jueves, 24 de febrero de 2011

Capítulo 13 - "Procedimientos"


Un sabor difícil de graficar, Nicole no sabía si cantar victoria o considerar su misión como un completo fracaso, odiaba que no la tomaran en serio y peor aún si Gerard tenía entre ceja y ceja su objetivo.
Lo claro, claro estaba, de cierta manera le estaban dando una oportunidad para llevar a cabo la primera parte del plan, ,de cuál sería el resultado sólo dependía de ella.

- ¿Cómo te fue? - El chiquillo rubio se alzó del suelo con la vista acosadora por conocer la respuesta.

- B-Bien... -mirando al techo en forma de arco.

- ¿Sólo bien?

- Sí, sólo bien... -cruzó las piernas. Gerard se cuestionó un momento para continuar con su interrogatorio.

- ¿Tienes el puesto?

- Algo así...

- ¿A qué te refieres con "Algo así"? -impulsó una ceja hacia arriba.

- Me dijo que... -mordió sus labios de nerviosismo- me probaría...

- ¿Y bailas bien? -reanudó.

- Eso creo.

- ¿Mejor que ella?

- No sé Gerard, no sé- palpó su frente como si la cabeza se le fuera a caer por toda la presión que, estaba segura debería enfrentar.

- ¿Cómo que no sabes?

- ¡No sé! -gritó- ¿Qué quieres que te diga? ¡Oh sí Gerard bailo de maravilla y tendré ese puesto! ¡No, no puedo mentirte! -el joven sujetó su mentón con firmeza.

- Acostúmbrate a mentir más de tu boca y transformarlas en algo cierto con tus acciones- riñendo con informalidad soltando la barbilla de Nicole- Además, ¿No mencionaste que bailaban juntas?

-Sí. Pero eso fue hace mucho tiempo...

- Más te vale que ese tiempo no haya sido en vano. No sabes la repugnancia que me da por -golpeó un casillero-... trabajar con una chilena en esto.

- ¿Vas a empezar con tu racismo ahora?

- No te traje aquí porque me simpatizas, te traje por...

- ¡Da igual el por qué! Creo que deberías ver quién le está haciendo el favor a quien -lo cortó hasta silenciarlo y continuó- No tiene importancia el si soy de Chile o de otro país, ambos tenemos algo en común; los dos estamos resentidos aunque no lo quieras admitir, tratas de maquillar toda esa rabia haciéndote ver fuerte, pero en realidad es sólo tu miedo y el resentimiento del que ella te quitó tu puesto... -caminó por el pasillo- Y si vuelves a discriminar mi nacionalidad, estarás solo en esto. -volteó prosiguiendo su caminata hasta la salida.

Gerard la siguió sin emitir ninguna palabra, había causado un pequeño cambio en la extraña relación de "cómplices" que tenían, lo que la hizo sentir orgullosa de si misma y con más ganas de finiquitarlo todo.

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Ya no podía seguir perdiendo más tiempo, dejé a Estefanía en la terraza para ver si así podía escaparme e ir a buscar a Joe y poner al día las cosas que quedaban por saldar. Me alejé como mis piernas pudieran llevarme hacia mi cama y tomar la cartera, miraba de reojo al balcón para asegurarme que ella seguía ahí, ella me simpatiza pero estas cosas debo arreglarlas yo sola.
Con lo desobediente y terca que soy me arrimé a la salida para dirigirme a mi destino cuando de pronto sucede algo de lo cual me lamentaré por siempre. ¡Cuánto te odio celular!
Como era de esperarse Estefanía se dio cuenta y me siguió clavando sus enormes ojos claros en mí como preguntándose a si misma el por qué de mi evacuación repentina.

- Yo sólo iba al casino, tengo mucha hambre y... Volveré luego - mi intento de apaciguar su curiosidad funcionó pero sólo hizo que de sus labios saliera un:

- ¡Yo te acompaño!

- No, no, no ¡De verdad volveré pronto!

- Pero si yo también tengo hambre -se echó al hombro su bolsito y salió conmigo al pasillo alfombrado. Bueno, no me quedaba otra que llevarla.

Bajamos. Sí, tuve que llevarla a la cafetería para que no sospechara sobre mis intenciones, no quiero responsabilizar a nadie más con estos enredos, pero al final la desdichada siempre seré yo, y adivinen quien estaba sentado en la mesa de al fondo con una dona en sus manos. Tuve que fingir una estúpida indiferencia cuando en realidad moría de ganas por caminar hacia allá y como siempre, insistirle que me llevara donde El Padrino Woods y ahí estaría él diciendo "No, no lo haré porque es muy arriesgado y que la mancha en Suecia con el Rey de España, lero, lero, lero".
Y como al parecer este no era mi día y al tonto sujeto se le pasó todo el enojo conmigo y tuvo la brillante idea de pararse de su silla para tocarme el hombro y hablarme como si nada, ya no había nada que ocultar, estaba frita y usaría inconscientemente a Estefanía como una cómplice sobre la charla que estaba obligada a tener con Joe.

- ¿Cómo has estado? -metió las manos en los bolsillos de su pantalón verde oscuro.

- No perfecto pero estoy viva, ¿Y tú?

- Bien.

- Ah -no estaba del todo recuperado, por lo poco que conozco a Joe suele ponerse cortante en dos situaciones: cuando está nervioso o cuando hace algo por obligación, y estoy segura que me habló solamente para que yo pensara que no le había afectado lo de la noche anterior. ¿Qué se cree este hombre, que no tengo intuición o un poquito de inteligencia para saber las pocas mañas que le sé?

- Laura...

- ¿Qué?

- ¿Quién era el tipo que...

- ¡Listo! -concurrió a mí con una bandeja en sus manos y una sonrisa de oreja a oreja.

- Estefanía, te dije que no me compraras tanto...

- No te preocupes, que si no te lo comes tú lo comeré yo. -guiñó el ojo y luego miró a Joe- Oh... ¿Interrumpo algo?

- No, no te preocupes -contestó dejando al descubierto sus manos y despeinándose el cabello- ¿Eso está muy pesado?.

- No, no... Yo puedo con ello -le respondió dando un paso adelante de mí.

- Es mucha comida, déjame ayudarte -sujetó los dos extremos de la bandeja y la retiró para tenerla en sus brazos.

- Gracias -aquella charla fugaz y el bello gesto de cortesía del muchacho causó una atención inmediata por los ojos de la chica que no despegaba sus ojos verdes de él.

- ¿Nos vamos a sentar? -interrumpí y tomé a Estefanía del brazo.

- Sí, claro. -asintió Joe caminando atrás de nosotras.

¿Qué fue eso? ¿Un acto desesperado y absurdo de celos o un simple impulso del momento para seguir con lo que estábamos haciendo?. Espera, ¿Dije celos? ¿Por qué se me vino a la cabeza esa palabra? Joseph es mi amigo, y sentir celos por los amigos es... ¿Normal?

- ¿Qué te dijo el doctor? -me consultó con sus brazos apoyados en el mueble de mármol.

- ¿Ah?

- ¿Qué te dijo sobre tu estado físico?

- Eh... Me harán una radiografía el Miércoles, por el momento me dio unos medicamentos...

- ¿Ya los compraste? -sus ojos mostraban una preocupación casi incorrecta para sólo ser mi amigo.

- Su novio fue a hacerlo... -mordisqueó su alfajor.

- ¿Novio? -se extrañó Joe con una expresión anormal.

- No es mi novio... -miré mis manos.

- ¿No? Creí que eras la novia de Bill Kaulitz.

- ¡No me hables así! -de verdad me sentí ofendida por el tono en el cual lo dijo.

- ¡Ya no peleen! -se quejó Estefanía- ¿Por qué no sacan algo de la bandejita mágica de la comida?

- Porque no tengo hambre... -respondió él desviando su mirada. Era oficial, Joe y yo nos enojábamos con una facilidad increíble.

- Yo sí tengo -expresé y saqué una croqueta de la caja rayada que había al costado de la bandeja.

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Llegaron, por fin llegaron. Pero había un problema: La puerta estaba cerrada y nadie parecía escuchar, el pánico se apoderaba de Colette y Dominique al no obtener respuesta de su amiga, que ya creían muerta o agonizando en el piso.

- ¡No abre, no abre! -tomando su cabeza.

- ¡No contesta el celular! -Dominique no soltaba su móvil y presionaba cada 5 segundos el botón verde en busca de comunicarse con Laura.

- ¿Y ahora qué hacemos? -se deploró.

- Espera, tranquilicémonos. No puede estar lejos -Se esforzaba por mantener la calma y poder persuadir el paradero de quien hablaban.

- ¿Pero dónde Dominique, dónde? -Colette seguía con la voz hecha un terremoto haciendo caso omiso a los llamados de serenidad de la chilena.

- ¡Qué se yo! ¡Por algo vi a Bill con los demás afuera!

- ¡Ya sé, ya sé! -dando pequeñas palmadas en su pecho- Preguntémosle a Jenny.

- Sí, sí. Ella debe... -tragó saliva- saberlo.

La idea no era del todo brillante ni tampoco segura, pero algo tenían que acordar para alentarse y dejar de tiritar en medio del pasillo.

Jenny frecuentaba a diario el piso 4 con su típico carrito de metal lleno de toallas blancas, bandejas o platos a medio servir dependiendo del horario, su voz dulce y frágil se hacía presente las 24 horas del día de puerta en puerta con el repetitivo saludo cortés que le otorgaba a todos los huéspedes una vez que golpeaba con un particular ritmo que sin querer la delataba.
En esos momentos Jenny se encontraba por el pasillo "M". No fue difícil encontrarla pero sí el conseguir su atención.

- Corazones, después hablamos -empujando su instrumento de trabajo recogiendo las tazas de la señora Frighman.

- Por favor, es sólo una pregunta.

- ¿Qué pasó?

- ¿Has visto a Lala?- prosiguió Dominique.

- No, no la he visto y esta mañana no le lleve el desayuno, debe estar en sus ensayos -sonriendo como quedando satisfecha con la explicación dada.

- En realidad no, ella no fue a ensayar hoy.

- Pues debe estar en su habitación -golpeó otra puerta.

- No, ella... -miró a Colette- fue al hospital -dijo entre dientes.

- ¿¡Qué!? -perdió la concentración de su labor y volteó para ver la cara de las niñas- ¿Qué le ocurrió? ¿Ella está bien? ¿Por qué no me lo dijeron antes?

- Eh, creo que son muchas preguntas a la vez.

- Ni nosotras sabemos con exactitud Jenny -se lamentaba la chica de ojos claros y pelo castaño claro.

- Pero... -la puerta del señor Lind se abrió y tuvo que cortar el vínculo de conversación con las jóvenes para cumplir su obligación profesionalmente sin que la impresión influyera en tal

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Rara, extraña, indecifrable, bizarra; así me sentía con todo esto. Ni siquiera tenía idea de lo que me pasó con Joe, no se me ocurre que pudo ocurrirle a Bill y no entiendo qué pasará con el baile. No tenía absolutamente nada claro y lo peor era que los calambres de mis pantorrillas me recordaban usualmente que me encontraba vulnerable, y como ahora a la gente se le ocurrió tenerme en la mira del radar, bajar la guardia era el peor movimiento que podría hacer.

Me aburre mirar la facilidad en la cual Joe con Estefanía conversaban y yo parecía sobrar entre el grupo, me molestaba el no poder pedirle libremente mi tremendo anhelo por ver a Tyler, odiaba ser distinta a la gente normal cayendo de nuevo en la selva de pensamientos que no me permiten tomar decisiones inteligentes. Cuanto aborrezco el silencio de mi mente y el aprovechamiento instantáneo que tiene para dar vueltas y vueltas todas las palabras sin un punto fijo y sin un eje en el cual girar de manera racional. El problema no era netamente todo lo que se cruzaba por mi cabeza, era la maldita costumbre que tenía al agrandarlo todo y pensar que sólo con una pluma mi pared emocional se desestabiliza sin siquiera tener misericordia para concentrarme después de todo este oxígeno... Un momento, ¿Dije oxígeno? Jamás me había pasado esto antes, sentía que mi cabeza flotaba en el aire pero al mismo tiempo se veía atraída por el piso, ¿Qué hacía? Pedía cordialmente a ambos que se callaran o iba sigilosamente a pedir una bebida y de paso vuelvo a mi habitación...

- Em... -aclaré la garganta y ambos me miraron- Yo... iré al baño... Ustedes sigan en lo suyo...

- Lo siento Lala, no sabía que estabas aburrida viendo como... bueno... -se disculpó Estefanía.

- No, no importa... Es que de verdad tengo que ir al baño... -Joe me miró incesantemente sin articular ninguna palabra, sabía que sospechaba algo en mí y eso muchas veces me molestaba.

Me paré para entrar al tocador dejando atrás los ojos hostigadores de ambos como teniendo lástima de mí, pero ya qué. No se puede tener todo y mi cabeza me estaba matando.

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- ¿Estás seguro que te encuentras bien Bill?

- Sí..

- ¡Vaya, con eso convenciste a todo L.A! -se bufó Georg.

- No es nada...

- Ni siquiera le hablaste a tu novia al salir del hospital, es decir... Primero la abrazas y después la ignoras completamente ¿Qué sucede contigo?

- ¡Nada!

- Ya, dinos... ¿Qué hizo ella? -curioseó Gustav.

- No tiene que ver con Lala.

- Entonces no deberías desahogarte con ella... -añadió el chico de cabello lacio.

- ¡No lo hice!

Geo y Gustav se miraron entre cómico y molestos. Decidieron dejar a Bill tranquilo, sabían perfectamente que algo no andaba bien, pero cuando se comporta así es mejor no comentarle sobre el tema o perderían al vocalista por estrés emocional, si no les decía a ellos seguramente lo conversaría con Tom, y ellos bien sabían que es una de las pocas personas que puede tranquilizarlo, entre otros puestos están los anestesistas, su madre y obviamente Lala.

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Aracelly:
Miraba las paredes intentando buscar una entretención barata para fingir que el tiempo pasara rápido, Empujé mi cuerpo hacia el lado a ver si los minutos se alivianaban con una pequeña siesta. Mentalicé el cansancio para poder cerrar los ojos con más facilidad, tomé aire de forma generosa hasta llenar mis pulmones para luego expulsarlo lento y calmado por la boca, poco conseguía así que cambié de posición, mi hombro chocaba con los amplios cojines y mi caja toráxica se encontraba de costado. Volví a repetir el ejercicio de respiración pero me detuve por algo, una fragancia que hizo el oxígeno más denso pero a la vez delicioso. Recorrí con mis manos todo el contorno del sofá para culminar en una voluptuosa prenda de algodón, despegué mis párpados e investigué la misteriosa tela con tan buen perfume: era el polerón de Tom, el que arrojó cuando llegó a casa antes de subir al baño. Seguí atrayendo el olor a mis fosas nasales del ancho y suave atuendo, me imaginaba a Tom frente a mí, con su característico aro en los labios hablando tan abiertamente como de costumbre. Lo veía distinto, algo había cambiado en él, lucía bello, mucho más de lo que era, lucía... Enamorado.

- ¿Qué haces con mi polerón? - La voz era de Tom hablando de nuevo, pero esta vez todo era real, lamentablemente la cruda verdad.

- Intentaba dormir -se encogió de hombros- ¿Ya te duchaste?

- Sí, claro... -tomando una trenza entre sus dedos.

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Hotel Phoenix.

Me encontraba de nuevo frente a un espejo, ahora sin dolor en mis tendones, pero sí con uno que lo reemplazaba en mi cabeza, tomé agua y me puse a pensar sobre todo, ahora mi preocupación mayor era el baile, estaba dejando de lado a todas esas personas y yo tenía que... tenía que... Dios... Esa sensación... Hace más de 10 años no ocurría... corrí al retrete y agarré mi pelo para dejar que esa horrible mezcla que subió desde mi estómago hasta la garganta se expulsara de una vez por todas. Tiré la cadena, estaba confundida ¿Qué fue eso? ¿Llegué al borde del nerviosismo? No puede ser, desde que tenía 8 años no tenía ese fenómeno, jamás. Ni siquiera con las horribles aleaciones que hacía con los alimentos, ni modo. Llegué nuevamente al lavamanos y enjuagué mi boca para seguir esbozando con tranquilidad, olvidando el episodio que había vivido hace unos minutos atrás.

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- ¿Y las llamó mientras estaban en el teatro? -el desasosiego de la pobre mujer se notaba a flor de piel.

- Sí, y no podemos encontrarla...

- ¿Ya revisaron en la habitación del señor Scrusse?

- ¿Qué insinúas Jenny? -conjeturó Colette.

- Que él es su guía y si pasó algún accidente el señor Scrusse debe cubrirla- detuvo el bártulo metálico- debo ir a la cocina niñas- solicitando el elevador- Espero que la encuentren...

- ¡No, espera! -al abrir la puerta las tres subieron- Iremos contigo.

- Ah.. -hizo un gesto corporal- Está bien...

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- Entonces nos vamos... -corrigiendo su postura y elevándose del sillón.

- Sí...

El reloj daba las 17: 26, una hora considerable para regresar y cuidar de su amiga, aparte de tener un diálogo incompleto con su prima, Tom la siguió hacia la puerta, pero antes de abrirla posó su brazo en el margen.

- ¿Qué estás haciendo? -volteándose para dirigirle su protesta al rostro.

- No podía desperdiciar una oportunidad perfecta... -olió la loción que desprendía del cabello de Aracelly.

- Ya me extrañaba que lo hicieras... -sonrió sugestivamente.


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