
- ¿Emocionada? - decía Estefanía pasando por el lado de su prima con sus maletas correspondientes.
- En realidad tengo curiosidad... -volteándose y retirando su equipaje.
- Aquí no te aburrirás Ara.. - reposando su mano en el hombro de la moza.
- Yo ya estoy aburrida de ti... - murmuró hacia sus adentros.
- ¿Qué dijiste?
- ¿Que cómo me voy a aburrir contigo? -sosteniendo para que no sonara de manera insana. Le respondió con una sonrisa y procedieron a entrar en el departamento.
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Hotel Sunset.
Un comentario insignificante era lo que esperaba la pequeña Nicole en ese instante, estaba más que sola en su habitación asquerosamente lujosa, no había en que entretenerse y no estaba dispuesta a echarse en su cama para poder descansar. Menos llamar a las encargadas de limpieza para que le hicieran compañía y pudiese entablar una conversación sin sentirse una pobre desgraciada que viajaba a Los Ángeles en busca de algo que ni siquiera era seguro encontrar. Pero ahí estaba, seguía dando eternas vueltas por toda la suite tratando de idear algo que diera frutos en los días siguientes, en algún minuto se le ocurrió que sólo había viajado para dejar de sentirse tan excluida en su país, tal vez no buscaba a Laura con desesperación y posiblemente no le interesaba vengarse, pero por alguna razón estaba ahí y no quería regresar a Santiago.
- ¿Y ahora qué? - curioseaba por todas las paredes de su alcoba en busca de alguna huérfana respuesta.
Pero Nicole olvidó algo... Algo que pudo recordar cuando divisó su bolso al final de la cama, ahí estaba su notebook y se levantó de golpe para encenderlo, la esperanza era buscar alguna conexión para conectarse a Internet, debía buscar una importante información.
Y lo hizo, en buena suerte de ella pudo encontrar Internet, se dirigió a la página del "evento" y divisó toda la descripción en busca de algo que la ayudara para encontrar a Laura, sabía el nombre del grupo técnico, los nombres de los integrantes y, por supuesto el de Tyler Woods, salvo con esto estaba un poco menos sola y se dispuso a idear un objetivo que pondría a funcionar el día después.
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Alemania.
Y con respecto a María Paz, el ambiente se tensaba aún más... Bien, por lo menos ya le había dicho a sus padres, no fue la mejor de las reacciones pero ya era un hecho el viajar, temía que su estadía fuera peligrosa, no tenía idea de donde se iba a quedar ni tampoco conocía a las personas que trabajarían con ella, sólo sabía que Bill la estaría esperando en el Aeropuerto y debía conformarse con eso, lo demás saldría totalmente espontáneo y tendría que accionar por su sentido común.
- ¿Por qué te vas? -preguntaba su hermana Marcela leyendo una revista.
- Porque gané un concurso. ¿Vas a seguir preguntando?
- A mí no me afecta en absoluto que te vayas -masticó su chicle- pero debo tener una razón por la cual sentirme feliz.
- Creo que con el sólo hecho de salir de esta casa basta para hacerte feliz... No necesitas saber tanto, después de todo no me llamarás.
- Ajá... -dio vuelta la página- ¿Te veré en televisión?
- No sé... Y si salgo no podré hacerme notar demasiado.
- Hazte amiga de la coreógrafa... -María Paz rió por la idea de su hermana.
- No puedo, eso sería conveniencia.
- Eso sería estrategia, una muy buena estrategia... -sostuvo.
- Pero la coreógrafa a lo mejor es muy mayor o... Sea estricta.
- ¿Qué sabes tú? Inténtalo... -dando vuelta otra página.
- Tan atenta que eres... -sonriendo de lado.
- No es atención, es para que no vuelvas pronto...
- Claro... -salió del cuarto riéndose despacio.
- Si no te tratara así no seríamos hermanas Pazhy... -se dijo a si misma y sonrió frente a su revista.
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Los Ángeles.
La lluvia no cesaba y se intensificaba en cada kilómetro que recorría el Audi de Bill, faltaba poco para llegar al Hotel Phoenix y dejar su auto en un lugar que no pudiese inundarse, se llenaba de curiosidad al conocer la razón de la repentina tristeza de Lala. Trató de normalizar sus nervios para poder conducir bien y no caer en un accidente automovilístico, por lo que se detenía cada 5 minutos para poder tomar aire y recuperar la motricidad fina, no agigantaba la situación, es que de verdad se sentía muy histérico al oír aquella voz por el auricular y no saber la razón ni la causa, pensaba cualquier cosa, desde una ínfima ruptura de uña hasta un caso extremo de violación sexual, así estaba la cabeza de Bill, como un sube y baja de emociones y espejismos sin finales felices, todo apuntaba a algo: Ella no se encontraba bien, y era suficiente para remecer todos sus sentidos, podía sentirlo en el pecho, se le comprimían los pulmones y sólo deseaba encontrarla y asegurarse que su vida no colgaba de un hilo delgado, algo curable; algo simple de tratar.
***
La puerta sonaba con estruendosos golpes y Tom gritaba para que alguien la abriera, en varios intentos no consiguió respuesta y tuvo que interrumpir su terapia de relajación televisiva para levantarse y atender a las repentinas visitas, escuchaba los truenos enérgicos que retumbaban en sus tímpanos y atisbaba las delgadas líneas luminosas que se hacían aparecer por las ventanas, los vidrios se mantenían empapados y aprovechó de cerrar unas 3 ventanas que habían olvidado cerrar y encender la estufa para climatizar el espacio. Los golpes seguían aún con más potencia, gruñó para dirigirse a la entrada y abrir a los "desesperados" invitados.
- ¿Y ustedes? -interpeló Tom.
- Nos mojamos... - respondía Gustav limpiando sus lentes.
- Ya veo... -ríendose de su amigo de pelo largo.
- No opines... -decía Georg estrujando su cabello.
- ¿Qué hacían afuera? -entre pequeñas risas.
- Nos deshacíamos de Bill -acercándose a la estufa y volviendo a limpiar sus lentes.
- ¿De Bill? ¿Ahora qué hizo? -poniéndose su gorro del polerón.
- Nada... En realidad salimos con Gustav para tomar aire.
- Ajá... -cruzándose de brazos.
- ¡Este Tom! -quejaba el baterista riendo y dirigiéndose al baño.
- ¿Dónde está Bill? -le preguntaba a Geo.
- Ni idea -retuvo sus hombros por un tiempo y los dejó caer.
- Qué raro... -rascando su nuca- Espero que no lo encuentre en la calle empapado por la tormenta...
- Relájate, debe haber ido donde su novia...
- Mm... No es su novia...
- ¿No? Vaya, Bill es un idiota...
- Lo sé... -sonrió y compartió una carcajada con su amigo.
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Hotel Phoenix.
Aún tenía el trauma de lo ocurrido y el hielo de Joe no había surtido efecto en la herida de mi espalda y muslos... Lo acepto, las advertencias de mi guía estaban en lo correcto, fue un error meterme con ella, pero no podía dejarla así como así sin enfrentarla. Agradezco que Joe no haya presumido con el típico "Te lo dije", pero sé que su culpabilidad interna era más que suficiente para hacerme sentir a mí la verdadera culpable de todo esto, Joseph era una buena persona, demasiado para ser empleado de un tipo como Woods. Él se merecía algo más, pero... ¿Y lo que me dijo Julia? ¿Será verdad?... Quizás sí creo muy rápido en las personas, pero que él sea capaz de... ¡Ahhhh! Ese dolor otra vez, sentía que los tendones de mis piernas iban a romperse en cualquier segundo, no podía moverme, por primera vez sentí el miedo terrible de no conocer mi estado físico.
Odié con mi alma el sonido de la puerta cuando me encontraba gimiendo de dolor, le pedí al cielo que se retirara pronto o que fuera Jenny y después de unos minutos abriera sola, pero tuve que levantarme porque probablemente era Bill. Vencí el miedo de mis articulaciones y me sentí como anciana de 70 años, apenas pude dar mis primeros pasos fuera de la cama me llené de fuerza para abrir la puerta. Vaya, falsa alarma.
- ¿Qué pasó Joe? - con la mano en la columna.
- Quería asegurarme que estuvieras bien... -haciendo una mueca con la boca.
- Eh... -me apoyé en el umbral de la puerta- Excelente no estoy, pero mejor que antes... Aunque supongo que esto no pasará de un día a otro...
- ¿Quieres compañía?
- Em.. No, no te preocupes, estoy bien...
- Si estuvieras bien estarías durmiendo...
- Eso mismo iba a hacer... -excusándome.
- No te ves con sueño... -insistía. Creo que de verdad deseaba entrar a mi habitación.
- Joe... - Dios Santo, si le digo que vendrá Bill apagaría todo el brillo de sus ojos por el deseo de ayudar a una desgraciada como yo. Suspiré- Bueno, pasa... -me hice a un lado lentamente y lo dejé que entrara. Espero que no se quede por mucho.
- Déjame ayudarte... -tomándome de los brazos conduciéndome a mi jergón.
- ¿Por qué haces esto? -sentándome y moviéndome con dificultad quedando con los ojos en su dirección.
- Porque.. -se sentó a mi lado- de una u otra forma, es mi culpa que estés así...
- No es cierto... yo te obligué a que me llevaras con Tyler...
- Y yo accedí a hacerlo... -recorrió desde su frente hasta la terminación de su pelo con las manos hacia atrás.
- Pero... -tomé oxígeno y me quejé nuevamente.
- Déjame ver eso... -se paró.
- No... no te preocupes, no es nada... -pareció no haberme escuchado y se puso a mis espaldas para palpar desde mi coxis hasta el cuello.
- Tienes muy inflamado... - Sus manos estaban frías, lo que me hizo dar un respingo.
- No me sorprende ¿No crees? Lo raro sería que no tuviera nada... -sentí un pequeño masaje en mis músculos - ¡Joe! -salté de nuevo y volví a quejarme- ¿Qué estás haciendo?
- Quería ayudarte un poco...
- Bueno -me volteé- No lo hagas, por favor... -tomando sus manos-
- De acuerdo... -bajando la mirada.
- Mira... Hablemos de algo... -tratando de consolarlo.
- ¿De qué? -aún con sus manos encarceladas en las mías...
- De... -siento un crujido en mi oído y reacciono rápidamente- ¡Bill!
- ¿Qué? -preguntaba Joe.
- ¡Bill! -repetí y solté las manos de mi guía.
- Ho...la... -levantando su ceja en señal de confusión.
- Llegaste... -me levanté pero mis espasmos corporales me dejaron nuevamente en el colchón.
- ¿Quién es? -preguntaba Joe.
- Lo mismo pregunto... -dijo Bill aún parado en la entrada.
- Eh... yo... -gemí por mi dolor- Bill... él.... -otro espasmo- él es.... Joseph... es... mi...guía...
- Ah... Hola -estrechó la mano al hombre de mi lado.
- Hola... ¿Tú eres Bill Kaulitz, si no me equivoco? -respondiendo al gesto manual.
- Sí... -soltándose.
- ¿Conoces a Laura? -mirándome mientras me retorcía.
- Sí, es más... Creo que mejor que tú... -pronunció.
- Ah, entiendo... -poniéndose de pie- Yo ya me retiro... -dirigió sus ojos a mí- Nos vemos mañana Lala...
- Ok... -dije apenas. Dio unos pasos y salió de la sala.
- No pienses que... -explicándole a Bill.
- No te preocupes... -cerrando la puerta y acercándose- Ahora cuéntame que pasó...
- Te enojarás si lo digo...
- ¿Ese tipo te hizo eso? -subiendo el tono.
- ¡No!.. Joe es mi amigo, él me estaba ayudando...
-Ah... Entonces no me enojaré... -calmándose un poco.
- Creo que la pregunta ahora es ¿Qué te pasa a ti? -le interrogué percatándome de su actitud ofensiva.
- Nada... Me preocupo por ti. ¿Eso es malo?
- No... Pero... -otro nuevo espasmo que me hizo retorcer y dar un acentuado grito.
- Ven... -se sentó a mi lado y acercó mi cabeza a su pecho. Acarició mi rostro y rozó el corte que intentaba esconder con mi pelo- ¿Quién te hizo esto? -exhalé antes de contestar.
- ¿Recuerdas la mujer con la que discutí en el estudio de baile? -Bill sonó afligido y me apretó aún más.
- ¿Qué más te hizo? -su tono de voz era como el de una madre cuando recibía la terrible noticia de que su hijo se encontraba muerto, quizás él sentía que estaba camino a eso, pero sólo exageraba, yo me encontraba bien, en cierta forma.
- Me caí encima de unas herramientas y me lastimé la espalda y los muslos. -trataba de tranquilizarme para que no se preocupara más, sin embardo el decirle eso sólo empeoró más las cosas.
- ¿Y cómo? - se separó un poco para mirarme a los ojos
- Quise esquivarla. Bueno, en realidad lo hice, pero antes caí en unas herramientas que me rozaron la piel... Es todo, Bill... -mostrándome valiente. ¿Y con qué cara? Si me venía quejando todo el rato de la infeliz paliza.
- ¿No te llevo a un hospital? - sus manos temblaban de forma impresionante.
- No, estoy bien... Sólo se inflamó, necesito descansar...
- ¿Segura?
- Sí.. -toqué su perfecta nariz con la mía y le besé los labios en busca que eso sirviera para que sus nervios disminuyeran.
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Joe se mantuvo a distancia de la situación y entró con el rostro pálido con una sensación física de desilución que surgió en su abdomen que encontró casi ridícula. No podía sentirse así por alguien, menos con Laura, era tremendamente incorrecto, no sólo por la diferencia de edad (que en realidad sólo era de 5 años, curiosamente igual que la de Bill con ella), ni por su trabajo, sino que por lo que ahora se había enterado, no sabía lo que estaba pasando por su cabeza hasta que vivió ese incómodo momento que lo hizo enfrentar unas francas miradas con Bill. ¿Qué había pasado con su actitud profesional con la pequeña joven chilena? Había decidido sacársela de la cabeza y concentrar todas sus energías en la carrera que vagamente cumplía últimamente a la perfección, pero ¿Por qué lo hacía? Pues para tener más tiempo con Laura, todo culminaba en eso.
Joseph se encontraba rebalsado de algo que no conoció hasta esa noche, hasta esa lluviosa y tormentosa noche... Una palabra existía: paranoia.
Pero no podía salir de la vida de Laura ni ella de la de él, era su encargado y tenía que acompañarla hasta el fin de su estadía en Los Ángeles, le gustara o no la situación, empezara a sentir cosas por ella o no, tendría que aguantar el terrible masoquismo y luchar contra la corriente de su corazón que, hasta ese momento no sabía exactamente que es lo que sentía por la muchacha.
Y sí, consolemos al alma, quizás es sólo cariño como persona, quizás es un cariño de amistad, quizás Joe estaba confundiendo todo o en realidad se estaba enamorando de a poco y no tenía suficiente razonamiento para ordenar sus pensamientos.
Cierto es, que existen momentos en los cuales no existen palabras para describir los sentimientos, o incluso a veces no hay sentimientos para describir a los sentimientos. Ya qué... Era un dilema del cual Joe temía saber la respuesta, porque de seguro le haría daño no sólo a él, sino también a muchas personas de su entorno.
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Los Ángeles, Departamento Molina.
Como mujer se describía muy fuerte y correcta, por eso jamás Aracelly bajaba la guardia, tenía clara sus pretenciones, no obstante sólo era suficiente el nombre "Tom" para que esto se desviara de la línea, debía controlarlo y tenía conocimiento de como hacerlo. Dormir, pero no había caso, ese hombre aparecía hasta en sus sueños, Tom era como una droga para ella. Lo llevaba en las venas y no podía prescindir de él, era una adicta, una maldita adicta al Don Juan Kaulitz, sabía que no le convenía enamorarse de él; sabía que sería muy mirada en menos por la sociedad si es que llegaba a ser conocida como un vínculo de él, peor aún si era la "novia", Aracelly en varios momentos pensó en cortar todo, pero como ya lo sabía... Para sacar a Tom de sus venas debía tener un largo proceso, algo así como una rehabilitación, un trayecto demasiado largo para realizarlo en toda una vida. Era desdichada, el problema era que ya lo conocía y era demasiado tarde para dejarlo ir.
- Ara. ¿Me estás escuchando? -interrogaba a la mirada volátil que contenía su prima sin decir nada.
- Ah... Sí... -pestañeando volviendo a la realidad.
- ¡No es cierto! ¡Estabas mirando a la pared como si fuera un jugoso pedazo de pollo!
- ¿De verdad? - En realidad estaba pensando sobre su posición y... ¡Tom! Aquí va de nuevo...
- Sabes, mejor me voy a dormir... ya es tarde... -anunció Estefanía.
- Sssssí -dando tres pestañeos en un segundo y corriendo las sábanas para introducirse en la cama.
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El tiempo no pasó en vano, por lo menos para mí. Bill no tocó el tema de Joe pero yo bien sabía el efecto que había causado, no era algo intencional y sinceramente no deseaba seguir manoseando el asunto, quería dormir y que esas heridas no dejaran secuelas que me impidieran seguir con el objetivo musical.
Era de esperarse que Bill empezara con sus amonestaciones exageradas peores de las que me podría dar mi mamá, supongo que era algo normal...
Me OBLIGÓ, porque eso se llama obligar a ir a la cama, cosa que no quería porque no me agrada sentirme débil, como si yo no supiera sobre heridas simples en la columna o en las extremidades, en fin. Lo importante es que pude descansar y esperé que al otro día me encontrara mejor para poder seguir con la rutina sin terminar en una silla de ruedas.
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