viernes, 11 de marzo de 2011

Capítulo 16 - "Se acabó el juego"


No puedo creer que vaya a aceptar esto, pero ese imbécil es capaz de hacerle daño a... ¡Ah, Lala! ¿Alguna vez hiciste algo por miedo? Disfruta tu primera vez...
Bajé del auto y me eché el bolso al hombro. Tyler entró por un pasillo junto con dos guardaespaldas así que lo seguí, me topé con dos sujetos: un hombre alto y una mujer de tez más oscura que la mía y con una placa en su chaqueta que obviaba su participación en el FBI, respondí al saludo de forma veloz y sin perder más tiempo entré a la siga de Woods.

**

La chica era verdaderamente joven, a Sam y Lourdes les sorprendía de forma casi terrorífica que esa pergenia fuera la encargada de algo tan grande como ser la cabecilla de la empresa. Al verla pasar al hombre se le ocurrió dar una fugaz opinión.

- Es linda... ¿Te agrada?

Lourdes volteó para asegurarse que la muchacha ya no se encontraba ahí para escuchar la conversación que tenían en su nombre.

- Es una niña... -dijo y se encogió de hombros dando a conocer su poca preocupación por alguien que le arrebatara el protagonismo tanto a ella como a Sam.

- Una niña muy especial se ve...

- Sólo una niña, Sam... -recalcó para apoyarse en el auto.

- No te pongas celosa, Tyler no se olvidará de ti -pasó por delante de ella y entró por la puerta que había desaparecido su jefe.

- ¡No estoy....! -refunfuñó la fémina morena y siguió a su compañero.

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Cito:

"Si bien existe una poderosa ley de atracción de la cual se ha hablado muchísimo, sin embargo esta ley se rompe cuando estás obligado a pensar algo que no deseas, o a hacer cosas sin tu concentimiento, aquí entra el papel del miedo, a proceder a accionar a costa de tus temores y curiosamente también por el amor hacia tus cercanos"

***

- ¿Qué haces aquí sola? -sentándose al lado de su amiga.

- Tom llamó a los chicos por algo de... ¿Un pañuelo?- arqueó las cejas.

- ¿Un pañuelo?... -tocó su mentón- mm... En fin, ¿Quieres salir a dar una vuelta?

- ¡Sí, claro! ¡Cuánto deseo conocer Hollywood!

- Yo cuanto deseo olvidarme de Hollywood... -dijo suspirando de cansancio.

- No estés así Bill- le besó la mejilla- .. ¡Ahora vamos a divertirnos!

- Sí.. A divertirnos... -terminó queriendo ponerle tanto entusiasmo como María Paz, pero fue inútil.

Aún era temprano, era el día perfecto para salir a pasear por las calles de Los Ángeles, un Domingo relajado y adecuado para disfrutarlo al máximo antes de que empezase la rutina semanal, sin embargo no podemos olvidar que Bill seguía siendo famoso y no podía salir así como así a la calle, debía hacerlo con sus guardaespaldas, esto a Pazhy no le molestaba, ella sólo quería pasar un día con su gran amigo que hace casi una década no veía. Recordar los viejos tiempos.

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El aire que corría en el jardín del Hotel Phoenix era tan agradable que nadie podía negarse la invitación de tirarse con su toalla al Sol y disfrutar de la piscina, así mismo Dominique y Colette lo hicieron su día libre, agradecían enormemente que ese loco de Luke les hubiese dado un día de descanso de su estúpida obra que no decía nada coherente. Sí, eso ya las estaba agobiando un poco pero ni Domi ni Colette se atrevían a comentarlo por miedo a dañar las expectativas de la otra.

- ¡Está lleno! -dijo la francesa después de estirar sus brazos.

- Claro que no, sólo hay unos pocos -escaneaba detrás de sus lentes de sol.

- ¿Y si regresamos más tarde? No me puse bloqueador... -volteó para escuchar la respuesta de Dominique, mas la chiquilla ya tenía más de la mitad de su cuerpo zambullido en el agua -Creo que eso es un no...

- ¡Está deliciosa el agua! -refregando sus ojos -¡Ven Colette!

- Pero no me he echado bloqueador, soy sensible de piel.

- Pffff. Bueno, pero no demores... -finalizó para meter nuevamente su cabeza y nadar hacia el otro extremo.

- Claro que no demoraré, es más, no tendrás que esperarme... -decía mientras caminaba hacia la suite hablándose a sí misma -¿Por qué no le dije que odio el agua?- sostuvo su frente en señal de lamento -Pensará que soy idiota, yo la invité a la piscina y no me gusta el agua... ¡Pero es que no podía inventar nada mejor en ese momento!... Ya, ya Colette, no te vas a morir por mojarte, creo... -dijo esta última palabra con evidente inseguridad.

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- ¿Dónde están mis baquetas?

- No, ya no están...

- ¿Qué? ¿Y por qué me hiciste venir, Tom? -preguntó molesto.

- ¡Porque debía sacarlos de ahí antes que metieran las patas!

- ¿A qué te refieres? Dejamos sola a la amiga de Bill, eso sí que es meter las patas... -dijo Georg.

- Ustedes no entienden... Ella no debe saber que la coreógrafa es Lala.

- ¿Y por qué no? -dijeron ambos al unísono.

- Piensen... -dejó volando la interrogante. Los chicos guardaron silencio por un momento y expresaron:

- No se me ocurre... -contestó Gustav.

- A mí tampoco. -apoyó su compañero. Tom tomó aire antes de insultar la poca inteligencia de ambos e intentó tranquilizarse para poder explicar mejor.

- María Paz es muy cariñosa con Bill, y si Lala llega a ver eso se pondrá celosa... -vio la cara de Georg y Gustav, su expresión no cambiaba en nada- ¡Y eso traería problemas a la banda! -recién en ese instante la preocupación se hizo notar en los dos.

- ¡Cierto! -gritaron los dos.

- ¿Entienden ahora? ¡Entonces no deben decir nada!

- Pero tarde o temprano lo sabrá, Tom... -dijo el bajista.

- Sí, pero prefiero que lo sepa por ella misma -contestó.

- Buena idea... -dijo Gustav como queriendo agregar algo a lo que ya era una charla cerrada.

- ¿Qué hacemos ahora? -interrogó Geo.

- Pues, yo saldré y ustedes.... Ustedes.... No lo sé -corrió a tomar sus llaves.

- ¿Dónde saldrás?

- A tomar aire Gustav.... -dijo con un rostro como ni creyéndose a sí mismo- A tomar aire... -reiteró y cerró la puerta.

- Espero que no se lo lleve el aire...

- Se lo llevará y no traerá nada... -añadió el baterista entendiendo las pretenciones de Tom.

- ¿Partida de Ping-pong? -invitó su amigo.

- De acuerdo...

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- ¡Estefanía, tú no sabes cocinar!

- ¿Cómo que no? ¡Claro que sé! -decía sacando un envase de harina del estante.

- ¿Y qué harás?

- Haré pizza. -dijo poniendo el envase en la mesa.

- ¡Qué exquisitez! ¡Amo la pizza! -levantó los brazos- Pero.... ¿No saldría más fácil pedir una lista? -viendo todos los ingredientes que dejaba su prima.

- No, porque la pizza casera es mejor... ¡Sobre todo si lo hace Tefa!

- ¿Tefa? -preguntó extrañada.

- Solían decirme así de pequeña... Creo que es más corto que decir Es-te-fa-ní-a.

- Sí... -rió -¿Estás segura de esto?

- No preguntes bobadas, ¡Es tiempo de poner las manos a la obra! -aplaudió y comenzó a esparcir la harina por la mesa.

- Oh no, ¡Esto yo no me lo pierdo! -se levantó del sillón para acomodarse frente a su prima en una silla.

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Salía ya del rascacielos, la convulsión en sus músculos se hacía notar a 500 km de distancia, pero aún así lo negaba y decía "estar bien y calmada" probablemente para no preocupar a Gerard y que éste tuviera plena confianza en que todo funcionaría.

- Por aquí es... -corrigiéndole a Nicole, quién había seguido derecho por una calle errónea- Entonces repasemos... Cuando llegues, tú...

- Me presentaré y me pararé firme a cualquier canción que sintonicen... -respondió fría.

- Dame eso... -tomando el bolso de la niña y poniéndoselo en el hombro. Nicole se detuvo.

- ¿Por qué hiciste eso?.

- ¿Qué cosa? -preguntó.

- Ayudarme con... mi bolso... -su cara parecía deformarse frente al gesto del blondo.

- Estamos juntos en esto... ¿No? -siguió caminando como dando a entender que el asunto ya estaba resuelto.

- Sssí.... -respondió confundida para posteriormente seguir con el paso de Gerard.

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No tenía nada en particular de la antigua oficina de Tyler; personas por todas partes, artículos tecnológicos, guardias en puertas y ventanas, sujetos que te miraban como si fueras a robarle algo... En resumido, un lugar agradable para estar, hablando irónicamente.

Me gustara o no, sería mi lugar de "trabajo" y sinceramente aún no entendía de que se trataba todo esto... Espero que no me hagan fusilar personas o absorber los cerebros de idiotas que no puedan defenderse.


- Entra aquí y espera a tus tutores... -Tyler abrió una puerta y me vigiló hasta que obedecí su orden y me apoyé en la muralla- Espero que estés cómoda- fue lo último que pronunció antes de dejarme sola en una sala que no tenía más que un lavabo, focos de luces en el techo y un armario pegado a la pared.

- ¿En qué me metí...? -suspiré y saqué el celular de mi bolso- Tengo que avisarles a todos que la gala se corrió al Sábado... -apreté el botón verde y esperé a que me contestara.

- ¿Hola? -dijo del otro lado.

- Ying, soy yo, Laura, escúchame, ya sé lo que hiciste y no me voy a enojar por eso, entiendo por qué cediste, creo que yo también estoy haciéndolo, olvidemos eso ¿Ok?.

- Lala, yo... Discúlpame, él me obligó, dijo que... -su voz se escuchó débil y temblorosa.

- No, no te preocupes... todo está bien... -traté de calmarla. Escuché unos sollozos y continuó.

- No tenía cara para poder hablarte como si nada después de todo...

- Ya pasó Ying, ya pasó... Necesito que le digas a todos que la gala será el Sábado...

- ¿Qué cosa? ¿Por qué? -su tono cambió a alterada.

- Hablé con Tyler y dijo que nos daría 3 días más, creo que es lo correcto después de mi ausencia...

- Pero Lala, nos dijeron que vendría una nueva directora hoy...

- ¿¡Qué!? -di un grito que hizo eco en toda la sala.

- Eso, Richard nos informó ayer sobre una nueva reemplazante...

- ¿Y quién es?

- No sé, no nos dieron detalles, hoy la conoceremos...

- ¡Pero...! -pateé la muralla con todas mis fuerzas- Ok... -inhalé y exhalé- Ya no puedo hacer nada por hoy... -me quejé por el golpe que me propinó un calambre en mis aún débiles piernas- Mañana trataré de ir...

- Bien, cuídate mucho...

- ¡Ying! -le interrumpí.

- ¿Ajá?

- ¿Que más le dijiste a Tyler aparte de Bill?

- Bueno.... -la puerta sonó de golpe y casi por inercia corté la llamada.

- ¿Laura Rojas? -era una mujer alta, la misma que vi cuando entré, llevaba una carpeta en sus manos.

- Sí.. -respondí y me guardé el celular en el bolsillo.

- Me presento -bajó la carpeta y me estrechó la mano- Lourdes Foreman, psicóloga y especialista en armas de fuego, seré tu asistente social.

- ¿Ah? -respondí a su gesto- Yo soy... bueno, ya sabe quien soy...

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- Y después lo amasamos -dijo Estefanía buscando un uslero entre los cajones del mueble.

- Eso no parece una pizza...

- ¡Silencio! No sabes apreciar el arte culinaria...

- ¿Qué tendrá? -mirando el pedazo de masa que estiraba su prima.

- Tendrá... tomates, salsa, jamón... -su nariz comenzó a picarle y tomó una gran bocanada para culminar en un estornudo que dejó a Aracelly cubierta de harina.

- ¡Oye! -alegó dándose palmadas en la ropa- No es justo... -tomó más harina en sus manos y se la arrojó en la cara-

- ¡Aracelly! -tosió y le devolvió la acción, esta vez tirándole un huevo.

- ¡Mi pelo! -rió inevitablemente- ¡Me vengaré! -tomó la masa y se la presionó en toda la cabeza.

- ¡Era mi pizza! -alegó llena de carcajadas y se sacó la mezcla del cabello.

- ¡Ya no hay pizza! -bromeó y siguió tirando cosas.

- ¡Es tu culpa! -la empujó hacia el sofá.

El juego entre las dos muchachas hacía aún más ruidoso todo el lugar debido a su alborozo y las cosquillas que ambas se hacían, pero no contaban que en ese mismo minuto alguien interrumpiría abriendo la puerta.

- Arace.... -apartó el polvo blanco de su vista con las manos y tosió con dificultad. La chilena volteó para ver de quien se trataba.

- ¿Tom? -achicando los ojos tratando de visualizar mejor entre todo el polvo.

- ¡El niño de trenzas! -celebró Estefanía poniéndose de pie.

- ¿Qué es esto? -preguntó con los ojos como huevo frito.

- ¿Una pizza? -rió la chica de ojos verdes.

- ¿Cómo llegaste aquí? -interrogó Aracelly levantándose tratando de limpiar sus prendas y cabello.

- Busqué tu nombre en el... ¡Ah, no importa! -se rindió al querer explicar.

- ¡No puedes estar aquí! ¡No me puedes ver así! -lo empujó hacia afuera tapándose la cara.

- ¡Pero traje comida! -levantó las bolsas que traía en sus manos.

- Entonces sí puedes... -lo enganchó del polerón impulsándolo hacia adentro nuevamente -¡Tefa, tenemos comida!

- ¡Wohoo! ¡Tenemos comida! -saltaba con una sonrisa de oreja a oreja.

- Vaya... -Tom quedó anonadado por la escena casi infantil pero simpática de la cual estaba siendo testigo, dejó las bolsas en la mesa y ayudó a las chicas a limpiar todo el desastre.

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- ¿Te gusta?

- ¡Sí! Es tan bello, es como siempre lo imaginé en mis sueños... -decía Pazhy maravillada con todo el ambiente de L.A.

- Qué bueno que te guste...

- ¿Sabes dónde está mi estudio?

- Eh... -"¿Por qué tenía que preguntarlo?" pensó- Sí, pero estamos muy lejos...

- Qué pena... Yo quería conocerlo... -agachó su cabeza.

- Ah... Pazhy... -miró el cielo- Está bien, te llevaré...

- ¿De verdad? ¡Gracias! -lo abrazó fogozamente por el torso.

- De nada... -"Bill... ¿Por qué tienes que ser tan blando?", volvió a meditar-
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- ¿Tienes sed, hambre?

- Eh, un poco de sed... -respondí.

- Ten.. -se acercó a un minibar (del cual no me había percatado en la habitación), sacó una bebida y me la entregó.

- Gracias -abrí la botella y di un primer sorbo profundo.

- Bien, tu número es el 278 -cerró la puerta y se dirigió al armario, sacó un perchero con un traje oscuro.

- ¿Cómo? -al cabo de terminar mi pregunta me lanzó el atuendo y lo sobrepuse en mí.

- Por allá hay un espejo... -señaló con la mano.

- Wow, esto parece laboratorio de Sherlock Holmes, todo está bien escondido... -sonreí intentando que la mujer dejara su seriedad pero no hubo caso -Es lindo ¿Qué opinas tú? -volteé para quedar frente a ella- ¿Me veo misteriosa? -volví a levantar mis comisuras. Ella hizo una mueca con la boca.

- Tyler no te lo dijo, ¿Cierto?

- ¿Decirme qué? -levanté las cejas y junté mis labios.

- Esto no es un juego Rojas, vamos a trabajar...



sábado, 5 de marzo de 2011

Capítulo 15 - "Cavando mi tumba"


Cito:

"No siempre tenemos todo lo que queremos, es más, casi nunca lo podemos conseguir. El ser humano se interesa realmente por las cosas difíciles, por lo inalcanzable, lo poco probable y lo insano para sí mismo, como si le complaciera todo el masoquismo que esto implica."

El día aún no acababa para todos, si bien Laura había decidido dormir y olvidarse del mundo por las ocho horas siguientes, Aracelly acudía impaciente al interior del Phoenix con Tom del brazo, su camino se vio interrumpido por el de Bill, quien estiraba sus largas piernas para avanzar a toda velocidad. Aracelly le vio, pero Bill no vio ni a Tom ni Aracelly, la situación de "urgencia" le impedía tomar atención de los factores externos que se interponían en su carrera.

Unos pequeños comentarios fueron los que hicieron sobre la salida del muchacho, a Aracelly no le costó encontrar a su prima para llevársela a casa y tratar de remediar las cosas, lo que respectaba Joe, sólo saludó por cortesía y cruzó unas veloces miradas con Tom, seguramente por el evidente parecido que tenía con el sujeto con el cual no se llevaba bien de presencia.

Finalmente las cosas calmaban su pulso, ninguna vuelta más que darle al asunto, la noche transcurrió como debía y el Sol pronunció su llegada de manera sumisa al transcurrir de las horas.

- ¡Solsticio! - No, no era una de las incoherencias que se me venía a la mente al caminar, sólo era mi "saludo" matutino que solía aparecer cuando despertaba de golpe. - ¿Qué hora es? -me pregunté a mí misma antes de ver el reloj de la pared que marcaba las 11: 16 de la mañana, ni muy temprano ni muy tarde, estaba entre el rango de normalidad y ya era de esperarse que la puerta sonara y Jenny entrara con el desayuno.

Esta vez el día no sería relajado, no podía vacilar con respeto a lo que tenía planeado, era ahora o nunca.

- Señorita... -Jenny dio dos golpes a la estructura y se adentró con todos los instrumentos necesarios.

- ¡Ya te extrañaba! -aplaudí y refregué mis ojos.

- Oí que fue llevada al hospital... ¿Cómo sigue con eso? -el tono de Jenny parecía ser tranquilo pero muy forzado.

- Sólo unos rasguños, no es nada grave... -Algo debía decirle para que no se preocupara.

- Debe cuidarse mucho, recuerde que la presentación es dentro de 3 días - Esto último me puso los pelos de punta.

- ¿3 días? ¡No puede ser! -me atoré con el jugo que corría en ese momento por mi garganta - ¡Tengo que solucionar esto! -dejé de nuevo más de la mitad de la comida y entré al baño con toda la velocidad que podía (que no podía ser mucha debido a las complicaciones presentadas en las piernas) para vestirme y comenzar con todo esto desde ahora.

Jenny acostumbraba a verme en estas actitudes de no terminar de desayunar por las obligaciones que se me cargaban a los hombros, algunas veces ella deseaba que yo fuera un poquito más normal, se le notaba en la mirada. Aún así no comentaba nada y recogía como de costumbre la bandeja para salir de mi habitación con una tranquilidad casi aterradora, muchas veces me daba pena el dejarla así, pero qué más podía hacer con aquello que ni yo era capaz de controlar.

Dejé mi cabello mojado, me vestí con lo primero que combinó y calcé las zapatillas grises que ocupaba en Santiago para salir. El día era caluroso y lleno de luz, sólo hacía sombra los enormes árboles que podían divisarse de mi ventana. Salí de mi habitación y tomé el ascensor para acudir a la de Joe, sé que odiaría que lo molestara para algo tan repetitivo y molesto para él pero tenía que hacerlo le gustara o no, si no me llevaba él, debería salir a buscar a Tyler sola, y esa era la amenaza perfecta para que él cediera a mi propuesta.

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Residencia Kaulitz

- Buenos d.... -Tom quedó helado cuando vio el sillón de su casa y corrió de inmediato a la pieza de su hermano como histérico, el ruido despertó a Bill de forma instantánea.

- ¿¡Qué pasa contigo!? ¿Viste a un fantasma? -corriendo levemente las sábanas de su rostro.

- ¡No! ¡Esto fue real! -anunció el muchacho rapero.

- ¿Ah, sí?

- ¿Qué hace tu amiga en el sillón, Bill?

- ¿Qué ami...? - Casi lo olvidó, la noche anterior había ido a buscar a María Paz al Aeropuerto y se quedaría a dormir en la casa de ambos hasta que encontrara un lugar anexo, en efecto, esa era la gran "urgencia" que lo hizo abandonar a Laura - ¡Ah! Bueno, es que llegó ayer y no tenía donde quedarse... y yo...

- ¿Tú la invitaste a que se quedara en nuestra casa? -preguntó con una actitud de cólera.

- ¡No grites! La despertarás y se sentirá mal por lo que dices...

- ¡Me importa un huevo Bill, no me preguntaste nada! ¿Por qué haces cosas sin consultarme primero? ¡Los dos vivimos aquí!

- Vaya, por la misma razón que tú no me avisas sobre las entrevistas o los asuntos de la banda...-contestó poniéndose a la defensiva.

- ¡No tiene nada que ver! - su hermano menor le arrojó un almohadón en la cara y lo hizo callar.

- Creo que se despertó... -se puso de pie- Ahora, no des tus sarcásticos comentarios ¿Quieres?

- ¿Por qué me tienes que meter en tus asuntos? -Bill ya había entrado al baño y no alcanzó a escucharle ninguna palabra de su alegato - Ok, ok... -hablando solo- Seré bueno con ella, aunque nunca nos llevamos bien porque siempre metía su nariz en todo... Bien... Tom Kaulitz será generoso contigo enano... -decía saliendo por el umbral y caminando a la cocina.

- ¡Hola Tom! -citaba con entusiasmo.

- Hola María Paz... -gesticuló sin darle mucha importancia.

- ¡Dime Pazhy! -solicitó acomodándose el pelo.

- Ok... -sin voltear.

- ¿Dónde está Bill?

- No sé... -dijo cortante para que la chica dejara de interrogarle y se diera cuenta que no estaba con ánimos de hablar.

A Tom le asustaban dos cosas: Que Pazhy se apropiara de SU casa rompiendo el código de tener libre accionar por el hecho de que sólo habitaran hombres con algunos caprichitos femeninos como "no merodear con boxers por la casa", "no hacer concursos de eructos con los chicos", "no tocar la guitarra demasiado fuerte", etc... La segunda era que se metiera en la relación de Bill y le trajera problemas a Lala, esto más que nada le interesaba por el bienestar de su hermano y por el de la banda en general.

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Hotel Phoenix

El aire cálido que bañaba toda la habitación de Dominique y Colette consiguió levantarlas sin esfuerzo, el clima era de verdad sofocante, tanto así que ni siquiera el aire acondicionado de las estancias del Hotel podía combatir. Como era de costumbre, la francesa visitaba a Dominique para planificar que harían en el día, con un sonido en la puerta hacía su entrada saludando animosa y esperando no despertar a su compañera.

- Domi... Soy yo...

- Ya veo... -salía del baño con una toalla amarrada a la cabeza.

- ¿Haz visto a Lala? No está en su alcoba... -la chilena cambió su actitud y se alteró notablemente.

- ¡Le dije que esperara! ¡Además no puede salir así!

- Lo sé, pero no debe haber salido lejos... -torció la boca y miró la expresión de cólera que desprendía el rostro de Dominique- Hace mucho calor... ¿Por qué no vamos a bañarnos en la piscina?

- ¿Hay piscina? -preguntó, por muy obvia que fuera la respuesta, en realidad nunca se dio el trabajo de examinar todo el Hotel.

- Claro que sí -se acercó a la ventana- .. y por lo que veo, está vacía.

- Bien.. -tomó aire- ...creo que un chapuzón estaría bien para refrescarse de este Sol...

- Exacto.. -Colette sonrió satisfactoriamente de haber calmado la situación con respecto a su amiga perdida, por mucho que le preocupara que estuviese saliendo sin avisarle a nadie, no podía amargarse la existencia por ello, ni ella ni Dominique.

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- ¿Por qué siempre me buscas para eso?.. Nunca puede ser "Hola Joe ¿Cómo estás?" -aducía con la cabeza apoyada en el colchón-

- Hola Joe, ¿Cómo estás? -dije, él se rió un poco y volvió a tomar su posición seria.

- Supongo que debes pensar que te sermonearé como siempre lo hago, o que te llevaré la contraria en todas tus ideas revolucionarias por salvar al mundo...

- Eso es lo que creo que harás... -sostuve.

- Pues este es tu día de suerte -se levantó- .. no te regañaré ni nada por el estilo.. ¿Quieres ir con Tyler? Irás con Tyler...

- ¿Aún estás enojado, cierto?

- ¿Qué dices? Estoy tratando de ser comprensivo contigo y me preguntas eso...

- Sólo quieres hacerlo para deshacerte lo más rápido de mí, se nota que deseas distanciarte y conseguirlo de una manera inadvertida, porque de otra forma no puedes hacerlo, ya que soy tu encargada y abandonarme sería perjudicial para tu trabajo, sobre todo si tu jefe es ese sujeto. -guardó silencio y exhaló con fuerza.

- ¿Qué quieres que te diga? No quiero que pienses que soy un mal tipo... No es que quiera distanciarme de ti porque me molestas...

- No importa -le interrumpí- sólo fue una observación... Entonces ¿Me llevarás?

- S-sí...

- Gracias...

Para ser realista, siento que la relación con Joe de "amigos" estaba decayendo, no sólo porque nuestras peleas eran peores que las de unos niños de 5 años o porque su trato haya cambiado después del episodio con Bill, sino porque hablar con él ya no era lo mismo, ya no me sentía cómoda al confiarle ciertas cosas que antes con facilidad podía, era como si su aura hubiese cambiado y ya no tenía la misma afinidad de cuando lo conocí, como si nos hubiéramos conocido para no ser amigos, sólo dos personas que se hacen favores por cortesía o lástima.

El letrero que jamás pude sacar de mi cabeza "Dewey Hotel", cada vez estaba más cerca de ver esa mirada aterradora que te hace entender por qué sus empleados le temen tanto, Joe estacionó el auto y me detuvo apretando mi hombro con su mano.

- Esta vez irás sola... Llámame cuando te desocupes... -hizo una pausa-... Ten cuidado, recuerda que no estás del todo bien... -soltó mi hombro y le asentí con la cabeza.

El vehículo al cabo de 3 minutos ya había desaparecido, sólo quedaba el humo y el gran pasadizo que debía cruzar nuevamente, todo estaba igual, el mismo recorrido para llegar a Tyler.
Entré a su oficina, ahí estaba él, ordenando unos papeles y tomando sus lentes para reconocerme a lo lejos.

- Hola de nuevo, mi Diamante... No me dijiste que vendrías a visitarme.. -sonrió y prosiguió ordenando.

- ¿A dónde va? -le interrogué sin quitar la vista de las enormes cajas.

- Oh.. Nuevos negocios, me cambio de oficina ¿No es curioso? Llegaste justo el día de mi mudanza -rió haciendo gracia a su comentario.

- ¿Nuevos negocios? ¿Qué quiere decir con eso? -me mantuve firme.

- En el camino te lo explicaré...

- ¿Camino? -me extrañé.

- Claro, vendrás conmigo ¿Por algo viniste a verme, no? Necesitas pedir algo... -agrandó levemente sus ojos como tratando de adivinar mis pretenciones.

- Ah...

Sólo eso dije, por la puerta entraron 5 hombres que llevaron las cajas hacia afuera y me condujeron a una enorme camioneta negra con un tipo al volante, Tyler subió al asiento trasero y me invitó a incorporarme también para empezar con la conversación pendiente que tenía.

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Residencia Molina

- Ya te lo dije en todos los tonos ¿Qué más quieres? -alegaba con el cepillo entre sus cabellos.

- Nada más... Ya te dije que está bien..

- ¡Mientes Estefanía! sigues portándote antipática conmigo.

- Blah, blah, blah... Oye... ¿Por qué te demoraste tanto con el chico de trenzas ayer? -cambiando broncamente el tema.

- ¿Qué te importa? -mojó un poco sus manos.

- Ves, ¿Ahora quién es la antipática?

- ¡Ya cállate! -gritó queriendo terminar con el palabreo.

- Ara, necesitas un poco de relajación... Te ves muy estresada... -rascó su cabeza.

- ¿Relajación de qué? -indagó curiosa.

- No sé ¡Vamos a una fiesta! -saltó en su lugar.

- Mm... Sí, eso suena bien...

- ¡Fiesta! - reiteró moviendo los brazos de un lado a otro simulando bailar. Su prima rió y le siguió el juego.

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Residencia Kaulitz

- Ahora sí me explicarás todo.. Ella no se va a quedar aquí para siempre ¿Verdad?

- Claro que no Tom, no exageres... -decía su gemelo maquillándose los ojos.

- ¿Y la llevarás a su estudio?

- Sí, pero mañana...

- ¿Y qué crees que dirá la "directora"? -refiriéndose de forma indirecta a la mujer que Bill sabía.

- Bueno, yo creo que la "directora" sabrá cumplir profesionalmente su trabajo.

- Espero que tu amiga no meta la pata con la "directora" -se retiró del lugar con su waffle en la mano.

- No lo hará... -hablando solo- Espero que no lo haga...

***

- ¿Y te gusta bailar? -preguntaba Georg a la chica germana.

- ¡Sí! Estoy ansiosa por saber cómo será el lugar... ¡La gente, la música! -sus ojos brillaban como estrellas en el cielo.

- ¡Bueno, esto es Hollywood! -comentaba Gustav.

- ¡Por eso! ¡Es como un sueño! ¡Es... es lo que toda niña sueña!

- Supongo que ya sabes cuál es tu coreógrafa ¿Cierto? -agregó el bajista.

- No, en realidad no sé nada, sólo la dirección del estudio...

- ¡Wow, te sorprenderás al saberlo! -dijo el chico de lentes.

- ¿Por qué? -exclamó Pazhy abriendo sus ojos.

- Porque la coreógrafa es...

- ¡Gustav! -interrumpió Tom -Eh... ¿Dónde dejaste mi pañuelo rojo?

- No sé, no me metas en tu desorden...

- ¡Ven, búscalo! -ordenó.

- ¿Por qué? ¡Te dije que no lo tengo!

- ¿¡Y qué son estas baquetas en el suelo!? -insistía.

- ¿Baquetas? ¿Cómo llegaron ahí?

- No sé, ¡Ven a recogerlas antes que las rompa en tu cara!

- ¡Este ...! Ya voy, ya voy... -se levantó del sillón gruñendo.

- ¡Y trae a Geo también!- añadió.

- ¿Por qué yo? -se preguntó.

- ¡Porque sí! -Tom sonaba muy molesto.

- Ya qué... -dejó su asiento y acudió al llamado de su amigo, dejando a la pequeña Pazhy sola exigiendo una explicación.

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Hotel Sunset.

Nicole preparaba su rutina en la habitación del Sunset, con una radio y un espejo frente a ella donde trataba de deslumbrar con todo lo que tenía, todo para quedar en el puesto de Coreógrafa y terminar con éxito la base de su plan en ayuda de Gerard, mientras él la miraba desde un extremo de la estancia corrigiendo lo que podría ser un fracaso en su prueba, ella trataba de recordar los pasos aprendidos en la escuela de danza moderna a la cual asistió cuando era más joven.

- Primero debes saber cuál es la dinámica que dejó ella... -comentaba el chiquillo rubio mientras Nicole se movía con los bits musicales - Después debes pulir los movimientos y hacerlos acentuados, que les llame la atención a todos... y después junta estilos para hacer un final prolijo.

- Ya lo sé Gerard, no eres el único que baila aquí, no soy novata. -se quejó con la frente sudada.

- La exigencia aquí no es la misma que en Chile, Nicole. Debes estar por encima de todos ellos para ganarte su respeto, el público no acepta errores, menos las revistas y periódicos..

- No sé si esté dispuesta a tanta presión... -se dejó caer en el suelo para limpiar sus pulmones.

- Nadie lo está, sólo hay que acostumbrarse... Ten.. -le entregó una botella de agua- 5 minutos y después seguimos... El ensayo es a las 3, debes estar lista para ese entonces.

- ¿Y tú qué harás?.

- ¿No basta con todo esto? -presumió y visualizó a la ventana poniendo su mano por encima de la frente para ver mejor.

- Supongo... -mojó su boca.

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Ya en el auto de Tyler podía empezar con mi discurso, pero antes de pronunciar algo él se interpuso.

- Escuché que te lesionaste...

- Vaya, aquí se enteran de todo... Parece una mafia.

- No, en realidad me lo dijeron mis empleados, es su trabajo hacerlo -tomó su celular.

- Al parecer está muy interesado en mí, señor Woods. -sonreí sarcásticamente y moví la cabeza.

- ¿Qué querías decirme? -formuló una nueva conversación. Tomé aire para responder.

- Quería decirle que sí acepto trabajar para usted...

- ¿De verdad? -me miró como relámpago para volver a su pantalla del aparato electrónico.

- Sí, creo que esos chicos dependen de esto para cumplir sus sueños, y yo no soy quien para truncar sus expectativas y esperanzas -junté mis labios.

- Eres bastante inteligente para tener 19 años -agregó.

- Creo que no hay que serlo para darse cuenta -lo miré y levanté mis cejas.

- Estás arriesgando tu propia reputación. Es valorable, pero la prensa no tiene misericordia con niñas tan jóvenes... Se aprovechan de su inocencia mientras te pisotean como a un insecto.

- Supongo que es parte del trabajo... -adicioné.

- Exacto Laura, parte del trabajo... -se quitó los lentes y los guardó en el bolsillo izquierdo de su chaqueta para mirarme y proseguir- Pero a veces debes aprender a hacer un trabajo sucio y causar polémica para ser respetada por los medios y hacer que la industria crezca. -hubo un silencio que no me dispuse a romper, sólo pestañeé dejándole espacio a que prosiguiera- Sé que no es lindo estar en boca de todos, pero ya sabes... Así se trabaja en Los Ángeles preciosa...- mi silencio ya parecía molesto, cambió bruscamente su tono de voz hacia uno lleno de autoridad- Vas a hacer lo que yo diga.

- No me convertiré en una perra aprovechadora -me defendí- Ni menos si eso lo hace ganar más dinero a usted -movió su cabeza como resignándose a mis palabras.

- Ok, podemos negociarlo Laura... -lo miré por un rato tratando de adivinar a lo que se refería- ¿Bill Kaulitz se llamaba? -el rostro se me deformó. ¿Cómo diablos él sabía eso? Recordé a Bill y su extraña actitud, ¿Acaso Tyler lo amenazó de algo y por eso actuó así el día anterior?

- ¿Cómo sabe usted eso? -le pregunté sorprendida.

- ¿Importa?

- ¿¡Cómo lo sabe!? -perseveré alterada. Rió de forma burlesca.

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En el cuartel del FBI el cual sería la nueva parada de Tyler Woods esperaban pacientes dos personas que habían escuchado hablar de la llegada de una latina al país que llamó considerablemente la atención del jefe.

- Creo que es buena, Tyler la llama "El Diamante" -comentaba un hombre alto de cabello rizado: Sam Peterson, experto en tecnología y computación, uno de los mejores hombres del FBI que sería el tutor y protector de Laura, cumplía un papel muy importante en la empresa, la mano derecha de Tyler, el fiel compañero que lo ayudaba a concretar todos los proyectos que Woods proponía.

- Tyler es un idiota al confiarle eso a una niña -respondía una mujer con cabello negro y piel oscura llamada Lourdes Foreman, psicóloga especializada del lugar y experta en armas de fuego, Woods la derivó a ser la asistente personal de la chica, aquella que la ayudara a controlar el estrés que implicaba llevar a cabo las tareas de ser la comunicadora oficial de Tyler, por lo cual debía esperar y conocerla desde la primera impresión que tuviera del lugar.

- No lo subestimes, por algo es el jefe... -finalizó Sam.

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- Deberías elegir mejor a tus amigas... sobre todo cuando son asiáticas... -sonrió.

- ¿Qué? - Ying... ¡Ying! ¡Ahí estaba! Por eso se portaba tan extraña, por eso no quería hablar conmigo, de seguro se sentía culpable... - ¿Qué le hiciste a Ying?

- Nada, fue bastante fácil obtener esa información... Es blanda.

- ¡Tyler! -golpeé el asiento.

- Hey, cuidado... costó un dineral.

- Si se atreve a hacerle algo yo lo...

- ¿Qué? ¿Qué me harás? Estás aquí porque yo lo quise. -interrumpió.

- Estoy aquí porque usted quería conocerme -dije en mi defensa.

- No te saldrás con la tuya así de simple, chilenita. Ya entraste aquí, y no podrás salir tan fácil.

- Quiero algo a cambio -adjudiqué.

- ¿Qué quieres?

- Tres días más... -Tyler levantó una ceja en señal de confusión- Tres días más de ensayo para mis chicos, la gala no será el Miércoles, sino que el Sábado...

- Como sea, eso es sencillo- el motor hizo un sonido y Tyler sonrió como olvidándose de toda la discusión que acabábamos de tener- Llegamos -concluyó.

- ¿Dónde?

- A tu nuevo trabajo. -abrió la puerta y salió. ¿Nuevo trabajo? Dios... ¿En qué me metí ahora?

No puedo creer que vaya a aceptar esto, pero ese imbécil es capaz de hacerle daño a... ¡Ah, Lala! ¿Alguna vez hiciste algo por miedo? Disfruta tu primera vez...
Bajé del auto y me eché el bolso al hombro.

domingo, 27 de febrero de 2011

Capítulo 14 - "¿Y ahora qué?"


Leve pero preciso, supongo que ese era el estilo de Tom, nunca se le conoció como un sujeto extremadamente romántico, más bien un tanto espontáneo y ansioso en lo que respectaba los momentos de intimidad.
Para él no era un tabú, es más se manejaba mucho mejor que las demás personas, tanto así que pareciera que nació con ello, pero no, era sólo el resultado de la sabia y constante experiencia que había adquirido a sus cortos 24 años.

Sin embargo esta vez se mostraba inseguro, como si le temiera profundamente a la mujer que tenía frente a sus retinas escaneándolo desde el cojín del mueble acolchado de su hogar, entretanto ella se aflojaba libremente al momento de aislamiento que tenían ambos.

Se apreciaba en la atmósfera la perfecta fusión de sus respiraciones, era el magnífico conducto desde lo más profundo de su ser para soldar sus almas y entender que ninguno de los dos viviría si el otro no lo consigue. Como una bella historia de amor, una maravillosa adaptación de Romeo y Julieta que te hace entender el por qué existen tantos poetas y escritores que gastan sus horas en persuadir a los demás haciendo entender que el amor es la fuerza más grande existente en el mundo, aunque esté a centímetros del odio.

Tanta fantasía en un mundo real llega a ser insano para quien deshoja margaritas y cree en hechizos a medianoche.
Él temía de ella, no en un sentido nocivo, si no que temía fallarle, temía cometer algún error que le costaría mucho más que una lágrima, mucho más que una vida entera, mucho más de lo que no tenía y deseaba tener, no obstante ¿Cuánto pesaba en ese momento todo lo que Tom quería? Definitivamente nada, todo lo que siempre quería conservar estaba frente a él, respirando en su boca y abrazando su cuello.

Singularmente, Ella también temía, pero no de él, sino que de sí misma. ¿Por qué? Pues por la simple razón que no podemos controlar nuestros sentimientos, no sabía cuando llegaría el momento de perder las riendas y la amedrentara excesivamente. No quería y no debía enamorarse de Tom, la verdad siempre culpaba a su extraña obsesión por el muchacho para dejar de preocuparse por lo inmanejable. Si ella sólo supiera las cosas que pasaban por la cabeza de Tom, dejaría toda guerra y se entregaría completamente al hermoso regalo de amar.

La más absurda historia de amor que jamás pueda existir. Una maldita muralla que hacía imposible un merecido final feliz. Hasta el momento.

Su cuerpo quedó encima del joven de trenzas por alguna razón que desconocía, sólo efecto del momento tal vez, éste rió un poco para después quejarse con la mirada.

- ¿Qué pasa?

- Es raro que tú estés arriba - su voz sonó inocentemente, como jamás podría haber escuchado a Tom Kaulitz.

- ¿Por qué? ¿Te quita masculinidad?

- No -repuso- Es más, te hace ver ruda.

- Lo soy -dijo con certeza elevando las comisuras de su boca.

- No es cierto -le contradijo con la clara opción de comenzar un jugueteo de palabras.

- ¿No?

- Jamás -asintió.

El desafío era evidente, Aracelly se veía invadida de las emociones de ese instante y dejó que el tiempo hiciera lo suyo.

Cito:
"El tiempo sólo te impedirá amar cuando tu amor no sea verdadero"
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El vuelo hacía su llamado, cogió las maletas y se despidió de su familia, era tiempo de salir de Alemania, bastante duro para María Paz, pero el hecho de encontrar a su querido amigo allá la mantenía serena, su corazón palpitaba a mil por segundo, su sonrisa no desaparecía por imaginarse todo lo que viviría en algunas horas más, ¿Quién sería su directora? ¿Cómo la recibirán? ¿Será como lo ve en las películas o en la televisión por cable? ¿Sus sueños se verían hechos realidad?. Ingenua y reluciente, con hermosa dentadura despedía a la ciudad que la vio crecer, sabía que regresaría algún día, pero ése día tardaría en llegar, el anhelo de toda chiquilla adolescente por pisar la alfombra roja era intacto y María Paz sentía esa entretenida inquietud por mantener el suspenso y llenarse de sorpresas.

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Al salir del ascensor se dispusieron estrictamente a buscarla, siguieron a Jenny hasta la cocina y después regresaron a la sala del casino. Algo llamó considerablemente la atención de la francesa.

- Espera -pellizcó la polera de Dominique para retenerla.

- ¿Qué?

- Ahí está Joseph...

- Ah, qué bien, no me interesa ese sujeto, estamos buscando a otra persona. -se liberó de los dedos de Colette para seguir caminando.

- ¿No entiendes? Jenny dijo que Joseph debe saber todo acerca del estado de Lala, quizás él pueda ayudarnos...

- ¿Crees que su opinión servirá de algo? Ni siquiera está con ella...

- ¿Quién será esa niña de ahí? -mirando a Estefanía.

- Su novia, supongo.

- ¡O sea que prefiere estar con su novia antes de encontrar a...! ¡Oh! -apretó su puño-

- Tranquila, seguiremos buscando... -cubrió la mano de Colette con la suya y la llevó hacia el pasillo principal.

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Evacué el baño del hotel para regresar donde mis acompañantes, miré el enorme reloj que había en la parte superior de la pared blancuzca del sitio, eran las 19:02 . ¡Rayos! Ya no hay opción ¿En qué momento la hora voló tan rápido? Y Joe sigue hablando como si nada con Estefanía, sé que por dentro debe disfrutarlo, no porque adore charlar con la gente, sino por la perfecta razón que consiguió para deshacerse de mis pedidos. Mejor para él de no lidiar con una infante como yo y no poder golpearla porque está herida.
Pero Joe nunca haría eso, ni siquiera con mis músculos sanos, yo lo sé.

- ¿Mejor? -me dijo Estefanía con sus codos en la mesa.

- ¿Cuándo estuve mal?

- Te veías incómoda, o más bien tu cara lucía así.

- Ah, no es nada.

- ¿Vomitaste? -interrumpió Joe con un tono severo.

- ¡No! -respondí con una alteración incuestionable.

- ¿Y qué es eso de tu manga? -miré la camisa y me di cuenta de lo que se refería. Tomé aire dándome por vencida.

- ¿Qué tiene, acaso se vendrá abajo la muralla china?

- No -rascó su barbilla- ¿Qué comiste?

- ¿Qué te importa?

- Claro que me importa, soy quien más se debe preocupar por ti.

- No necesito de tu sobreprotección -saqué mi bolso de la silla y caminé hasta el elevador, no me importaba si me seguía o se quedaba ahí, sólo deseaba dejar de sentirme sobrante.

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El vehículo hizo su parada en el estacionamiento del Phoenix, apagó su motor y de las metálicas puertas salieron Georg, Gustav y Bill.

- Un poco tarde pero aquí estamos -dijo Geo frotando sus manos.

- Espero que no haya tenido molestias ¡Esa fila de la gasolinera no avanzaba nunca! -alegaba el baterista.

- ¿Soy un imbécil?

Al parecer Bill no tomó atención en los comentarios hechos por sus compañeros, tenía la cabeza en otra parte, que a su juicio era mucho más importante que la conversación que entablaron los demás.

- ¡Sí! -Gustav dio énfasis a su respuesta.

- Depende, Bill. ¿Por qué lo dices, por no abrir tu boca en todo el trayecto, por tu estado bipolar o por portarte así con tu novia?

- Lo último, y no es mi novia... -recalcó una vez más.

- Sí, vaya que lo eres... -esbozó el mayor de la banda. Bill dio un respiro lleno de culpabilidad para luego apoyarse en el auto.

- ¿Qué hago? -tomó su cabeza.

- Podrías empezar por contarnos la razón de tus cambios anímicos espontáneos.

- Es que, Gustav, es complicado.

- El que se complica eres tú -afirmó Georg sujetando su hombro.

- Quizás después lo sepan, no será algo que pase desapercibido... -extravió su vista en el suelo.

Georg sabía que si Bill no quería contar detalles es porque no estaba seguro de si escuchar los consejos que pudieran darle.

- Debo hablarle, pedirle disculpas. Sí, eso haré... -sacó su cuerpo del coche para disponerse a correr en dirección a la recepción, pero Georg lo detuvo con el brazo.

- Cuidado con lo que dices, porque puede sonar demasiado tierno o verdaderamente estúpido -concluyó entregándole el contenido que debía llevar hacia adentro del Hotel.

Un gesto bastó para comprender que había entendido el mensaje, con la bolsa en sus manos entró por la larga puerta de la sala principal y se sentó un momento para poder tranquilizarse aclarar todas sus intenciones.

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Ni rastro quedaba del Sol, la oscuridad bañó toda la ciudad de Los Ángeles que era testigo de todas las escenas que se presentaban en un día que se hizo eterno, un día que estaba por terminar y dar paso al siguiente.

Una pasión encubierta en la casa de los Kaulitz que ameritaba un poema de aquellos que incitaban a los grandes escritores a inspirarse con los sentimientos de las dos personas que sentían miedo y luchaban por continuar sus vidas de forma normal.

Una Nicole llena de esperanzas pero a la vez dudosa de lo que depararía el futuro con sus propósitos, aún sin ver la cara de su ex-amiga a la que tanto le guardaba rencor pero simultáneamente una admiración secreta, siempre lo hizo, aunque para su orgullo Laura no se mereciera una gota de admiración ni respeto Nicole sabía perfectamente que una de sus metas era parecerse a ella, algo totalmente desigual a los demás, pues todos aspiraban ser como ella: Bonita, inteligente, alta, esbelta y con una situación económica muy buena.

Un sentimiento que Joseph aún no exteriorizaba ni tenía deseos de indagar, una nueva persona con la cual distraer su estúpido dilema, alguien con quien hablar para apaciguar la colosal preocupación que tenía por Laura, alguien que le diera a entender que no era la única mujer en el planeta, alguien que le ayudara a borrar las desgarradoras imágenes de ella cubierta de sangre y con los ojos empapados en el asiento de su auto.

Un cuarto de hotel más desierto que de costumbre, sin pisadas en el exterior, la calle más calmada que nunca, un corazón desmenuzado en la cama y el melancólico libro que hace tiempo no hojeaba, era la oportunidad para volver a los viejos tiempos, aquellos para recordar la gran hazaña de Alemania y su lejano pasado en Chile, amaba leer, siempre amó hacerlo, ¿Por qué rehusarse ahora? No quería pensar, no quería dormir, sólo codiciaba impregnarse en la lectura y conmemorar el por qué decidió elegir Medicina como carrera en su vida.


Cansadas y rendidas, recorrieron el hotel entero, su última parada fue el cuarto que habían visto cerrado al primer intento, esta vez la puerta se abría con generosidad, su amiga las recibía con una sonrisa y un libro en las manos. Colette la abrazó como si no la hubiera visto hace años, Domi preguntaba intranquila sobre la situación que las hizo correr desde el teatro hasta el edificio. Contestaba sumisa y segura de sí, pero no mencionó lo pasado en el baño porque no le parecía algo relevante, estaba totalmente segura que era por los nervios de esos instantes.

Cabía mencionar, absolutamente el estado de Bill, ¿En qué pensaba? ¿Qué oculta? No podré saberlo tan fácil, usualmente interrumpía mis leídas para tomar uno por uno los temas a tratar, a veces me pregunto ¿Por qué la vida es tan insaciable? ¿Por qué siempre espera más de ti? Siempre te sorprende con algo totalmente nuevo, sospecho que así es como crecemos. Jamás dejamos de aprender, y cuando creemos saber bastante nos golpea y da a entender que no conocemos definitivamente nada, y así es el ciclo, así es la vida. Hay muchos que la aceptan y otros la olvidan.

Alguien irrumpía la reunión de las muchachas, cuando le vieron al minuto infirieron que debían salir.

- Mañana nos cuentas más... Descansa... -dijo Colette sobando la mano de su íntima.

- ¡Se nos hizo muy corto el tiempo! Mañana a primera hora Lala, ¡Primera hora! -gesticuló Dominique.

- Primera hora -asentí con la cabeza y las despedí. Al cabo de unos minutos sólo se encontraba su presencia con la mía.

- Hola...

- Hola -dije sonriente.

- Discúlpame por ser así...

- ¿Así cómo, Bill?

- Celoso... -dijo casi sin despegar los labios.

- ¿Era por eso que te enojaste?

- No me enojé...

- Ah... -exhalé, me encogí de hombros y lo invité a sentarse a mi lado.

- Casi lo olvido... -miró sus manos- Aquí están tus medicamentos.

- Gracias...

- Debes tomarlos ahora -visualizando la bolsa que ahora estaba en mi poder.

- No... -la dejé caer al suelo-

- ¡La...!

- No pasa nada... -le corté- No me moriré por 10 minutos de retraso.

- Tómalas ahora ¿Quieres?

- Un momento, aún no te disculpo y vienes a decirme que hacer ¿Quién te crees? -fruncí el ceño-

- Lo siento... -bajó su tono de voz.

- Es broma Bill, de verdad te sucede algo, estás peor que yo... -no pareció importarle mi comentario, pasó su brazo detrás de mí y me acercó a su cuello.

- Te amo...

- B... -éste era uno de los momentos en el cual me dejaba helada, no tenía aire para responder aquella expresión, mi cerebro parecía fallecer al formular alguna frase con sentido que pudiera combinar con el instante, cuando creía que Bill ocupaba todo mi corazón y lo haría estallar, llegaba nuevamente para agrandarlo aún más y mantenerme viva con tanto en mí.

Su teléfono sonó de sorpresa, atendió en voz baja, lo que me pareció muy extraño. Al terminar se veía bastante inquieto, dijo algo sobre "asuntos urgentes" y salió disparado dejándome un fugaz beso en los labios con una expresión casi paranormal.
¿Qué diablos fue eso? En fin.



"Demasiado para un día, ya era hora de descansar. Mañana sería la oportunidad esperada de la muchacha y el momento de terror que escondía la mirada de Bill, nunca sabes lo que ronda por su cabeza, y nunca lo supe... podría ser el error garrafal de pronunciar "Joe", un ínfimo trastorno bipolar o el constante hostigamiento de la prensa que creía haber pasado por alto, intuir no es suficiente, lo claro era que algo sucedía con él. Y lo gatilló aún más con su salida inesperada"