
El viento soplaba formando una delicada melodía que se combinaba con el largo cabello de Nicole, sus pupilas se dirigieron rápidamente a un lado, pero no movió la cabeza, sólo lo hizo para colocar su mano en el tirante de su bolso, no traía abundante equipaje, sabía que no se quedaría por mucho.
Aunque estaba sola en un país desconocido caminaba segura siguiendo el trayecto hacia el exterior del Aeropuerto, nadie la esperaba, debía llegar a Los Ángeles sola. Sólo la acompañaba su bagaje y el papel que su madre le había entregado minutos antes de dejar Santiago, en él contenía la dirección del hotel al cual debía llegar, ahora el problema era. ¿Cómo llegar?. Está bien, ya estaba en California, pero le esperaban aún muchos kilómetros, demasiados para ir caminando, pero lo intentó. El Sol alumbraba fuertemente en la cabeza de la chica, lamentaba el no llevar un calzado adecuado, por el apuro no tuvo otra que salir con sus sandalias y sus dedos eran víctimas de las piedrecillas que obtenía en cada paso por la carretera, la cual estaba increíblemente sola y sin ningún auto que pudiese circular. ¿Cómo era posible?. Estaba en una de las potencias más grandes del mundo y no había ni una sola alma que se atreviera a cruzar por el camino de una joven inmigrante, Nicole se quejaba de su situación mientras soportaba el calor y la molestia de sus pies cuando de repente escuchó el sonido de un motor acercarse, volteó rápidamente e hizo notar su brazo para que parara, para su buena suerte resultó. El vehículo se estacionó unos metros adelante y ella corrió para alcanzarlo.
- ¿Dónde vas? -preguntó el muchacho de la camioneta. Nicole lo miró y respondió breve.
- Los Ángeles- el tipo le hizo un gesto y ella subió para acomodarse y tomar un poco de aire.
- ¿Eres americana? -le charlaba mientras conducía con su acento inglés, lo que a Nicole le pareció un poco raro, nunca antes había conversado con un norteamericano, pero sabía un poco del idioma.
- Sí, pero soy del Sur de América -dijo pausadamente.
- ¡Oh! ¿De qué parte? -sonriendo.
- Chile -abrió una botella que traía en el bolso.
- ¿El país del terremoto del 2010?
- Eh, sí... -vaya, que lindo que recuerden a Chile por eso... pensaba sarcásticamente.
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Los Ángeles, estudio de danza 16: 39 Pm.
Narra Laura:
Según el formato que tenía en mi mente de "tiempo-prolijidad" con los chicos avanzamos muy bien, son fabulosos, el ver sus rostros y escuchar las risotadas que nos dábamos cuando cada uno aportaba su granito de arena para la coreografía era fantástico, hasta Ying sonreía como nunca, quedan 6 días para la Gala y los pensamientos en mi cabeza volaban como de costumbre.
Me apestaba la idea de tener que juntarme nuevamente con ese sujeto para decirle algo que de seguro me odiaría al momento que salga de mi boca, pero tenía que hacerlo... Los instantes con todos esos semejantes hizo florecer algo en mí, un sentimiento de compartir con otros el mismo amor que tú tienes por algo, la última vez que sentí esto fue a mis 12 años, asistía al taller de danza moderna con Dominique... Un segundo... No, no era Dominique. ¿Entonces quién era? Por más que pretendía recordar no conseguía hacerlo, mi pasado era una puerta la cual había abierto en ese instante que me sentí como una anciana con alzheimer y eso que yo no acostumbro a revivir de mi pasado, pero eso fue algo muy peculiar...
- Lala... Lala.... ¡Lala! -sentí un zamarreo que hizo alborotar el embrollo que contenía hace unos segundos atrás.
- ¿Ah?- respondí desconcentrada.
- Todos ya se fueron... Sólo quería despedirme...
- No, espera Ying... -regresé para encajarme el polerón y tomar mi bolso -Te acompañaré...
- No te preocupes -movía sus manos- No tienes que hacerlo..
- ¿No quieres un helado? ¿Un café? -me encogí de hombros.
- No, no... Gracias, en serio... -avanzó acelerando su paso.
- ¿Qué te sucede Ying?-la alcancé- Nunca antes me habías rechazado una invitación...
- Lo que sucede es... -balbuceó por un rato- que tengo examen mañana y necesito estudiar...
- ¿Estás segura?
- ¡Claro! -se despidió con su mano y retomó su trayecto sin voltear. Cuando cruzó la puerta al mismo tiempo alguien venía entrando, se toparon y Ying pidió disculpas con su típica personalidad introvertida, pero ahora mucho más atemorizada de lo normal. ¿Acaso soy una especie de sonámbulo cuando pienso? Es decir, mis viajes mentales al espacio junto con todos mis pensamientos hacen que me mantenga en un estado "casi-coma" que a juzgar por la situación podría hablar incoherencias o peor aún, cosas coherentes que puedan herir a los demás... O yo estaré muy loca para que se me cruce esa idiotez por la cabeza de ser sonámbula...
- ¿Estás lista? -dando un aplauso seco y abriendo los ojos.
- Joe -cable a tierra de nuevo-... antes necesito que me lleves a un lado... -retiró el bolso de mi hombro y caminó por el pasillo.
- ¿Ah, sí? ¿Dónde? .
- A la oficina de Tyler... -sentí como se detuvo de golpe y tuve que retroceder tres pasos.
- ¿Para qué quieres volver a ese lugar? -su mirada me recordó a la que pude visualizar cuando le exigí ver a Woods antes del tiempo que me había programado.
- Necesito hablar con él...
- Él no está en su oficina... -mirando hacia el frente para seguir caminando.
- ¿Dónde está?
- Lala, ¿Por qué? -hizo un gesto de cansancio.
- Joe, el ver como todos contribuyen para formar algo inmenso, el alborozo junto con la alegría incontrolable que se sentía cuando alguien se equivocaba y la seriedad con la que enfrentaban tan grande responsabilidad. ¡Esos chicos merecen tomar una estrella para escribir su nombre y que la gente sepa quienes son! -pronuncié emocionada.
- ¿Me estás diciendo que la vez pasada rechazaste lo que Tyler te dijo?
Carajo, metí la pata...
- N-no exactamente...
- Tú me dijiste que ya habías arreglado todo con él la vez que hablaron...
- Sí... O sea, no tanto... Quedaron algunos asuntillos pendientes... -chocando mis dedos índices.
- ¡Lala! -me regañó como si fuera mi padre.
- Pero no te enojes... -arqueando mis cejas tratando que me disculpara- Sólo es esta vez y nada más...
- ¡No! -empujando la puerta de salida.
- ¡Joseph! -junté mis manos.
- ¡No! ¿Crees que estaré ahí concediéndote todo? -me ignoró para proseguir con su marcha veloz.
- Pero Joe... ¡Es por los chicos!
- ¡No me chantajees emocionalmente!
- ¡No te chantajeo, es la verdad! -no hubo respuesta -¡Joe, escúchame, no seas mal educado!
- No seas masoquista... -entregándome una mirada fugaz.
- ¡No lo soy! ¡No me hagas rogarte!
- No quiero que lo hagas... -echando mi bolso a la maleta- Es peligroso...
- Ya salí viva una vez...
- Bueno, por algo los llaman "accidentes" -cerrando la valija de metal-Sube al auto... -dudé un poco y me crucé de brazos-
- ¡No!
- ¿Por qué no? -levantando una ceja con expresión de incordio.
- ¡Porque no! ¿Crees que estaré ahí concediéndote todo? -bramé.
- ¡Eso es muy distinto! ¡No actúes como quinceañera!
- ¡Sólo tengo 19 años!
- ¡Ya eres mayor de edad! -vociferó.
- ¡Tú lo dijiste! Soy mayor de edad... Tengo derecho a tomar mis propias decisiones y tú eres mi guía y ¡Me vas a llevar con Tyler! -tomó aire pero optó por tragarse todas las palabras, apretó su puño como avisando "Me rindo".
- ¡La última vez! -le sonreí y lo abracé con toda la fuerza que tenía en ese instante -Ahora sube al auto, por favor...
- ¡Sí! -dije satisfecha abriendo la puerta para acoplarme adentro.
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Los Ángeles, Hotel Sunset 19: 10
Narra Nicole:
Según el arrugado papel que contenía en mis manos ya había llegado a lo que sería mi hogar por unos días, sabía perfectamente que llegaría a un Hotel 5 estrellas por lo superficial que es mi madre, aunque hubiese preferido una cabaña en la cual habitara sola sin vecinos a 3 metros de la puerta, era una de las cosas que odiaba de mi familia. Todo era lujo, todo era caro, todo era moderno, todo era objeto de ostentación para los demás niños cuando iba en la escuela. ¿Quién poseía el último celular? Nicole... ¿Quién vestía la ropa más costosa? Nicole... ¿Quién tenía las vacaciones soñadas? Nicole... Todo Nicole, apestaba el sólo hecho de saber que nunca te mirarán como alguien del montón, en todo Chile el apellido Ramirez era sinónimo de Joyas y dinero, nadie te toma en serio, todos fingen ser buenos contigo y te regalan dulces exclusivamente porque tu padre es una de las personas con la fortuna más grande del país, casi no tenía amigos por el hecho que pensaban que era una "cuica" y que la vergüenza los consumiría si me contaban que su chaqueta es de algún supermercado y no hecha por un diseñador mundialmente conocido, despreciaba con toda mi alma la vida que me dieron mis padres. ¿No podía la gente darse el tiempo de mirar algo más que el número de ceros que tenía la cuenta corriente de la hija de el señor Ramirez?. Mis hermanos se portaban pésimo, todos los días deseaban algo nuevo, todo lo que yo tenía eran "las sobras" de ellos, no me gustaba explotar la economía de mis padres, pero claro, llamémosle sobras a los celulares con los que ellos se aburrían al transcurrir de una semana porque "se había manchado la pantalla" los desperdicios de ellos eran los sueños de todos los niños normales, los perfumes de Susana eran la envidia de toda muchacha, y el esfuerzo de todo un año de sus familias. Es por eso que me encariñé tanto con Laura, cuando la conocí no le importó mi apellido, me trataba como cualquier persona, compartíamos algo en común: El baile, sólo importaba eso, ella veía en mí el valor de tener a alguien que te entendiera en lo que te apasiona por la vida, no veía todos los privilegios económicos que podría obtener juntándose conmigo, era la única que se atrevía a gritarme y regañarme cuando las cosas salían mal, Lala era lo que siempre deseé y que mi papá nunca pudo comprarme. Perderla fue volver a lo mismo, a ser "La hija de Domingo Ramirez" y el que nuestro vínculo se haya roto por factores externos era algo de lo cual nunca perdonaría, más aún cuando la opción de recuperarlo estaba en sus manos y nunca lo hizo.
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Autopista de California, 20: 36 Pm
Narra Aracelly:
Las casi 8 horas en el auto se hacían tan espesas que ni tiempo había de relajarse, no estaba acostumbrada a circular en un país tan grande donde la gente tiene ese maldito pensamiento de llamarle "cerca" a un estado que puede durar toda una jornada en un colegio de Santiago, claro, en Chile le llamamos cerca el ir a otra región con sólo 2 horas de trayecto, pero debía recordarme a cada segundo que estaba en Estados Unidos... ¡Y cuánto cuesta familiarizarse con el desgraciado pedazo de tierra!. Mi batería no alcanzó ni siquiera para la mitad del camino, ¿Por qué Señor me quitabas mi querida música tan temprano? Si envías un milagro iré a misa todos los domingos... Pfff Ara, no digas blasfemias.
Suelo ponerme muy ansiosa al viajar y por eso no duermo, algo totalmente infeliz porque debía aguantar todas las conversaciones de Estefanía. ¿De dónde sacaba tanta saliva? Está bien, yo soy bastante habladora pero esta tipa pasa los límites, no era extraño que me cuestionara si de verdad ella tenía una pizca de sangre igual a la mía, ¿Quién sabe si es adoptada? ¡Aracelly! Ok, concuerdo con que te estrese seguirle la corriente pero no puedes ser así con ella, a lo mejor puede estar leyéndote la mente con esos enormes ojos brillantes color césped que tiene... ¡Ya me está hablando de nuevo de su sueño americano y de la repetida historia que me ha venido contando desde que salimos del maldito estado de Arizona!. Si sólo pudiera salir de aquí aunque sea por un minuto, si solamente no estuviera su padre en el asiento de adelante ya sabría esa infante lo que es verme enojada, no la entiendo en absoluto, he sido más cortante que nunca en toda mi vida y aún persiste jurando a las tres Marías que estoy interesada en sus anécdotas. ¿Qué me importa a mí la vida de Britney Spears y de cómo llegó a la fama? ¿Para qué necesito saber que Madonna vendía donas con crema antes de ser famosa? ¿¡Y qué carajo me afecta el hecho que Estefanía tenga un lunar de nacimiento en el hombro y que le puso Roberto!? ¡Por la mierda!. Inhala, exhala... Ya sé que haré, fingiré quedarme dormida, así no seguirá cacareando.
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Los Ángeles, Residencia Kaulitz 20: 48 Pm
Me inquieta la situación, se supone que hoy llegaría Ara, pero ni señales ha dejado ¿Le habrá pasado algo en el camino? ¿Estará bien?..
- Sí lo está -aseguraba Georg con el bajo en la mano.
- ¿Quién?
- Ara...
- ¿Cómo supis...?
- Acabas de preguntarlo... -se encogió de hombros.
- ¿Qué? -Al parecer la última pregunta no fue exactamente hacia los adentros de Tom - Ah, no pienses que estoy...
- Ok Tom, Ok... -gruñó porque su amigo no le dejó finalizar la idea.
- ¡Gustav, explícale que yo no estoy preocupado! -mirándolo. Su compañero sacó los audífonos de sus oídos.
- Él no está preocupado -dijo en un timbre que exhibía desinterés y volvió a conectarse los aparatos.
- ¡Cuánta atención! -se quejó - Oye Georg... ¿Tú no estabas con Domi? -indagando al bajista que guardaba una uñeta en su bolsillo.
- Sí... ¿Por qué?
- No se nota...
- Ah, Tom... no te preocupes tanto por tu ex -Gustav ríe de forma burlesca.
- ¡No lo decía por eso! -alzó sus brazos enfadado y entró a su habitación, ahí estaba Bill firmando algunas fotos en el escritorio.
- ¿Qué te pasó ahora? -sin despegar la vista de lo que estaba haciendo.
- ¡Nada, nadie entiende que no me pasa nada!
- Le creería más a Georg si me dijera que se va a cortar el cabello. Aracelly te tiene loco Tom...
- ¡Que no! -abucheó.
- ¡Que sí!
- ¡Que no! -insistió.
- ¡Que no! -firmando otra fotografía.
- ¡Que sí! -Tom se dio cuenta de la molesta estrategia de su hermano y se lanzó de espalda a su litera.
- ¿Ves?. Ni siquiera te concentras -dejando a un lado las imágenes.
- Tú también estás loco por Lala... -defendiéndose.
- La diferencia es que yo no soy testarudo, además tengo el coraje suficiente para dejar atrás el orgullo de cuidar mi propia imagen y rendirme ante el amor de una mujer maravillosa. -su hermano se enmudeció- ¿Por qué siempre con lo mismo?
- No... sé...
- Hoy llegaba, ¿Cierto?
- Sí... -suena el celular de Bill.
- Después conversamos... -tomando el móvil- ¿Hola?.. David... -se alejó y cerró la puerta.
- ¿Cuál es el afán de dejarme solo? ¿Este es el precio de enamorarse?... -se lamentaba mientras buscaba el control remoto de la televisión.
....
- ¿Tienes idea de lo que le pasa a Tom? - decía Gustav apagando su personal.
- No, pero de seguro esa niña con la que peleó en su cumpleaños tiene que estar incumbida -guardando el bajo en el estuche.
- Tienes razón... ¿Cómo se llamaba?
- ¿Ana?... -se encogió de hombros.
- No... Ara... -afirmó Gustav chasqueando los dedos.
- ¡Eso! -Bill rondaba por toda la casa con el celular en la mano- ¿Y a este qué le pasó?
- Lorena... -levantaba las cejas.
- No, era Laura... -rascando su nuca.
- ¡Lo mismo! -rió.
- Tenemos conferencia mañana... -anunció Bill colgando por fin la llamada y buscando las miradas de sus amigos.
- Ah, entonces no era... -dijo Gustav dirigiéndose a su interlocutor.
- ¿Quién? -preguntaba el vocalista confundido.
- No, no era... -respondió Georg
- ¿De qué hablan?
- Falsa alarma... -moviendo la cabeza de un lado a otro.
- Así parece... -siguiendo la acción del baterista.
- ¿Ah? -levantó la ceja en la cual llevaba su piercing -¡Explíquense! -protestó. Los dos se miraron como cómplices de un negocio sucio y acudieron hacia afuera de la casa, ignorando enteramente la petición de su alto y delgado amigo.
- ¡Ajá! ¡Qué adorables son! -gritando hacia afuera con ironía - En fin, tendré que hablar con mi conciencia... -sentándose en el sillón- Aunque....
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El rostro de Joseph era tan irritado que me llegaba a dar risa la maldad que había cometido, era como si tuviera unas ganas enormes de parar el auto y echarme a la calle pero aún así se contenía, y esa expresión de abstinencia hacía que sonriera sin darme cuenta, tal vez por maldad, tal vez por inocencia o porque realmente su cara contenía facciones dignas de un actor cómico.
Pude apreciar que el recorrido no era el mismo de la otra vez, me sentí un poco extrañada y pensé que Joe me estaba llevando a otro lugar... posiblemente se estaba enojando en serio y quería trasladarme a un callejón para que me comieran los ratones. Jajá...
- ¡Por aquí no es! -refiriéndome a una vuelta que dio el auto.
- Te dije que Tyler no estaba en su oficina... -manteniendo la calma.
- ¿Y dónde está?
- En Luxurious...
- ¿Qué es eso? -le consulté llena de curiosidad, el nombre sonaba muy interesante.
- Una discoteque...
- ¿Y qué hace un viejo como él en una discoteque?- me mofé y Joe rió conmigo.
- Trabaja... -volviendo a ponerse serio
- ¿Trabaja en una discoteque?
- No necesariamente. Hace negocios con sujetos que van a esa discoteque... Es como su punto de "encuentro" - mirándome con misterio.
- Ah... atractivo...
- Atrayente... -agregó.
- Terrorífico..
- Más que eso... -detuvo el auto, el lugar estaba repleto con luces y se escuchaba la música que retumbaba por todos los alrededores- Ahora, no te alejes de ... -revisando el asiento trasero sin encontrar nada- ¿Lala? -inquietándose.
- ¡Qué hermoso! -decía parada frente a tantos destellos y letreros luminosos.
- Lala... -bajándose del auto- Escúchame -tomándola de los hombros- Pase lo que pase... -la mira fijamente- No sueltes mi mano... -Costó un poco responder a tal indicación, quedé anonadada por unos minutos en los cuales sólo admiré sus profundos ojos celestes, no era capaz de quitar la vista de aquél hombre y él tampoco lo hacía, sentí un escalofrío por todas las venas de mi cuerpo, sentí un fuego en mi garganta... Algo que decidí detener al remover sus manos de mis hombros.
- De-De acuerdo. -dije casi con un volumen inaudible. Él me miró e hizo un ademán con su boca.
- Vamos... -capturando mi muñeca y empujándome levemente hacia adentro del recinto.
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