
- ¿¡Qué!? -vociferó con sorpresa- ¿Cómo que no hay alfajores triples de chocolate? -protestaba Estefanía a la encargada del casino.
- ¿Qué se te apetece, quizás una de esas gomitas que tanto te gustan o un té de manzanilla para que te relajes? –ofrecía Tom a su nervioso y ofuscado hermano.
- No, no quiero nada…
- Viejo, tienes que comer algo-dijo Gustav- Te ves muy mal.
- Peor que antes de los conciertos… -agregaba Georg.
- Estoy preocupado por ella… -acotaba con problemas para controlar su lengua.
- No creo que quede inválida ¿O sí? –dijo su hermano después de mirar de reojo a todos.
- ¡Ni en broma! – dio un salto.
- Pareciera que estás así por otra cosa Bill… -decía el mozo de pelo largo.
- ¿Qué? ¿Y por qué otra cosa sería? –llamando la atención de su amigo. Geo se encogió de hombros sin decir palabra alguna.
- Te comportas como si el Doctor le fuera a echar el ojo -rió Tom.
- "No es el doctor..." -pensó.
- Oigan, ¿Esa no es Anita?
- ¡Georg, te dije que se llamaba Ara! –interfirió el muchacho de lentes.
- ¿Ara? –Tom soltó por fin a Bill- ¿Dónde? –escaneando con una veloz mirada por los alrededores.
- No, ya pasó… -anunció el bajista que la había visualizado.
- ¿A dónde se fue? –consultaba intranquilo.
- No sé Tom, no conozco este lugar…
- Yo… yo tengo que…. –sin concluir su idea salió corriendo hacia el único pasillo que se encontraba cerca de los demás jóvenes.
- ¿Te has fijado como Tom se vuelve loco cuando escucha el nombre de esa niña? –mirando el trote de su amigo que se alejaba a paso de reloj.
- Y éste también, Gustav… -señalando a Bill.
- Vaya… ¿Así se siente estar enamorado?
- Supongo… -rascó su cabeza- ¿Acaso nunca te has enamorado?. Gustav pensó un poco para luego dar una respuesta corporal con el movimiento de su cuello hacia los lados negando a la pregunta de su compañero.
Corrí, corrí hasta que las piernas no me dieron para buscar a esa chiquilla, tan lejos no podría haber ido ¿Dónde estaría? ¿Y dónde estaría Lala?. Ya tenía otra carga sobre mis hombros, la culpabilidad de la discusión con Estefanía, pensé que me sentiría bien al desahogarme y decirle lo que pensaba, sin embargo cuando me percaté de su reacción y de lo roto que se veía su dentror cuando le dije, definitivamente no fue algo grato para mí y obviamente tampoco para ella, debía encontrarla y disculparme, no importa cuan habladora sea, no importa lo cargante que llegue a ser, Estefanía era mi única familia en esta inmensa ciudad y no podía pasar por alto aquél tremendo detalle.
Me adentré a pasillos extraños, jamás estuve en este lugar, temía que podía perderme y dejar sola a mi prima, busqué y busqué por cientos de puertas, innumerables veces pedí disculpas por invadir la privacidad de algunos pacientes, quedaba una sola opción: El baño.
Aracelly-
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El paso siguiente era encontrar a Bill y regresar al hotel, pedirle a Joe que me llevara con Tyler y ¡Asunto arreglado!
Qué optimista me sentía después de esa visita, cruzar esa puerta me permitió percibir la frescura y sanidad que desprendían sus blancas paredes, dejé mi bolso en el lugar más seco que encontré y abrí la taquilla para buscar las pastillas. ¡Bingo! Por fin una buena noticia en el día, de un sólo movimiento las introducí en mi boca y tomé agua para poder tragar con más facilidad, aparte de la enorme sed que sufría mi organismo.
- ¡Agua, pura y cristalina! -gritaba con libertad al no divisar a nadie a mi alrededor que pudiera escuchar mi satisfacción. Pocas veces me daba el privilegio de sentir que nadie me miraba, cuando era pequeña me aprovechaba de las salidas de mis padres para ocupar el comedor de la casa y bailar por toda el lugar sin vergüenza ni llamadas repentinas que interrumpían las coreografías improvisadas que tanto me gustaba hacer. ¡Qué infancia! Ahora entiendo por qué la gente desea tanto volver atrás, ahora entiendo la razón por cual Peter Pan siempre quería ser un niño. Crecer sólo nos abre más puertas para los problemas, nos enseña a usar cada una de nuestras emociones, crecer nos pone a prueba y uno decide si rendirse o seguir.
- "No soy así... ¡No lo soy!" - Oí por el sector de los retretes.
Mis nervios se crisparon, detuve abruptamente mi monólogo mental para poner más atención a lo que había detectado, no vaya a ser que ahora soy paranoica o esquizofrénica, pobre Lala, pobre ¡No se salva de nada! Agudicé mi oído y comprobé mis sospechas, había alguien en ese lugar y a juzgar por el sonido estaba llorando, me dio un poco de vergüenza el "invadir" su momento de emocionalidad, no me caracterizo por ser entrometida pero el estado de la chica me llamó la atención, a nadie le gustaría estar así, menos sin una persona con quien desahogarse.
Sequé mi cara con un pedazo de papel higiénico y di 4 tímidos golpes a la puerta que escondía el llanto de esa individua, cuando se dio cuenta de la repentina compañía que tenía paró su gimoteo y quedó muda como una estatua sin respuesta alguna. Conté hasta 20 a que tomara confianza y pudiese decir algo pero no hubo caso, decidí tajar la ausencia de sonido.
- Ho-hola... -pegándome a la puerta- Espero que no te moleste pero, vine al baño a tomar unas pastillas y te escuché llorar... ¿Estás bien? -acerqué mi oído para corroborar si pronunciaba algo.
- Sssssí, todo... está -respiró acentuado- bien...
- ¿Segura? No te escuchas así... -No recibí respuesta alguna, después de unos segundos la estructura se abrió en mi cara, retrocedí dos pasos para ver a la muchacha. Era evidente, sus verdes ojos estaban hinchados y su aura era cálida de toda la fuerza que hizo al llorar.
- Lo siento... -dijo perdiendo la vista en las baldosas del suelo.
- No tienes por qué... -saqué un pañuelo desechable de mi pantalón- Toma...
- Gracias... -respiró bajo para no desatar sus aún intactos sollozos.
- ¿Qué te pasó? -le tomé el brazo y la llevé al lavamanos.
- Peleé con.... -mojó su cara- mi prima... -dudé un poco en preguntarle la razón, pero sentía la necesidad de hablar con ella o si no caería de nuevo en su tristeza, me arriesgué y...
- ¿Por qué pelearon? -mirando sus temblorosas manos que refregaban las verdes perlas enrojecidas de su cara.
- No importa... -respiró con la nariz dando un romadizo y se secó las manos para posteriormente apoyarse en la pared.
- ¿Tu prima está aquí?
- Sí... o eso creo, debe haberse ido ya. -colocando las manos en sus pantalones.
- ¿Te dejó aquí?
- No me extrañaría que lo hiciera... -miró al techo simulando rigidez.
- ¿Qué clase de familiar haría eso? -Gran error, creo que mi pregunta hizo mojarle de nuevo los ojos - ¡No, no no no! Espera.... Em... -palpé mi frente- ¿Cómo se llama?
- Ar... -la aparición inoportuna de alguien interrumpió el diálogo que tenía con la muchacha, sólo alcancé a escuchar mi nombre y reaccioné rápidamente volteando la cabeza.
- ¿Ara? -exclamé y me quejé por un leve dolor de mis piernas.
- ¡La-Lala! ¡Aquí estás! -corrió y me encadenó en sus brazos.
- Así que ella era tu amiga... -dijo un poco más tranquila recuperando su tono de voz normal.
- ¿Se conocen? -interrogué.
- Bueno -se alejó de mí y le tocó el hombro- Ella es mi pequeña prima Estefanía.
- ¿Pequeña? Auch... -mal paso.
- Bueno, sólo 2 años... -le besó la frente- Discúlpame ¿Sí?
Estefanía buscó mi mirada para comunicarme algo, le pregunté si era verdad que ella era de quien estábamos hablando hace unos minutos, ella asintió levemente y yo le hice un gesto con la boca.
Por muy alegre que se le viera a Aracelly y tratara de arreglar su falta no pareció importarle a quien tenía abrazada de su izquierda. Guardó silencio y se aproximó a mi lado para conversar, quedé sin palabras por el gesto de la niña, me pidió que saliéramos e ignoró a Aracelly todo el tiempo restante en el Hospital. ¿Por qué habían peleado? Quizás fue algo fuerte, digo, para que no le dirija la palabra y además para dejar llorando a una niña.
Aún me faltaba encontrar a Bill para regresar al Hotel y hablar con Joe, por supuesto que por mí tomaría un taxi o iría caminando para ahorrar tiempo, pero si ese hombre se llega a enterar de aquella intención de seguro se enojaría y no me volvería a hablar jamás, agregándole también el detalle de mi estado físico. ¿Cómo se te ocurre salir... blah, blah, blah? Un lado positivo: Por lo menos no lo buscaría sola.
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Estudio Mtv, L.A.
La joven de pelo ondulado ya tenía claras las indicaciones que debía cumplir esa tarde, así como le dijo Gerard debería funcionar todo, obviamente no podía faltar él para supervisar la situación. Hace tiempo ya que el rubio muchacho no visitaba el estudio de danza, sin embargo ya le conocían, perfectamente podía pasar sin ningún problema y eso hizo con Nicole del brazo.
- ¿Y ahora qué? -interpeló Nicole.
- Tienes que encontrar a Richard Stanley.
- ¿Y ése quién es?
- No preguntes tanto, sólo sigue las instrucciones -se detuvo.
- ¿No me acompañarás? -volteando.
- Te veré cuando lo consigas... Ahora ve.
- Pero Gerard, ¿Es necesario... tanto maquillaje?
- Por supuesto que sí...
- ¿No me dijiste que era gay?
- A veces...
- ¿¡Qué!? - vociferó.
- Richard Stanley ¿Entiendes? -obligándola con la mirada.
- S-sí... -dio un paso más- No tardo...
- ¡Sólo consíguelo! -Nicole asintió y cruzó la puerta hacia el camarín.
Así como las primeras impresiones son muy importantes esta no fue la excepción, tanto lujo y tanta excentricidad no pasaron desapercibidas por las pupilas de la latina, se quedó parada mirando un hermoso traje lleno de lentejuelas y plumas en las mangas, espejos gigantes, maquillaje por doquier, lo suficiente para toda una ciudad. Maniquís, vestidos, pelucas, joyas, todo brillaba en torno a ella. Su atención acaparó en una mesita de cosméticos con un espejo al fondo rodeado de luces, Nicole examinó los lápices labiales, había de todos los colores, tomó en sus manos uno color dorado, giró la tapa y la retiró.
- ¿Puedo ayudarte en algo?
- ¿Ah? -dejó bruscamente el labial donde lo había encontrado... -Lo siento, yo no quería...
- No te preocupes. Mmm... -guardó su pincel en el bolsillo de la blusa- ¿Tú quién eres? No te había visto por aquí antes...
- Eh... Yo.... yo.... -ve un afiche pegado en la pared-... soy... bailarina...
- Ahh.. ¿Eres del grupo de Lala?
- Sí... -tragó saliva- Claro...
- Pero ella no vino hoy...
- Lo sé...
- ¿No sabes dónde está la sala de ensayo?
- No, no... no... ¡Quiero decir sí! Sí, sí... Pero... -Cindy rió-
- No te pongas nerviosa- moviendo las manos.
- Eh... Busco... a... Richard.... -balbuceaba intentando recordar el apellido que olvidó por tantos nervios de ser descubierta.
- ¿Richard Stanley? -Nicole asintió como un relámpago- Bueno, lo vi pasar por allá.. Debe estar en el jardín...
- Gra-gracias... -caminó hacia la salida al patio.
- ¿Quieres que te arregle el vestuario? -preguntó Cindy a lo lejos.
- ¡No gracias! -empujó la puerta y se fue.
La maquillista dio una pequeña carcajada a la reacción de la chiquilla "¿No gracias? ¿Acaso no sabe quien es Richard?" pensaba "O quizás le di miedo" se miró al espejo y esparció polvo por sus mejillas.
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- Mi Lala, mi Lala. Mi...
- ¡Cállate Bill! -alegaba Georg -¡No sólo se nos perdió tu novia, ahora tampoco encontramos a Tom!
- Que no es mi nov...
- ¡Ahí está Paula! -señaló.
- ¡Laura! ¡Te he dicho mil veces que se llama Laura, Gustav! -exclamaba el bajista.
- ¡Lala! -el alto y delgado joven interrumpió y corrió al encuentro con la joven que aún caminaba con dificultad.
- Aquí están... -tocando la espalda de Bill- ¿Qué le dieron? -mirando a los demás.
- ¡Nada! Tú lo dejaste así... -defendiéndose Gustav.
- ¿Y ha estado así desde que me fui?
- No...
- Antes estaba más cuerdo... -adicionó Georg.
- ¡Por Dios!
- ¿Y... Tom? -se hizo aparecer Aracelly con la mano en la boca.
- ¡Anita! -imprecó el muchacho de cabello largo con las manos en alto.
- ¡Y dale con...! -golpeó la cabeza de su compañero.
- ¿Anita? - dijo Aracelly arqueando la ceja.
- Déjalo, es un idiota...
- ¡Tú le dices Paula a la novia de Bill! -sobándose la nuca.
- ¡Que no soy su novia! -demandé
- ¿Conoces a Bill Kaulitz? -ya hacía falta el comentario de la chiquilla parlante.
- Sí... -dijeron todos a coro.
- ¿Por qué todos son tan famosos menos yo? -juntando y alejando sus dedos índices.
- ¡Yo no soy famosa! -gritaron a dúo Aracelly y Laura. Estefanía suspiró y se cruzó de brazos.
- Sea famosa o no ¡Quiero saber dónde está ese imbécil! -gritó.
- ¿Imbécil?
Y el silencio se mostró, Ara sabía muy bien de quien era ese timbre de voz, sabía que provenía de sus espaldas pero no quiso voltear, no por el momento. Hasta que...
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El patio del canal era muy bonito, tenía muchas plantas y una pileta al centro con estatuas de piedra, el día era soleado, perfecto para sentarse en aquellas bancas que rodeaban la pileta, ahí estaba el hombre en cuestión, a quien buscaba Nicole, a quien Gerard le había encargado buscar, la pregunta era ¿Para qué?, eso sólo ambos lo sabían y en unos minutos se daría a conocer.
- ¿Señor Stanley?
- ¡Así me apellidan! -se paró expandiendo sus brazos.
- Hola -estrechó la mano- Soy Nicole Ramirez.
- Mm.. Y yo soy Richard Stanley ¡Jajajá! - La risa contagiosa del hombre hizo efecto en la jovencita que después de un rato pudo volver nuevamente a lo serio.
- Necesito hablar con usted señor Stanley.
- Oh, ¡Interesante! ¿Qué quieres, un vestido, chaqueta, quizás una peluca? -jugando con los mechones del largo cabello marrón de Nicole.
- No... Yo... Vengo a hablarle de otra cosa...
- Mmm... Misteriosa... Ven, ven.. Siéntate... -acomodándose en las orillas de la pileta- ¿Qué quieres hablar muñequita?
- Hay una presentación con el grupo de baile... ¿Verdad?
- Correcto... ¡Oh! -levantó su dedo posándolo en la boca de la fémina- ¡Ya sé donde vas! -sonrió.
- Quiero ser la directora del baile -Richard rió abiertamente como burlándose de lo que acababa de escuchar, mientras Nicole se mantenía seria.
- ¡No bromees! -se levantó.
- En serio-sonrió- quiero bailar.
- Lo siento muñequita, ya no hay cupos -subiéndose a la orilla y bailando graciosamente- Menos para directora, ese puesto ya está ocupado.
- ¿Es porque soy latina?
- No mencionaste eso... -bajó de un salto y se puso frente a ella.
- ¿Entonces...?
- Te llevaré con el jefe... -sonrió.
- ¿Cóm... Por.... Dón... Para qué?
- Para que lo convenzas que tienes talento y puedes dirigir a un grupo, ¡Así funcionan las cosas aquí Nicolita!
- Pero, pensé que tú podías hacer eso.
- No, no, no. -moviendo su dedo de un lado a otro- Es la ley de "El mejor gana". Demuestra que eres mejor que la directora actual y ¡El papel es tuyo!
-Este... yo....
- ¡Te espero! -marchó a ritmo remarcado hacia adentro.
- "¿Y ahora qué hago?" -pensaba.
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