
¿Algún complot contra mí?
Sea como sea, el sentimiento que experimenté en esos momentos no se lo deseo a nadie, ¿En qué momento Bill conoció a esa niña si sólo me ausenté de su vida por 1 día? ¿Un mísero día basta para reemplazar a una persona como yo?.. ¡Vaya!
No dije nada porque simplemente mi mente no me lo permitió, estaba congelada y totalmente retraída, y es que, estaba segura que si decía algo no sería del todo agradable, hay que añadir a esto que me odiaría por toda la vida si mis chicos se ven incluidos en mis enredos personales, decidí pensar antes de hablar, pensar... Sólo pensar y ser leal a mi silencio.
- ¿Hola?, ¿Interrumpí algo? Están todos muy callados... -dijo la niña llevando su mano a la boca.
- No, no -intervino Nicole- Bienvenida, ¡No te había visto por aquí anteriormente!
Y fue en ese momento cuando recibí una señal divina que me hizo ausentar de la dramática escena, la vibración se hizo notar en el bolsillo de mi pantalón para llevar mi celular a la oreja y salir del salón, ignorando completamente a quien tuviera en el camino, incluso a Bill.
- ¿Hola? ¿Quién habla?.
- ¡Laura, te dije que te necesitaba a las 2 en punto! ¿Dónde estás? -su voz se oía bastante enfadada.
- ¿Lourdes? ¡Santo Dios! ¡Olvidé eso!- me apoyé de golpe en la pared para dejarme caer.
- ¡Regresa ahora! No tenemos tiempo que perder, Tyler odia la impuntualidad.
- Lo siento muchísimo, es que aún no asimilo bien las cosas y...
- ¡Después me das tus excusas! ¡Sal ahora! -dijo impidiéndome terminar.
- Ok, ok... -me paré lo más rápido posible- Iré corriendo al hotel.
- ¡No! Ya estoy afuera del estudio.
- ¿Y cómo supis....
- Sam te buscó tu ubicación por tu teléfono móvil, ¡Sólo apresúrate!
- Caracoles, ustedes si son psicópatas.
- ¡Que salgas ya! -vociferó.
- ¡Ya, ya voy! -me eché el bolso al hombro y corté.
No sé con exactitud si aquella llamada significó algo bueno para la situación, más bien fue un problema que me sacó de otro, en realidad, de otro muy grande.
En el camino vi a Ara, se veía muy molesta y corrió a mí con los brazos cruzados.
- ¿Lo viste? -me dijo.
- ¿A quién?
- ¡A ese desgraciado! -exclamó con rabia.
- ¿Quién? ¡No tengo mucho tiempo!
- ¡A Bill! ¿Viste con quién iba?
- No, y no me interesa... -pasé por su lado histérica por el sonido de la bocina que se hacía notar a las afueras del rascacielos.
- ¡Lala! -alegó Ara a distancia.
- ¡Después conversamos! -dije antes de cerrar la puerta y escaparme de mi vida "normal" para entrar a la de una "gángster"
Ahí estaba su auto con Lourdes adentro, se veía furiosa pero su boca no dio señales de aquello, seguramente por órdenes de Tyler, creo que tienen un tremendo interés porque me quede en el negocio.
Esperé la reacción más lógica, esperaba, incluso algún gesto que expresara su prisa, pero nada. Lourdes era muy profesional para manejar sus sentimientos, o para ser más realistas, mantener la calma en el minuto que tus emociones hierven para dejar escapar un impulso humano.
- Lo lamento mucho, lo había olvidado por completo...
- Ya no importa, debemos apresurarnos. Sólo espero que no se vuelva a repetir- sólo en ese instante dirigió su vista hacia mí para comprobar que yo estaba de acuerdo con su preposición.
- Nunca -concluí para su tranquilidad y me olvidé por completo de todo el entorno y las personas que me rodeaban en ese salón.
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- ¿Alguien puede explicarme qué fue eso? -Nicole tenía los ojos como dos platos de sopa.
- Ni idea -Pazhy se encogió de hombros y volteó para ver a su compañero- ¿Qué te pasa, Bill?
Gran evidencia, todos los rasgos de Bill encarcelaban un nerviosismo terrible combinado con la mirada terrorífica con la cual divisaba los ojos de su amiga para responder a penas por sílabas.
- No-no es... na-da... -y para ser sinceros, ni él se lo creía.
- ¿Seguirá haciéndonos clases usted, señorita Nicole? -preguntó Ying con su característico tono ingenuo y lleno de timidez.
- Así parece, creo que nuestra "amiga" tuvo que evacuar el lugar de urgencia... -giró en sus talones dando la vista al espejo del salón- Aunque no sé que es más importante que un grupo de personas que es lo único que le queda en este país...
- ¿Quién era ella? -se hizo presente la alegre María Paz totalmente confundida por la situación.
- Era la..- Ying tomó la pregunta casi por inercia
- No era nadie -le cortó Nicole- ... Ahora debemos seguir ensayando...
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Era un Lunes sin emoción ni anécdotas que contar, por lo menos para Colette y Dominique lo era, hace días no tenían una conversación con Lala como correspondía y esto ya se hacía notar. Era claro, llegaron juntas y deben permanecer juntas a pesar de todo.
- ¿Te has dado cuenta que ya casi no hablamos con Lala? -decía Colette mientras caminaba con la chilena por una larga y estrecha calle para llegar al teatro.
- Será por sus nuevas obligaciones -agregó Dominique.
- ¿Nunca has pensado que nos estamos separando cada vez más? -la chica de pelo castaño claro frenó de golpe.
- Supongo que eso es lo más lógico por su trabajo.
- ¿Y no te sientes mal por eso?
- Nos lo sintamos o no, no creo que cambiemos algo- respondía de una forma fría y racional, demasiado racional.
- ¿No crees que deberíamos buscar a otra persona?
- ¿Reemplazar a Lala? ¡No! -Dominique respondió como si se tratara de una ofensa hacia su persona.
- ¡No mujer, no me refiero a eso! -la francesa empujó la puerta que hizo sonar las campanitas del Wonder Coffee y ambas entraron a buscar una mesa para ganar un poco de tiempo antes de el estrés que significaba trabajar con ese estúpido de Luke y sus alegatos.
- ¿Entonces? -Domi sólo la seguía con la intención de descubrir qué se traía entre manos.
- Creo que deberíamos ampliar nuestro círculo, ¡Sólo somos tú y yo! ¿Comprendes?
- Comprendo tu pregunta, pero aún no comprendo a qué punto quieres llegar.
- ¡Dominique!
- ¡Ves! Algo tramas, ¿Qué tienes? ¿Una nueva amiga cibernética?, ¡Por eso me trajiste acá!
- No, no. Nada de eso, es sólo una idea... -tomó la carta entre sus manos- Pero si no quieres, entonces ¡No importa! -se cubrió la cara con la gran libreta del menú.
- Espera... -sujetó su mentón tratando de buscar alguna respuesta en el aire- Creo que ya entendí...
- ¿De verdad?
- Sí...
- Pues me parece bien... -seguía desde el otro lado del cartón.
- ¡Sería más fácil comunicarte mi respuesta sin el menú tapando tu cabeza!
- Lo siento - destapó su cara y le escuchó con atención.
- Lo que me estás tratando de decir, es que seamos más sociables e intentemos formar amigos, pero. ¿Para qué?
- Bueno Domi, no sé tú, pero yo necesito tener nexos con otras personas que no tengan un acento raro al hablar en inglés.
- ¿Me estás diciendo que mi inglés es malo? -volvió a ponerse a la defensiva.
- No digo eso, si no que es muy evidente que eres latin... -Colette no alcanzó a terminar el enunciado cuando Dominique levantó el brazo para llamar al mozo- ¿Qué vas a hacer?
- ¿Con que no sé hablar en inglés? ¡Ya vas a ver!
- Dominique... -su intento de detenerla fue inútil.
Cuando el chico vestido elegantemente se acercó a la mesa para atender a Dominique, ésta comenzó a hablarle como si no lo hubiese hecho hace décadas, decía frases extensamente largas y con un alto grado de rapidez, a lo que el joven asentía y le contestaba con educación, ¡Hasta comenzó a entrevistarlo por su vida personal! y esto fue lo que colmó a Colette.
- ¡Ok, ya basta! -golpeó la mesa- ¡Ya entendí, ya entendí!- las miradas de ambos sujetos quedaron pegadas en ella quien trataba de disculparse con gestos pero seguía firme en sus palabras- Tú... -apuntando a la chilena- deja de acosarlo como si no tuviera trabajo que cumplir, y usted- apuntó al mozo- podría pedirle que se retire y nos perdone por hacerlo perder tanto tiempo.
- Sí, señorita, pero no se preocupe, no me molestó en nada.
- ¡Cómo sea! -Colette se dio cuenta de cómo sonó esa expresión y se retractó- Por favor, disculpe... Lo llamaremos cuando necesitemos algo.
- De acuerdo, disfruten su café... -y se retiró en dirección a la cocina.
- ¿¡Qué te sucede!? ¡Ahora resulta que prendes con agua!
- ¡No, pero no soporto que me subestimen!
- ¡Dominique, te lo tomas muy en serio!
- Ya cállate -se cruzó de brazos para no continuar con los gritos que las tenían como el punto de atención de la gente al rededor.
- ¡Y todo comenzó por una pequeña idea de conocer más personas!- se quejó Colette.
- No quiero hablar más del tema.
- ¿Ves que eres inmadura?
- ¡Tú también lo eres! -volvió a gritar- ¿Por qué me sigues el juego?
- ¡Porque... porque! ¡Ya, olvídalo! ¡Ya pasó!.
Domi accedió a tomar un sorbo de su café para intentar tranquilizarse, luego de un tiempo de ver el rostro tenso de Colette, dio un suspiro y agregó:
- Lo siento...
- Ya no importa Dominique... -dijo derrotada y echó una ojeada a su reloj- ¡Ya son las 3!
- ¿Qué? -se paró lo más rápido que pudo dejando el café a medio tomar viendo como Colette salía disparada por la puerta.
- ¡La hora, la hora! ¿Cómo demonios pasó tan rápido?
- ¡Colette! ¡Colette! -gritaba desde atrás abrochándose la chaqueta.
- ¡Domi, apresúrate!
- ¡Colette, no pagaste la cuenta! -paró para llenar sus pulmones de aire mientras contemplaba el suelo, sin embargo, cuando por fin levantó la vista su compañera ya no estaba.
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En la casa de los Kaulitz el ambiente era calmado, agradable y sin novedades que modificara el estado de Georg, Gustav y Tom. Era un día ideal para tocar canciones, aunque faltase la voz de Bill, sus instrumentos musicales eran la salida que tenían del mundo, y eso los hacía inmensamente felices.
Felices, felices hasta aquél momento infaltable, porque como ya sabemos, nada es del todo normal en la vida de los chicos de Tokio Hotel.
Tom hacía un gesto para que sus amigos dejaran de producir melodías improvisadas mientras sostenía en su mano derecha el celular que aún vibraba.
- ¿Hola? -la voz del otro lado era automáticamente reconocible para él, era Bill llamando con un tono un tanto extraño.
- ¿Quién es?- preguntaron los G's buscando la respuesta a la expresión facial de Tom que cambió de un segundo a otro.
El gemelo mayor movió sus manos como queriendo decir "después les contaré, ahora necesito hablar a solas" lo que, afortunadamente, ellos entendieron. Así, Tom caminó hasta el comedor para escuchar mejor a su hermano.
- ¿Qué pasa, Bill? ¿Por qué suenas tan.... diferente?
- Pasó algo terrible, Tom... -Bill sonaba como si tuviese una aguja clavada en el pecho que le impedía hablar de corrido y respirar con serenidad.
- ¿Qué cosa?
-.... -su hermano ejecutaba momentos de silencio que agobiaban a Tom por la exasperación de no tener idea lo que tenía así al joven delgado.
- ¡Mierda, Bill, habla!
- Ocurrió un tremendo malentendido... -y tragó saliva para mejorar su faringe.
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