lunes, 20 de junio de 2011

Capítulo 21 - No pierdas la noción





Tom tomó la actitud de Bill como algo instantáneo, tanto así que preguntó de golpe:

- ¿Qué pasó con ella?

- Pasó lo que no quería...

- ¡Mierda! -Tom entendió al instante de lo que se refería su hermano, pero aún así preguntó para confirmarlo- ¿María Paz?

- Sí.

- ¿Qué pasó, te vio, le dio celos?

- Cuando acabe el día te contaré más detalle.

- Ah, que fé te tienes, hombre.

- ¿Qué?

- Te das por vencido muy pronto, das como perdido el día.

- No te entiendo.

- ¡Ve a buscarla!

- No puedo, tengo que estar con Pazhy hasta que termine su clase.

- Bueno, suerte con eso.

- ¡No, Tom, no me cortes!

- Creo que estás solo en esto, debes tomar una decisión antes de que se ponga peor.

- Lo sé, pero ahora mi prioridad es Pazhy.

- De acuerdo Bill, pero ten en cuenta que lo haz dicho tú.

- ¿Qué cosa?

- Adiós, debo colgar.

- No, ¡Tom, ayúdame! -

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Las calles nunca fueron tan grandes y extensas para Colette, será porque siempre las recorrió acompañada y solía tomar más atención al tema de charla que al paisaje, en esta oportunidad, se detuvo y trató de recuperar su serenidad para pensar en algo antes de que todo empeorara.
Primero, no debía correr en cualquier dirección, sino que en la del teatro, porque, era cosa de lógica que Dominique se encontrara ahí, eso por un lado la mantenía con la razón aún dominante. Lo verdaderamente anormal fue el extraño caminar que adoptó, hace unos segundos su corazón casi se descarrilaba por culpa de la hora y el atraso que tanto odia Luke, por otra parte, la idea de triunfar como actriz se le estaba desgastando con el tiempo.

Eso no impidió que llegara a su destino, Colette no era irresponsable, menos cuando involucraba a otra persona como era Dominique, y ella sí que estaba entusiasmada, bastaba sólo con verle la cara cuando Colette entraba al camarín y dejaba lentamente su bolso en la mesita del tocador. Una mirada casi insoportable que te gritaba "¡Debemos estar perfectas!" antes de que pudieras escuchar cualquier sonido de disgusto o emoción de la boca de Dominique.

No era para menos que la chiquilla santiaguina había estado despertando sus dotes como actriz de una manera muy positiva las últimas sesiones, era casi como verla enamorada, enamorada del arte del teatro, y llegaba a ser escalofriante que eso pudiese llegar a un punto crítico en su pequeña humanidad.

Pero Colette sabía que no podía abandonar esto así como así, no era una mujer que dejaba las cosas a medio hacer, no era alguien desleal ni mucho menos egoísta, entonces, aunque ella padeciera de una horrible enfermedad que le estaba causando una repugnancia a Luke y su paupérrimo criterio de actuación, no lo daría a conocer ni de casualidad.

¿Quién más ingenua, Dominique o Colette?

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No estaba segura sobre mi estado en el momento de salir del auto, ni siquiera sabía que cosas debería hacer, todo esto era realmente una especie de adaptación al juego del miedo que nunca quise experimentar.

- ¡Ya era hora!- quise tomar aquella expresión como un saludo y no como una queja estrictamente.

- Hola Sam.

- ¿Por qué tanta demora?- miró a Lourdes.

- Hubo inconvenientes en el camino, tránsito, ya sabes- se sentó y comenzó a teclear.

- ¿Qué debo hacer ahora? -pregunté deseando ubicarme en todo el asunto.

- Necesitamos registrar tu hora de llegada... -dijo el hombre sin despegar la vista de su enorme y delgado monitor.

- Enton...

- ¡Listo!- avisó sin dejarme concluir.

- Andando, Rojas... -Lourdes se puso frente a mí invítandome a caminar hacia la puerta que daba al pasillo.

Ambos acompañaban mis pasos, Sam a mi derecha y Lourdes a mi izquierda, pude notar en la cara de Sam un pequeño grado de preocupación, esperaba que no fuese por mi impuntualidad a la cita. Por otra parte, Lourdes se veía como siempre, sus facciones no cambiaban en absoluto, a veces me preguntaba si había algo de sensibilidad en ella, estoy segura que sí.

- Oigan... -interrumpí un poco tímida y proseguí- me gustaría saber que es lo que debo hacer ahora, si no les molesta decirme, es decir... Necesito prepararme psicológicamente.

- No será difícil muñequita- respondió Sam- sólo te presentarás frente a la agencia.

- ¿¡Qué!? ¡Pero! No me dejaron cambiar mi ropa, estoy con...

- No interesa tu atuendo, a Tyler sólo le importa saber que estás aquí- prosiguió Lourdes con mucha seguridad.

- Vaya, me sentiría halagada si ese hombre fuera un poco más amable en sus tratos.

Agradezco que la conversación sólo haya quedado hasta ahí, para cuando había pronunciado la última sílaba los dos sujetos ya habían encontrado la sala correspondiente, confieso que me encontraba nerviosa, ¿Y si debía dar algún discurso? ¿Cómo serán los otros que trabajan aquí? ¿Daré una buena impresión? Y denuevo aquella pregunta que siempre regresa a mi cabeza.. ¿Para qué diablos me quiere Tyler?

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Bill estaba desesperado, no sabía si entrar a ese estudio y sacar a María Paz de un brazo sin importarle nada e ir a buscar a Lala o quedarse ahí hasta que el día transcurriera y llegara a su fin, meditaba como loco, como nunca antes lo había hecho, tanto así que su cuerpo experimentaba pequeñas convulsiones en sus manos y labios, caminó hacia la recepción en busca de un vaso de agua, no obstante, recibió algo más...

- ¡Tú!

Bill volteó al escuchar ese grito femenino que suponía era para él.

- Ara -dijo en una batalla para que sus labios dejaran de crispar- ¿Cómo estás?

- ¡Infeliz! -y le propinó un manotazo en la cara.

- ¿¡Qué te pasa!? -alegaba tomándola de los brazos para poder defenderse.

- ¿Y preguntas? ¡Eres un sinvergüenza! - esta vez su rodilla chocó violentamente con la entrepierna de Bill.

- ¡Auch! - la soltó para responder a su impulso humano al haber sido atacado.

- ¡Te mereces eso y más! ¿Y sabes algo más? ¡Jamás volverás a ver a Lala!

- Ok... -dijo después de un rato queriendo recuperar el aliento- ¿Y eso por qué sería? -se dejó caer en la alfombra- Por lo menos déjame saber el por qué casi me dejas sin hijos.

- ¡Porque eres igual a todos los hombres! ¿Cómo tienes moral para entrar con otra mujer de la mano mientras Lala está ahí dentro?

- Oye, yo en ningún momento le tom... -se retorció por el dolor que aún tenía.

- No, no, ¡Por supuesto que no! Si ahora lo negarás todo, te harás la víctima y tratarás de convencerme con excusas baratas como "No Ara, yo amo a tu amiga y jamás le haría daño"

- Aracelly, ¿Qué estás insinuando?

- Ahora soy yo la que piensa mal ¿Verdad? -dijo esta vez más enojada.

- No, espera... -se paró y le tomó los hombros- No quiero que entres en un mal entendido.

- ¿¡Qué mal entendido Kaulitz si te vi yo misma!?

- Mira, puedo explicártelo pero en otra parte, por favor, deja de gritar.. ¿No quieres salir al patio?

- ¡No! ¿Ahora conmigo? Bill, nunca pensé que llegarías a eso.

- ¡Aracelly!

- ¿Quién era ella? Por lo menos dime su nombre, para que Lala tenga una razón más concreta por la cual odiarte.

- ¡Aracelly, ella es María Paz, y no es nada mío, sólo es mi amiga!

- Sí, amiga...

- Te lo juro... Jamás engañaría a tu amiga, daría todo por ella -en esos instantes algo se posó en la espalda de Bill haciéndolo tambalear.

- ¡Ya terminé! ¿Dónde vamos ahora? -decía Pazhy con la cara llena de alegría rodeando con los brazos a su amigo.

- Pazhy... no... Ara... yo... ella.. no...

- Adiós Bill -dijo y se retiró sin titubear.

- Aracelly, no... ¡No, no, no, no, no! -se tomó la cabeza y golpeó la pared.

- ¿Qué pasa Bill, quién era ella?

- No importa.. no importa... -la cara de Bill era totalmente descompuesta.

- No me digas que... -tapó su boca- ¿Era tu novia?

- ¿Qué? ¡No!

- ¿Bill, era tu novia? ¡Cuánto lo siento! ¿Se puso celosa? ¡Tengo que ir a pedirle disculpas y decirle que la amas!

- No Pazhy -le agarró la muñeca- déjalo así.

- ¡Pero Bill! Yo no quiero verte triste, debes llamarla y explicarle todo...

- Sé que le debo una explicación... ¡Pero no es mi novia! -acentuó

- Oh, Bill... No seas así conmigo, sabes que puedes contarme lo que sea... Mira, iremos ahora a que te relajes y después, cuando ya se le pase un poco el enojo la llamarás.. -sonrió con una actitud esperanzadora.

- Uff.. Ya qué... -el muchacho se dio por vencido y salió del rascacielos lo más rápido que pudo.

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Nada más alcancé a respirar mientras caminaba por el pasillo alfombrado lleno de sillas y una mesa gigante que los mantenía a todos ordenados, a ritmo de mis pasos cada uno iba abandonando su respectivo asiento y se mantuvo de pie, eran hombres y mujeres, algunos lucían muy serios, otros las arrugas los delataban y al final, estaba Tyler, con su típica expresión entre sumisa y obsesiva por saber toda la fortuna que iba a sacar de mí.
Lourdes me señaló mi lugar, estaba al lado de Woods, permanecí de pie para no ser descortés, pensé que el hombre tenía algo que decir por mi llegada, pero sólo sentía en mí las miradas de toda la gente en el salón, me sentía el centro de la atención, pero no era para nada agradable, me miraban de arriba hacia abajo, una vez más me culpé por no venir presentable, creo que entre mi pantalón gris y mi polera negra que se asomaba por el cierre semi-abierto del polerón del mismo color, difícilmente podrían creer que yo era una parte "importante" de cualquiera sea su maldito proyecto.

- Señores -decidió por fin hablar y aproveché de botar todo el aire que mantuve en el tortuoso silencio- ahora, podemos tomar asiento- todos hicieron caso a la petición, incluyéndome, para poder continuar- Los he convocado a esta reunión por algo muy importante... Estoy aquí para anunciarles que nuestra empresa tendrá muchos cambios... -su énfasis en la última palabra me hizo aflorar una leve curiosidad sobre qué iba a decir- uno de ellos tiene que ver con la señorita que tengo a mi lado... -todas las miradas se dirigieron nuevamente a mí- Porque ella es la llave hacia un gran futuro, un futuro completamente positivo para cada uno de nosotros, desde la primera vez que la vi supe que ella era lo que le faltaba a esta empresa para poder surgir y liderar en las encuestas, ella es la pieza faltante a nuestros planes, quien hará que sus cifras bancarias aumenten de una forma totalmente benéfica... Quiero presentarles a nuestra nueva Gerente de comunicaciones...

- ¿Cómo? -interrumpió uno - ¿Es una broma? ¿Niña, cuántos años tienes, 15? -se burló.

- Tengo...

- Tiene 19 señor Walker- respondió por mí- ¿Tiene problemas con eso?

- No señor Woods, ninguno... -y bajó la mirada juntando sus manos sobre la mesa.

- ¿Alguien más tiene otra pregunta?- todos ignoraron la interrogante con un miedo terrible que se hacía notar en toda la sala- Bien, me parece, espero que todos se lleven muy bien con la señorita Laura Rojas.

- Sí, señor Woods.

- Un momento... -Tyler se levantó de su silla y plasmó su mirada en una dirección- Cox, ¿Dónde está el inútil de tu amigo?

Casi olvidaba que Cindy era parte de todo, y también dirigí mis ojos a su silla, aún no entendía del todo que era lo que pasaba.

- No sé Señor, Joseph no llegó al trabajo hoy en la mañana... -me sorprendía todo el terror que escondía el timbre de la simpática y alegre maquillista, ese miedo que sólo Tyler le hacía sentir.

- ¿No le dijiste que había una reunión?

- Pensé que sabía, Señor...

No podía quedarme así, estaba casi segura de saber donde estaba Joseph, porque claramente llevé a Estefanía para que hablara con él, pero... ¿Tanto se había demorado?

- ¡Ese idiota, para mañana no tendrá ningún puesto en esta empresa!

- Estaba conmigo... -interrumpí como un relámpago.

- ¿Qué dices? -suavizó raramente su voz y me miró.

- Que estaba conmigo... él... él... me dijo que se sentía mal... estaba con náuseas... sabía lo de la reunión... quería venir a como dé lugar, pero le dije que se quedara, si él no está aquí es por culpa mía... -terminé decidida y miré a Cindy indicándole con mi cara que todo estaba bien.

- Ah... Bueno, espero que esto no vuelva a repetirse, espero que se entere de todo esto...

- Lo hará... -mi respuesta sorprendió a todos, por alguna extraña razón, creo que entre todas las personas de esa sala era la única que Tyler no me intimidaba con su presencia y podía hablarle como a cualquier otra persona.

Así siguió con su larga charla y extraños proyectos de los cuales, obviamente, yo sería partícipe, pero sinceramente sólo anhelaba que la reunión terminara lo antes posible.

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- No veo cambios en tu cara... ¿Tan malo fue?- preguntaba jugando con la larga cuchara en sus dedos.

- No Pazhy, es que sinceramente me cansa la idea de tener que lidiar con tantos malos entendidos.

- ¿Fue mi culpa?

- Completamente no... mira, te aconsejaría que no te metieras en esto, es algo de lo cual debo solucionarlo yo.

- Pero Bill, esa niña te miró con una cara tan... -hizo gestos exagerados con sus manos- no sé, ¡Como si en ese momento fuera a estallar de celos!

- Sí, sí como digas, pero eso lo resolveré yo. ¿Escuchaste? -Pazhy asintió poco convencida- Mira, mejor cambiemos el tema, ¿Cómo fue tu primera clase?

- Oh... ¡Fue fantástica! Todos son muy amables, sólo me costó un poco al principio porque mi inglés no es muy fluido, pero fueron muy simpáticos y me ayudaban a comunicarme con señas para que nos entendiéramos mejor- Bill rió.

- Sí, eso suele pasar cuando llegas acá...

- ¿Cuánto te costó acostumbrarte?

- Unos meses, digo, para hablar fluidamente... Es que debes tener en cuenta que los chicos y yo tenemos una especie de "obligación" a entender el inglés, tenemos clases, todo eso.

- Ah, sí entiendo, no creas que se me olvida que tengo un amigo famoso- dio una risita.

- El problema es que a mí a veces se me olvida...

- ¿Por qué lo dices?

- Por nada, ya no tengo hambre.

- Osh, ¡Pero hombre, te queda poquito! Además, es tu helado favorito.

- Creo que ni mi helado favorito puede hacer un milagro en este momento.

Pazhy se paró sin decir nada y miró al suelo, a lo que Bill la siguió extrañado.

- ¿Te ocurrió algo? -pero éste no tuvo respuesta, sólo dos brazos alrededor de su cuerpo que apretaban todo su tórax de manera cálida- ¿Pazhy?.

- Abrázame.

Por alguna extraña razón Bill cerró los ojos antes de escuchar esa palabra, para cuando lo hizo se imaginó a aquella persona que no podía sacarse de la cabeza, a esa persona que le era tan valiosa, pero problemática a la vez, y aún así la anhelaba con toda su alma, por quien podría dejar todo y a la vez nada, sólo para hacerla feliz... era ella, la chica con quien compartió tantos momentos bellos, quien le dio a su triste mirada una oportunidad para ser feliz, quien le dio a entender el amor de la manera más pura y real, quien a pesar de ser tan particular entre todas las mujeres lo volvía loco, quien había tejido una hermosa historia de amor en su pecho y nunca la podría deshacer... pensaba en Laura y en lo enamorado que seguía a cada instante, con o sin verla, él siempre la sentiría cerca, siempre la recordaría y lucharía hasta el final...

Nunca pudo entender el nexo entre cada segundo que pasó, entre cada mini segmento que hizo separar levemente el cuerpo de esa mujer y él para luego culminarlo en la unión de sus labios aliados por la confusión de lo que pasaba por la cabeza de Bill en esos momentos...

¿Era este... el comienzo de otro problema?


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