domingo, 27 de febrero de 2011

Capítulo 14 - "¿Y ahora qué?"


Leve pero preciso, supongo que ese era el estilo de Tom, nunca se le conoció como un sujeto extremadamente romántico, más bien un tanto espontáneo y ansioso en lo que respectaba los momentos de intimidad.
Para él no era un tabú, es más se manejaba mucho mejor que las demás personas, tanto así que pareciera que nació con ello, pero no, era sólo el resultado de la sabia y constante experiencia que había adquirido a sus cortos 24 años.

Sin embargo esta vez se mostraba inseguro, como si le temiera profundamente a la mujer que tenía frente a sus retinas escaneándolo desde el cojín del mueble acolchado de su hogar, entretanto ella se aflojaba libremente al momento de aislamiento que tenían ambos.

Se apreciaba en la atmósfera la perfecta fusión de sus respiraciones, era el magnífico conducto desde lo más profundo de su ser para soldar sus almas y entender que ninguno de los dos viviría si el otro no lo consigue. Como una bella historia de amor, una maravillosa adaptación de Romeo y Julieta que te hace entender el por qué existen tantos poetas y escritores que gastan sus horas en persuadir a los demás haciendo entender que el amor es la fuerza más grande existente en el mundo, aunque esté a centímetros del odio.

Tanta fantasía en un mundo real llega a ser insano para quien deshoja margaritas y cree en hechizos a medianoche.
Él temía de ella, no en un sentido nocivo, si no que temía fallarle, temía cometer algún error que le costaría mucho más que una lágrima, mucho más que una vida entera, mucho más de lo que no tenía y deseaba tener, no obstante ¿Cuánto pesaba en ese momento todo lo que Tom quería? Definitivamente nada, todo lo que siempre quería conservar estaba frente a él, respirando en su boca y abrazando su cuello.

Singularmente, Ella también temía, pero no de él, sino que de sí misma. ¿Por qué? Pues por la simple razón que no podemos controlar nuestros sentimientos, no sabía cuando llegaría el momento de perder las riendas y la amedrentara excesivamente. No quería y no debía enamorarse de Tom, la verdad siempre culpaba a su extraña obsesión por el muchacho para dejar de preocuparse por lo inmanejable. Si ella sólo supiera las cosas que pasaban por la cabeza de Tom, dejaría toda guerra y se entregaría completamente al hermoso regalo de amar.

La más absurda historia de amor que jamás pueda existir. Una maldita muralla que hacía imposible un merecido final feliz. Hasta el momento.

Su cuerpo quedó encima del joven de trenzas por alguna razón que desconocía, sólo efecto del momento tal vez, éste rió un poco para después quejarse con la mirada.

- ¿Qué pasa?

- Es raro que tú estés arriba - su voz sonó inocentemente, como jamás podría haber escuchado a Tom Kaulitz.

- ¿Por qué? ¿Te quita masculinidad?

- No -repuso- Es más, te hace ver ruda.

- Lo soy -dijo con certeza elevando las comisuras de su boca.

- No es cierto -le contradijo con la clara opción de comenzar un jugueteo de palabras.

- ¿No?

- Jamás -asintió.

El desafío era evidente, Aracelly se veía invadida de las emociones de ese instante y dejó que el tiempo hiciera lo suyo.

Cito:
"El tiempo sólo te impedirá amar cuando tu amor no sea verdadero"
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El vuelo hacía su llamado, cogió las maletas y se despidió de su familia, era tiempo de salir de Alemania, bastante duro para María Paz, pero el hecho de encontrar a su querido amigo allá la mantenía serena, su corazón palpitaba a mil por segundo, su sonrisa no desaparecía por imaginarse todo lo que viviría en algunas horas más, ¿Quién sería su directora? ¿Cómo la recibirán? ¿Será como lo ve en las películas o en la televisión por cable? ¿Sus sueños se verían hechos realidad?. Ingenua y reluciente, con hermosa dentadura despedía a la ciudad que la vio crecer, sabía que regresaría algún día, pero ése día tardaría en llegar, el anhelo de toda chiquilla adolescente por pisar la alfombra roja era intacto y María Paz sentía esa entretenida inquietud por mantener el suspenso y llenarse de sorpresas.

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Al salir del ascensor se dispusieron estrictamente a buscarla, siguieron a Jenny hasta la cocina y después regresaron a la sala del casino. Algo llamó considerablemente la atención de la francesa.

- Espera -pellizcó la polera de Dominique para retenerla.

- ¿Qué?

- Ahí está Joseph...

- Ah, qué bien, no me interesa ese sujeto, estamos buscando a otra persona. -se liberó de los dedos de Colette para seguir caminando.

- ¿No entiendes? Jenny dijo que Joseph debe saber todo acerca del estado de Lala, quizás él pueda ayudarnos...

- ¿Crees que su opinión servirá de algo? Ni siquiera está con ella...

- ¿Quién será esa niña de ahí? -mirando a Estefanía.

- Su novia, supongo.

- ¡O sea que prefiere estar con su novia antes de encontrar a...! ¡Oh! -apretó su puño-

- Tranquila, seguiremos buscando... -cubrió la mano de Colette con la suya y la llevó hacia el pasillo principal.

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Evacué el baño del hotel para regresar donde mis acompañantes, miré el enorme reloj que había en la parte superior de la pared blancuzca del sitio, eran las 19:02 . ¡Rayos! Ya no hay opción ¿En qué momento la hora voló tan rápido? Y Joe sigue hablando como si nada con Estefanía, sé que por dentro debe disfrutarlo, no porque adore charlar con la gente, sino por la perfecta razón que consiguió para deshacerse de mis pedidos. Mejor para él de no lidiar con una infante como yo y no poder golpearla porque está herida.
Pero Joe nunca haría eso, ni siquiera con mis músculos sanos, yo lo sé.

- ¿Mejor? -me dijo Estefanía con sus codos en la mesa.

- ¿Cuándo estuve mal?

- Te veías incómoda, o más bien tu cara lucía así.

- Ah, no es nada.

- ¿Vomitaste? -interrumpió Joe con un tono severo.

- ¡No! -respondí con una alteración incuestionable.

- ¿Y qué es eso de tu manga? -miré la camisa y me di cuenta de lo que se refería. Tomé aire dándome por vencida.

- ¿Qué tiene, acaso se vendrá abajo la muralla china?

- No -rascó su barbilla- ¿Qué comiste?

- ¿Qué te importa?

- Claro que me importa, soy quien más se debe preocupar por ti.

- No necesito de tu sobreprotección -saqué mi bolso de la silla y caminé hasta el elevador, no me importaba si me seguía o se quedaba ahí, sólo deseaba dejar de sentirme sobrante.

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El vehículo hizo su parada en el estacionamiento del Phoenix, apagó su motor y de las metálicas puertas salieron Georg, Gustav y Bill.

- Un poco tarde pero aquí estamos -dijo Geo frotando sus manos.

- Espero que no haya tenido molestias ¡Esa fila de la gasolinera no avanzaba nunca! -alegaba el baterista.

- ¿Soy un imbécil?

Al parecer Bill no tomó atención en los comentarios hechos por sus compañeros, tenía la cabeza en otra parte, que a su juicio era mucho más importante que la conversación que entablaron los demás.

- ¡Sí! -Gustav dio énfasis a su respuesta.

- Depende, Bill. ¿Por qué lo dices, por no abrir tu boca en todo el trayecto, por tu estado bipolar o por portarte así con tu novia?

- Lo último, y no es mi novia... -recalcó una vez más.

- Sí, vaya que lo eres... -esbozó el mayor de la banda. Bill dio un respiro lleno de culpabilidad para luego apoyarse en el auto.

- ¿Qué hago? -tomó su cabeza.

- Podrías empezar por contarnos la razón de tus cambios anímicos espontáneos.

- Es que, Gustav, es complicado.

- El que se complica eres tú -afirmó Georg sujetando su hombro.

- Quizás después lo sepan, no será algo que pase desapercibido... -extravió su vista en el suelo.

Georg sabía que si Bill no quería contar detalles es porque no estaba seguro de si escuchar los consejos que pudieran darle.

- Debo hablarle, pedirle disculpas. Sí, eso haré... -sacó su cuerpo del coche para disponerse a correr en dirección a la recepción, pero Georg lo detuvo con el brazo.

- Cuidado con lo que dices, porque puede sonar demasiado tierno o verdaderamente estúpido -concluyó entregándole el contenido que debía llevar hacia adentro del Hotel.

Un gesto bastó para comprender que había entendido el mensaje, con la bolsa en sus manos entró por la larga puerta de la sala principal y se sentó un momento para poder tranquilizarse aclarar todas sus intenciones.

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Ni rastro quedaba del Sol, la oscuridad bañó toda la ciudad de Los Ángeles que era testigo de todas las escenas que se presentaban en un día que se hizo eterno, un día que estaba por terminar y dar paso al siguiente.

Una pasión encubierta en la casa de los Kaulitz que ameritaba un poema de aquellos que incitaban a los grandes escritores a inspirarse con los sentimientos de las dos personas que sentían miedo y luchaban por continuar sus vidas de forma normal.

Una Nicole llena de esperanzas pero a la vez dudosa de lo que depararía el futuro con sus propósitos, aún sin ver la cara de su ex-amiga a la que tanto le guardaba rencor pero simultáneamente una admiración secreta, siempre lo hizo, aunque para su orgullo Laura no se mereciera una gota de admiración ni respeto Nicole sabía perfectamente que una de sus metas era parecerse a ella, algo totalmente desigual a los demás, pues todos aspiraban ser como ella: Bonita, inteligente, alta, esbelta y con una situación económica muy buena.

Un sentimiento que Joseph aún no exteriorizaba ni tenía deseos de indagar, una nueva persona con la cual distraer su estúpido dilema, alguien con quien hablar para apaciguar la colosal preocupación que tenía por Laura, alguien que le diera a entender que no era la única mujer en el planeta, alguien que le ayudara a borrar las desgarradoras imágenes de ella cubierta de sangre y con los ojos empapados en el asiento de su auto.

Un cuarto de hotel más desierto que de costumbre, sin pisadas en el exterior, la calle más calmada que nunca, un corazón desmenuzado en la cama y el melancólico libro que hace tiempo no hojeaba, era la oportunidad para volver a los viejos tiempos, aquellos para recordar la gran hazaña de Alemania y su lejano pasado en Chile, amaba leer, siempre amó hacerlo, ¿Por qué rehusarse ahora? No quería pensar, no quería dormir, sólo codiciaba impregnarse en la lectura y conmemorar el por qué decidió elegir Medicina como carrera en su vida.


Cansadas y rendidas, recorrieron el hotel entero, su última parada fue el cuarto que habían visto cerrado al primer intento, esta vez la puerta se abría con generosidad, su amiga las recibía con una sonrisa y un libro en las manos. Colette la abrazó como si no la hubiera visto hace años, Domi preguntaba intranquila sobre la situación que las hizo correr desde el teatro hasta el edificio. Contestaba sumisa y segura de sí, pero no mencionó lo pasado en el baño porque no le parecía algo relevante, estaba totalmente segura que era por los nervios de esos instantes.

Cabía mencionar, absolutamente el estado de Bill, ¿En qué pensaba? ¿Qué oculta? No podré saberlo tan fácil, usualmente interrumpía mis leídas para tomar uno por uno los temas a tratar, a veces me pregunto ¿Por qué la vida es tan insaciable? ¿Por qué siempre espera más de ti? Siempre te sorprende con algo totalmente nuevo, sospecho que así es como crecemos. Jamás dejamos de aprender, y cuando creemos saber bastante nos golpea y da a entender que no conocemos definitivamente nada, y así es el ciclo, así es la vida. Hay muchos que la aceptan y otros la olvidan.

Alguien irrumpía la reunión de las muchachas, cuando le vieron al minuto infirieron que debían salir.

- Mañana nos cuentas más... Descansa... -dijo Colette sobando la mano de su íntima.

- ¡Se nos hizo muy corto el tiempo! Mañana a primera hora Lala, ¡Primera hora! -gesticuló Dominique.

- Primera hora -asentí con la cabeza y las despedí. Al cabo de unos minutos sólo se encontraba su presencia con la mía.

- Hola...

- Hola -dije sonriente.

- Discúlpame por ser así...

- ¿Así cómo, Bill?

- Celoso... -dijo casi sin despegar los labios.

- ¿Era por eso que te enojaste?

- No me enojé...

- Ah... -exhalé, me encogí de hombros y lo invité a sentarse a mi lado.

- Casi lo olvido... -miró sus manos- Aquí están tus medicamentos.

- Gracias...

- Debes tomarlos ahora -visualizando la bolsa que ahora estaba en mi poder.

- No... -la dejé caer al suelo-

- ¡La...!

- No pasa nada... -le corté- No me moriré por 10 minutos de retraso.

- Tómalas ahora ¿Quieres?

- Un momento, aún no te disculpo y vienes a decirme que hacer ¿Quién te crees? -fruncí el ceño-

- Lo siento... -bajó su tono de voz.

- Es broma Bill, de verdad te sucede algo, estás peor que yo... -no pareció importarle mi comentario, pasó su brazo detrás de mí y me acercó a su cuello.

- Te amo...

- B... -éste era uno de los momentos en el cual me dejaba helada, no tenía aire para responder aquella expresión, mi cerebro parecía fallecer al formular alguna frase con sentido que pudiera combinar con el instante, cuando creía que Bill ocupaba todo mi corazón y lo haría estallar, llegaba nuevamente para agrandarlo aún más y mantenerme viva con tanto en mí.

Su teléfono sonó de sorpresa, atendió en voz baja, lo que me pareció muy extraño. Al terminar se veía bastante inquieto, dijo algo sobre "asuntos urgentes" y salió disparado dejándome un fugaz beso en los labios con una expresión casi paranormal.
¿Qué diablos fue eso? En fin.



"Demasiado para un día, ya era hora de descansar. Mañana sería la oportunidad esperada de la muchacha y el momento de terror que escondía la mirada de Bill, nunca sabes lo que ronda por su cabeza, y nunca lo supe... podría ser el error garrafal de pronunciar "Joe", un ínfimo trastorno bipolar o el constante hostigamiento de la prensa que creía haber pasado por alto, intuir no es suficiente, lo claro era que algo sucedía con él. Y lo gatilló aún más con su salida inesperada"

jueves, 24 de febrero de 2011

Capítulo 13 - "Procedimientos"


Un sabor difícil de graficar, Nicole no sabía si cantar victoria o considerar su misión como un completo fracaso, odiaba que no la tomaran en serio y peor aún si Gerard tenía entre ceja y ceja su objetivo.
Lo claro, claro estaba, de cierta manera le estaban dando una oportunidad para llevar a cabo la primera parte del plan, ,de cuál sería el resultado sólo dependía de ella.

- ¿Cómo te fue? - El chiquillo rubio se alzó del suelo con la vista acosadora por conocer la respuesta.

- B-Bien... -mirando al techo en forma de arco.

- ¿Sólo bien?

- Sí, sólo bien... -cruzó las piernas. Gerard se cuestionó un momento para continuar con su interrogatorio.

- ¿Tienes el puesto?

- Algo así...

- ¿A qué te refieres con "Algo así"? -impulsó una ceja hacia arriba.

- Me dijo que... -mordió sus labios de nerviosismo- me probaría...

- ¿Y bailas bien? -reanudó.

- Eso creo.

- ¿Mejor que ella?

- No sé Gerard, no sé- palpó su frente como si la cabeza se le fuera a caer por toda la presión que, estaba segura debería enfrentar.

- ¿Cómo que no sabes?

- ¡No sé! -gritó- ¿Qué quieres que te diga? ¡Oh sí Gerard bailo de maravilla y tendré ese puesto! ¡No, no puedo mentirte! -el joven sujetó su mentón con firmeza.

- Acostúmbrate a mentir más de tu boca y transformarlas en algo cierto con tus acciones- riñendo con informalidad soltando la barbilla de Nicole- Además, ¿No mencionaste que bailaban juntas?

-Sí. Pero eso fue hace mucho tiempo...

- Más te vale que ese tiempo no haya sido en vano. No sabes la repugnancia que me da por -golpeó un casillero-... trabajar con una chilena en esto.

- ¿Vas a empezar con tu racismo ahora?

- No te traje aquí porque me simpatizas, te traje por...

- ¡Da igual el por qué! Creo que deberías ver quién le está haciendo el favor a quien -lo cortó hasta silenciarlo y continuó- No tiene importancia el si soy de Chile o de otro país, ambos tenemos algo en común; los dos estamos resentidos aunque no lo quieras admitir, tratas de maquillar toda esa rabia haciéndote ver fuerte, pero en realidad es sólo tu miedo y el resentimiento del que ella te quitó tu puesto... -caminó por el pasillo- Y si vuelves a discriminar mi nacionalidad, estarás solo en esto. -volteó prosiguiendo su caminata hasta la salida.

Gerard la siguió sin emitir ninguna palabra, había causado un pequeño cambio en la extraña relación de "cómplices" que tenían, lo que la hizo sentir orgullosa de si misma y con más ganas de finiquitarlo todo.

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Ya no podía seguir perdiendo más tiempo, dejé a Estefanía en la terraza para ver si así podía escaparme e ir a buscar a Joe y poner al día las cosas que quedaban por saldar. Me alejé como mis piernas pudieran llevarme hacia mi cama y tomar la cartera, miraba de reojo al balcón para asegurarme que ella seguía ahí, ella me simpatiza pero estas cosas debo arreglarlas yo sola.
Con lo desobediente y terca que soy me arrimé a la salida para dirigirme a mi destino cuando de pronto sucede algo de lo cual me lamentaré por siempre. ¡Cuánto te odio celular!
Como era de esperarse Estefanía se dio cuenta y me siguió clavando sus enormes ojos claros en mí como preguntándose a si misma el por qué de mi evacuación repentina.

- Yo sólo iba al casino, tengo mucha hambre y... Volveré luego - mi intento de apaciguar su curiosidad funcionó pero sólo hizo que de sus labios saliera un:

- ¡Yo te acompaño!

- No, no, no ¡De verdad volveré pronto!

- Pero si yo también tengo hambre -se echó al hombro su bolsito y salió conmigo al pasillo alfombrado. Bueno, no me quedaba otra que llevarla.

Bajamos. Sí, tuve que llevarla a la cafetería para que no sospechara sobre mis intenciones, no quiero responsabilizar a nadie más con estos enredos, pero al final la desdichada siempre seré yo, y adivinen quien estaba sentado en la mesa de al fondo con una dona en sus manos. Tuve que fingir una estúpida indiferencia cuando en realidad moría de ganas por caminar hacia allá y como siempre, insistirle que me llevara donde El Padrino Woods y ahí estaría él diciendo "No, no lo haré porque es muy arriesgado y que la mancha en Suecia con el Rey de España, lero, lero, lero".
Y como al parecer este no era mi día y al tonto sujeto se le pasó todo el enojo conmigo y tuvo la brillante idea de pararse de su silla para tocarme el hombro y hablarme como si nada, ya no había nada que ocultar, estaba frita y usaría inconscientemente a Estefanía como una cómplice sobre la charla que estaba obligada a tener con Joe.

- ¿Cómo has estado? -metió las manos en los bolsillos de su pantalón verde oscuro.

- No perfecto pero estoy viva, ¿Y tú?

- Bien.

- Ah -no estaba del todo recuperado, por lo poco que conozco a Joe suele ponerse cortante en dos situaciones: cuando está nervioso o cuando hace algo por obligación, y estoy segura que me habló solamente para que yo pensara que no le había afectado lo de la noche anterior. ¿Qué se cree este hombre, que no tengo intuición o un poquito de inteligencia para saber las pocas mañas que le sé?

- Laura...

- ¿Qué?

- ¿Quién era el tipo que...

- ¡Listo! -concurrió a mí con una bandeja en sus manos y una sonrisa de oreja a oreja.

- Estefanía, te dije que no me compraras tanto...

- No te preocupes, que si no te lo comes tú lo comeré yo. -guiñó el ojo y luego miró a Joe- Oh... ¿Interrumpo algo?

- No, no te preocupes -contestó dejando al descubierto sus manos y despeinándose el cabello- ¿Eso está muy pesado?.

- No, no... Yo puedo con ello -le respondió dando un paso adelante de mí.

- Es mucha comida, déjame ayudarte -sujetó los dos extremos de la bandeja y la retiró para tenerla en sus brazos.

- Gracias -aquella charla fugaz y el bello gesto de cortesía del muchacho causó una atención inmediata por los ojos de la chica que no despegaba sus ojos verdes de él.

- ¿Nos vamos a sentar? -interrumpí y tomé a Estefanía del brazo.

- Sí, claro. -asintió Joe caminando atrás de nosotras.

¿Qué fue eso? ¿Un acto desesperado y absurdo de celos o un simple impulso del momento para seguir con lo que estábamos haciendo?. Espera, ¿Dije celos? ¿Por qué se me vino a la cabeza esa palabra? Joseph es mi amigo, y sentir celos por los amigos es... ¿Normal?

- ¿Qué te dijo el doctor? -me consultó con sus brazos apoyados en el mueble de mármol.

- ¿Ah?

- ¿Qué te dijo sobre tu estado físico?

- Eh... Me harán una radiografía el Miércoles, por el momento me dio unos medicamentos...

- ¿Ya los compraste? -sus ojos mostraban una preocupación casi incorrecta para sólo ser mi amigo.

- Su novio fue a hacerlo... -mordisqueó su alfajor.

- ¿Novio? -se extrañó Joe con una expresión anormal.

- No es mi novio... -miré mis manos.

- ¿No? Creí que eras la novia de Bill Kaulitz.

- ¡No me hables así! -de verdad me sentí ofendida por el tono en el cual lo dijo.

- ¡Ya no peleen! -se quejó Estefanía- ¿Por qué no sacan algo de la bandejita mágica de la comida?

- Porque no tengo hambre... -respondió él desviando su mirada. Era oficial, Joe y yo nos enojábamos con una facilidad increíble.

- Yo sí tengo -expresé y saqué una croqueta de la caja rayada que había al costado de la bandeja.

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Llegaron, por fin llegaron. Pero había un problema: La puerta estaba cerrada y nadie parecía escuchar, el pánico se apoderaba de Colette y Dominique al no obtener respuesta de su amiga, que ya creían muerta o agonizando en el piso.

- ¡No abre, no abre! -tomando su cabeza.

- ¡No contesta el celular! -Dominique no soltaba su móvil y presionaba cada 5 segundos el botón verde en busca de comunicarse con Laura.

- ¿Y ahora qué hacemos? -se deploró.

- Espera, tranquilicémonos. No puede estar lejos -Se esforzaba por mantener la calma y poder persuadir el paradero de quien hablaban.

- ¿Pero dónde Dominique, dónde? -Colette seguía con la voz hecha un terremoto haciendo caso omiso a los llamados de serenidad de la chilena.

- ¡Qué se yo! ¡Por algo vi a Bill con los demás afuera!

- ¡Ya sé, ya sé! -dando pequeñas palmadas en su pecho- Preguntémosle a Jenny.

- Sí, sí. Ella debe... -tragó saliva- saberlo.

La idea no era del todo brillante ni tampoco segura, pero algo tenían que acordar para alentarse y dejar de tiritar en medio del pasillo.

Jenny frecuentaba a diario el piso 4 con su típico carrito de metal lleno de toallas blancas, bandejas o platos a medio servir dependiendo del horario, su voz dulce y frágil se hacía presente las 24 horas del día de puerta en puerta con el repetitivo saludo cortés que le otorgaba a todos los huéspedes una vez que golpeaba con un particular ritmo que sin querer la delataba.
En esos momentos Jenny se encontraba por el pasillo "M". No fue difícil encontrarla pero sí el conseguir su atención.

- Corazones, después hablamos -empujando su instrumento de trabajo recogiendo las tazas de la señora Frighman.

- Por favor, es sólo una pregunta.

- ¿Qué pasó?

- ¿Has visto a Lala?- prosiguió Dominique.

- No, no la he visto y esta mañana no le lleve el desayuno, debe estar en sus ensayos -sonriendo como quedando satisfecha con la explicación dada.

- En realidad no, ella no fue a ensayar hoy.

- Pues debe estar en su habitación -golpeó otra puerta.

- No, ella... -miró a Colette- fue al hospital -dijo entre dientes.

- ¿¡Qué!? -perdió la concentración de su labor y volteó para ver la cara de las niñas- ¿Qué le ocurrió? ¿Ella está bien? ¿Por qué no me lo dijeron antes?

- Eh, creo que son muchas preguntas a la vez.

- Ni nosotras sabemos con exactitud Jenny -se lamentaba la chica de ojos claros y pelo castaño claro.

- Pero... -la puerta del señor Lind se abrió y tuvo que cortar el vínculo de conversación con las jóvenes para cumplir su obligación profesionalmente sin que la impresión influyera en tal

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Rara, extraña, indecifrable, bizarra; así me sentía con todo esto. Ni siquiera tenía idea de lo que me pasó con Joe, no se me ocurre que pudo ocurrirle a Bill y no entiendo qué pasará con el baile. No tenía absolutamente nada claro y lo peor era que los calambres de mis pantorrillas me recordaban usualmente que me encontraba vulnerable, y como ahora a la gente se le ocurrió tenerme en la mira del radar, bajar la guardia era el peor movimiento que podría hacer.

Me aburre mirar la facilidad en la cual Joe con Estefanía conversaban y yo parecía sobrar entre el grupo, me molestaba el no poder pedirle libremente mi tremendo anhelo por ver a Tyler, odiaba ser distinta a la gente normal cayendo de nuevo en la selva de pensamientos que no me permiten tomar decisiones inteligentes. Cuanto aborrezco el silencio de mi mente y el aprovechamiento instantáneo que tiene para dar vueltas y vueltas todas las palabras sin un punto fijo y sin un eje en el cual girar de manera racional. El problema no era netamente todo lo que se cruzaba por mi cabeza, era la maldita costumbre que tenía al agrandarlo todo y pensar que sólo con una pluma mi pared emocional se desestabiliza sin siquiera tener misericordia para concentrarme después de todo este oxígeno... Un momento, ¿Dije oxígeno? Jamás me había pasado esto antes, sentía que mi cabeza flotaba en el aire pero al mismo tiempo se veía atraída por el piso, ¿Qué hacía? Pedía cordialmente a ambos que se callaran o iba sigilosamente a pedir una bebida y de paso vuelvo a mi habitación...

- Em... -aclaré la garganta y ambos me miraron- Yo... iré al baño... Ustedes sigan en lo suyo...

- Lo siento Lala, no sabía que estabas aburrida viendo como... bueno... -se disculpó Estefanía.

- No, no importa... Es que de verdad tengo que ir al baño... -Joe me miró incesantemente sin articular ninguna palabra, sabía que sospechaba algo en mí y eso muchas veces me molestaba.

Me paré para entrar al tocador dejando atrás los ojos hostigadores de ambos como teniendo lástima de mí, pero ya qué. No se puede tener todo y mi cabeza me estaba matando.

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- ¿Estás seguro que te encuentras bien Bill?

- Sí..

- ¡Vaya, con eso convenciste a todo L.A! -se bufó Georg.

- No es nada...

- Ni siquiera le hablaste a tu novia al salir del hospital, es decir... Primero la abrazas y después la ignoras completamente ¿Qué sucede contigo?

- ¡Nada!

- Ya, dinos... ¿Qué hizo ella? -curioseó Gustav.

- No tiene que ver con Lala.

- Entonces no deberías desahogarte con ella... -añadió el chico de cabello lacio.

- ¡No lo hice!

Geo y Gustav se miraron entre cómico y molestos. Decidieron dejar a Bill tranquilo, sabían perfectamente que algo no andaba bien, pero cuando se comporta así es mejor no comentarle sobre el tema o perderían al vocalista por estrés emocional, si no les decía a ellos seguramente lo conversaría con Tom, y ellos bien sabían que es una de las pocas personas que puede tranquilizarlo, entre otros puestos están los anestesistas, su madre y obviamente Lala.

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Aracelly:
Miraba las paredes intentando buscar una entretención barata para fingir que el tiempo pasara rápido, Empujé mi cuerpo hacia el lado a ver si los minutos se alivianaban con una pequeña siesta. Mentalicé el cansancio para poder cerrar los ojos con más facilidad, tomé aire de forma generosa hasta llenar mis pulmones para luego expulsarlo lento y calmado por la boca, poco conseguía así que cambié de posición, mi hombro chocaba con los amplios cojines y mi caja toráxica se encontraba de costado. Volví a repetir el ejercicio de respiración pero me detuve por algo, una fragancia que hizo el oxígeno más denso pero a la vez delicioso. Recorrí con mis manos todo el contorno del sofá para culminar en una voluptuosa prenda de algodón, despegué mis párpados e investigué la misteriosa tela con tan buen perfume: era el polerón de Tom, el que arrojó cuando llegó a casa antes de subir al baño. Seguí atrayendo el olor a mis fosas nasales del ancho y suave atuendo, me imaginaba a Tom frente a mí, con su característico aro en los labios hablando tan abiertamente como de costumbre. Lo veía distinto, algo había cambiado en él, lucía bello, mucho más de lo que era, lucía... Enamorado.

- ¿Qué haces con mi polerón? - La voz era de Tom hablando de nuevo, pero esta vez todo era real, lamentablemente la cruda verdad.

- Intentaba dormir -se encogió de hombros- ¿Ya te duchaste?

- Sí, claro... -tomando una trenza entre sus dedos.

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Hotel Phoenix.

Me encontraba de nuevo frente a un espejo, ahora sin dolor en mis tendones, pero sí con uno que lo reemplazaba en mi cabeza, tomé agua y me puse a pensar sobre todo, ahora mi preocupación mayor era el baile, estaba dejando de lado a todas esas personas y yo tenía que... tenía que... Dios... Esa sensación... Hace más de 10 años no ocurría... corrí al retrete y agarré mi pelo para dejar que esa horrible mezcla que subió desde mi estómago hasta la garganta se expulsara de una vez por todas. Tiré la cadena, estaba confundida ¿Qué fue eso? ¿Llegué al borde del nerviosismo? No puede ser, desde que tenía 8 años no tenía ese fenómeno, jamás. Ni siquiera con las horribles aleaciones que hacía con los alimentos, ni modo. Llegué nuevamente al lavamanos y enjuagué mi boca para seguir esbozando con tranquilidad, olvidando el episodio que había vivido hace unos minutos atrás.

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- ¿Y las llamó mientras estaban en el teatro? -el desasosiego de la pobre mujer se notaba a flor de piel.

- Sí, y no podemos encontrarla...

- ¿Ya revisaron en la habitación del señor Scrusse?

- ¿Qué insinúas Jenny? -conjeturó Colette.

- Que él es su guía y si pasó algún accidente el señor Scrusse debe cubrirla- detuvo el bártulo metálico- debo ir a la cocina niñas- solicitando el elevador- Espero que la encuentren...

- ¡No, espera! -al abrir la puerta las tres subieron- Iremos contigo.

- Ah.. -hizo un gesto corporal- Está bien...

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- Entonces nos vamos... -corrigiendo su postura y elevándose del sillón.

- Sí...

El reloj daba las 17: 26, una hora considerable para regresar y cuidar de su amiga, aparte de tener un diálogo incompleto con su prima, Tom la siguió hacia la puerta, pero antes de abrirla posó su brazo en el margen.

- ¿Qué estás haciendo? -volteándose para dirigirle su protesta al rostro.

- No podía desperdiciar una oportunidad perfecta... -olió la loción que desprendía del cabello de Aracelly.

- Ya me extrañaba que lo hicieras... -sonrió sugestivamente.


lunes, 21 de febrero de 2011

Capítulo 12 - "Detalles"


No es que Nicole menospreciara su trabajo pero sabía claramente que siempre Laura estaba sobre ella en lo que se tratara de baile, recordaba perfectamente las tardes enteras que sacrificaba para bailar en la sala, ahí donde nadie se movía, donde sólo se encontraba la radio y el delgado cuerpo de Nicole. Ensayaba horas enteras, era muy perfeccionista y estricta con todos los pasos, pero había algo que diferenciaba a las dos jóvenes, algo que Nicole nunca entendió, algo que hacía al profesor quedar atónito, aquello que siempre impulsaba a Laura a tener los papeles principales por mucho que ella ensayara hasta caer rendida de dolor, siempre le tuvo envidia, pero curiosamente por esa razón también le agradaba, era la única persona a quien admiraba y se sentía de una u otra forma "inferior" a ella. Si bien Nicole tenía más técnica, pero al parecer le faltaba sentir la música en sus venas, sentir la pasión al ejercer un movimiento, convertir cada ínfimo desplazamiento en algo artístico, escribir poesía con sus extremidades mientras suenan los compases, complementarse intensamente con el ritmo y entender que no existe nada más que el viento sobre tu cara y las pulsaciones sonoras en tus oídos, aquello. Aquello era lo que Laura poseía y ella no.

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Hospital Darrewl.

No hubo necesidad de que ella lo anunciara, porque antes de emitir cualquier palabra Georg la interrumpió.

- ¡Aquí estás! Ya vámonos por favor.

- Sí, un momento... adelántense... -contestó frente a la muda mujer de cabello largo y oscuro como sus ojos.

- Me llevaré a tu prima -anuncié y la tomé del brazo para avanzar por el pasillo hasta la salida.

- ¿No me dirás nada?

- ¿Qué quieres que te diga, Tom?

- ¿Hola? -sonrió.

- Hola...

- Tanto entusiasmo -se burló.

- Idiota... -golpeó su abdomen y lo abrazó.

- ¿Por qué me golpeas para luego abrazarme?

- Para ser sólo yo quien pueda sanarte -acurrucándose en el holgado polerón del muchacho.

- Eaujhf... -Lo que Tom pronunció no sonó a nada coherente, más bien no sabía que decir frente a lo que había escuchado en ese instante, sin palabras, sorprendido, estupefacto, eran las palabras que mejor lo describían.

- Abrázame...

No puedo creerlo, que me quepa en la cabeza suena casi imposible, estaba sin palabras, sin alguna respuesta, todo a causa de una simple frase, una sencilla unión de sílabas que salieron de la boca de esa mujer. Por un minuto sentí que todo se congeló, el tiempo no existía, no para mí. Ella seguía aferrada a mi pecho, siendo testigo de todas las emociones y el flujo sanguíneo que corría por mis venas y hacía latir más fuerte mi corazón, un impacto inesperado, una aguja en los pulmones que me dejó con la respiración intacta pero sin acción en mis cuerdas vocales.
Aracelly era todo, yo bien lo sabía y lo venía asegurando hace tiempo en mi subconsciente, ¿Si acaso era bueno? Eso no importaba, todas las complicaciones que experimentaba mi cuerpo en el momento que estaba conmigo no tenía la mayor importancia, simplemente porque era a causa de ella, y ella jamás será algo que yo rechace, algo de lo cual me niegue, si este era el riesgo de estar enamorado lo correría sin duda, sólo porque así podría estar a su lado por siempre, no importa la distancia, incluso no importa si ella se aburre de mí, porque yo siempre la amaría, de eso estaba seguro. Sé que no existe la perfección, pero Aracelly rompía toda esa regla, para mí ella era perfecta y lo demostraba con sus pequeños detalles que se volvían enormemente significativos para mí. La había encontrado y esta vez nada me separaría de ella, ni siquiera un estúpido desmayo, siempre la cuidaría de todo, estaba totalmente entregado a esa mujer y me desesperaba el hecho de no saber si acaso ella sentiría esto tan grande que yo siento a su persona, me encantaría leer su mente, abrir los misterios que esconde su corazón para aclarar mis dudas y poder ser feliz completamente sabiendo que ella siente lo mismo.

- Tom Kaulitz.

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Teatro de Luke

- ¿Y ahora qué?

- Pues... ¡A ensayar!

- Dios, Colette ¡Estoy cansada de ensayar! Siento que moriré en la escena y me desplomaré en un charco de sangre.

- Wow, que profunda... ¿Dónde lo leíste? -cerrando la taquilla de su mochila.

- En ninguna parte, sólo se me ocurrió.

- Espero que así como tu cerebro trabajó para elaborar esa frase trabaje también para desarrollar los actos y escenas. -apoyó la suela en la orilla de la mesa para abrochar los cordones de su zapatilla derecha.

- ¿Quién nos metió en esto? -Domi lucía verdaderamente desanimada y molesta.

- Ambas lo quisimos-haciendo la última maniobra para abrochar su calzado- Dominique está sonando tu celular... -quejándose por la desatención de su amiga al artefacto electrónico que hacía un molesto chillido dentro de su bolso.

- Ya, ya -enderezó su columna y buscó en sus pertenencias hasta elevar el vibrante móvil que aún emitía su canción contagiosa- ¿Hola?

- Vaya... ¿Quién estará llamando? -se preguntó mientras terminaba de atar los cordones de su otra zapatilla.

- Niñas. ¿Hasta cuándo voy a esperar? -gruñía Luke aplaudiendo para apurar a las dos muchachas.

- Lo lamento, pero Dominique recibió una llamada -soplando un mechón de pelo que había caído en su cara hacia atrás.

- ¡Dile que deje el romanticismo y vayamos a trabajar! ¡Quedan sólo 4 días para perfeccionarlo todo!

- Bueno Luke le diré, pero tranquilízate, no tardaremos. Te lo prometo.

- ¡Sólo háganlo! -salió disparado con los nervios de punta.

- No entiendo como nos hace trabajar un día Sábado-dirigiéndose a Dominique- Este sujeto sí que es....

- ¡Lala está en el hospital! -dijo en un hilo de voz.

- ¿¡Qué!? ¿Cómo, cuándo, por qué? ¿Qué le pasó? -se paró como de un ataque cardíaco y acorraló a su compañera para exigir una explicación.

- ¡No sé! Me acaba de llamar, dice que va camino al hotel y que venía del Hospital.

- ¿¡Cómo que no sabes, pedazo de excremento!?

- ¡Hay que ir al Hotel, Colette! -tomando sus cosas del sillón.

- ¿Y Luke?

- ¡A la mierda con ese demente! -encajó su chaleco en los brazos y salió de la sala.

- ¡Espérame! ¡Dominique! -siguiéndola llena de prendas y artefactos en sus manos.

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Estudio Mtv.

- ¿Y dónde está tu jefe?

- No pienses que es algo fácil hablar con Woods.

- ¿Me llevarás con Tyler Woods? -dijo Nicole sorprendida.

- ¿Y con quién esperabas, con el conejo de pascua?

- Pero... No, espera. Ya no quiero ser parte.

- Que no te dé miedo-agarrando su brazo- Tyler no muerde, bueno quizás gruña lo suficiente para dejarte en la pared-rió- ¡Pero no te desanimes tan rápido!

- Pero Richard...

- "Pero Richard, pero Richard" -imitándola- Nada de nada, ¿Querías estar en la coreografía?

- ¡Escúchame! -soltó violentamente su brazo- ¡No vine aquí para que se pasen recaditos y que uno me envíe con otro para solucionar mi problema!. ¿Tú eres el diseñador, verdad? ¡Tú perfectamente puedes ponerme de suplente, además Laura no está en condiciones para dirigir!

- Espera... ¿Cómo sabes que se llama Laura?

- Así como sé la razón por la cual eres el "Diseñador" ¿Quieres que lo sepa todo el canal?

- No puede ser.. -dejó libre su alborozo- ¡Eres tan adorable hasta cuando intentas amenazarme!

- No estoy bromeando -empujándolo a la pared- Me meterás en esa coreografía sí o sí ¿Oíste?

- Sí, claro... -se soltó desinteresado no tomando atención a las palabras de Nicole.

- ¡Richard! -gritó.

- Considérate contratada ¿Quieres? Ensayos de Lunes a Viernes de 14:00 a 16:30. Sábados y Domingo de 15:00 a 19:00 ¡Ahora déjame tranquilo niña malcriada! -dio media vuelta y siguió su caminata.

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Hospital Darrewl: Afuera

- ¿Nos podemos ir ya?

- Aún no Estefanía, tu prima está adentro y debemos irnos todos juntos.

- ¿Pero por qué? ¿No podemos dejarlos aquí y que se vayan solos?

- No, sólo están hablando de la vida, ya volverán... -dijo Geo.

- Además Tom debe ir a ver a su novia al Hotel -agregó el chico rubio de pelo corto pateando una piedra de por ahí.

- Cierto Gus... -afirmé.

- ¿Creen que soy idiota? ¡Ya sé que el chico ése es el novio de mi prima!

- Ah-suspiré- Si es así, se demorarán...-hice una pausa y miré mi reloj- ¡Mucho!

- ¿Entonces qué hacemos aquí?

- Bien, tú ganas... -me rendí- Vamos y démosle intimidad a estos dos tórtolos.

Caminamos hasta el auto de Bill para volver a mi residencia, en el camino me dí la oportunidad de conocer más a Estefanía, en realidad tiene una conversación muy fluida, demasiado diría yo, me encanta hablar pero al parecer a los demás no, muchas veces se aburrían de nuestras charlas y nos hacían callar, todos menos Bill que se encontraba serio a mi lado en el asiento trasero, su mirada se veía perdida a la nada, tanto así que comencé a preocuparme en serio.

- ¿Qué te pasa? -le pregunté intentando que dejara su extraño trance.

- Na..da -respondió agitando su cabeza y abriendo un poco la ventana.

- Nada... Ok... -asentí poco segura, probablemente no quería hablar del tema y no lo obligaría a hacerlo. Seguí mi conversación con Estefanía para poder distraerme y no estar obsesionada con el estado del sujeto que se encontraba a mi lado con el viento despeinando su cabello.

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Hospital Darrewl.

Pasó como debía pasar, tenían que regresar y eso hizo notar Aracelly.

- Sss-sí, vamos a... a mi auto.

Salieron del lugar, subieron al auto hasta llegar a la casa de los Kaulitz, Aracelly no entendía muy bien el por qué de ir a ese lugar, ella necesitaba ir al Hotel para hablar con Laura y pedirle disculpas a su prima nuevamente.

- ¿Y... esto?

- Es mi casa -sonrió de lado.

- Lo sé, pero ¿Por qué me trajiste aquí?

- Porque... -se detuvo a pensar alguna buena razón para responder-... quiero tomar una ducha.

- Ah... Entonces te espero.

- No bromees, ¡Pasa, no puedo dejarte aquí! -salió del auto y abrió la puerta de ella.

- Ok... -se bajó, siguió a Tom hasta la puerta y entró en la gran residencia.

- Espera aquí, no tardaré... -dejó su polerón y subió para tomar la famosa "ducha" y atestiguar sobre su mentirilla piadosa.

- Bien, te espero... -dejó caer su cuerpo en un sillón largo y respiró profundo, pidió mentalmente que Tom no tardara demasiado, tenía que solucionar algunos asuntos y no tenía todo el día para hacerlo.

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- ¿Aquí vives? -mirando con asombro todos los detalles y el entorno del gran Hotel Phoenix.

- Aquí me hospedo, sólo por un tiempo... -le respondí oprimiendo el botón del ascensor.

- ¿Segura que estás bien?

- Sí Georg, no te preocupes... Cuando tenga mis medicamentos voy a... -guardé silencio de golpe.

- ¿Qué te pasa? -preguntó Gustav al darse cuenta de mi rostro y los enormes ojos que tenía.

- ¡Olvidé comprar la receta! -grité pateando una pared del ascensor- ¡Auch!

- ¡Tranquila! -intentó suavizarme Georg- Tú ve con la niña a tu suite y nosotros nos encargaremos de tu receta.

- ¿Conmigo? -se cuestionó la chica en cuestión.

- Claro, contigo.

- No, no la responsabilicen... ¡Si ella no quiere entonces puedo ir sola! -argumenté

- Nunca dije que no quería, ¡Muero de ganas por conocer tu habitación! -saltó con entusiasmo.

Las puertas se abrieron, le entregué la receta a Geo y salí con Estefanía inspeccionando por unos segundos el aspecto de Bill, aún sin decir nada y con la vista perdida en quizás donde... ¿A qué se debía su estado bipolar? ¿Algo hice? ¿Algo hizo?. Ya, ya, otra vez no, controlaré mis ataques de sensibilidad y neurosis para no caer en algo peor de lo que ya tengo, tengo demasiadas cosas en la cabeza, no puedo estancarme en algo así, por el momento no.

- ¿Y cómo llegaste aquí? -me consultó Estefanía mirando como buscaba las llaves en mi cartera.

- Larga historia... -encontré mi llavero y lo introducí en el picaporte para abrir la puerta- Quizás otro día te la cuente... Pasa..

- ¡Wooooaao! -cubrió su boca con la mano- ¡Esto es digno de una estrella de cine!

- No creo que para tanto -tiré el bolso en la cama- ... pero sí, es lindo.

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Los Ángeles

- ¿Segura que no te dijo nada sobre qué le había pasado? -corriendo detrás de su compañera.

- ¡Nada! ¡Queda poco! -divisando las calles de más adelante.

- ¿No podíamos-tomó aire para recuperarse-.. tomar un taxi?

- Claro que no, esta es una situación urgente... -frenó en una esquina y esperó a la señal del semáforo para poder cruzar con Colette y llegar al hotel.

- ¡Llegamos! -inhalaba y exhalaba apoyada en un poste de luz para recobrar el aire en sus pulmones.

- ¿Qué hacen Gustav, Bill y Georg aquí? - se extrañó Dominique al verlos salir del rascacielos.

- Ni idea, pero eso no tiene mayor importancia en estos momentos, ¿O sí?

- No... -sin despegar la vista- Pero esto es muy extraño...

- Domi, ¡Apresúrate! -subiendo las escaleras.

- ¡Allá voy! -perdiendo de vista a sus sujetos y entrando al edificio.

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martes, 15 de febrero de 2011

Capítulo 11 - "Pequeño mundo"


- ¿¡Qué!? -vociferó con sorpresa- ¿Cómo que no hay alfajores triples de chocolate? -protestaba Estefanía a la encargada del casino.

- No quedan señorita, están agotados. Pero puedo ofrecerle los simples -mostrándole una bandeja de cartón llena de envases de colores.

- ¡No! ¿Sabe qué? ¡No quiero comer! ¡Es el colmo que no tenga de los triples! ¡Vamos Ara! -agarrándola bruscamente del brazo hacia el centro del salón haciendo desprecio a la encargada que se alejaba a cada paso -¡Ya no tengo hambre!

- Perfecto, ahora podremos ir a buscar a Lala -sonreía con esperanza.

- Tú ganas... Sólo por la irresponsabilidad de esta gente me abstendré a mi necesidad biológica... -cruzaba sus brazos.

- "Da lo mismo cual sea la razón..." -pensaba- ¿Dónde puede estar?

- Ahí es complicado, no te llevas bien con las recepcionistas y probablemente le des un susto.

- ¡Claro que no! Estaba preocupada, esta vez me controlaré...

- Espero... Espero... -tomando aire.

- ¡No me hables así! Como si yo fuera la loca que no para de hablar todo el día...

- ¿Qué quieres que haga? ¿Que te mire? ¡Necesito interactuar con alguien! -contestó con rigidez.

- Tienes un notebook ¿Por qué no interactuas con tus amigos en Facebook? -su tono subía.

- ¡No es lo mismo! Tú eres la incivilizada que odia conversar, ¡Por fin nos conocemos y reclamas porque te hablo demasiado! -se defendió.

- Estefanía, sé que eres mi prima y nunca te conocí en mi infancia pero ¡No tengo tanta saliva para hablar como tú!

- ¿Resulta que ahora yo soy cargante cierto?

- ¡Yo no lo he sido contigo! ¡Con suerte te callas para dormir! -Lo último que alcanzó a pronunciar no pareció caerle bien a su prima, el contorno de sus ojos se vio cubierto en pena que se dedicaba a tolerar para no caer en llanto ahí mismo, su fortaleza debía seguir intacta.

- ¿Por qué no me dices que te molesta? -manteniendo aún su estado normal.

- ¡No hay que ser inteligente para darse cuenta que eres como una garrapata!

- ¡Yo sólo intento ser buena contigo! ¡No tengo hermanos!

- ¡Ese no es problema mío! ¡Y gracias a Dios no tienes, porque cómo sufrirían esas pobres personas!

Eso era todo, era suficiente para que la barrera de contención se viniera cuesta abajo y los delgados ríos de dolor cayeran por las verdes esferas de su cara. Dio una última mirada a la enrabiada Aracelly.

- Estef... No-No quise... Yo.... -escaneando la frágil postura que había ocasionado en la alegre y fogosa chiquilla que huyó en vaga dirección para borrar toda evidencia de su afligida situación- ¿Qué hice?- se deploraba con la garganta hecha un nódulo imposible de desenredar- ¡Estefanía! -se abalanzó rápidamente en el sentido que había escapado su prima teniendo fé de poder alcanzarla.

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- ¿Qué se te apetece, quizás una de esas gomitas que tanto te gustan o un té de manzanilla para que te relajes? –ofrecía Tom a su nervioso y ofuscado hermano.

- No, no quiero nada…

- Viejo, tienes que comer algo-dijo Gustav- Te ves muy mal.

- Peor que antes de los conciertos… -agregaba Georg.

- Estoy preocupado por ella… -acotaba con problemas para controlar su lengua.

- No creo que quede inválida ¿O sí? –dijo su hermano después de mirar de reojo a todos.

- ¡Ni en broma! – dio un salto.

- Pareciera que estás así por otra cosa Bill… -decía el mozo de pelo largo.

- ¿Qué? ¿Y por qué otra cosa sería? –llamando la atención de su amigo. Geo se encogió de hombros sin decir palabra alguna.

- Te comportas como si el Doctor le fuera a echar el ojo -rió Tom.

- "No es el doctor..." -pensó.

- Oigan, ¿Esa no es Anita?

- ¡Georg, te dije que se llamaba Ara! –interfirió el muchacho de lentes.

- ¿Ara? –Tom soltó por fin a Bill- ¿Dónde? –escaneando con una veloz mirada por los alrededores.

- No, ya pasó… -anunció el bajista que la había visualizado.

- ¿A dónde se fue? –consultaba intranquilo.

- No sé Tom, no conozco este lugar…

- Yo… yo tengo que…. –sin concluir su idea salió corriendo hacia el único pasillo que se encontraba cerca de los demás jóvenes.

- ¿Te has fijado como Tom se vuelve loco cuando escucha el nombre de esa niña? –mirando el trote de su amigo que se alejaba a paso de reloj.

- Y éste también, Gustav… -señalando a Bill.

- Vaya… ¿Así se siente estar enamorado?

- Supongo… -rascó su cabeza- ¿Acaso nunca te has enamorado?. Gustav pensó un poco para luego dar una respuesta corporal con el movimiento de su cuello hacia los lados negando a la pregunta de su compañero.

Corrí, corrí hasta que las piernas no me dieron para buscar a esa chiquilla, tan lejos no podría haber ido ¿Dónde estaría? ¿Y dónde estaría Lala?. Ya tenía otra carga sobre mis hombros, la culpabilidad de la discusión con Estefanía, pensé que me sentiría bien al desahogarme y decirle lo que pensaba, sin embargo cuando me percaté de su reacción y de lo roto que se veía su dentror cuando le dije, definitivamente no fue algo grato para mí y obviamente tampoco para ella, debía encontrarla y disculparme, no importa cuan habladora sea, no importa lo cargante que llegue a ser, Estefanía era mi única familia en esta inmensa ciudad y no podía pasar por alto aquél tremendo detalle.

Me adentré a pasillos extraños, jamás estuve en este lugar, temía que podía perderme y dejar sola a mi prima, busqué y busqué por cientos de puertas, innumerables veces pedí disculpas por invadir la privacidad de algunos pacientes, quedaba una sola opción: El baño.

Aracelly-

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Salí de la sala de atención de la doctora Tornau, me sentía un poco mejor, sólo un poco, pero ya era más soportable el dolor y podía caminar por mi cuenta sin tambalearme de un lado a otro, traía conmigo unas pastillas para la hinchazón muscular ¡Caracoles! Ahora vengo a recordarlo… ¿Quién como yo? Bien, debo ir al baño y esperar a que esta pequeña tabletita haga efecto. Gracias a Dios estos hospitales tienen letreros para las personas tontas como yo que no sabe donde se encuentran los lavabos.

El paso siguiente era encontrar a Bill y regresar al hotel, pedirle a Joe que me llevara con Tyler y ¡Asunto arreglado!

Qué optimista me sentía después de esa visita, cruzar esa puerta me permitió percibir la frescura y sanidad que desprendían sus blancas paredes, dejé mi bolso en el lugar más seco que encontré y abrí la taquilla para buscar las pastillas. ¡Bingo! Por fin una buena noticia en el día, de un sólo movimiento las introducí en mi boca y tomé agua para poder tragar con más facilidad, aparte de la enorme sed que sufría mi organismo.

- ¡Agua, pura y cristalina! -gritaba con libertad al no divisar a nadie a mi alrededor que pudiera escuchar mi satisfacción. Pocas veces me daba el privilegio de sentir que nadie me miraba, cuando era pequeña me aprovechaba de las salidas de mis padres para ocupar el comedor de la casa y bailar por toda el lugar sin vergüenza ni llamadas repentinas que interrumpían las coreografías improvisadas que tanto me gustaba hacer. ¡Qué infancia! Ahora entiendo por qué la gente desea tanto volver atrás, ahora entiendo la razón por cual Peter Pan siempre quería ser un niño. Crecer sólo nos abre más puertas para los problemas, nos enseña a usar cada una de nuestras emociones, crecer nos pone a prueba y uno decide si rendirse o seguir.

- "No soy así... ¡No lo soy!" - Oí por el sector de los retretes.

Mis nervios se crisparon, detuve abruptamente mi monólogo mental para poner más atención a lo que había detectado, no vaya a ser que ahora soy paranoica o esquizofrénica, pobre Lala, pobre ¡No se salva de nada! Agudicé mi oído y comprobé mis sospechas, había alguien en ese lugar y a juzgar por el sonido estaba llorando, me dio un poco de vergüenza el "invadir" su momento de emocionalidad, no me caracterizo por ser entrometida pero el estado de la chica me llamó la atención, a nadie le gustaría estar así, menos sin una persona con quien desahogarse.

Sequé mi cara con un pedazo de papel higiénico y di 4 tímidos golpes a la puerta que escondía el llanto de esa individua, cuando se dio cuenta de la repentina compañía que tenía paró su gimoteo y quedó muda como una estatua sin respuesta alguna. Conté hasta 20 a que tomara confianza y pudiese decir algo pero no hubo caso, decidí tajar la ausencia de sonido.

- Ho-hola... -pegándome a la puerta- Espero que no te moleste pero, vine al baño a tomar unas pastillas y te escuché llorar... ¿Estás bien? -acerqué mi oído para corroborar si pronunciaba algo.

- Sssssí, todo... está -respiró acentuado- bien...

- ¿Segura? No te escuchas así... -No recibí respuesta alguna, después de unos segundos la estructura se abrió en mi cara, retrocedí dos pasos para ver a la muchacha. Era evidente, sus verdes ojos estaban hinchados y su aura era cálida de toda la fuerza que hizo al llorar.

- Lo siento... -dijo perdiendo la vista en las baldosas del suelo.

- No tienes por qué... -saqué un pañuelo desechable de mi pantalón- Toma...

- Gracias... -respiró bajo para no desatar sus aún intactos sollozos.

- ¿Qué te pasó? -le tomé el brazo y la llevé al lavamanos.

- Peleé con.... -mojó su cara- mi prima... -dudé un poco en preguntarle la razón, pero sentía la necesidad de hablar con ella o si no caería de nuevo en su tristeza, me arriesgué y...

- ¿Por qué pelearon? -mirando sus temblorosas manos que refregaban las verdes perlas enrojecidas de su cara.

- No importa... -respiró con la nariz dando un romadizo y se secó las manos para posteriormente apoyarse en la pared.

- ¿Tu prima está aquí?

- Sí... o eso creo, debe haberse ido ya. -colocando las manos en sus pantalones.

- ¿Te dejó aquí?

- No me extrañaría que lo hiciera... -miró al techo simulando rigidez.

- ¿Qué clase de familiar haría eso? -Gran error, creo que mi pregunta hizo mojarle de nuevo los ojos - ¡No, no no no! Espera.... Em... -palpé mi frente- ¿Cómo se llama?

- Ar... -la aparición inoportuna de alguien interrumpió el diálogo que tenía con la muchacha, sólo alcancé a escuchar mi nombre y reaccioné rápidamente volteando la cabeza.

- ¿Ara? -exclamé y me quejé por un leve dolor de mis piernas.

- ¡La-Lala! ¡Aquí estás! -corrió y me encadenó en sus brazos.

- Así que ella era tu amiga... -dijo un poco más tranquila recuperando su tono de voz normal.

- ¿Se conocen? -interrogué.

- Bueno -se alejó de mí y le tocó el hombro- Ella es mi pequeña prima Estefanía.

- ¿Pequeña? Auch... -mal paso.

- Bueno, sólo 2 años... -le besó la frente- Discúlpame ¿Sí?

Estefanía buscó mi mirada para comunicarme algo, le pregunté si era verdad que ella era de quien estábamos hablando hace unos minutos, ella asintió levemente y yo le hice un gesto con la boca.

Por muy alegre que se le viera a Aracelly y tratara de arreglar su falta no pareció importarle a quien tenía abrazada de su izquierda. Guardó silencio y se aproximó a mi lado para conversar, quedé sin palabras por el gesto de la niña, me pidió que saliéramos e ignoró a Aracelly todo el tiempo restante en el Hospital. ¿Por qué habían peleado? Quizás fue algo fuerte, digo, para que no le dirija la palabra y además para dejar llorando a una niña.

Aún me faltaba encontrar a Bill para regresar al Hotel y hablar con Joe, por supuesto que por mí tomaría un taxi o iría caminando para ahorrar tiempo, pero si ese hombre se llega a enterar de aquella intención de seguro se enojaría y no me volvería a hablar jamás, agregándole también el detalle de mi estado físico. ¿Cómo se te ocurre salir... blah, blah, blah? Un lado positivo: Por lo menos no lo buscaría sola.

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Estudio Mtv, L.A.

La joven de pelo ondulado ya tenía claras las indicaciones que debía cumplir esa tarde, así como le dijo Gerard debería funcionar todo, obviamente no podía faltar él para supervisar la situación. Hace tiempo ya que el rubio muchacho no visitaba el estudio de danza, sin embargo ya le conocían, perfectamente podía pasar sin ningún problema y eso hizo con Nicole del brazo.

- ¿Y ahora qué? -interpeló Nicole.

- Tienes que encontrar a Richard Stanley.

- ¿Y ése quién es?

- No preguntes tanto, sólo sigue las instrucciones -se detuvo.

- ¿No me acompañarás? -volteando.

- Te veré cuando lo consigas... Ahora ve.

- Pero Gerard, ¿Es necesario... tanto maquillaje?

- Por supuesto que sí...

- ¿No me dijiste que era gay?

- A veces...

- ¿¡Qué!? - vociferó.

- Richard Stanley ¿Entiendes? -obligándola con la mirada.

- S-sí... -dio un paso más- No tardo...

- ¡Sólo consíguelo! -Nicole asintió y cruzó la puerta hacia el camarín.

Así como las primeras impresiones son muy importantes esta no fue la excepción, tanto lujo y tanta excentricidad no pasaron desapercibidas por las pupilas de la latina, se quedó parada mirando un hermoso traje lleno de lentejuelas y plumas en las mangas, espejos gigantes, maquillaje por doquier, lo suficiente para toda una ciudad. Maniquís, vestidos, pelucas, joyas, todo brillaba en torno a ella. Su atención acaparó en una mesita de cosméticos con un espejo al fondo rodeado de luces, Nicole examinó los lápices labiales, había de todos los colores, tomó en sus manos uno color dorado, giró la tapa y la retiró.

- ¿Puedo ayudarte en algo?

- ¿Ah? -dejó bruscamente el labial donde lo había encontrado... -Lo siento, yo no quería...

- No te preocupes. Mmm... -guardó su pincel en el bolsillo de la blusa- ¿Tú quién eres? No te había visto por aquí antes...

- Eh... Yo.... yo.... -ve un afiche pegado en la pared-... soy... bailarina...

- Ahh.. ¿Eres del grupo de Lala?

- Sí... -tragó saliva- Claro...

- Pero ella no vino hoy...

- Lo sé...

- ¿No sabes dónde está la sala de ensayo?

- No, no... no... ¡Quiero decir sí! Sí, sí... Pero... -Cindy rió-

- No te pongas nerviosa- moviendo las manos.

- Eh... Busco... a... Richard.... -balbuceaba intentando recordar el apellido que olvidó por tantos nervios de ser descubierta.

- ¿Richard Stanley? -Nicole asintió como un relámpago- Bueno, lo vi pasar por allá.. Debe estar en el jardín...

- Gra-gracias... -caminó hacia la salida al patio.

- ¿Quieres que te arregle el vestuario? -preguntó Cindy a lo lejos.

- ¡No gracias! -empujó la puerta y se fue.

La maquillista dio una pequeña carcajada a la reacción de la chiquilla "¿No gracias? ¿Acaso no sabe quien es Richard?" pensaba "O quizás le di miedo" se miró al espejo y esparció polvo por sus mejillas.

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- Mi Lala, mi Lala. Mi...

- ¡Cállate Bill! -alegaba Georg -¡No sólo se nos perdió tu novia, ahora tampoco encontramos a Tom!

- Que no es mi nov...

- ¡Ahí está Paula! -señaló.

- ¡Laura! ¡Te he dicho mil veces que se llama Laura, Gustav! -exclamaba el bajista.

- ¡Lala! -el alto y delgado joven interrumpió y corrió al encuentro con la joven que aún caminaba con dificultad.

- Aquí están... -tocando la espalda de Bill- ¿Qué le dieron? -mirando a los demás.

- ¡Nada! Tú lo dejaste así... -defendiéndose Gustav.

- ¿Y ha estado así desde que me fui?

- No...

- Antes estaba más cuerdo... -adicionó Georg.

- ¡Por Dios!

- ¿Y... Tom? -se hizo aparecer Aracelly con la mano en la boca.

- ¡Anita! -imprecó el muchacho de cabello largo con las manos en alto.

- ¡Y dale con...! -golpeó la cabeza de su compañero.

- ¿Anita? - dijo Aracelly arqueando la ceja.

- Déjalo, es un idiota...

- ¡Tú le dices Paula a la novia de Bill! -sobándose la nuca.

- ¡Que no soy su novia! -demandé

- ¿Conoces a Bill Kaulitz? -ya hacía falta el comentario de la chiquilla parlante.

- Sí... -dijeron todos a coro.

- ¿Por qué todos son tan famosos menos yo? -juntando y alejando sus dedos índices.

- ¡Yo no soy famosa! -gritaron a dúo Aracelly y Laura. Estefanía suspiró y se cruzó de brazos.

- Sea famosa o no ¡Quiero saber dónde está ese imbécil! -gritó.

- ¿Imbécil?

Y el silencio se mostró, Ara sabía muy bien de quien era ese timbre de voz, sabía que provenía de sus espaldas pero no quiso voltear, no por el momento. Hasta que...

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El patio del canal era muy bonito, tenía muchas plantas y una pileta al centro con estatuas de piedra, el día era soleado, perfecto para sentarse en aquellas bancas que rodeaban la pileta, ahí estaba el hombre en cuestión, a quien buscaba Nicole, a quien Gerard le había encargado buscar, la pregunta era ¿Para qué?, eso sólo ambos lo sabían y en unos minutos se daría a conocer.

- ¿Señor Stanley?

- ¡Así me apellidan! -se paró expandiendo sus brazos.

- Hola -estrechó la mano- Soy Nicole Ramirez.

- Mm.. Y yo soy Richard Stanley ¡Jajajá! - La risa contagiosa del hombre hizo efecto en la jovencita que después de un rato pudo volver nuevamente a lo serio.

- Necesito hablar con usted señor Stanley.

- Oh, ¡Interesante! ¿Qué quieres, un vestido, chaqueta, quizás una peluca? -jugando con los mechones del largo cabello marrón de Nicole.

- No... Yo... Vengo a hablarle de otra cosa...

- Mmm... Misteriosa... Ven, ven.. Siéntate... -acomodándose en las orillas de la pileta- ¿Qué quieres hablar muñequita?

- Hay una presentación con el grupo de baile... ¿Verdad?

- Correcto... ¡Oh! -levantó su dedo posándolo en la boca de la fémina- ¡Ya sé donde vas! -sonrió.

- Quiero ser la directora del baile -Richard rió abiertamente como burlándose de lo que acababa de escuchar, mientras Nicole se mantenía seria.

- ¡No bromees! -se levantó.

- En serio-sonrió- quiero bailar.

- Lo siento muñequita, ya no hay cupos -subiéndose a la orilla y bailando graciosamente- Menos para directora, ese puesto ya está ocupado.

- ¿Es porque soy latina?

- No mencionaste eso... -bajó de un salto y se puso frente a ella.

- ¿Entonces...?

- Te llevaré con el jefe... -sonrió.

- ¿Cóm... Por.... Dón... Para qué?

- Para que lo convenzas que tienes talento y puedes dirigir a un grupo, ¡Así funcionan las cosas aquí Nicolita!

- Pero, pensé que tú podías hacer eso.

- No, no, no. -moviendo su dedo de un lado a otro- Es la ley de "El mejor gana". Demuestra que eres mejor que la directora actual y ¡El papel es tuyo!

-Este... yo....

- ¡Te espero! -marchó a ritmo remarcado hacia adentro.

- "¿Y ahora qué hago?" -pensaba.