viernes, 6 de enero de 2012

Capítulo 25 - Una vida más.


[Antes de leer, ponle play~ http://www.youtube.com/watch?v=anJ8Knxoazc ]

- ¡Bill, a tu amiga María Paz la atropellaron!- dije en un grito de desesperación y culpa, mis emociones rebalsaban y yo me quedaba sin aliento.

- ¿Q-Qué? -pronunció en un hilo de voz- Pero ¿Qué le pasó, cómo está ella?

- No sé, Bill, aún no he podido verla.

- Pero... pero...

- Debes venir... -entendía cómo se debía estar sintiendo, su voz lo delataba y yo lo conocía muy bien, no era para menos.

- Sí, sí... voy- tartamudeaba.

- Pero no vengas solo, dile a Tom que te acompañe.

- S-sí.

- Tranquilo... -que estúpido consejo para tremenda situación.

- Adiós- y cortó.

Suspiré y miré a Joe queriendo que me diera una cachetada en ese instante por lo mal que comuniqué la noticia, pero él no dijo nada, sólo me abrazó y siguió caminando conmigo hasta llegar a la habitación 347. En ese instante sentí que millones de libélulas volaban por mis venas y me dejaban sin sangre que bombear, los dedos se me congelaban, no sentía mis brazos y de un momento a otro la cabeza me comenzó a hervir.

- ¿Vas a entrar? -me dijo Joe al verme petrificada frente a la puerta.

- No estoy segura si estoy preparada para lo que vea.

- No estés así, ¿Estudiaste medicina en tu país, no?

- Pero no es lo mismo, hace mucho tiempo no tengo ningún vínculo con mi carrera, es como si me hubieran lavado el cerebro.

Joe se detuvo a pensar e inclinó su cabeza hacia un lado, después de unos segundos me tomó la mano y la puso alrededor de la manilla de la puerta.

- Estarás peor si no sabes qué hay detrás- sonrió queriendo darme ánimos.

- Cierto... -asentí y bajé mi cabeza.

- Yo esperaré afuera, sólo... relájate, todo va a estar bien.

- Gracias, Joe- empujé la puerta y di 4 pasos antes de levantar mi vista.

Algo raro sucedió, no era primera vez que me encontraba con una escena así, ver tanto artefacto tecnológico me recordó la vez que Bill cayó en el hospital, sólo que esta vez no podía entender por qué el estado de esta muchacha me angustiaba tanto. El dolor que tenía antes de entrar dejó de taladrearme el cráneo y pude recobrar la sensibilidad en mis extremidades. Me acerqué a la camilla y la observé, estaba dormida, en la orilla de la litera se encontraba el informe médico, por un momento dudé en verlo, pensé que no entendería nada, pero la curiosidad fue más grande y lo revisé con cuidado. María Paz había sufrido una fractura a su cadera y piernas, además de lesiones leves al cráneo y unos notables moretones en su cara que se podían apreciar a simple vista sin necesidad de ser doctor. Ahí mis dientes crisparon, la primera idea que se vino a mi cabeza fue que no podría caminar nunca más, de sólo pensar eso me daba pánico.
No quise despertarla, pero tenía unas enormes ganas de pedirle disculpas, de explicarle lo que había pasado, conversar con ella sobre qué hizo esa noche que quiso salir del hotel, decirle la verdad sobre mi vínculo con Bill, o algo más simple aún, el comprobar que su accidente no afectó a la parte cerebral y que aún tenía los recuerdos intactos y vivos en su cabeza.

- ¡Laura! Otra vez por aquí. -escuché una voz a mis espaldas que me tomó por sorpresa.

- Doctora Tornau -contesté después de dar un pequeño saltito.

- ¿Es tu amiga? -preguntó mirando a la chiquilla.

- No... digamos que, somos conocidas.

- Mmm... ¿Tú estabas con ella el día que le sucedió el accidente? No encontraría otra razón por la cual estuvieras aquí tomándole la mano.

- ¿Ah? -efectivamente tenía encarcelada su mano en la mía, ¿Cuándo pasó eso? la solté con cuidado para responder -Técnicamente no, pero... -detuve mi intención de explicarle la situación por una duda más importante- Doctora, ¿Cuánto tiempo más estará aquí?

- Bueno, quizás la tengamos aquí un tiempo, no lo sabemos... -dijo arqueando las cejas.

- Ah- asentí sin ganas.

- Oye, el tipo de afuera ¿Es tu novio?- cambiaba de tema.

- ¿Joseph?- pregunté.

- Ese muchacho guapo de ojos azules ¿Eh?- mencionó queriendo insinuar algo- ¿Él es el afortunado?

- ¿Afortunado?- reiteré confundida- No, doctora, él no es mi novio, sólo somos amigos...

- ¿Entonces no es formal?- siguió interrogando.

- ¿Qué está diciendo? No somos nada. -respondí casi molesta.

- Pero, ¿Cómo, entonces? ¿Bebes, te drogas?

- ¿De qué habla? -esto ya me estaba empezando a asustar.

- No te he contado...- se detuvo a pensar- Cuando termines aquí, pasa a mi oficina.

- Eh, bueno- aprobé y la vi desaparecer por la puerta.

Nuevamente estaba sola con María Paz, no había cambios en su situación, seguía dormida y en la sala sólo adornaba el seco sonido de la máquina que le contabilizaba los latidos de su corazón. Me senté a su lado de nuevo con el motivo de esperar hasta que tuviera un signo de poder despertarse o reaccionar al cambio de temperatura que adaptó la habitación con mi llegada.

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- Bill, viejo, estás pálido -opinó Georg.

- ¿Otro drama con tu doncella?- interrogó Gustav tratando de suavizar la circunstancia.

- ¿Le pasó algo, Bill?- interpeló su gemelo con tono firme.

- Debo ir al hospital...- masculló.

- ¿Quieres compañía? -agregó Tom.

- Sí, no puedo conducir así...

- ¡Esperen, esperen! -interrumpió el bajista- ¡Siempre salen ustedes dos y nos dejan con la duda! ¿Lo olvidaron? Somos amigos, hay confianza, ¿Por qué se cierran entre ustedes si saben que nos preocupamos y tenemos intención de apoyarlos en lo que necesiten? -hizo notar con un acento autoritario.

- Bill, si algo le sucedió a Laura también nos incumbe, porque es alguien importante para ti, y tú eres importante para nosotros- agregó Gustav.

- Chicos, agradezco lo que dicen, pero esta vez no...-dijo Bill moviendo sus manos.

- Iremos, ¡Te guste o no! -alegó el mayor de la banda.

- Ya déjalos, hay que ir rápido... -le dijo Tom a su hermano.

- ¡Ahí vamos! -ratificó Gustav siguiendo a los gemelos junto a su amigo Georg.

- Sólo quiero llegar rápido a ese hospital... -dijo Bill y subieron al auto.

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"Si nuestra vida fuera una línea recta, jamás se crecería como persona, si vivir no fuera una competencia, nadie sabría lo satisfactorio que es cumplir metas y sueños, si el amor no fuera doloroso, no sería amor..."

Los minutos pasaban lentos y tranquilos, no tenían razón de apurarlos, casi concluía el mediodía de ese terrorífico Martes, todo pasaba como de costumbre; Nicole en el estudio dando los últimos arreglos a la coreografía que se exhibiría al día siguiente, Tyler en su oficina, Gerard fastidiando todo y tratando de contener su rabia por el hecho que Laura siguiera viviendo y Cindy en el camarín preparando todo para el próximo día. Cabía recordar, que gracias a la maniobra de ese tal "Richard", la propuesta a Tyler de 3 días adicionales se había anulado por completo.

Así estaba yo, deshecha, por un lado culpable de dejar solos a todos esos chicos maravillosos, ahora todo se encontraba en manos de Nicole, claramente nuestra relación era distinta a como solía ser antes, quizás qué planes traía, supongo que si viajó desde Chile hasta acá no fue precisamente para darme un abrazo de felicitaciones.
El silencio de la sala del hospital me ayudaba mucho a reflexionar, el aire fresco que entraba por la ventana era perfecto, el color blanco de las paredes me ayudaba a aislarme de todo, pero seguía con esa actitud pesimista dentro de mí, no sólo había destruido mi sueño de bailar, sino que también destruí el de María Paz, pues ella había viajado para ser parte del grupo, y yo sólo le di malas pasadas, a ella y a Bill. Las ganas de llorar me carcomían todo el cuerpo, sin embargo debía mantener la calma, confiar en que ella podía despertar, en que se pondría bien, que volvería a abrir sus ojos y probablemente me odiaría por el resto de su vida, pero eso no me importaba, después de todo me lo merecía.

Me levanté de mi asiento y me dirigí a la ventana, dándole totalmente la espalda a María Paz, quise respirar hondo y tranquila, sacarme todo ese peso al verla en ese estado, admirar lo hermoso del día, poder sonreír sin razón, encontrarle lo bello a cosas simples, ser optimista en todo esto, analizar el por qué de tanto embrollo en mi cabeza, pensar de por qué estaba tomando este camino, ¿Cuál era realmente mi objetivo en todo esto? ¿Cuál era el final de este pasadizo? Hasta entonces jamás me lo pregunté, porque sinceramente nunca me di el tiempo para pensar como ahora, siempre era igual; la rutina aburrida y al final del día caer muerta en la cama para esperar el día siguiente y comenzar con lo mismo. Verdaderamente me estaba convirtiendo en alguien infeliz, sentía que algo pasaba con mi cuerpo, algo más allá de lo psicológico, es como si algo se estuviese moviendo inquietamente, como si no estuviese sola ningún momento, como si...

Pero en ese instante detuve mis pensamientos y concentré mis sentidos en María Paz, estaba intentando decir algo, al principio creí que soñaba, después comencé a acercarme y le toqué la frente; no tenía fiebre, seguramente faltaba poco para que despertara de su accidente, y si eso pasaba debía prepararme para no asustarla ni demostrar mis nervios.

- ¿María Paz? -susurré- María Paz... -subí un poco el tono de voz- ella comenzó a reaccionar como si sus párpados estuviesen pegados y luchara por abrirlos.


Ya era tiempo, tragué saliva y elaboré cuál sería mi primera frase cuando ella despertara, me tranquilicé y puse mi mente en blanco para volver a procesar.

- ¿Puedes oírme, María Paz?- ahora ella lucía mejor, pero aún tenía sus ojos cerrados, llevó su mano a su frente y frotó con debilidad. -Escúchame... ¿Recuerdas quién.. -y no pude concluir, sentí un ruido en la pared y una fuerza sobre mi hombro que me empujó hacia atrás chocando con la ventana, quedé atónita antes de asimilarlo todo.

- ¿¡Pazhy!?- dijo y tomó sus mejillas con ambas manos.

- B...bi..

- No intentes decir nada, está bien... Todo está bien, ya estoy aquí -decía mientras tomaba su mano.

- ¿Dónde estoy, Bill? -dijo apenas.

- En el Hospital Pazhy, pero no te preocupes, ya saldrás de aquí- decía con una voz que llegaba a traspasar su corazón- Te lo prometo, vas a estar bien...

- Bill, soñé con eso...

- ¿Con qué? -dijo confundido.

- Con ese día... el beso... y aún no logro entender por qué lo hiciste...

- María Paz, no es momento para hablar de eso, ya te lo expliqué.

- Bill... Ella... ¿Está aquí?

- ¿Quién? ¿De quién hablas? -antes de que su amiga respondiera continuó- ¿Sabes quién eres? ¿Recuerdas todo?

- Ella... -levantó un poco su cabeza y me miró- Ella salvó mi vida...

Bill volteó, por primera vez se dio cuenta que yo me encontraba ahí, pero yo no deseaba estar en ese lugar en ese momento, sentí algo en mi garganta, un sabor horrible, ¿A qué se refería con "ese beso"? ¿Qué estaba tratando de decir? ¿Todo este tiempo me estuve sintiendo culpable por la persona equivocada? Bajé mi cabeza y salí lo más rápido posible de la habitación, pasé por en medio de los demás muchachos que venían con Bill y pedí un ascensor sin decir ninguna palabra, pero antes que éste llegara sentí que alguien corría hacia mí y me detuvo para ponerme contra la pared del pasillo.

- ¿Qué ocurrió? ¿Cómo está?- Joe tomó mis brazos acorralándome frente a él.

- Llévame al hotel...

- No puedo -metió su mano al bolsillo y sacó un papel- Tienes hora con la doctora... -leyó- Tornau.. -dijo dudando un poco sobre la pronunciación.

Tomé aire y asentí, debía reponerme para el compromiso, ya tenía bastante de habladurías y quiera o no el problema de Bill y esa niña tenía que ocupar lugar en mi cabeza en otro momento.
Como yendo contra la corriente me dispuse a caminar hasta la oficina de la doctora Rocío Tornau, por primera vez en mi vida pude censurar a mi subconsciente de todo comentario o palabra que se le ocurriera lanzar para causar un caos cerebral.

Joe seguía a mi lado para acompañarme y asegurarse que todo estaba bien, pero no dudé ni 5 minutos sin demostrarle lo que estaba sucediendo.

- Estoy sola...

- ¿Qué? -respondió y detuvo su caminar.

- Que estoy sola... -repetí.

- Es que no te entiendo, no entiendo qué quieres decir.

- Cuando estaba con María Paz en la sala, él llegó a verla...

- Sí- me interrumpió- Me preocupó el hecho de que entrara tan alterado y tú estuvieses adentro aún.

- ... Pero no se percató de mi presencia- añadí.

- ¿Cómo? ¿No te vio?

- No me vio hasta que ella le dijo- Joe dio una mirada fugaz al techo antes de responder.

- Esto es increíble -se sorprendió y tocó su frente.

- Y ella le habló de algo... -dije en voz baja.

- ¿De qué?

- Le dijo algo sobre "un beso" -la última palabra sonó más bajo y frío de lo que yo acostumbraba a hablar.

- ¿Un beso? Es decir... ¿Piensas que él... y ella...? -me dijo y chasqueó la lengua.

- ¿Hay otra cosa que pueda pensar? -Joe comenzaba a comprender mucho mejor mi reacción al salir corriendo por el pasillo.

- ¿Y cómo te sientes?

- No creo que sea necesario que te lo diga...

- Pero-titubeó- digo, él no es el único culpable... Tú también... Digo... No quería llegar a este punto pero...

- Eso es distinto -dije de golpe.

- ¿Por qué es distinto? Es infidelidad igual.

- ¡No es infidelidad! -me defendí.

- ¿Ah, no? ¿Por qué no? -cuestionó frunciendo el ceño.

- Porque no es mi novio... -dije finalmente, y hasta yo me di asco por tremenda respuesta.

- Pero tienes sentimientos por él ¿O me equivoco?

- Joe, voy a pasar a ver a mi doctora -interrumpí y di un paso adelante.

- Está bien... -pronunció vencido- Te esperaré aquí... -continué sin responder ni inmutarme.

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- ¿Qué fue eso? -decía Georg por fin después del largo silencio que guardaron todos por ver a la muchacha correr cuando Bill entró a la habitación.

- Creo que algo pasó... y no creo que sea algo bueno -respondió Gustav mirando en dirección donde Laura escapó.

- Se lo dije... -dijo Tom en voz baja.

- ¿Que le dijiste?- curioseó Gustav.

- Esa niña sólo ha traído problemas...

- No seas así, Tom -dijo Georg- Es la amiga de Bill, debemos respetar eso.

- Ella no respetó nada... -decía con despecho- Se metió en un problema gigante y ahora Bill debe pagar por esto- volteó y miró a sus dos amigos- ¿Acaso eso es justo? Díganmelo, ya es suficiente trabajo el que le da Laura a Bill, por su culpa no podemos grabar, por la culpa de ella no podemos salir como antes, por culpa de ella Bill no quiere trabajar.

- No creo que sea tan así, lo ves de una manera demasiado pesimista- contestó Gustav seguro- Nunca vimos a Bill tan feliz como cuando la conoció en Chile, y tú mejor que nadie sabes que éso era lo que él buscaba, una persona que lo quisiera.

- ¡Claro! Que lo quisiera, ¡Pero no que le causara tantos problemas! -bramó.

- Tom, si fuese así, a ti también te tiene mal esa otra muchacha- interrumpió Georg.

- No es igual, tú sabes perfectamente que yo no reacciono igual que Bill, jamás dejaría que una mujer arruinara mi sueño.

- ¿No? -dijeron a coro los dos.

- ¡No!

- ¡Raperito!- se escuchó a lo lejos.

- Pero ¿Qué demonios? -dijo Tom volteando su cabeza y divisando una cara conocida.

- ¡Uf! -se detuvo para recobrar aire- Aquí estás, con mi prima te buscamos por todas partes.

- ¿Aracelly está aquí? -musitó el joven con trenzas.

- ¡Claro! -miró a sus espaldas- ¿¡Pero qué le ocurre!? ¿Por qué no llega? Debe haberse quedado atrapada en... -Estefanía apoyó su cuerpo en la muralla.

- ¿En donde?- insistió Tom para que la chiquilla terminara su enunciado.

- "No, si yo soy distinto"- se burlaba Georg.

- ¡Cállense! -impuso el mayor de los Kaulitz.

- "No me dejo llevar por ninguna mujer" -continuaba Gustav y se reían con su amigo.

- ¿Ah, sí? -Tom golpeó en la cabeza a sus dos compañeros y esta vez el dueño de la carcajada fue él- ¡Eso sí es chistoso!

- No entiendo nada -decía la niña de ojos verdosos que seguía esperando a su prima.

- No es necesario... -finalizó Tom y dio un suspiro largo.

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Por otro lado, pero no del todo ajeno, el aire corría sin descanso por las ramas de los árboles, el vivo color verde del pasto llenaba de frescura y belleza el paisaje que en los días como éstos tocaba tímidamente la perfección, el paraíso de una ciudad de Los Ángeles infestada de gente que no se miraba ni se hablaba al cruzar por las avenidas, el bello canto de pajaritos que aprovechaban el clima para pasear de copa en copa y atiborrar los alrededores con cantos y recordar que la naturaleza vivía. Todo era bello y armónico, lo único que podía contrastar en esos instantes era la fría mirada de Colette, porque no era otra quién descansaba mirando las nubes, tratando de buscarle sentido a todo lo que poseía a sus aledaños, pero para ella no era simple, no después de lo que pasó, la francesa no tenía grandes expectativas de ese día soleado, porque para ella había sido nefasto, no podía encontrar una razón para explotar su imaginación o ir junto con el viento para dejar caer sus preocupaciones en el suelo y que éstas se desvanecieran por completo. Colette se sentía sola, triste y decepcionada, las palabras de quien creía que era su única compañía en la enorme ciudad le percutían en la cabeza, como dos bombos sonando al unísono, como dos bombas nucleares a punto de estallar.
Colette se puso de pie e intentó inhalar lo más fuerte que pudo para luego soltar ese aire y así sentirse un poco mejor, pero era inútil, sus ojos no habían secado aún, seguían dispuestos a seguir llorando, sólo por el hecho de recordar que jamás debió mencionarle a Dominique el problema de su infancia. Todo por aquél fantasma que seguía atormentando sus días, el espíritu de su madre, esa madre que nunca tuvo y siempre deseó, la que jamás tocó ni besó, ése era el recuerdo que tanto le carcomía el corazón, ése fue el punto débil que la hizo bajar su escudo y marcharse, no tenía armas para enfrentarse a Dominique, y ¿Cómo se iba a defender? Si con eso la habían dejado sin movimientos, sin chances, sin ánimos. Ella sabía que debía regresar al Hotel, pues no tenía donde ir, no quería ver la cara de la chilena, no obstante las cosas no debían combinarse. Pero fue aquél día en el cual Colette entendió que...

"No conocemos a nadie, y nadie nos conoce a nosotros."
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Reaccioné al segundo de encontrar la puerta correspondiente que decía con letras pequeñas "Doctora Rocío Tornau", antes de abrir me llené de curiosidad ¿Qué es lo que deseaba decirme? ¿Por qué esas preguntas cuando me encontraba al lado de María Paz?. Si seguía manifestando más preguntas de seguro no abriría nunca esa puerta, así que me dejé de cuestionar y giré la manilla, crucé el umbral y la saludé como de costumbre.

- Toma asiento- me dijo con una sonrisa.

- Aún no entiendo nada... -manifesté haciendo caso a su invitación.

- Tengo que decirte algo...

- La escucho- manifesté calmada.

- Te explicaré con cuidado y por partes... -suspiró- No podré hacerte las radiografías ni los exámenes mañana.

- ¿Qué? ¿Por qué? -pronuncié asustada.

- Bueno-prosiguió- cuando llegaste aquí y te examiné, aproveché de sacarte unas muestras de sangre ¿Verdad?

- Sí... -estaba empezando a asustarme, intenté encajar las pocas piezas que me estaba otorgando para poder deducir antes lo que me debía decir.

- Bien, esas pruebas dieron un resultado, el cual significa que no puedo hacer los exámenes que tenías programado mañana- dio una pequeña sonrisa como dado por hecho que yo ya sabía a qué se refería.

- No, no-balbuceé- No sé si le estoy entendiendo bien, doctora.

- Creo que es fácil, se ve en primer año de Medicina- puso sus manos encima de la mesa.

- No-dije rápidamente- No es cierto... Es imposible doctora, se equivocó con los exámenes.

- No creo que sea imposible, a menos que seas virgen, ¿Lo eres?- se me heló la piel con esta afirmación indirecta.

- No, pero... pero- quedé muda por un momento- ¿Está segura? ¿Totalmente segura?

- Por eso te pregunté si el muchacho de ojos claros era tu novio...

- Y por eso las preguntas extrañas consecutivas a eso... -entendí y me paré- No puede ser, no ¡No! ¡Doctora, dígame que me está jugando una broma! ¡Por Dios, sólo fue una vez!

- Quizás estabas en tu período fértil... -decía manteniendo su compostura y tratando de tranquilizarme.

- ¿¡Pero por qué a mí!?

- Siéntate. -me ordenó- Sé que es difícil, digo, algunas mujeres desearían tener la suerte que tú, muchas de ellas han llegado aquí y lloran porque no pueden formar una familia, no tomes esto como un castigo, Laura, tómalo como una nueva oportunidad de cambiar tu vida.

- Es que, no entiende-tragué saliva- Justamente en este momento me tenía que enterar... En el momento que no puedo desconcentrarme ni tener sorpresas como éstas.

- ¿Tienes problemas con tu pareja? -me interrogó.

- Eso es lo de menos, estoy colapsada con mi vida, doctora ¡Es que con suerte puedo ver a mis amigas! ¡Hace mucho que no hablo con ellas, y lo peor es que están en el mismo hotel que yo!-enuncié con las lágrimas encadenadas para no dejarlas brotar.

- Debes decirles, debes contarle esto a alguien, Laura. No vas a poder esconderlo por mucho tiempo... ¿Es porque tienes miedo de cómo reaccione él?

- Es porque no puedo contárselo a nadie -hice una pausa y mi voz comenzó a tiritar- y porque tengo miedo, doctora -mordí mi labio inferior con fuerzas- No quiero que por culpa de mi ritmo de vida esta criatura tenga una mala formación, o quizás la pierda... Eso no podría perdonármelo... Nunca.

La doctora tomó una bocanada de aire y acarició mi pelo para volver a entablar nuestra conversación.

- Si tú quieres, puedo darte una licencia médica... -me dijo.

- No, eso no... No puedo, debo cumplir con mis obligaciones... ¿Sabe? Quizás no fue el tiempo ni fue el momento, quizás nunca pensé en que esto podía pasar... pero sucedió, y no puedo desistir con esto, no puedo y no debo.

- Recuerda que ahora debes pensar por él o ella también...

Bajé mi cabeza y luego la miré a ella- ¿Puede guardar este secreto?

- Es mi deber como profesional no revelar lo que...

- No-la corté- no se lo pido como profesional ni como médica, se lo pido... Como persona, como mujer.

Quedó pensando un momento y se inclinó hacia atrás de su silla para volver y poner sus codos en la mesa.

- Sí- avaló.

Y la conversación quedó en esto, nadie sabría qué pasó en esa sala, nadie sabría sobre mi estado, tendría una vida "normal", haría las mismas cosas, pero lo que era cierto... Es que jamás me sentiría la misma persona que hace 10 minutos atrás...

Se hacía tarde, eran las 1:45 de la tarde, seguramente la puntualidad y la llamada de Lourdes no tardaría en hacer sonar mi celular, debía ser rápida, aún tenía su ropa y eso seguramente la pondría de mal humor, pero creo que para esta situación tendré que dar una pequeña mentira piadosa para librarme de su enojo al no entregarle su uniforme limpio e impecable.

Salí con Joseph del Hospital, seguía con su mirada recelosa de tener una conversación pendiente, creo que para él era importante el aclarar el malentendido con Bill, digo, para mí también lo era, pero después de saber que iba a ser madre todo lo demás era totalmente ínfimo, por mucho que Bill estuviese igual de involucrado que yo, le dije a Joseph que ya habría tiempo para seguir con nuestra charla y que no se preocupara tanto, después de todo ya tenía 19 años y 2 viajes larguísimos en mi bitácora. Como siempre fue fiel a su silencio al momento de salir del Hospital y subir al auto, al cabo de 15 minutos ya nos encontrábamos en el Hotel Phoenix, intenté no mostrarme distinta, no quería siquiera que sospechara de lo que había hablado con mi doctora ahí dentro mientras él esperaba pacientemente a las afueras del pasillo. Así que subí a mi suite, me di una ducha y me vestí con lo primero que encontré, le dije a Jenny que llevara la ropa de Lourdes al cuarto de lavado y que volvería probablemente en la noche, ella como siempre asintió de buena forma y me deseó suerte en mi día. No sé qué haría sin los buenos deseos de Jenny, es como una galleta de la fortuna que te levanta el ánimo con sólo una sonrisa.

Como lo esperaba, antes de coger el ascensor mi teléfono sonó y yo estaba totalmente segura de quien era, sospecho que la puntualidad de mi tutora era superiormente mejor que la alarma de un aparato electrónico, me comunicó que ya estaba abajo y que me apresurara, no lucía enfadada pero yo tenía total conocimiento de que este día sería lo mismo de siempre...

Al subirme a su auto se sorprendió con mi apariencia, tanto así que no vaciló en soltar un comentario.

- ¿Así piensas ir a trabajar?

- Nadie me dijo que necesito un uniforme especial -me defendí.

- El día de hoy tendrás tu primera conferencia de prensa. -aseguró prendiendo el aire acondicionado del vehículo.

- ¿Qué? -dije extrañada y sorprendida.

- Tyler dijo que no necesitas tanto tiempo para prepararte y que necesitamos aprovecharte al máximo.

- Pero ¿Qué voy a decir?.

- Sólo debes responder a lo que los periodistas te digan, no es difícil, además -aclaró su garganta- Sam y yo debemos asegurarnos que salga bien.

- Espero.. -tomé una bocanada de oxígeno y la solté para dejarme caer hacia atrás del asiento.

Las charlas con Lourdes no solían ser de otra cosa que no fuera "el trabajo, trabajo y el trabajo" Ah sí, y a veces sobre "lecciones de cómo no conseguir que Tyler se enfade".
Cuando llegamos, todo era muy distinto a la oficina que había acudido días anteriores.

- Lourdes, ¿Estás segura que es aquí? -dije un poco desorientada.

- Sí, vamos, andando... -decía adelantándose con paso firme.

- ¡Oye! -le grité, ella se detuvo y me observó con extrañeza- Discúlpame por no traer tu uniforme hoy, hubo un problema con la lavadora ¡Pero mañana estará como nuevo!

- ¿Sólo eso? Vamos, Rojas -mencionó quitándole interés a mis disculpas. Sólo me quedaba acceder a seguirla.

Aún no entiendo si Lourdes se comporta de esa manera porque su trabajo le obliga a que debe enfocarse en sólo una cosa o realmente su carácter es así. De nuevo se me viene la interrogante de si le agrado o no, tal vez ella fue la favorita de Tyler alguna vez y yo vine a romper algo en su relación profesional o, cosas por el estilo, creo que preocuparme mucho de Lourdes me hace entender que de verdad necesito a alguien que me escuche entre medio de tanta gente desconocida.

El edificio por dentro era espacioso y de un color blanco que contrastaba con los muebles de vidrio y color gris que habían, Lourdes se detuvo en un escritorio grande y largo para preguntar por algo, luego de esto me miró y me hizo un gesto para que no le perdiera los pasos, cosa que obedecí para no terminar en quién sabe dónde.

Llegamos a una sala extraña, parecía un estudio de Televisión, habían escenarios y puertas por todas partes, una sala llena de artefactos de sonido y micrófonos, cámaras y luces por todas partes, comencé a sentirme un poco mareada, por lo cual detuve un poco mi ritmo al caminar, ahora sí entendía por qué me ocurrían tales trastornos, pero también debía cuidar muy bien de mi salud, aún así pude llegar hasta donde mi tutora me indicó. Habían muchas personas, pude divisar que Lourdes le decía algo al oído a una de ellas, la mujer de cabello oscuro y lentes cuadrados se acercó a mí y me saludó con dos besos, uno en cada mejilla y me vio de pies a cabeza.

- ¡Pero qué alegría verla, señorita Laura! Es un honor tener a una muchacha tan guapa como usted por estas partes- me tocó la cara- ¡Desde Jennifer López que no veía una piel tan hermosa!

- Gracias -dije sin ganas- Pero, aún no entiendo por qué estoy aquí.

- ¡Oh, pues yo soy la encargada de su vestuario para esta oportunidad! Me presento, soy Elizabeth Leigh. Veo que usted no vino muy preparada para una "Conferencia de prensa" -rió bajito de forma burlesca, como lo haría mi tía abuela.

- Creo que no... -musité.

- ¡Venga, venga! Creo tener el conjunto perfecto para usted -me tomó del brazo y me llevó a un armario gigante lleno de prendas brillantes y coloridas- Creo que esto le podría quedar -lo sobrepuso en mi cuerpo- ¡No, demasiado rosa! -comentó- ¡Ahh!- sacando otra combinación- ¡Ésta! -repitió la misma acción que con la otra y dio un gesto de aprobación- ¡Perfecto! Ahora, ¡Ve a probártelo! -me lo entregó.

- Pero...

- ¡Anda, niña, no tengas miedo, pruébese, aún queda el trabajo de maquillaje y la conferencia empieza en unos minutos más! -empujándome.

- Bueno, bueno.. -dije casi rendida y entré a la casilla del vestidor, honestamente no me agradaba esta gente y no entendía cómo de estar en un Hospital recibiendo una noticia tan importante ahora estaba en un estudio apunto de ser acosada por cámaras y cosas así, ni modo. Me saqué la ropa que llevaba puesta y me probé el conjunto que me dio esa tipa con voz ronca.

- ¿Ya estás lista, niña? -decía desde el otro lado de la puerta.

- ¡Ya casi! -cuando cerraba el último botón de la chaqueta escuché el ruidoso sonido de mi celular y di un salto como loca antes de contestar, ya era bastante por el momento. -¿Hola?- Reconocí su voz al instante, era Bill, se me heló la sangre, no sabía qué tono poner-... Sí.... Eh, ahora estoy ocupada.... No... No, que diga, no sé si pueda hoy... -suspiré- Como quieras, Bill, adiós- corté sin ánimos, deseaba verme hoy, creo que tendré visitas en mi suite a la noche, pero honestamente no quería hablar con nadie, menos con él, espero que se le olvide o tenga otros planes... ¡Qué digo! Es Bill... No puedo ser así, después de todo Joe tenía razón, ambos nos debemos una disculpa, el único problema es que él no sabe lo que yo tengo que decirle. Espero que esto no se ponga peor de como está.

- ¡Niña! ¿Hasta cuando? -gritaba ya con una voz molesta.

- ¡Sí, lo siento! -dije y salí de la casilla con pasos inseguros- y... ¿Queda bien?

- ¡Fabuloso! ¡Ahora ve a maquillaje para que te arreglen los últimos retoques!- manifestó dándome una palmada en mi trasero, cosa que no me agradó para nada pero que simplemente ignoré.

Jamás me había maquillado profesionalmente, siempre había visto vídeos o cosas por el estilo de famosos y espejos gigantes con muchos artefactos cosméticos a su alrededor, pero no sabía lo que se sentía, y creo que era una buena oportunidad para averiguarlo.
Cuando vi a la maquillista me recordó a Cindy, no por la cara ni sus gestos, simplemente por el hecho de tener siempre un lápiz labial o un estuche de sombras en su mano. Cuánto extrañaba a esas personas, y más a todos los del baile, ¿Qué estarán haciendo?, ¿Nicole los estará tratando bien? ¿Cómo estará Ying? ¿Qué será de Gerard y Julia? Tantas interrogantes hicieron que el tiempo en la silla de maquillaje se hiciera corto, para cuando terminaba mi nostálgica búsqueda de recuerdos mentales, la muchacha ya soltaba un "Estás lista" de su boca. Gracias a esta señal me puse de pie y esperé a que alguien me diera indicaciones de mi próximo movimiento, ya que aquí no puedes hacer algo si no te lo ordenan.

Busqué a Lourdes con la mirada, pero no la encontré, eso sí, sentí un flash a mi espalda, volteé sin entender y me tapé el rostro con la mano, era un tipo con barba y una chaqueta de cuero negra, en sus manos tenía una cámara fotográfica profesional, lo que me hizo deducir al instante qué rol cumplía en todo el equipo, lo que no entendía era por qué esa clase de "Bienvenida"

- Eh... -dije sin quitarme la mano del rostro- ¿Sería mejor si me avisaras cuando debo posar?

- Lo siento- expresó- Me llamo Chris, un gusto, soy... -miró el artefacto de sus manos- Bueno, ya debes haberlo adivinado- rió.

- Sí. Yo soy...

- Lo sé, eres Laura Rojas, la chiquilla chilena que viajó hasta acá-me interrumpió.

- Vaya, soy conocida -dije un poco pasmada.

- Bastante -afirmó- Oye, ¿Por qué no me ayudas con algunas fotos?

- Es que -reí- Yo no soy fotogénica...

- ¡Vamos! Eres latina, eso te hace sexy por naturaleza -aseguró y solté una carcajada- ¿Lo ves? Tu risa es muy linda, dame más poses.

No entendía el por qué de toda la situación, sólo me dejé llevar y obedecí a la petición del sujeto quién parecía bastante agradable.

- ¿Así está bien? -dije inclinando mi cabeza un poco hacia adelante.

- ¡Bien! Estarán en la revista -reía y apretaba el botón que hacía desprender un flash- Tyler sabe escoger- agregó, aunque su acotación no me sonó muy bien en mis adentros, continué moviéndome, el sólo hecho de escuchar el nombre de ese hombre me ponía inquieta, pero debía controlarme, sobre todo ahora.

"En algún momento creí que tenía todo lo que quería, pero la verdad... no tenía nada que realmente necesitara..."
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- Bill, no entiendo aún por qué ella se fue... -insistía María Paz después de una larga conversación con su amigo.

- Hay ciertas cosas que no te he contado. -dijo él.

- ¿Como cuáles?

- Sobre el lazo que tengo con esa chica.

- ¿Cómo? ¿Se conocen? -achicó un poco los ojos.

- Sí, y creo que por eso es que se fue... -dijo con un tono más bajo.

- Eso no tiene sentido... -agregó.

- Sí lo tiene, más aún cuando mencionaste lo del... "beso".

- Pero ¿Cómo? ¿Acaso tu novia no era esa muchacha del estudio, esa de pelo largo y oscuro? -se enderezó de la cama quejándose un poco por el dolor que aún tenía.

- Cuidado, Pazhy -le ayudó a moverse y continuó- No, no era ella, esa niña se llama Aracelly, y es amiga de Laura -María Paz levantó una ceja- Y Laura es la muchacha con la que yo salgo... -hubo un silencio profundo que dejó a su amiga con los ojos clavados en un punto fijo.


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3 comentarios:

  1. - ¡Vamos! Eres latina, eso te hace sexy por naturaleza -... ¡Me encantó!... muy bueno. Pero...

    ¡¿Embarazada?!... Ö ¡Por dios! si aduras penas se soportan por telefono (por o que entiendo)

    Espero el proximo pronto

    Besos!


    P.D Quise ver el video de la 2da temporada. pero no pude



    S.K

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  2. Haha es medio complicado porque la señorita de la novela es un poco "sensible" , ahora tiene mala suerte... A la primera con bebé :( en fin xDDD hahah Gracias por comentar Scarlett :D

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