
- ¿Ah? -chillé sin tener entendimiento de nada.
- ¿Qué miras? -intrusó la parlanchina.
- Nada... -encogiéndose de hombros a la interrogante de Estefanía.
- Ah... -achicó sus ojos- ¿¡Qué miras!? -volvió a preguntar.
- ¿Qué? ¡Nada! -la insistencia estaba colmando la paciencia de Tom.
- ¿Y por qué no despegas tu vista de allá? -volteando su cabeza hacia la dirección que se refería.
Bingo, por fin Tom entendió el origen de la pregunta, de la nada se percató que no vio los enormes cristales verdosos de quien le hablaba, él sólo se concentraba en... ¿La muralla? Sí, la muralla, pues no había nadie en el sentido que apuntaban sus ojos.
- Esto no se quitará... -Aracelly salió del baño estrujando su cabello dejando caer pequeñas gotitas al suelo.
- Claro que se quitará, necesitas bañarte -se levantó- Sólo con agua no te lo sacarás de la cabeza...
- ¿Quién? -interrumpió el muchacho de aspecto rapero.
- ¿Cómo que quién? -dijo molesta Aracelly- ¡La harina en mi pelo!.
- Ah... -volvió a plasmar su vista en el punto de concentración que anteriormente miraba.
Estefanía dudó un poco de su expresión, pensó muy bien lo que iba a decir antes de lanzarlo al aire como si nada, en ese tiempo nadie emitió ningún sonido.
- ¿A qué vino esa pregunta, Tom?.
- Nada... Sólo, escuché otra cosa... -agitó su cabeza.
- Me iré a bañar... -Aracelly estaba preocupada de otro tema que claramente era mucho más importante que las palabras de Tom.
- Bien... Con Tom serviremos la comida -agregó la risueña chiquilla que miró a Tom esperando una señal de afirmación, pero nada.
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Vamos uniendo las cosas, eran casi las 3 y media de la tarde, la hora justa y correspondiente a los ensayos que acostumbraban a tener los integrantes del estudio Mtv, muchos no tenían ni la menor idea que ese día sería enteramente distinto a todos los anteriores, un rumor rondaba rebelde entre las bocas de todos, el rumor de una nueva coreógrafa, algunos ignoraban tal idea, encontraban absurdo que pudieran reemplazar a Laura, a final de todo, ella era la encargada casi por obligación del grupo, recordemos que fue un premio del concurso en Alemania y era demasiado improbable que de un día a otro ese puesto fuera sustituido como quien se cambia de ropa interior diariamente.
Se oyó la puerta, no fue precisamente la "nueva" directora, si no que Gerard quien hizo su entrada.
- ¿Tú aquí? -dijo sorprendida una muchacha.
- Si quieres reincorporarte ya es tarde, dejaste sola a Laura y no te mereces el apoyo de ninguno de nosotros -añadió desafiante un chico que se acercó a él dándole un pequeño empujón, a lo que Gerard respondió con otro.
- No vengo a bailar con ustedes... -dio un vistazo general a todos los rostros de sus ex-compañeros- ... me dan lástima, tan blandos e ingenuos.. -rió.
- ¿Qué es lo que quieres Gerard? -anunció Tiffany, una chica rubia de facciones finas.
- Supongo que ya saben lo de su directora... -dio dos pasos largos arrastrando las suelas de sus zapatos- .. es obvio, todos se enteran, son una plaga de idiotas...
- ¡Habla ya, si no quieres que te rompa la nariz! -amenazó Tiffany siendo sujetada por dos de sus compañeros.
- Bueno, no vengo a respirar más de su oxígeno, sólo quería presentarles a su nueva directora...- volteó sobre sus talones y dio una seña para que la mujer hiciera su entrada.
Nada más ni nada menos que Nicole Ramirez, la alta y delgada Nicole que sostenía sobre su hombro un bolso deportivo y llevaba un buzo gris con un moño alto sujetándole el cabello.
- ¡Hola! -saludó con su mejor sonrisa.
- Hola.. -dijeron a coro.
- Te dejo, ya hice mi parte... -Gerard echó una última ojeada al salón y salió pasando por el lado de Nicole- No lo arruines... -murmuró entre dientes al caminar cerca de ella.
- Bueno... -tiró su bolso al piso- Yo soy... Nicole Ramirez...
- Hola Nicole... -contestaron todos.
- ¡Sí! -dio una risita de nerviosismo y simpatía- Llevo muy poco tiempo en Los Ángeles y... seré su nueva directora...
- ¿Y la señorita Laura? -preguntó una niña, se veía la más joven del grupo.
- La vengo a reemplazar, corazón... -respondió tratando de controlarse al escuchar ese nombre.
- ¿Quién te contrató?
- Eh.. Chicos.. ¡A ensayar! -dando una notable indiferencia a la interrogante anteriormente formulada y acercándose a la radio.
No quedaba otra, fuera Lala o no, ellos sólo debían seguir órdenes de la directora, aunque no la conocieran ni tuvieran la suficiente confianza con ella, muchos lucían decepcionados, otros simplemente no querían bailar, esto causó un terrible llamado de atención.
- Los de atrás -paró la música- ¿Por qué no están calentando con sus compañeros?
- ¿Cómo sé yo que no eres una impostora? -dijo el mismo chico que desafió a Gerard cuando hizo su entrada.
- ¿Tengo cara de traer malas intenciones? Amo tanto el baile como ustedes... -se defendió firme.
- Pero Gerard te trajo.. -interfirió el otro chiquillo que le acompañaba apoyado en la pared.
- ¿Y eso qué tiene que ver? Que me traiga Gerard o el presidente de los Estados Unidos, da igual -proclamando autoridad.
- Ni siquiera sabemos si de verdad bailas Michelle...
- Me llamo Nicole, y si esa es su "Gran Duda" entonces déjenme darles una pequeña demostración... -caminó al equipo y programó unos botones-
[ Poner Play: http://www.youtube.com/watch?v=JX-1q_Lpzp8]
Comenzó a escucharse el retumbar de los parlantes y Nicole retiró su polerón para quedar con un peto color violeta y empezar a moverse al bit del tema escogido.
No hay que subestimar a Nicole, sus movimientos eran limpios, prolijos y bien ejecutados, tanto así que llegaba a dar gusto verla bailar, a medida que avanzaban los segundos los chicos se entusiasmaban y algunos quedaban boquiabiertos con la precisión y el trabajo de la chilena, si había alguien que podía cubrir el talento de Laura, definitivamente era Nicole, no del todo, pero si gran parte de los requisitos que esta responsabilidad exigía, nada mejor que la sangre latina de la muchacha para hacer que las inquietudes que los chicos vivían por la ausencia de su querida Directora, ahora Ex-Directora Rojas desaparecieran por unos días, por lo menos el tiempo que tomara volver a la normalidad.
[Esperar al 1:02 y pausar]
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- Escucha María Paz, voy a dejarte aquí, pero debes prometerme no despegarte de mi lado, todo lo que hagas puede ser el centro de los periódicos de mañana...
- Ok -respondía asintiendo con la cabeza.
- Así que mantén distancia de mí... -agrego Bill apagando el motor del auto.
- ¡Pero hace unos segundos me dijiste que no me despegara de ti!
- ¡Claro! Pero no... O sea, sí debes hacerlo pero no me refería a eso exactamente... Eh... -movió sus manos queriendo ejemplificar hasta rendirse.
- No entiendo... -abrió de golpe sus ojos dando a conocer su miedo e inseguridad.
- Mira... -salió del auto-.. sólo asegúrate de pasar desapercibida...
- ¿Contigo? .
- Sí -confirmó.
- Lo dices como si fuera lo más fácil del mundo ¡Bill, todo L.A. te conoce! -abrió su puerta para salir.
- Tienes razón... -suspiró- Entonces debemos regresar... -caminó de nuevo al vehículo.
- ¡No! ¡Espera! -le tomó el brazo- ¡Ok, discreción! Juro pasar desapercibida.
- No Pazhy, no quiero ponerte en riesgo como lo hice con...
- ¡Anda, Bill! -le interrumpió antes de dejarlo terminar -¡Te juro que no correré peligro! ¡Me portaré bien!
- Pero...
- ¡Pero nada, por favor!... Hazlo por mí..-juntó las palmas.
- ¡Uff! -botó aire de golpe- Está bien, pero sólo serán 10 minutos... ¡Sólo 10 minutos María Paz! -enfatizando con fuerza.
- Sí, sí, sí -lo empujó hacia adentro para soltarlo después y dejarlo adelante- Yo te seguiré... -susurró y retrocedió unos pasos -¡Haz como que no existo!
- Esta niña... -la miró hacia atrás.
- ¡Mirada adelante capitán! -movió sus brazos. Bill rió.
- Sólo serán 10 minutos... Espero... -culminó y llegó a la recepción.
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- Tom, ¿Confías fácilmente en las personas? -Estefanía sacaba los cubiertos del cajón para ser repartidos.
- No, o... En realidad depende.
- ¿De qué depende?.
- De la persona, lógicamente -se dejó caer en el sofá.
- ¿En mí, podrías confiar? -dejó de poner la mesa y procedió a acercarse.
- Eso creo... pero tú... eres familiar de Ara, así que, tan extraña... No eres...-se enredó con la lengua- Digo... Ah, bueno.. tú entiendes...
- Sí, entiendo... Aunque no siempre tengo un lado loco y todo eso que la mayoría de la gente piensa... -se sentó a su lado.
- Comprendo... eso es bueno, siempre digo que la vida debes disfrutarla y todo eso... -rascó su cabeza.
- ¿Si te pregunto algo... me responderías con la verdad? -manifestó pegando su mirada en él.
- Sí, eso espero... -movió los ojos.
- Pero antes necesito que me mires... -afirmó seria, casi como si no fuera ella.
- ¿Para qué? -hizo caso a la petición pero aún sentía curiosidad por saber qué tenía entre manos, el asunto ya lo estaba empezando a incomodar un poco.
- Si tú me lo dices, yo prometo no contárselo a nadie, ni siquiera a mi prima... -sus ojos pasaron de un verde normal a un tono casi blanco.
- ¿Qué cosa? -Tom desbordaba miedo hasta por los poros, sentía que se le helaba la cabeza, más aún con esos penetrantes ojos que lo intimidaban y lo hacían sentir pequeño y diminuto.
- Primero necesito tu promesa de sinceridad... Esto significaría mucho, podría cambiar muchas cosas... No sé si entiendas la seriedad del asunto...
- AJubiugs -y era de esperarse, Tom suele quedarse en blanco y pronunciar palabras que no tienen ningún significado cuando no puede más del nerviosismo, este era uno de esos momentos.
- ¿Lo prometes? -mostró su mano.
- Es-Estef-anía... -la voz le tiritaba.
- ¿Lo prometes, Tom? ¿Sí o no? .
- Ssssss-sí.. -tragó saliva, podía sentir como el corazón se le salía en cualquier momento.
- Te introduciré un poco... Es sobre amor... -aunque tratara de alargar y hacer más cómoda la conversación Estefanía seguía seria, y eso era lo que atormentaba a Tom.
- ¿Amor? -el frío se le bajó bruscamente a las manos, ya no podía sentirlas.
- Sí, amor...
- ¿Y qué cosa de amor? -la parálisis no se detenía, ahora iba por sus piernas.
- Necesito saber si tú... -los silencios que hacía Estefanía eran un suplicio tortuoso para Tom que ya comenzaba a tomar un aspecto casi moribundo al tratar de indagar lo que quería decirle -bueno, no sé como preguntártelo... -Tom estaba en el límite de todo, sentía que caería desmayado por la presión en cualquier momento...- si acaso tú sientes...
- ¡Estefanía, Estefanía! -la interrumpió como un relámpago- ¡Por favor no! No me digas eso, no me lo digas, ¡Me vas a asesinar! Además tu prima está a pocos pasos de aquí, quizás escuchó todo y.... y.... -tomó una bocanada inmensa de aire.
- ¿Ah? -levantó sus cejas formando un arco asimétrico.
- Yo sé que mi fama de mujeriego me persigue y sé que soy un estúpido que se deja guiar por los impulsos, soy muy débil en ese sentido, ¡Por favor no lo hagas!.
- ¿¡Qué carajo!? -acentuó sorprendida.
- No siento nada por ti, y si te enamoraste de mí, lo siento, por favor, pero amo a Aracelly, ¡La amo, estoy enamorado de ella!
- Wow... -calló por unos minutos y después soltó una risa incontrolable-
- ¿De qué te ríes? -Tom aún conservaba su cara de terror.
- ¿Por qué creíste que yo... y tú? ¡Jajajajajajajajá! -tapó su boca para intentar calmarse de los espasmos que le provocaba la situación absurda que estaba viviendo.
- ¿Qué? ¿No era eso? -la cara aterrorizada de Tom pasó a ser de una duda irrevocable.
- ¡No! ¿Cómo se te puede ocurrir semejante cosa? -decía entre carcajadas.
- ¿Entonces?
- No importa, ya sé lo que quería saber... -sonrió luchando contra su aún intacto alborozo y calmándose.
- ¿Qué? ¿Cómo que ya sabes?
- Ah, Tom ¡Relájate! Cambia tu rostro, en serio... -le dio una palmada en la espalda.
- Eh... sí... tienes razón... -decidió no hablar más y tratar de olvidar la embarazosa escena que había ocurrido unos segundos atrás, ahora su cara se pintaba de un rojo intenso que tapó con un cojín del sillón.
- Ahí viene... -se paró y fue en busca de Aracelly - ¿Y.. salió la harina?
- ¡Sí! Gracias al cielo... -sonrió alegremente.
- Ahora yo tomaré una ducha... -entrando a su alcoba- ¡Ah! -retrocede- ¡No coman sin mí!
- ¡Claro que no! -gritó Aracelly.
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Que si acaso me daba un poco de miedo estar entre tanto policía e integrante del FBI, sí me asustaba, sólo un poco.
Lourdes me condujo a una sala llena de computadoras y pantallas gigantes, todos se concentraban en escribir fórmulas extrañas que no entendía en absoluto. Claro, no pueden pedirle tanto a una estudiante de medicina, con suerte sé las fórmulas complejas de la genética, y con esto de congelar mi año... ¡Ah! Al grano, no estamos en Alemania ni en la universidad...
- Traje a la niña... -le anunció Lourdes a un hombre que manejaba una máquina con muchos botones y miraba a una pantalla, bueno, sólo hasta que volteó para escanearme detenidamente, ya estaba acostumbrada a que lo hicieran, uno más, uno menos.
- Así veo -se levantó. El sujeto tenía una cara muy larga y delgada, su cabello era rizado y tenía un estilo un tanto "De Hollywood" -Sam Peterson, a sus servicios querido Diamante- estrechó mi mano.
- ¿Diamante? -espero que haya sido un cumplido.
- Sam, los datos... -impuso la mujer de mi lado.
- En un segundo -se sentó y giró la silla para empezar a teclear algo en su computadora y proyectarlo en la pantalla. Lourdes y Sam lo miraban detalladamente como obsesionados por tanta letra y códigos que yo consideraba incoherentes, o tal vez era demasiado ignorante para entender todo lo que el mensaje contenía.
- Eh.. Disculpe -le dije a Lourdes- Pero... ¿Qué rol cumple él en lo que respecta a mí? -pronuncié en voz baja-
- Ambos somos tus tutores, Sam es especialista en tecnología y computación, será el encargado de protegerte de los medios...
- ¿Cómo eso? -pregunté curiosa.
- Cuando los medios quieran filtrar información falsa de ti, él intervendrá para que toda esa información desparezca y será propietario de todas tus cuentas de redes sociales.
- ¿Qué? ¿Hasta de Facebook?
- Dije todo... -reiteró Lourdes.
- Pero él no sabe mi contraseña...
- No necesita saberla, por algo trabaja para el FBI... -afirmó.
- ¿Es un hacker?
- En realidad no, sólo sé los principales códigos que inventó Mark Zuckerberg en seguridad de su red social, que por cierto, son bastante básicos... -dijo Sam sin despegarse de su computadora.
- ¿Llamas al creador del Facebook un hombre básico? -me sorprendí.
- No, su seguridad es básica.
- Ah... -me sentía como un bicho raro entre tantos genios, yo que me creía la gran cosa por estudiar medicina...
- Bingo... -victorió Sam.
- Bien hecho -Lourdes tomó su libreta y comenzó a escribir.
- ¿Qué pasó? -me interpuse.
- Aquí está tu primera tarea... -me dijo ella aún escribiendo.
- Yo sólo veo... números... y... ¿Fotos? ¿Pero eso qué tiene que ver? -traté de descifrarlo pero fallé, y no quería lanzar palabras para que se burlaran.
- Yo veo una gran responsabilidad -dijo Sam con una sonrisa alentadora hacia mí. Sí, este tipo sin duda es mucho menos frío que Lourdes, o probablemente yo le caigo mal a ella.
De pronto sentí como si el aire que absorbían mis pulmones se fuera a mi estómago y cabeza, me sentía mareada y con muchas náuseas... La misma sensación que viví el otro día, sentía una necesidad enorme de tomar o comer algo.
- ¿Dónde está el baño? -pregunté sin importarme si era apropiado o no para el momento.
- Por allá -dijo Sam llevándome hasta la puerta y señalándome con su mano.
- Gracias... No tardaré... -espero que mi cara no haya delatado lo que pasaba dentro de mí.
- Es adorable... -se sentó nuevamente a escuchar lo que su compañera tenía que decir, sin embargo, Lourdes no dijo nada.
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