
- ¿Estás tratando de decirme que fui a la habitación de tu novia? -María Paz apenas pronunciaba bien.
- ¿Fuiste a su habitación? -repitió abriendo los ojos.
- O sea, es que... -dudó- ¡Sí! Fui a su habitación.
- ¿Por qué, Pazhy?
- Porque una niña de la academia dijo que ella era una buena persona, que si tenía algún problema recurriera a ella... - Bill rió despacio.
- Pazhy... Ella es una buena persona, pero aún no entiendo cómo te pasó esto.
- No me preguntes eso, aún no puedo reponerme del momento.
- Pero, tranquila...
- ¡Bill! -gritó- Ella escuchó lo del beso, ¡Tienes que darle una explicación! ¿Te imaginas qué debe estar pensando? -trató de levantarse y salir de la cama, pero Bill la contuvo- ¡Te ordeno que vayas con ella, ahora!
- Tranquila, tranquila ¿No ves cómo estás?
- Da igual eso, yo estoy bien, ¡Ella no! -gruñó.
- No Pazhy, todo va a estar bien -suspiró- La veré hoy a la noche, hablaré con ella, o eso intentaré.
- ¡Te mato, Bill! ¡Te mato si arruinas la oportunidad! -dijo pegándole en el brazo.
- ¿Por qué eres tan escandalosa?
- Bill, yo hablé con ella pensando que no era ella, ¡Quiero decir...!
- Respira -dijo con calma- O tendré que llamar a una enfermera.
- Bien, bien, me calmo -manifestó al fin.
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Las horas no pesaban lo suficiente para sumergir mis pensamientos, Lourdes me dijo que antes de la conferencia debía asistir a una reunión con los jefes de otras empresas; el confiar tan ciegamente en una extraña y poco profesional adolescente como yo me ponía un enorme peso en los hombros, muchas veces los grandes ignoran las palabras de los jóvenes porque piensan que vivimos de ideas utópicas, nada aportivas para sus negocios.
En este lugar no se puede ni respirar con tranquilidad, siempre hay algo que hacer, la gente no deja de trabajar y a veces me pregunto si tienen tiempo para comer.
No quería dar la impresión de ser una muchachita tonta, por tanto, accedí a pensar frío y concentrarme cuidadosamente en todo lo que diría, pues nunca me había enfrentado con personas de tanto peso en un lugar, ni siquiera Tyler daba la cara para dar una buena impresión; prefería mandarme a mí, como una ruleta rusa, esperando que todo saliera como estaba premeditado, y si no, seguramente me arrepentiría por un largo tiempo.
- Te están esperando -dijo Lourdes y se detuvo frente a una puerta doble, la empujó y se quedó parada sin cruzar el umbral.
- ¿No me acompañarás?
- La invitada es usted, señorita.
- No conozco a nadie, ¿Qué pasa si alguien intenta herirme? -reclamé sin dar un paso adelante.
-Nadie la va a herir, son empresarios conocidos y serios en su área.
- Insisto, quiero que me acompañes.
- Está bien.
Avancé hacia la sala con Lourdes a mi espaldas y un sujeto con una bandeja de plata me atendió, sus cabellos rubios y ojos celestes se posaron en mí de una manera quieta pero muy intensa, queriendo vislumbrar todos los detalles de mi cuerpo de una forma casi inhumana. Los ingleses no están muy acostumbrados a ver latinas, mucho menos en asambleas tan importantes.
- ¿Se le ofrece algún trago, señorita Rojas? -me dijo.
- Sí, gracias -volteé- ¿Lourdes, quieres uno?
El individuo me miró confundido, como si yo acabara de decir alguna grosería.
- No- dijo en un tono seco y me agarró el brazo para movernos a otro lado de la enorme sala con personas de trajes carísimos y joyas que ostentaban sus enormes riquezas.
- ¿Por qué me miró así?
- No importa, no hagas caso, sólo haz lo que te diga.
Asentí por cortesía y seguí su paso hasta encontrarme con una mesa larga al fondo del pasillo.
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- No vayas a ahuyentarla.
- ¿Por qué dices eso?
- Tienes cara de estar enojado, así -Estefanía arrugó lo que más pudo las facciones de su rostro para que Tom la entendiera.
- No lo estoy -dijo en un tono sereno.
- Lo estaba, pero cuando escuchó el nombre Aracelly... -un golpe en el hombro le impidió a Georg terminar con lo que iba a decir, que de seguro era vergonzoso para el joven de trenzas que estaba apoyado en la pared.
- Ah, entiendo- dijo sin más la pequeña mujercita -No te preocupes, ya va a llegar, venía conmigo hasta la entrada, de ahí comencé a correr porque un sujeto nos había mirado raro, Aracelly no se inmutó, pero yo sabía que escondía algo -achicó los ojos- y lo más probable es que no nos dejarían entrar, le avisé que me apuraría y desde ese momento le perdí la vista.
- Entonces, debería llegar...
- Sí -volteó- ¡Y hablando de la reina de Roma!
La joven que había sido el centro de conversación por los minutos anteriores se hizo notar y saludó a todos antes de entablar una conversación con su prima.
- ¿Por qué saliste tan disparada, Estefanía? Te dije que tenías que estar a mi lado.
- ¡Ya te dije, ya te dije! -alegó- ¡Ese hombre nos quería echar!
- ¡Era un guardia, por el amor de Dios!
- ¿O sea que nos vio cara de delincuentes? -agitó los brazos y los cruzó- ¡Peor aún!
- ¡No!,¡Eres demasiado paranoica!
- Lamento interrumpir su conversación familiar, pero seguimos aquí -anunciaba animoso Gustav oscilando su mano.
- Lo siento -se disculpó Aracelly- ¿Cómo está ella?
- ¿Quién? ¿La importante para ti, o la importante para Bill? -se burló Georg, lo que le hizo merecedor de un codazo de Gustav.
- Creo que en ese caso es una sola persona -objetó la dueña de la pregunta inicial.
- En realidad no sabem... -sin poder finalizar, Bill salió de la habitación y se sorprendió al ver a Aracelly. Hubo un silencio incómodo que fue roto por la joven de pelo largo latina.
- Hola, Bill.
- Hola, Ara.
- ¡Qué ánimo! -comentó Estefanía.
- ¿Y mi amiga? -continuó.
- Es una larga historia... -suspiró Bill.
- Sí, sí, sí, ¿Podemos ir a otra parte? -se quejó el baterista.
- ¿Dónde está ella? -prosiguió Aracelly haciendo oídos sordos a la recomendación del muchacho de lentes.
- No sé, créeme que a mí también me gustaría saberlo.
Aracelly miró el piso, sabía, o tenía una enorme intuición de las condiciones que se estaban dando nuevamente en la relación de Bill y su amiga, el culpar a Bill por todo no era lo adecuado, mucho menos en una situación así, ni en un lugar como ése, por eso guardó silencio y siguió a los chicos por el pasillo. Se puso al lado del mozo alto y de cabello extravagante y le dirigió unas nuevas palabras para no cortar el hilo de comunicación; sabía que le debía unas disculpas por el malentendido que se formó.
- ¿Y tu amiga, cómo está?
- Mejor, se pondrá bien en unas semanas, tuvo suerte -intentó sonreír, pero su cara ya no reflejaba el mismo brillo que hace unos días atrás.
- Me alegro... -mordió sus labios y dejó que la culpa no la dejara sin palabras- Bill, camina más lento.
- ¿Me quieres decir algo?
- Algo así...
- No hay problema -con esto, obedeció la petición de Aracelly y dejó adelante a los demás para poder escuchar lo que ella tenía para comunicarle.
- Quisiera pedirte disculpas -dijo con la mirada en el suelo y las manos unidas hacia atrás de su cuerpo.
- ¿Por qué? -la inocencia de Bill por esas disculpas rozaba la ternura de un niño indefenso que buscaba una explicación.
- Por la vez que te malinterpreté, ya sabes -tomó aire- con Lala.
- ¡Ahh! -en su cara se dibujó una sensación de alivio- No te preocupes, eso ya pasó.
- Espero que no hayan tenido muchos problemas por eso...
- Unos cuantos -levantó una ceja- Pero se arreglarán.
- ¿Tuvieron problemas por lo que te dije?
- No -desmintió sólido- Por otras cosas, problemas entre nosotros.
- Bill... -Aracelly se detuvo y miró de frente al delgado chico, con una actitud dudosa, pero de un momento a otro muy convincente, lo abrazó y dejó su cabeza de lado.
- No estés así -la rodeó cariñosamente- Tú no tienes la culpa.
- Bill -levantó la cabeza y se separó un poco- Yo sé que ella es muy indecisa, y muchas veces te puede resultar fría e indiferente, pero por favor, -dijo en un tono tembloroso al borde de que el espejo de su alma se humedeciera- por favor no la dejes sola, ella te ama, Bill, yo sé lo mucho que te ama. Yo sé que ya no hablamos tanto, que ella pasa la mayoría de su día afuera y que sólo podemos tener un grado de comunicación antes de dormir, pero yo la conozco -en su mejilla ya se había dibujado el rastro de su emoción- Y desde que te vio a ti, la veo muy distinta, ella dejó todo allá en Chile por ti, viajó a Alemania con la ilusión de encontrarte a ti, aún recuerdo cuando todavía tenía miedo por contarme lo que pasaba contigo. Cuando ella llegó a Alemania y la acompañé a esa fiesta en la que tú estabas, ella no sabía si te iba a encontrar o no, Bill, el brillo de sus ojos cuando estábamos en el auto, esa esperanza de poder verte de nuevo... y no soy quién para decírtelo, pero es lo que pienso y siento como amiga de Laura; ella podrá tener discusiones contigo, podrá quejarse de muchas cosas, pero nunca, nunca te haría daño, y si algún día lo llegase a hacer, créeme que se sentiría muy m..
- Aracelly, detente -le cortó, mordiéndose el labio para no dejar que sus sentimientos se apoderaran de él.
- Bill, es verdad, te juro que es verdad.
- Yo lo sé, Aracelly, lo sé. Pero... -botó aire con fuerza- siento que últimamente he tomado muy malas decisiones.
- ¿Cómo cuales?
- No te gustaría saberlo, o si no, te arrepentirías de haberme pedido disculpas -se soltó finalmente y tomó asiento en una banca cercana. Aracelly se agachó frente a él para quedar a la altura de sus ojos.
- ¿Qué hiciste, Bill? ¿Es muy grave?
- Muy grave...
- ¿Qué tan grave?
- Grave, sólo grave -tragó saliva.
- Mírame -le decretó- ¿Le fuiste infiel?
Bill no deseaba responder, bajó la cabeza e intentó contener su rabia, a lo que Aracelly entendió; acarició el hombro del muchacho y le dio ánimos para que se levantara y alcanzaran al resto... Comprendió que de ahí, ya no podía hacer nada más, todo estaba en manos de él... y ella.
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- ¿Y Ara? -preguntaba la risueña jovencita mirando hacia atrás.
- ¿Y Bill? -agregaba el bajista de pelo largo.
- ¿Dónde se metieron?
- ¿Bill y Ara? -dijo Gustav. Al momento que todos sincronizadamente miraron a Tom.
- ¿Qué? -manifestó el muchacho de ropa holgada.
- Eso no es buena señal, viejo -bromeó Georg.
- ¡Por favor, es mi hermano! -dijo con indiferencia.
- ¡Y ella es mi prima!
- Eso no tiene nada que ver, Estefanía -rió Gustav.
- ¡No sé! ¡Era para cambiarle la cara de psicótico que tiene!
- ¡No tengo cara de...! -refunfuñó y se cruzó de brazos centrando sus ojos en la baldosa.
- Debe ser insoportable que tu propio hermano... -continuaba Georg- y tu novia...
- ¡Cállate! -gritó- ¡Ustedes me quieren volver loco! ¡Yo conozco a mi hermano!
- Sólo bromeamos, Tom. Si lo conoces no deberías enfadarte -expuso Gustav.
Era un cuadro dramático el que se vivía en ese entonces, los chicos reían por las cosas que podrían estar pasando por la cabeza del guitarrista al saber que Bill y Aracelly se habían desviado de la caminata que hace unos minutos tenían todos. Se dispusieron a esperar que ellos volvieran, o por lo menos, eso pensaban que pasaría.
Luego de unos 5 minutos, los pasos se oyeron a lo lejos y Estefanía pudo reconocer a su prima y los muchachos a Bill, nadie se atrevió a preguntar la gran duda que surgía en las sucias cabezas de todos. Menos Tom, ya que no tenía espacio en su cabeza para preguntarse algo, simplemente se le veía muy enojado por el momento embarazoso.
- Deberías hablar con Tom -aconsejó Estefanía a su prima que caminaba a su lado.
- ¿Por qué?
- No sé, por hablar, ¡Hace tiempo no lo hacen!
- ¡No me digas que estuvo pensando que Bill y yo...!
- Shhh -la silenció- No grites, el tema podría ser muy incómodo si estamos todos aquí, mejor invítalo al departamento.
- ¿Cómo lo voy a invitar? Tú vives conmigo.
- Digamos que... Tengo que salir -afirmó sonriente.
- ¿Ah, sí? ¿Dónde? ¿Con quién?
- ¡Oye! Mis padres se quedaron en Arizona, señorita -parloteó y siguió caminando sin dar la mínima información de su misteriosa salida.
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Sinceramente el escuchar las charlas de todos los sujetos de la sala me aburría, habían pasado 45 minutos desde que entré y no me habían dejado hablar, algunos proyectaban imágenes en la pared, otros hablaban de estadísticas, otros hablaban de las cuentas que tenían con otras empresas, todo era tan monótono que por poco me quedo dormida, pero Lourdes se encargaba de que yo pusiera el máximo de atención y que no quedara como una mal educada.
Pasaban largos minutos discutiendo el mismo tema, y hasta pensaba que yo estaba ahí solamente para marcar presencia, hasta que busqué el momento exacto para interferir.
- Lo que no logro entender, es por qué las ventas han bajado tanto y la sintonía se ha vuelto un factor preocupante en esta empresa -expresaba un sujeto de corbata y rasgos muy definidos mientras miraba su teléfono celular, seguramente de última tecnología.
En ese momento me levanté de mi asiento, obteniendo automáticamente las miradas de todos los hombres de esa sala.
- Es porque todo gira en torno a los adultos -dije, con seguridad. Lourdes me miró como queriendo decir "vuelve a sentarte, niña malcriada", pero seguí con mi postura - Lo que necesitan es una simple táctica, algo simple, al público adolescente le aburre la formalidad y lo complejo -hice una pausa para ver la reacción que tenían ellos, todos guardaban silencio, lo que me impulsaba a continuar- Pero sin olvidar la originalidad, el proyecto se debe plantear como algo nuevo, fresco, auténtico y simple, que llame la atención ¡Se luzca! Quizás muchos tratarán de mejorarlo, pero siempre es bueno ser el primero en algo, mucho más que ser el mejor. Así, la gente recuerda con facilidad... Los "mejores" programas de televisión nunca son los mejores siempre, porque hay otros programas que intentan igualar o superar ese nivel, pero el primero, siempre será el primero -finalicé.
Me dio un poco de miedo el que nadie emitiera un sólo comentario después de mi plática, dirigí mi mirada a cada una de las caras de los hombres elegantes y luego a Lourdes, que aún seguía con una actitud poco alentadora de lo que había dicho. Sin más, me rendí y tomé asiento nuevamente.
- Es... ¡Brillante! -dejó escapar por fin un varón con un cabello castaño suave y semblante de seriedad en sus ojos.
Acto seguido, todos comenzaron a murmurar entre ellos, cuando por fin el director de la reunión me dio las gracias y me comunicó que Tyler era muy afortunado por haberme escogido, claro, ese halago me hubiese sabido más dulce sin escuchar ese nombre.
La gente salió de la habitación con sus maletas y artefactos debajo el hombro, yo por mi parte busqué a Lourdes para seguir con la rutina antes de la conferencia de prensa, me llevó a otro pasillo que al fondo se atisbaba una escalera. Yo, como siempre, la seguí sin titubear.
- ¿Cuánto falta para la conferencia? -pregunté.
- Es a las 6 -dijo mirando su reloj.
- Tengo hambre, ¿Podemos comer?
Volvió a mirar su muñeca sin dar ánimos de una respuesta instantánea, sólo la dio hasta que llegamos a la recepción del rascacielos.
- Estás en horario libre, debes llegar a las 4 para la sesión de fotos, la entrevista y finalmente la conferencia.
- ¿Cómo? ¿Puedo salir?
- Sí, sólo hasta las 4.
- ¡Wow! ¡Creí que no iba a descansar! -dije animada estirando los brazos.
- El tiempo es oro, Rojas.
- ¡Sí, sí! ¡Gracias! -la abracé- ¿Viste cómo quedaron? -reí haciendo un gesto victorioso- ¡A ver la cara que tendrá Tyler! ¡Ni siquiera sabía si iba a funcionar! ¡Si no hubiese sido por ti, Lourdes, no me habría parado y hubiese dicho eso! -la volví a abrazar.
- Sólo vete... -me dijo- No llegues tarde.
Tengo que admitir que la frialdad de Lourdes a veces me deja perpleja, pero entiendo que es así como debe ser por su trabajo. Sea como sea, debo aprovechar este tiempo para tratar de relajarme y estar lista para lo que será mi primera conferencia de prensa. ¡Caramba! Suena tan serio que hasta llega a dar miedo.
Me preocupaba el hecho que sólo faltaba un día para la presentación de baile, mi plan era ir a visitarlos, es decir, comprar algún bocadillo rápido en el camino y aprovechar el tiempo para revisar cómo iba todo, y en realidad, poco me importaba que Nicole estuviera ahí. Claramente no iba a verla a ella, por mucho que fuese inevitable encontrármela. ¡Qué vida tan loca! Viajé a Estados Unidos por una razón; dirigir el baile, y ahora resulta que estoy haciendo de todo menos dirigir el famoso baile.
Al caminar por las primeras calles me sentí un poco mareada, casi olvidaba la condición en la que me encontraba, no podría caminar hasta llegar al estudio, mi única opción era llegar en taxi, pero primero debía encontrar un lugar para saciar mi hambre. Ahora más que nunca, debía alimentarme bien y dejar esa manía de no comer por demasiado estrés o asuntos raros en la agencia con Sam y Lourdes.
Los pasos aún me eran fáciles de ejercer, en algunos instantes me desorientaba al caminar, pero era simplemente porque mi marcha era muy acelerada, por ende, debía disminuir el ritmo y todo volvía a la normalidad, entre comillas. Cuando transitaba por las avenidas comerciales en busca de un restaurant me topé con muchas tiendas de ropa, entre ellas, una tienda para bebés, nunca pensé que iba a tener que entrar a una a tan temprana edad, aún no podía incorporar de lleno aquella noticia en mi vida. Pero, por alguna extraña razón, entré.
Las paredes tenían unos colores muy dulces para la vista, son esos típicos colores pasteles que junto con los miles de dibujos de criaturas peludas y con trazos delicados, hacían de la tienda un lugar muy agradable y feliz para quien examinara sus vitrinas. Caminé lento, analizando cada prenda que estaba separada por colores y estaciones del año, para mi opinión,la mayoría eran demasiado grandes, tocaba con cuidado el material de las ropitas, era tierno al tacto y encantador al imaginarse a un bebé usándolo. En ese instante no hacía otra cosa que pensar, las vitrinas de la tienda eran una especie de terapia para ayudarme a familiarizar lo que era ser madre, que para mis adentros sonaba como algo increíble, pero que me dejaba sin aliento al mentalizar cómo serían los primeros días en la vida de esa criatura, cómo enfrentaría ese momento, ¿En qué momento se enterará Bill? Claro está que no puedo ocultarlo por mucho tiempo, ¡Oh, vamos! ¿Quién podría odiar a una cosita tan pequeñita e indefensa como un bebé? De seguro mis padres cuando se enteren no sabrán que decirme, el hecho de no escribirles para saber de mi estadía es preocupante, y que la primera información que les llegue de mí sea un "¡Mamá, papá, serán abuelos" Es para sorprenderse y entrar un poco en trance. Aunque pienso que ellos no serían los únicos en un estado así, tal vez en el camino decida abandonar esto. Pero, ¿Cómo podría yo quitarle a este angelito la oportunidad de vivir? Por mucho que mi vida no sea la mejor para criarlo, algo debo pensar, pero ya habrá momento para eso, primero debo concentrarme en cómo se lo diré a..
- ¿La atiendo en algo, señorita?
Salté de susto a la inesperada intervención de la muchacha que me ofreció su ayuda.
- ¡Lo siento mucho! ¿La asusté? -me dijo con la mano en el pecho.
- No, no se preocupe.
- Bien, pero ¿Necesita ayuda con alguna cosa?
-No, sólo estaba... -señalé la vitrina- ...mirando.
- ¿Madre primeriza?
- Más bien, una madre todavía no asumida.
- ¡Oh! -rió- ¡Siempre pasa! Si me permite y no le incomoda, ¿Cuántos años tiene?
- Diecinueve, no me da vergüenza decir mi edad, ¡A menos que me vea más vieja!
- No, no, ¡Todo lo contrario! Su acento es muy particular, ¿Latina?
- Sí, chilena -sonreí.
- ¡Oh, chilena! -reiteró feliz y me dio la mano.
- ¡Sí!, Vaya... creí que aquí no conocían mucho Chile.
- ¡No, por favor! ¡Si es de América, se conoce, señorita!
Dí una pequeña carcajada por la simpatía que emanaba la maciza pero bella vendedora, luego de esto, miré mi celular y salí de la tienda, el tiempo se me estaba acabando, necesitaba comer y visitar el estudio de baile antes de las cuatro, todo minuto valía oro y se me era imposible darme el lujo de desperdiciarlo.
______________________________________
- ¿Las llevamos a casa?
- No, Georg, gracias.
- ¡Qué mal educada! -rezongó Estefanía- ¡Sí, claro que pueden llevarnos!
- ¡Pero no es necesario!
- Claro que lo es, Ara.
- ¡Ya, no peleen! -Gustav llegó a tiempo para detener la pataleta de ambas.
- Yo no iré -agregó Bill- Me quedaré con María Paz y después debo ir a ver a Lala.
- Buena suerte -dijo en voz baja su hermano gemelo luego de darle una palmada en la espalda.
- La voy a necesitar -respondió.
- Bueno, -dijo Gustav- entonces nos vamos con las chicas.
- ¿No les molesta?
- Claro que no, Aracelly -objetó Georg- es más, le hacemos el favor a Tom.
Todos miraron al pelinegro joven de trenzas, que seguía sin manifestar ninguna emoción con su cara.
- ¿No te molesta, Tom? -interrogó esta vez Aracelly mirando al alto muchacho.
- Hay otras cosas que me molestan -rebatió tajante.
Aracelly no respondió, pero claro estaba que Tom no tenía el mejor genio en esos momentos, por eso mismo tomó el silencio como la mejor decisión antes que se desatara una pelea entre ambos. "Ya habrá tiempo para conversar" se dijo a sí misma.
El auto los llevó rápidamente a su destino, Tom al volante no emitía ninguna palabra, pero eso a Aracelly no le importaba como para cambiar su estado anímico y volverse paranoica por la razón de su seriedad. En cambio a su prima sí.
- ¿Por qué no hablas con él?
- Porque es mejor que se le pase solo.
- Quizá se le pase con una conversación. -insistía Estefanía.
- No necesito darle explicaciones, él no es mi dueño.
- No seas tan egoísta -suspiró-... él te quiere.
Aracelly tomó aire y lo botó con fuerza, miró afuera de la ventana y luego miró hacia el frente, donde se encontraba Tom, se suspendió ahí por un instante hasta que una palabra se formulara en su cabeza y pudiese comunicarla de sus labios.
- Intentaré hacerlo...
- ¿Van a bajarse? -dijo con una sonrisa burlona Georg.
- ¿Ya llegamos? -decía confusa la jovencita santiaguina.
- ¡Así parece! ¿Viven aquí? -reía Gustav.
- Sí, aquí viven -dijo Tom con una voz más grave que lo habitual.
- ¡Mil disculpas, señor! -emitía con sarcasmo Ara- ¡No sigo ensuciando su preciado auto! -y abrió la puerta con fuerza acomodándose su cartera al hombro y dando pasos densos pero veloces hasta llegar a la recepción del departamento.
- ¡Eres un genio! -manifestó con fastidio el bajista.
- ¿Yo? ¡Ella se enojó!
- ¡Sí, ella se enojó por el genio tan agradable que tienes!
- ¿Y qué quieres que haga?
- ¡Sal del auto y síguela! -dijo Gustav desde el asiento trasero.
- ¿Qué?
- ¡Sí! ¡Ve y conversa como hombre! -añadía su amigo de cabello largo.
- ¿Seguros? -el tono de Tom comenzaba a cambiar paulatinamente.
- ¡No tienes nada que perder! -insistía el baterista.
- ¡Nosotros nos llevamos el auto! -seguía su compañero.
- ¡Holaaaaa! ¡Sigo aquí! -aleteaba la joven que no había bajado del auto junto con su prima- ¿Puedo dar mi opinión? -tomó aire al no recibir respuesta- Bueno, lo que yo pienso es que debes ir y tratar de calmarla, luego de eso, puedes empezar a explicarle del por qué estabas enojado, y por último (...) ¡Bueno, agrégale lo que quieras!
- Es... que
- ¡Ya, sal! -ordenó Georg dando un fuerte empujón que dejó con la mitad del cuerpo fuera del auto a Tom.
- No me ayuden tanto.. -se quejó luego de pararse y cerrar la puerta del vehículo.
- ¡Y no te preocupes por mí, probablemente no llegue esta noche! -alertó Estefanía.
- ¿Ah?.
Pero no obtuvo respuesta más que el sonido del motor y su mismísimo auto avanzando derecho por la calle hasta perderlo de vista. "Aquí voy" pensó, y dio los primeros pasos de algo que posiblemente, le significaría un riesgo.
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Mi estómago no tenía razón ya para crujir, había comido y mi siguiente parada era el estudio de baile, las calles estaban llenas, como de costumbre, y la comida que había digerido hace unos minutos me estaba pasando la cuenta, no era la idea hacer una escena enfermiza en medio de la calle, pero una sensación de agobio causaba una ingrávida torpeza al caminar, el clima no me acompañaba en absoluto y tuve que parar para sentarme en el suelo. Contaba hasta 10 en voz baja, esperando que mis engorros cesaran y me dejaran continuar en el tiempo adecuado, pero en vez de eso, me hacían contar nuevamente hasta diez, haciéndome creer que este muchachito no quería darme tregua.
No recuerdo cuánto tiempo estuve así, lo que sí evoco fue la vibración que sentí en mi bolsillo. Aspiré hondo para darle firmeza a mi mano y poder sacar el celular del bolsillo y posarlo en mi oreja, para cuando atendí, ya sabía de quién se trataba.
- ¿Qué sucede?
- Tuve un infortunio- sobé mi cabeza- ¿Por qué llamas, Lourdes?
- Porque ya deberías estar aquí.
- ¿Qué? ¿Qué hora es?
- Son las tres cincuenta y cinco.
- ¿Tan rápido?
- ¿Rápido? -se escuchaba un poco molesta, y no es para menos, hasta yo detestaba muchas veces mi irresponsabilidad.
- Es que -tragué saliva- ...se pasó veloz el tiempo.
- ¿Le pasa algo?
- No, estoy bien, sólo fue algo que comí.
Escuché que mi tutora murmuró algo y luego volvió al teléfono.
- ¿Dónde te encuentras? Te iré a buscar.
- Eh... -tomé vuelo y me paré para divisar la dirección- Ban..Bandi..
- Estás en Bandini -interrumpió- Quédate ahí, llegaré en unos minutos.
Es para preocuparse cuando Lourdes dice "Unos minutos", porque realmente es así, y no podía verme en estas condiciones, seguramente sospecharía y eso claramente no estaba en mis planes, así que agité mi cabeza y pretendí recuperarme para cuando su auto oscuro se estacionara frente a mi persona.
Así fue, caminé aparentando normalidad y me subí al vehículo con ella. Frecuentemente me imagino a Lourdes como mi madre, disciplinando todos mis movimientos de una manera estricta y yo queriendo engañarla fingiendo que todo está perfecto. Pero es mejor que ella viva con la mentira que trato de darle a conocer, después de todo, ella no me conoce lo suficiente para asegurar si acaso falsifico o no con mi salud.
El impedimento al no poder asistir al estudio me llenó la cabeza de impotencia, el tiempo me juega muchas malas pasadas, cuando estoy en la oficina con Sam o en reuniones de "trabajo" los minutos parecen pesar una tonelada, en cambio, cuando necesito dosificar mis propósitos, el reloj también lo hace con sus manecillas, algo así como si alguna fuerza extraña quisiese alejarme de toda la civilización.
El motor dejó de funcionar frente al mismo edificio que estuve hace horas, nada nuevo a estas alturas para mis ojos, me estaba acostumbrando a la programación que lleva ser "el rostro joven" de Tyler, miré a Lourdes por un minuto, dudé en mi pregunta pero finalmente no pude contenerla.
- ¿Qué ganas tú con esto?
Lourdes arqueó las cejas manifestando el escaso entendimiento a mi interrogación.
- Tú... -continué- ¿Qué ganas? o mejor dicho ¿Qué pierdes si no trabajas para Tyler?
- Esos son asuntos externos.
- Ustedes se meten en mi vida todo el tiempo, y si me niego a darles información la sacan por las malas, ¿Mi pregunta es inapropiada tomando en cuenta lo que acabo de decirte?
- Son cosas distintas -abrió la puerta de su auto-... cosas que una chiquilla de diecinueve cuestionaría mucho -pisó el pavimento y se arregló la chaqueta.
Bajé también y me puse a su lado al caminar.
- ¿Por qué tú no lo cuestionas? ¿Es un especie de chantaje, o algo así?
La mujer no me respondió y siguió su marcha como si nada.
- ¿Tyler es un tipo de mafioso que los controla? -insistí.
Esta vez habló con un tipo que nos condujo a una estancia con forma geométrica y muchas luces.
- ¿O acaso tienes sentimientos por...
- ¡Silencio! -me cortó- ¡Estoy intentando ayudarte! ¿Puedes concentrarte en lo que realmente importa?
Era primera vez que Lourdes me hablaba con un tono tan elevado, evidentemente estaba molesta por mi hostigamiento, pero yo deseaba que entre nosotras hubiese más comunicación que un simple diálogo "profesional", con ella pasaba la mayoría del día, debería entender que está jugando el rol de mis amigos, e incluso de Bill.
- Lo siento -dije e incliné la cabeza.
Minutos después, era la misma historia, la muchacha que veía mi vestuario, la otra mujer preocupada del maquillaje, y así. Esta vez fue más fácil porque Elizabeth ya poseía mi talla y había encontrado muchos vestidos para mí, me preguntaba ¿Realmente debo usar todos para una simple conferencia de prensa? Supongo que la voluntad de Elizabeth iba por eso, y quién soy yo para exigir algo aquí, si ni siquiera soy famosa o algo por el estilo.
Estaba lista, eran las cinco y media de la tarde, busqué en mi bolso una botella y me dirigí al baño para llenarla con agua. Lourdes estaba en un rincón de la sala con cientos de papeles en la mano, me acerqué lento y tomé asiento frente a ella.
- De verdad lo lamento por lo que pasó hace poco... -dije.
- Eso no importa- respondió sin despegar los ojos de los papeles.
- ¿Qué es eso?
- Es la programación de la gala.
- ¿La gala?
- ¡Claro, ahí estarás tú!
- Pensé que sólo era una conferencia de prensa -me sorprendí- ¿O sea que pasaré por una alfombra roja?
- Sí, y deberás dar entrevistas.
- ¡Pero si yo no soy conocida!
- Con la charla que tuviste temprano aumentaste tu popularidad. Mañana estarás en los periódicos -buscó entre el montón de papeles y me mostró uno impreso con una foto mía.
- Por eso el hombre que estaba aquí quería fotografiarme...
- Correcto -acentuó.
- Pero Lourdes, tú no me dijiste nada de esto ¿Y si lo hago mal?
- No querrás hacerlo mal -dijo con franqueza.
- Ya lo sé, pero es difícil, no sé nada de galas, ni alfombra roja -incliné la botella para tomar un sorbo y mojar mi garganta.
Lourdes dejó los papeles a un lado y tomó una bocanada de aire antes de mirarme por fin a los ojos.
- Tienes que estar tranquila, no mires mucho a la cámara, no sonrías si no es necesario, no hables como si fueras candidata presidencial, no dudes en tus respuestas, si sientes un flash sonríe. Si preguntan algo molesto, no respondas...
- Entiendo... -asentí con la cabeza.
- ...y cuando termine, ven de inmediato, ¿Está claro?
- Eso creo.
Froté mi cabeza, me levanté y arreglé detalles de mi vestido. Ya era momento de enfrentar todo como correspondía...
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