh, perdón... olvidé que aún estás...
- No Bill, eso ahora no importa, necesito que vengas al hospital...
- ¿Por qué? ¿Te pasó algo? ¡Dime! ¿A qué hospital? ¿Llevo algo? ¿Te sient...
- ¡Bill, a tu amiga María Paz la atropellaron!.