domingo, 26 de junio de 2011

Capítulo 22 - "¿Tú?"


No había sabido nada de Joe ni Estefanía en todo el día, mejor dicho, no había sabido nada de nadie, sentía que me estaba ahogando en una burbuja y mi círculo se cerraba de a poco, no tenía idea de como estaban Domi y Colette, no le he escrito a mis padres, apenas vi a Aracelly y el tema con Bill se estaba volviendo color de hormiga, aunque esto último era lo que menos me importaba después de la escena con esa chiquilla que ni siquiera sé su nombre.
Sólo quería que llegara la noche y llegar a mi habitación, así olvidarme de todo y escaparme a la otra dimensión, ahí, donde cerrar los ojos te permite abrir nuevas puertas y colorear el mundo a mi manera, pero aún quedaban 4 horas para que pasara eso y el pensar no me ayudaba mucho, sólo me recordaba lo desdichada que soy y lo complicado que es trabajar en algo que no es de mi agrado, claro, en vez de estar en una universidad estudiando los sistemas del cuerpo y abriendo personitas yo me encontraba trabajando para quién sabe qué cosa.
No había mucho que hacer, Sam ordenaba unos papeles en su escritorio y los transcribía en la computadora y Lourdes leía un libro sentada en un sillón, a juzgar por el título era algo relacionado con psicología, me hubiese encantado compartir su lectura si en ese preciso instante no me hubiese sentido tan mal.
Mis hombros me pesaban, la espalda me dolía y la garganta me jugaba suciamente, era como un aire que subía y bajaba por mi esófago, el mismo aire que rondaba por mi cabeza, tal como si mi cuerpo pesara menos que una pluma, comencé a mover las piernas pero eso sólo empeoró la situación, antes que pudiese decir algo, un fuego horrible corrió violentamente de mi boca hasta el suelo, dejando mi polerón lleno de aquella asquerosa mezcla estomacal.

- ¿Estás bien?. Sí Lourdes, aún respira - escuchaba la voz de Sam cerca de mí, de pronto se volvió todo oscuro, por un momento pensé que había perdido la visión, pero sólo me había desmayado.

- Déjala, no la muevas, puede marearse denuevo, espera que se levante sola - dijo ella e intenté aclarar mi vista.

- ¿Qué me pasó? - dije al fin.

- ¡Niña! Cambiaste increíblemente tu tono de piel de un segundo a otro y vomitaste en toda tu ropa.

- ¿De verdad? Pensé que estaba soñando.

- Por eso me extrañó que dieras tantas vueltas en las sala - añadió Lourdes.

- ¿Vueltas? - me extrañé, en ningún momento hice eso, que recuerde.

- Sí, ibas de un lado a otro como animal de circo en su jaula - se burló Sam intentando cambiar mi cara de cansancio.

- ¿En qué momen...? Oh, Díganme que estoy loca.

- Puede que haya sido tu sistema nervioso, entraste en trance y ahora no recuerdas mucho, es algo parecido al efecto del alcohol. -informó firme la mujer.

- ¿Y mi ropa?

- La mandamos a labar - me sonrió Peterson dando a entender que todo estaba bien - Lourdes te prestó uno de sus uniformes.

- ¿Cómo? - la miré - ¿Ella... me cambió? - adopté un cara de vergüenza y estado de confusión.

- Sí -asintió- Pero no te preocupes, Sam no te vio -sonrió.

Ah- dije con poca convicción.

- Bueno, nos quedan 15 minutos -Sam dio un bostezo y estiró sus brazos- Deberías llevarla a su casa- le dijo a su compañera.

- ¿Tan rápido pasó el tiempo?- me alarmé y vi mi celular para comprobarlo.

- ¡Pero si dormiste 3 horas y media! -rió- Se nota que estás cansada, uno ya se acostumbra al ritmo de esto.

- In...creíble -comenté.

- Bien -Foreman dejó sus cuadernos y tomó el chaquetón que colgaba de su silla indicándome con gestos que me apresurara mientras ella salía rauda por la puerta, como siempre.

- Sí, en un segundo -abrí mi bolso para asegurarme que todo se encontraba en su lugar y poder irme sin preocupación- Adiós Sam.

- Adiós muñeca, ¡Cuida ese estómago! -y me retiré en busca de Lourdes.

Cuando llegué al estacionamiento busqué el auto de mi tutora con la vista, lo cual no fue difícil, ya que no habían muchos vehículos a tal hora de la noche, miré por las ventanas por si se encontraba adentro, pero nada, no obstante, me detuve a observar el reflejo de mi cuerpo, no había tenido la instancia de mirar con más detalle el uniforme que me había prestado Lourdes. Era muy elegante, de un color azul marino con detalles en las mangas y en el cuello, la blusa y la chaqueta me quedaban un poco grande, será porque nunca fui voluminosa de busto, pero aún así lucía refinado. Me puse a pensar, ¿Ésta sería yo en un tiempo más? ¿Seré capaz de llegar tan lejos por proteger a alguien que tal vez, en ese entonces ya no esté para mí, ni yo para él?

_________________________

Las pocas luces que continuaban en las calles de la ciudad eran suficientes para crear el ambiente de una escena que esperaba ser resuelta.
Pazhy, sin embargo, no deseaba ser incauta, pero aquello que había pasado hace unas horas la dejó con la cabeza en cualquier parte, así que no tuvo más que solventar sus dudas frente al acontecimiento.

- ¿Por qué hiciste eso? -interrogó aprovechada del semáforo que encendía su luz roja.

- ¿Qué cosa?

- Eso, ya sabes...

- No, no lo sé -dijo Bill con un tono bastante serio para ser de él.

- ¿Por qué me besaste?

- Ah, eso...

- Sí Bill, eso ¿No me dijiste que tenías novia?

- En realidad no la tengo - el semáforo cambió la señalización y echó a andar el motor.

- Pero, es que no logro entender -se acomodó en el asiento.

- Yo tampoco, sólo no le des importancia.

- ¿No darle importancia? Bill, nos conocemos desde la infancia, el que haya pasado esto no es cualquier cosa.

- No siento nada por ti, si eso te mantiene tranquila.

- ¡Eso es exactamente lo que me inquieta! Si no sientes nada, entonces ¿Por qué lo hiciste?

- No sé, María Paz, ¡No sé!

- Por Dios, ¿Sabes?, es mejor olvidar todo esto.

- Es lo que he intentado decirte desde el principio -Bill dejó de tensarse un poco creyendo que la conversación se había terminado.

- Y es mejor que yo me vaya de tu casa... -finalizó.

- ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

- Que si empiezas a tener esos "impulsos" es mejor que no sea conmigo.

- Pero si sólo sucedió una vez, ¡Pazhy, no puedo dejarte sola!

- No estaré sola -dijo segura.

- ¿Entonces?

- ¿No sería absurdo si te lo sigo? -se burló.

- Sería lo correcto -paró el auto- No puedes andar por Los Ángeles merodeando como mendiga.

- ¡Mendiga tu abuela! Yo veré como me las arreglo -abrió la puerta y caminó hacia la entrada.

- ¡No, si crees que te voy a dejar hacer esa locura estás muy equivocada!

- No tengo 14 años, esos días ya pasaron... -entró a la casa y subió las escaleras.

María Paz se veía confiada, como si estuviese planeando esto desde hace mucho, así como cual acto de rebeldía de madre e hija en la cual la segunda decide ser independiente y dejar la cuna de su familia, llenó sus maletas y bajó con éstas a la puerta sin dejar de escuchar los sermones de Bill, los cuales despertaron a su hermano, quien se hizo presente para descubrir cual era el problema que le había interrumpido el sueño.

- ¿Qué les sucede? ¡Parecen matrimonio! -alegó.

- ¡Cállate! -dijeron ambos al unísono con una voz que se escuchó en todo el lugar.

- Ok, ok ¿Qué pasó aquí? -dijo al ver las maletas de María Paz.

- Pues, me voy...

- No, no se irá -interrumpió Bill.

- Claro que me iré -discrepó

- ¿En qué te irás, ah?

- ¡En taxi! -manifestó como el rugido de una leona y lo evadió.

- ¡No! -pero algo lo hizo detener.

- Bill, déjala, no eres su madre

- ¿Tú que sabes? ¡Ahora estás feliz, tú querías que ella se fuera! -protestaba mientras forcejeaba con los brazos de Tom.

- No empieces a echarle la culpa a los demás, ella tendrá sus razones.. -manteniéndose firme

- El problema son esas razones...

- Ya, hermano, cálmate, actúas como si te gustara...

- No... no, ella no me gusta... -dijo calmándose de a poco, Tom suspiró y prosiguió.

- Sólo déjala, ya es grande, no necesita de ti para poder vivir en una ciudad...

- Tienes razón...

- Ahora, hablando del tema ¿Cómo te fue con...? Ya sabes..

- Pésimo, tu novia casi me deja estéril.

- ¿Qué tiene que ver Ara con Lala?- interrogó de manera entre cómica y confundida.

- Es una larga historia...

_______________________________

- Ahí estás.

- Tu uniforme, es lindo -le sonreí.

- Es sólo lo que corresponde -dijo y presionó el botón de sus llaves para quitar la alarma.

- Supongo... -abrí la puerta y me abroché el cinturón.

No tenía intensión de empezar una conversación con ella, porque verdaderamente sólo deseaba mi cama y el poder descansar, pero la etapa se fue dando de otra manera y curiosamente, los papeles cambiados.

- Primer día... ¿Qué te pareció?

- Aburrido.

- ¿Te esperabas tal recibimiento?

- No.

- ¿Qué sientes sobre lo que pueda pasar? ¿Miedo, ansias, curiosidad?

- Me da igual.

- Es normal.

Lourdes parecía entender mi estado, era como si se metiera dentro de mi cabeza y tuviera comprensión de todas mis acciones, sentí culpa por haberle respondido tan cortante, pero a estas alturas decidí dejarlo pasar, creo que ella ya debe entender el por qué de mi ánimo.

_____________________________

Lo que había anunciado no era una broma ni algo por lo cual hacerse fuerte, María Paz de verdad sabía exactamente donde ir, la razón de todo esto radica en su primera clase de danza, si bien había interactuado con muchas personas, y la pequeña Ying Ye no estaba excluyente de eso, además a Pazhy le llamó intensamente la atención aquella niña que se retiró de la nada de aquél estudio que no dudó en preguntar su nombre y todo lo que pudieran entregarle, se veía muy amigable y la chica japonesa le dijo que podría ayudarla cuando necesitara, pero ¿Lo estaba tomando de una forma correcta? No lo sabría hasta que su taxi se detuvo en la dirección que el papelito escrito por Ying indicaba.

- ¡Gracias! -dijo animosa y subió las escaleras, su expresión fue la misma que la de las chicas, un asombro por el lujo de aquel hotel y por lo bello que se veían los vidrios de la puerta, tanto así que daba una angustia el tener que empujarlos por el miedo a que éstos pudiesen romperse o algo por el estilo.

La muchacha acudió a la mesa larga de la recepcionista y le entregó el mismo papel que el taxista ocupó para llevarla a ese enorme lugar.

- ¿Es usted pariente de la señorita? -dijo la mujer.

- Eh.. sí, es... amiga de mi hermana.

- Espere un momento, llamaré a su habitación -tomó el teléfono y marcó el número correspondiente a la suite- Señorita, no contesta, probablemente no haya nadie en esa habitación.

- Quizás esté durmiendo, siga intentando, por favor.

- Bien...

____________________________

- ¿Y viste como finalizó todo? ¡Fue estupendo! Y entonces yo dije "¡Jamás volverás a este lugar sin antes pisar los restos de mi cuerpo!"

- Sí, que gran final... -decía Colette sin mucho entusiasmo mientras caminaba con un café en la mano acompañada de su fiel amiga Dominique.

- ¡Definitivamente amo el teatro! ¡Sólo quedan 2 días! ¡2 días, Colette! -el café saltaba por todas partes por los brincos de la chica.

- Sí, lo sé...

- ¿Crees que Lala pueda ir?

- No lo sé, creo que debe ir al doctor...

- ¡Pero la función es a las 7! ¡Y la pasaremos tan bien! ¡Sería nuestra oportunidad de pasar un rato juntas! ¡Sí! -atrapó en sus brazos a Colette y exclamó- ¡Todas juntas!

- Sí Domi... ¡Todas juntas! -dijo queriendo imitar toda la alegría que desbordaba la santiaguina, pero le fue imposible, Colette no sabía fingir su molestia.

Y así el camino casi se hizo eterno, y es que a Colette le disgustaba excesivamente tener que opacarle el momento a Dominique aunque sea por su rostro, porque aparte de su estado anímico, se encontraba muy cansada, y el café no había hecho efecto en absoluto.

Para cuando llegaron al hotel ya no quedaban más que 5 minutos para las 10 de la noche.

- ¡Hola! -saludaron ambas y la recepcionista les saludó un tanto incómoda.

- Colette... Creo que algo pasa...

- ¿Ah, sí? -volteó- Dominique, no te metas en asuntos ajenos, necesitamos dormir -a lo que ella no hizo caso y se devolvió dejando atrás a su extenuada amiga francesa.

- ¿Hay algo mal? -interrumpió sin querer ser imprudente.

- Sí, señorita Garrido, creo que hay un inconveniente con la habitación de su amiga, la señorita Rojas.

- ¿Por qué lo dice? -levantó una ceja.

- Esta joven dice que la conoce y viene a verla.

- ¿Y quién eres tú?

- ¡Hola! -sonrió y extendió su mano- Me llamo María Paz Riquelme y voy en la academia de tu amiga.

- ¿Y por qué estás aquí?

- Bueno, yo... -no bastó que María Paz terminara su respuesta para que otra sorpresa viniera justo a tiempo.

- ¿Dominique? -pregunté atónita de lo que estaba viendo.

- ¡Aquí estás! ¿Y esa pinta? ¿Dónde fuiste? -dijo bromeando mientras yo no despegaba mis ojos de la muchacha del cual su rostro me era bastante familiar.

- ¿Qué hace ella aquí?


No hay comentarios:

Publicar un comentario