domingo, 26 de junio de 2011

Capítulo 22 - "¿Tú?"


No había sabido nada de Joe ni Estefanía en todo el día, mejor dicho, no había sabido nada de nadie, sentía que me estaba ahogando en una burbuja y mi círculo se cerraba de a poco, no tenía idea de como estaban Domi y Colette, no le he escrito a mis padres, apenas vi a Aracelly y el tema con Bill se estaba volviendo color de hormiga, aunque esto último era lo que menos me importaba después de la escena con esa chiquilla que ni siquiera sé su nombre.
Sólo quería que llegara la noche y llegar a mi habitación, así olvidarme de todo y escaparme a la otra dimensión, ahí, donde cerrar los ojos te permite abrir nuevas puertas y colorear el mundo a mi manera, pero aún quedaban 4 horas para que pasara eso y el pensar no me ayudaba mucho, sólo me recordaba lo desdichada que soy y lo complicado que es trabajar en algo que no es de mi agrado, claro, en vez de estar en una universidad estudiando los sistemas del cuerpo y abriendo personitas yo me encontraba trabajando para quién sabe qué cosa.
No había mucho que hacer, Sam ordenaba unos papeles en su escritorio y los transcribía en la computadora y Lourdes leía un libro sentada en un sillón, a juzgar por el título era algo relacionado con psicología, me hubiese encantado compartir su lectura si en ese preciso instante no me hubiese sentido tan mal.
Mis hombros me pesaban, la espalda me dolía y la garganta me jugaba suciamente, era como un aire que subía y bajaba por mi esófago, el mismo aire que rondaba por mi cabeza, tal como si mi cuerpo pesara menos que una pluma, comencé a mover las piernas pero eso sólo empeoró la situación, antes que pudiese decir algo, un fuego horrible corrió violentamente de mi boca hasta el suelo, dejando mi polerón lleno de aquella asquerosa mezcla estomacal.

- ¿Estás bien?. Sí Lourdes, aún respira - escuchaba la voz de Sam cerca de mí, de pronto se volvió todo oscuro, por un momento pensé que había perdido la visión, pero sólo me había desmayado.

- Déjala, no la muevas, puede marearse denuevo, espera que se levante sola - dijo ella e intenté aclarar mi vista.

- ¿Qué me pasó? - dije al fin.

- ¡Niña! Cambiaste increíblemente tu tono de piel de un segundo a otro y vomitaste en toda tu ropa.

- ¿De verdad? Pensé que estaba soñando.

- Por eso me extrañó que dieras tantas vueltas en las sala - añadió Lourdes.

- ¿Vueltas? - me extrañé, en ningún momento hice eso, que recuerde.

- Sí, ibas de un lado a otro como animal de circo en su jaula - se burló Sam intentando cambiar mi cara de cansancio.

- ¿En qué momen...? Oh, Díganme que estoy loca.

- Puede que haya sido tu sistema nervioso, entraste en trance y ahora no recuerdas mucho, es algo parecido al efecto del alcohol. -informó firme la mujer.

- ¿Y mi ropa?

- La mandamos a labar - me sonrió Peterson dando a entender que todo estaba bien - Lourdes te prestó uno de sus uniformes.

- ¿Cómo? - la miré - ¿Ella... me cambió? - adopté un cara de vergüenza y estado de confusión.

- Sí -asintió- Pero no te preocupes, Sam no te vio -sonrió.

Ah- dije con poca convicción.

- Bueno, nos quedan 15 minutos -Sam dio un bostezo y estiró sus brazos- Deberías llevarla a su casa- le dijo a su compañera.

- ¿Tan rápido pasó el tiempo?- me alarmé y vi mi celular para comprobarlo.

- ¡Pero si dormiste 3 horas y media! -rió- Se nota que estás cansada, uno ya se acostumbra al ritmo de esto.

- In...creíble -comenté.

- Bien -Foreman dejó sus cuadernos y tomó el chaquetón que colgaba de su silla indicándome con gestos que me apresurara mientras ella salía rauda por la puerta, como siempre.

- Sí, en un segundo -abrí mi bolso para asegurarme que todo se encontraba en su lugar y poder irme sin preocupación- Adiós Sam.

- Adiós muñeca, ¡Cuida ese estómago! -y me retiré en busca de Lourdes.

Cuando llegué al estacionamiento busqué el auto de mi tutora con la vista, lo cual no fue difícil, ya que no habían muchos vehículos a tal hora de la noche, miré por las ventanas por si se encontraba adentro, pero nada, no obstante, me detuve a observar el reflejo de mi cuerpo, no había tenido la instancia de mirar con más detalle el uniforme que me había prestado Lourdes. Era muy elegante, de un color azul marino con detalles en las mangas y en el cuello, la blusa y la chaqueta me quedaban un poco grande, será porque nunca fui voluminosa de busto, pero aún así lucía refinado. Me puse a pensar, ¿Ésta sería yo en un tiempo más? ¿Seré capaz de llegar tan lejos por proteger a alguien que tal vez, en ese entonces ya no esté para mí, ni yo para él?

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Las pocas luces que continuaban en las calles de la ciudad eran suficientes para crear el ambiente de una escena que esperaba ser resuelta.
Pazhy, sin embargo, no deseaba ser incauta, pero aquello que había pasado hace unas horas la dejó con la cabeza en cualquier parte, así que no tuvo más que solventar sus dudas frente al acontecimiento.

- ¿Por qué hiciste eso? -interrogó aprovechada del semáforo que encendía su luz roja.

- ¿Qué cosa?

- Eso, ya sabes...

- No, no lo sé -dijo Bill con un tono bastante serio para ser de él.

- ¿Por qué me besaste?

- Ah, eso...

- Sí Bill, eso ¿No me dijiste que tenías novia?

- En realidad no la tengo - el semáforo cambió la señalización y echó a andar el motor.

- Pero, es que no logro entender -se acomodó en el asiento.

- Yo tampoco, sólo no le des importancia.

- ¿No darle importancia? Bill, nos conocemos desde la infancia, el que haya pasado esto no es cualquier cosa.

- No siento nada por ti, si eso te mantiene tranquila.

- ¡Eso es exactamente lo que me inquieta! Si no sientes nada, entonces ¿Por qué lo hiciste?

- No sé, María Paz, ¡No sé!

- Por Dios, ¿Sabes?, es mejor olvidar todo esto.

- Es lo que he intentado decirte desde el principio -Bill dejó de tensarse un poco creyendo que la conversación se había terminado.

- Y es mejor que yo me vaya de tu casa... -finalizó.

- ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

- Que si empiezas a tener esos "impulsos" es mejor que no sea conmigo.

- Pero si sólo sucedió una vez, ¡Pazhy, no puedo dejarte sola!

- No estaré sola -dijo segura.

- ¿Entonces?

- ¿No sería absurdo si te lo sigo? -se burló.

- Sería lo correcto -paró el auto- No puedes andar por Los Ángeles merodeando como mendiga.

- ¡Mendiga tu abuela! Yo veré como me las arreglo -abrió la puerta y caminó hacia la entrada.

- ¡No, si crees que te voy a dejar hacer esa locura estás muy equivocada!

- No tengo 14 años, esos días ya pasaron... -entró a la casa y subió las escaleras.

María Paz se veía confiada, como si estuviese planeando esto desde hace mucho, así como cual acto de rebeldía de madre e hija en la cual la segunda decide ser independiente y dejar la cuna de su familia, llenó sus maletas y bajó con éstas a la puerta sin dejar de escuchar los sermones de Bill, los cuales despertaron a su hermano, quien se hizo presente para descubrir cual era el problema que le había interrumpido el sueño.

- ¿Qué les sucede? ¡Parecen matrimonio! -alegó.

- ¡Cállate! -dijeron ambos al unísono con una voz que se escuchó en todo el lugar.

- Ok, ok ¿Qué pasó aquí? -dijo al ver las maletas de María Paz.

- Pues, me voy...

- No, no se irá -interrumpió Bill.

- Claro que me iré -discrepó

- ¿En qué te irás, ah?

- ¡En taxi! -manifestó como el rugido de una leona y lo evadió.

- ¡No! -pero algo lo hizo detener.

- Bill, déjala, no eres su madre

- ¿Tú que sabes? ¡Ahora estás feliz, tú querías que ella se fuera! -protestaba mientras forcejeaba con los brazos de Tom.

- No empieces a echarle la culpa a los demás, ella tendrá sus razones.. -manteniéndose firme

- El problema son esas razones...

- Ya, hermano, cálmate, actúas como si te gustara...

- No... no, ella no me gusta... -dijo calmándose de a poco, Tom suspiró y prosiguió.

- Sólo déjala, ya es grande, no necesita de ti para poder vivir en una ciudad...

- Tienes razón...

- Ahora, hablando del tema ¿Cómo te fue con...? Ya sabes..

- Pésimo, tu novia casi me deja estéril.

- ¿Qué tiene que ver Ara con Lala?- interrogó de manera entre cómica y confundida.

- Es una larga historia...

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- Ahí estás.

- Tu uniforme, es lindo -le sonreí.

- Es sólo lo que corresponde -dijo y presionó el botón de sus llaves para quitar la alarma.

- Supongo... -abrí la puerta y me abroché el cinturón.

No tenía intensión de empezar una conversación con ella, porque verdaderamente sólo deseaba mi cama y el poder descansar, pero la etapa se fue dando de otra manera y curiosamente, los papeles cambiados.

- Primer día... ¿Qué te pareció?

- Aburrido.

- ¿Te esperabas tal recibimiento?

- No.

- ¿Qué sientes sobre lo que pueda pasar? ¿Miedo, ansias, curiosidad?

- Me da igual.

- Es normal.

Lourdes parecía entender mi estado, era como si se metiera dentro de mi cabeza y tuviera comprensión de todas mis acciones, sentí culpa por haberle respondido tan cortante, pero a estas alturas decidí dejarlo pasar, creo que ella ya debe entender el por qué de mi ánimo.

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Lo que había anunciado no era una broma ni algo por lo cual hacerse fuerte, María Paz de verdad sabía exactamente donde ir, la razón de todo esto radica en su primera clase de danza, si bien había interactuado con muchas personas, y la pequeña Ying Ye no estaba excluyente de eso, además a Pazhy le llamó intensamente la atención aquella niña que se retiró de la nada de aquél estudio que no dudó en preguntar su nombre y todo lo que pudieran entregarle, se veía muy amigable y la chica japonesa le dijo que podría ayudarla cuando necesitara, pero ¿Lo estaba tomando de una forma correcta? No lo sabría hasta que su taxi se detuvo en la dirección que el papelito escrito por Ying indicaba.

- ¡Gracias! -dijo animosa y subió las escaleras, su expresión fue la misma que la de las chicas, un asombro por el lujo de aquel hotel y por lo bello que se veían los vidrios de la puerta, tanto así que daba una angustia el tener que empujarlos por el miedo a que éstos pudiesen romperse o algo por el estilo.

La muchacha acudió a la mesa larga de la recepcionista y le entregó el mismo papel que el taxista ocupó para llevarla a ese enorme lugar.

- ¿Es usted pariente de la señorita? -dijo la mujer.

- Eh.. sí, es... amiga de mi hermana.

- Espere un momento, llamaré a su habitación -tomó el teléfono y marcó el número correspondiente a la suite- Señorita, no contesta, probablemente no haya nadie en esa habitación.

- Quizás esté durmiendo, siga intentando, por favor.

- Bien...

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- ¿Y viste como finalizó todo? ¡Fue estupendo! Y entonces yo dije "¡Jamás volverás a este lugar sin antes pisar los restos de mi cuerpo!"

- Sí, que gran final... -decía Colette sin mucho entusiasmo mientras caminaba con un café en la mano acompañada de su fiel amiga Dominique.

- ¡Definitivamente amo el teatro! ¡Sólo quedan 2 días! ¡2 días, Colette! -el café saltaba por todas partes por los brincos de la chica.

- Sí, lo sé...

- ¿Crees que Lala pueda ir?

- No lo sé, creo que debe ir al doctor...

- ¡Pero la función es a las 7! ¡Y la pasaremos tan bien! ¡Sería nuestra oportunidad de pasar un rato juntas! ¡Sí! -atrapó en sus brazos a Colette y exclamó- ¡Todas juntas!

- Sí Domi... ¡Todas juntas! -dijo queriendo imitar toda la alegría que desbordaba la santiaguina, pero le fue imposible, Colette no sabía fingir su molestia.

Y así el camino casi se hizo eterno, y es que a Colette le disgustaba excesivamente tener que opacarle el momento a Dominique aunque sea por su rostro, porque aparte de su estado anímico, se encontraba muy cansada, y el café no había hecho efecto en absoluto.

Para cuando llegaron al hotel ya no quedaban más que 5 minutos para las 10 de la noche.

- ¡Hola! -saludaron ambas y la recepcionista les saludó un tanto incómoda.

- Colette... Creo que algo pasa...

- ¿Ah, sí? -volteó- Dominique, no te metas en asuntos ajenos, necesitamos dormir -a lo que ella no hizo caso y se devolvió dejando atrás a su extenuada amiga francesa.

- ¿Hay algo mal? -interrumpió sin querer ser imprudente.

- Sí, señorita Garrido, creo que hay un inconveniente con la habitación de su amiga, la señorita Rojas.

- ¿Por qué lo dice? -levantó una ceja.

- Esta joven dice que la conoce y viene a verla.

- ¿Y quién eres tú?

- ¡Hola! -sonrió y extendió su mano- Me llamo María Paz Riquelme y voy en la academia de tu amiga.

- ¿Y por qué estás aquí?

- Bueno, yo... -no bastó que María Paz terminara su respuesta para que otra sorpresa viniera justo a tiempo.

- ¿Dominique? -pregunté atónita de lo que estaba viendo.

- ¡Aquí estás! ¿Y esa pinta? ¿Dónde fuiste? -dijo bromeando mientras yo no despegaba mis ojos de la muchacha del cual su rostro me era bastante familiar.

- ¿Qué hace ella aquí?


lunes, 20 de junio de 2011

Capítulo 21 - No pierdas la noción





Tom tomó la actitud de Bill como algo instantáneo, tanto así que preguntó de golpe:

- ¿Qué pasó con ella?

- Pasó lo que no quería...

- ¡Mierda! -Tom entendió al instante de lo que se refería su hermano, pero aún así preguntó para confirmarlo- ¿María Paz?

- Sí.

- ¿Qué pasó, te vio, le dio celos?

- Cuando acabe el día te contaré más detalle.

- Ah, que fé te tienes, hombre.

- ¿Qué?

- Te das por vencido muy pronto, das como perdido el día.

- No te entiendo.

- ¡Ve a buscarla!

- No puedo, tengo que estar con Pazhy hasta que termine su clase.

- Bueno, suerte con eso.

- ¡No, Tom, no me cortes!

- Creo que estás solo en esto, debes tomar una decisión antes de que se ponga peor.

- Lo sé, pero ahora mi prioridad es Pazhy.

- De acuerdo Bill, pero ten en cuenta que lo haz dicho tú.

- ¿Qué cosa?

- Adiós, debo colgar.

- No, ¡Tom, ayúdame! -

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Las calles nunca fueron tan grandes y extensas para Colette, será porque siempre las recorrió acompañada y solía tomar más atención al tema de charla que al paisaje, en esta oportunidad, se detuvo y trató de recuperar su serenidad para pensar en algo antes de que todo empeorara.
Primero, no debía correr en cualquier dirección, sino que en la del teatro, porque, era cosa de lógica que Dominique se encontrara ahí, eso por un lado la mantenía con la razón aún dominante. Lo verdaderamente anormal fue el extraño caminar que adoptó, hace unos segundos su corazón casi se descarrilaba por culpa de la hora y el atraso que tanto odia Luke, por otra parte, la idea de triunfar como actriz se le estaba desgastando con el tiempo.

Eso no impidió que llegara a su destino, Colette no era irresponsable, menos cuando involucraba a otra persona como era Dominique, y ella sí que estaba entusiasmada, bastaba sólo con verle la cara cuando Colette entraba al camarín y dejaba lentamente su bolso en la mesita del tocador. Una mirada casi insoportable que te gritaba "¡Debemos estar perfectas!" antes de que pudieras escuchar cualquier sonido de disgusto o emoción de la boca de Dominique.

No era para menos que la chiquilla santiaguina había estado despertando sus dotes como actriz de una manera muy positiva las últimas sesiones, era casi como verla enamorada, enamorada del arte del teatro, y llegaba a ser escalofriante que eso pudiese llegar a un punto crítico en su pequeña humanidad.

Pero Colette sabía que no podía abandonar esto así como así, no era una mujer que dejaba las cosas a medio hacer, no era alguien desleal ni mucho menos egoísta, entonces, aunque ella padeciera de una horrible enfermedad que le estaba causando una repugnancia a Luke y su paupérrimo criterio de actuación, no lo daría a conocer ni de casualidad.

¿Quién más ingenua, Dominique o Colette?

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No estaba segura sobre mi estado en el momento de salir del auto, ni siquiera sabía que cosas debería hacer, todo esto era realmente una especie de adaptación al juego del miedo que nunca quise experimentar.

- ¡Ya era hora!- quise tomar aquella expresión como un saludo y no como una queja estrictamente.

- Hola Sam.

- ¿Por qué tanta demora?- miró a Lourdes.

- Hubo inconvenientes en el camino, tránsito, ya sabes- se sentó y comenzó a teclear.

- ¿Qué debo hacer ahora? -pregunté deseando ubicarme en todo el asunto.

- Necesitamos registrar tu hora de llegada... -dijo el hombre sin despegar la vista de su enorme y delgado monitor.

- Enton...

- ¡Listo!- avisó sin dejarme concluir.

- Andando, Rojas... -Lourdes se puso frente a mí invítandome a caminar hacia la puerta que daba al pasillo.

Ambos acompañaban mis pasos, Sam a mi derecha y Lourdes a mi izquierda, pude notar en la cara de Sam un pequeño grado de preocupación, esperaba que no fuese por mi impuntualidad a la cita. Por otra parte, Lourdes se veía como siempre, sus facciones no cambiaban en absoluto, a veces me preguntaba si había algo de sensibilidad en ella, estoy segura que sí.

- Oigan... -interrumpí un poco tímida y proseguí- me gustaría saber que es lo que debo hacer ahora, si no les molesta decirme, es decir... Necesito prepararme psicológicamente.

- No será difícil muñequita- respondió Sam- sólo te presentarás frente a la agencia.

- ¿¡Qué!? ¡Pero! No me dejaron cambiar mi ropa, estoy con...

- No interesa tu atuendo, a Tyler sólo le importa saber que estás aquí- prosiguió Lourdes con mucha seguridad.

- Vaya, me sentiría halagada si ese hombre fuera un poco más amable en sus tratos.

Agradezco que la conversación sólo haya quedado hasta ahí, para cuando había pronunciado la última sílaba los dos sujetos ya habían encontrado la sala correspondiente, confieso que me encontraba nerviosa, ¿Y si debía dar algún discurso? ¿Cómo serán los otros que trabajan aquí? ¿Daré una buena impresión? Y denuevo aquella pregunta que siempre regresa a mi cabeza.. ¿Para qué diablos me quiere Tyler?

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Bill estaba desesperado, no sabía si entrar a ese estudio y sacar a María Paz de un brazo sin importarle nada e ir a buscar a Lala o quedarse ahí hasta que el día transcurriera y llegara a su fin, meditaba como loco, como nunca antes lo había hecho, tanto así que su cuerpo experimentaba pequeñas convulsiones en sus manos y labios, caminó hacia la recepción en busca de un vaso de agua, no obstante, recibió algo más...

- ¡Tú!

Bill volteó al escuchar ese grito femenino que suponía era para él.

- Ara -dijo en una batalla para que sus labios dejaran de crispar- ¿Cómo estás?

- ¡Infeliz! -y le propinó un manotazo en la cara.

- ¿¡Qué te pasa!? -alegaba tomándola de los brazos para poder defenderse.

- ¿Y preguntas? ¡Eres un sinvergüenza! - esta vez su rodilla chocó violentamente con la entrepierna de Bill.

- ¡Auch! - la soltó para responder a su impulso humano al haber sido atacado.

- ¡Te mereces eso y más! ¿Y sabes algo más? ¡Jamás volverás a ver a Lala!

- Ok... -dijo después de un rato queriendo recuperar el aliento- ¿Y eso por qué sería? -se dejó caer en la alfombra- Por lo menos déjame saber el por qué casi me dejas sin hijos.

- ¡Porque eres igual a todos los hombres! ¿Cómo tienes moral para entrar con otra mujer de la mano mientras Lala está ahí dentro?

- Oye, yo en ningún momento le tom... -se retorció por el dolor que aún tenía.

- No, no, ¡Por supuesto que no! Si ahora lo negarás todo, te harás la víctima y tratarás de convencerme con excusas baratas como "No Ara, yo amo a tu amiga y jamás le haría daño"

- Aracelly, ¿Qué estás insinuando?

- Ahora soy yo la que piensa mal ¿Verdad? -dijo esta vez más enojada.

- No, espera... -se paró y le tomó los hombros- No quiero que entres en un mal entendido.

- ¿¡Qué mal entendido Kaulitz si te vi yo misma!?

- Mira, puedo explicártelo pero en otra parte, por favor, deja de gritar.. ¿No quieres salir al patio?

- ¡No! ¿Ahora conmigo? Bill, nunca pensé que llegarías a eso.

- ¡Aracelly!

- ¿Quién era ella? Por lo menos dime su nombre, para que Lala tenga una razón más concreta por la cual odiarte.

- ¡Aracelly, ella es María Paz, y no es nada mío, sólo es mi amiga!

- Sí, amiga...

- Te lo juro... Jamás engañaría a tu amiga, daría todo por ella -en esos instantes algo se posó en la espalda de Bill haciéndolo tambalear.

- ¡Ya terminé! ¿Dónde vamos ahora? -decía Pazhy con la cara llena de alegría rodeando con los brazos a su amigo.

- Pazhy... no... Ara... yo... ella.. no...

- Adiós Bill -dijo y se retiró sin titubear.

- Aracelly, no... ¡No, no, no, no, no! -se tomó la cabeza y golpeó la pared.

- ¿Qué pasa Bill, quién era ella?

- No importa.. no importa... -la cara de Bill era totalmente descompuesta.

- No me digas que... -tapó su boca- ¿Era tu novia?

- ¿Qué? ¡No!

- ¿Bill, era tu novia? ¡Cuánto lo siento! ¿Se puso celosa? ¡Tengo que ir a pedirle disculpas y decirle que la amas!

- No Pazhy -le agarró la muñeca- déjalo así.

- ¡Pero Bill! Yo no quiero verte triste, debes llamarla y explicarle todo...

- Sé que le debo una explicación... ¡Pero no es mi novia! -acentuó

- Oh, Bill... No seas así conmigo, sabes que puedes contarme lo que sea... Mira, iremos ahora a que te relajes y después, cuando ya se le pase un poco el enojo la llamarás.. -sonrió con una actitud esperanzadora.

- Uff.. Ya qué... -el muchacho se dio por vencido y salió del rascacielos lo más rápido que pudo.

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Nada más alcancé a respirar mientras caminaba por el pasillo alfombrado lleno de sillas y una mesa gigante que los mantenía a todos ordenados, a ritmo de mis pasos cada uno iba abandonando su respectivo asiento y se mantuvo de pie, eran hombres y mujeres, algunos lucían muy serios, otros las arrugas los delataban y al final, estaba Tyler, con su típica expresión entre sumisa y obsesiva por saber toda la fortuna que iba a sacar de mí.
Lourdes me señaló mi lugar, estaba al lado de Woods, permanecí de pie para no ser descortés, pensé que el hombre tenía algo que decir por mi llegada, pero sólo sentía en mí las miradas de toda la gente en el salón, me sentía el centro de la atención, pero no era para nada agradable, me miraban de arriba hacia abajo, una vez más me culpé por no venir presentable, creo que entre mi pantalón gris y mi polera negra que se asomaba por el cierre semi-abierto del polerón del mismo color, difícilmente podrían creer que yo era una parte "importante" de cualquiera sea su maldito proyecto.

- Señores -decidió por fin hablar y aproveché de botar todo el aire que mantuve en el tortuoso silencio- ahora, podemos tomar asiento- todos hicieron caso a la petición, incluyéndome, para poder continuar- Los he convocado a esta reunión por algo muy importante... Estoy aquí para anunciarles que nuestra empresa tendrá muchos cambios... -su énfasis en la última palabra me hizo aflorar una leve curiosidad sobre qué iba a decir- uno de ellos tiene que ver con la señorita que tengo a mi lado... -todas las miradas se dirigieron nuevamente a mí- Porque ella es la llave hacia un gran futuro, un futuro completamente positivo para cada uno de nosotros, desde la primera vez que la vi supe que ella era lo que le faltaba a esta empresa para poder surgir y liderar en las encuestas, ella es la pieza faltante a nuestros planes, quien hará que sus cifras bancarias aumenten de una forma totalmente benéfica... Quiero presentarles a nuestra nueva Gerente de comunicaciones...

- ¿Cómo? -interrumpió uno - ¿Es una broma? ¿Niña, cuántos años tienes, 15? -se burló.

- Tengo...

- Tiene 19 señor Walker- respondió por mí- ¿Tiene problemas con eso?

- No señor Woods, ninguno... -y bajó la mirada juntando sus manos sobre la mesa.

- ¿Alguien más tiene otra pregunta?- todos ignoraron la interrogante con un miedo terrible que se hacía notar en toda la sala- Bien, me parece, espero que todos se lleven muy bien con la señorita Laura Rojas.

- Sí, señor Woods.

- Un momento... -Tyler se levantó de su silla y plasmó su mirada en una dirección- Cox, ¿Dónde está el inútil de tu amigo?

Casi olvidaba que Cindy era parte de todo, y también dirigí mis ojos a su silla, aún no entendía del todo que era lo que pasaba.

- No sé Señor, Joseph no llegó al trabajo hoy en la mañana... -me sorprendía todo el terror que escondía el timbre de la simpática y alegre maquillista, ese miedo que sólo Tyler le hacía sentir.

- ¿No le dijiste que había una reunión?

- Pensé que sabía, Señor...

No podía quedarme así, estaba casi segura de saber donde estaba Joseph, porque claramente llevé a Estefanía para que hablara con él, pero... ¿Tanto se había demorado?

- ¡Ese idiota, para mañana no tendrá ningún puesto en esta empresa!

- Estaba conmigo... -interrumpí como un relámpago.

- ¿Qué dices? -suavizó raramente su voz y me miró.

- Que estaba conmigo... él... él... me dijo que se sentía mal... estaba con náuseas... sabía lo de la reunión... quería venir a como dé lugar, pero le dije que se quedara, si él no está aquí es por culpa mía... -terminé decidida y miré a Cindy indicándole con mi cara que todo estaba bien.

- Ah... Bueno, espero que esto no vuelva a repetirse, espero que se entere de todo esto...

- Lo hará... -mi respuesta sorprendió a todos, por alguna extraña razón, creo que entre todas las personas de esa sala era la única que Tyler no me intimidaba con su presencia y podía hablarle como a cualquier otra persona.

Así siguió con su larga charla y extraños proyectos de los cuales, obviamente, yo sería partícipe, pero sinceramente sólo anhelaba que la reunión terminara lo antes posible.

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- No veo cambios en tu cara... ¿Tan malo fue?- preguntaba jugando con la larga cuchara en sus dedos.

- No Pazhy, es que sinceramente me cansa la idea de tener que lidiar con tantos malos entendidos.

- ¿Fue mi culpa?

- Completamente no... mira, te aconsejaría que no te metieras en esto, es algo de lo cual debo solucionarlo yo.

- Pero Bill, esa niña te miró con una cara tan... -hizo gestos exagerados con sus manos- no sé, ¡Como si en ese momento fuera a estallar de celos!

- Sí, sí como digas, pero eso lo resolveré yo. ¿Escuchaste? -Pazhy asintió poco convencida- Mira, mejor cambiemos el tema, ¿Cómo fue tu primera clase?

- Oh... ¡Fue fantástica! Todos son muy amables, sólo me costó un poco al principio porque mi inglés no es muy fluido, pero fueron muy simpáticos y me ayudaban a comunicarme con señas para que nos entendiéramos mejor- Bill rió.

- Sí, eso suele pasar cuando llegas acá...

- ¿Cuánto te costó acostumbrarte?

- Unos meses, digo, para hablar fluidamente... Es que debes tener en cuenta que los chicos y yo tenemos una especie de "obligación" a entender el inglés, tenemos clases, todo eso.

- Ah, sí entiendo, no creas que se me olvida que tengo un amigo famoso- dio una risita.

- El problema es que a mí a veces se me olvida...

- ¿Por qué lo dices?

- Por nada, ya no tengo hambre.

- Osh, ¡Pero hombre, te queda poquito! Además, es tu helado favorito.

- Creo que ni mi helado favorito puede hacer un milagro en este momento.

Pazhy se paró sin decir nada y miró al suelo, a lo que Bill la siguió extrañado.

- ¿Te ocurrió algo? -pero éste no tuvo respuesta, sólo dos brazos alrededor de su cuerpo que apretaban todo su tórax de manera cálida- ¿Pazhy?.

- Abrázame.

Por alguna extraña razón Bill cerró los ojos antes de escuchar esa palabra, para cuando lo hizo se imaginó a aquella persona que no podía sacarse de la cabeza, a esa persona que le era tan valiosa, pero problemática a la vez, y aún así la anhelaba con toda su alma, por quien podría dejar todo y a la vez nada, sólo para hacerla feliz... era ella, la chica con quien compartió tantos momentos bellos, quien le dio a su triste mirada una oportunidad para ser feliz, quien le dio a entender el amor de la manera más pura y real, quien a pesar de ser tan particular entre todas las mujeres lo volvía loco, quien había tejido una hermosa historia de amor en su pecho y nunca la podría deshacer... pensaba en Laura y en lo enamorado que seguía a cada instante, con o sin verla, él siempre la sentiría cerca, siempre la recordaría y lucharía hasta el final...

Nunca pudo entender el nexo entre cada segundo que pasó, entre cada mini segmento que hizo separar levemente el cuerpo de esa mujer y él para luego culminarlo en la unión de sus labios aliados por la confusión de lo que pasaba por la cabeza de Bill en esos momentos...

¿Era este... el comienzo de otro problema?