
No puedo creer que vaya a aceptar esto, pero ese imbécil es capaz de hacerle daño a... ¡Ah, Lala! ¿Alguna vez hiciste algo por miedo? Disfruta tu primera vez...
Bajé del auto y me eché el bolso al hombro. Tyler entró por un pasillo junto con dos guardaespaldas así que lo seguí, me topé con dos sujetos: un hombre alto y una mujer de tez más oscura que la mía y con una placa en su chaqueta que obviaba su participación en el FBI, respondí al saludo de forma veloz y sin perder más tiempo entré a la siga de Woods.
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La chica era verdaderamente joven, a Sam y Lourdes les sorprendía de forma casi terrorífica que esa pergenia fuera la encargada de algo tan grande como ser la cabecilla de la empresa. Al verla pasar al hombre se le ocurrió dar una fugaz opinión.
- Es linda... ¿Te agrada?
Lourdes volteó para asegurarse que la muchacha ya no se encontraba ahí para escuchar la conversación que tenían en su nombre.
- Es una niña... -dijo y se encogió de hombros dando a conocer su poca preocupación por alguien que le arrebatara el protagonismo tanto a ella como a Sam.
- Una niña muy especial se ve...
- Sólo una niña, Sam... -recalcó para apoyarse en el auto.
- No te pongas celosa, Tyler no se olvidará de ti -pasó por delante de ella y entró por la puerta que había desaparecido su jefe.
- ¡No estoy....! -refunfuñó la fémina morena y siguió a su compañero.
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Cito:
"Si bien existe una poderosa ley de atracción de la cual se ha hablado muchísimo, sin embargo esta ley se rompe cuando estás obligado a pensar algo que no deseas, o a hacer cosas sin tu concentimiento, aquí entra el papel del miedo, a proceder a accionar a costa de tus temores y curiosamente también por el amor hacia tus cercanos"
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- ¿Qué haces aquí sola? -sentándose al lado de su amiga.
- Tom llamó a los chicos por algo de... ¿Un pañuelo?- arqueó las cejas.
- ¿Un pañuelo?... -tocó su mentón- mm... En fin, ¿Quieres salir a dar una vuelta?
- ¡Sí, claro! ¡Cuánto deseo conocer Hollywood!
- Yo cuanto deseo olvidarme de Hollywood... -dijo suspirando de cansancio.
- No estés así Bill- le besó la mejilla- .. ¡Ahora vamos a divertirnos!
- Sí.. A divertirnos... -terminó queriendo ponerle tanto entusiasmo como María Paz, pero fue inútil.
Aún era temprano, era el día perfecto para salir a pasear por las calles de Los Ángeles, un Domingo relajado y adecuado para disfrutarlo al máximo antes de que empezase la rutina semanal, sin embargo no podemos olvidar que Bill seguía siendo famoso y no podía salir así como así a la calle, debía hacerlo con sus guardaespaldas, esto a Pazhy no le molestaba, ella sólo quería pasar un día con su gran amigo que hace casi una década no veía. Recordar los viejos tiempos.
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El aire que corría en el jardín del Hotel Phoenix era tan agradable que nadie podía negarse la invitación de tirarse con su toalla al Sol y disfrutar de la piscina, así mismo Dominique y Colette lo hicieron su día libre, agradecían enormemente que ese loco de Luke les hubiese dado un día de descanso de su estúpida obra que no decía nada coherente. Sí, eso ya las estaba agobiando un poco pero ni Domi ni Colette se atrevían a comentarlo por miedo a dañar las expectativas de la otra.
- ¡Está lleno! -dijo la francesa después de estirar sus brazos.
- Claro que no, sólo hay unos pocos -escaneaba detrás de sus lentes de sol.
- ¿Y si regresamos más tarde? No me puse bloqueador... -volteó para escuchar la respuesta de Dominique, mas la chiquilla ya tenía más de la mitad de su cuerpo zambullido en el agua -Creo que eso es un no...
- ¡Está deliciosa el agua! -refregando sus ojos -¡Ven Colette!
- Pero no me he echado bloqueador, soy sensible de piel.
- Pffff. Bueno, pero no demores... -finalizó para meter nuevamente su cabeza y nadar hacia el otro extremo.
- Claro que no demoraré, es más, no tendrás que esperarme... -decía mientras caminaba hacia la suite hablándose a sí misma -¿Por qué no le dije que odio el agua?- sostuvo su frente en señal de lamento -Pensará que soy idiota, yo la invité a la piscina y no me gusta el agua... ¡Pero es que no podía inventar nada mejor en ese momento!... Ya, ya Colette, no te vas a morir por mojarte, creo... -dijo esta última palabra con evidente inseguridad.
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- ¿Dónde están mis baquetas?
- No, ya no están...
- ¿Qué? ¿Y por qué me hiciste venir, Tom? -preguntó molesto.
- ¡Porque debía sacarlos de ahí antes que metieran las patas!
- ¿A qué te refieres? Dejamos sola a la amiga de Bill, eso sí que es meter las patas... -dijo Georg.
- Ustedes no entienden... Ella no debe saber que la coreógrafa es Lala.
- ¿Y por qué no? -dijeron ambos al unísono.
- Piensen... -dejó volando la interrogante. Los chicos guardaron silencio por un momento y expresaron:
- No se me ocurre... -contestó Gustav.
- A mí tampoco. -apoyó su compañero. Tom tomó aire antes de insultar la poca inteligencia de ambos e intentó tranquilizarse para poder explicar mejor.
- María Paz es muy cariñosa con Bill, y si Lala llega a ver eso se pondrá celosa... -vio la cara de Georg y Gustav, su expresión no cambiaba en nada- ¡Y eso traería problemas a la banda! -recién en ese instante la preocupación se hizo notar en los dos.
- ¡Cierto! -gritaron los dos.
- ¿Entienden ahora? ¡Entonces no deben decir nada!
- Pero tarde o temprano lo sabrá, Tom... -dijo el bajista.
- Sí, pero prefiero que lo sepa por ella misma -contestó.
- Buena idea... -dijo Gustav como queriendo agregar algo a lo que ya era una charla cerrada.
- ¿Qué hacemos ahora? -interrogó Geo.
- Pues, yo saldré y ustedes.... Ustedes.... No lo sé -corrió a tomar sus llaves.
- ¿Dónde saldrás?
- A tomar aire Gustav.... -dijo con un rostro como ni creyéndose a sí mismo- A tomar aire... -reiteró y cerró la puerta.
- Espero que no se lo lleve el aire...
- Se lo llevará y no traerá nada... -añadió el baterista entendiendo las pretenciones de Tom.
- ¿Partida de Ping-pong? -invitó su amigo.
- De acuerdo...
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- ¡Estefanía, tú no sabes cocinar!
- ¿Cómo que no? ¡Claro que sé! -decía sacando un envase de harina del estante.
- ¿Y qué harás?
- Haré pizza. -dijo poniendo el envase en la mesa.
- ¡Qué exquisitez! ¡Amo la pizza! -levantó los brazos- Pero.... ¿No saldría más fácil pedir una lista? -viendo todos los ingredientes que dejaba su prima.
- No, porque la pizza casera es mejor... ¡Sobre todo si lo hace Tefa!
- ¿Tefa? -preguntó extrañada.
- Solían decirme así de pequeña... Creo que es más corto que decir Es-te-fa-ní-a.
- Sí... -rió -¿Estás segura de esto?
- No preguntes bobadas, ¡Es tiempo de poner las manos a la obra! -aplaudió y comenzó a esparcir la harina por la mesa.
- Oh no, ¡Esto yo no me lo pierdo! -se levantó del sillón para acomodarse frente a su prima en una silla.
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Salía ya del rascacielos, la convulsión en sus músculos se hacía notar a 500 km de distancia, pero aún así lo negaba y decía "estar bien y calmada" probablemente para no preocupar a Gerard y que éste tuviera plena confianza en que todo funcionaría.
- Por aquí es... -corrigiéndole a Nicole, quién había seguido derecho por una calle errónea- Entonces repasemos... Cuando llegues, tú...
- Me presentaré y me pararé firme a cualquier canción que sintonicen... -respondió fría.
- Dame eso... -tomando el bolso de la niña y poniéndoselo en el hombro. Nicole se detuvo.
- ¿Por qué hiciste eso?.
- ¿Qué cosa? -preguntó.
- Ayudarme con... mi bolso... -su cara parecía deformarse frente al gesto del blondo.
- Estamos juntos en esto... ¿No? -siguió caminando como dando a entender que el asunto ya estaba resuelto.
- Sssí.... -respondió confundida para posteriormente seguir con el paso de Gerard.
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No tenía nada en particular de la antigua oficina de Tyler; personas por todas partes, artículos tecnológicos, guardias en puertas y ventanas, sujetos que te miraban como si fueras a robarle algo... En resumido, un lugar agradable para estar, hablando irónicamente.
Me gustara o no, sería mi lugar de "trabajo" y sinceramente aún no entendía de que se trataba todo esto... Espero que no me hagan fusilar personas o absorber los cerebros de idiotas que no puedan defenderse.
- Entra aquí y espera a tus tutores... -Tyler abrió una puerta y me vigiló hasta que obedecí su orden y me apoyé en la muralla- Espero que estés cómoda- fue lo último que pronunció antes de dejarme sola en una sala que no tenía más que un lavabo, focos de luces en el techo y un armario pegado a la pared.
- ¿En qué me metí...? -suspiré y saqué el celular de mi bolso- Tengo que avisarles a todos que la gala se corrió al Sábado... -apreté el botón verde y esperé a que me contestara.
- ¿Hola? -dijo del otro lado.
- Ying, soy yo, Laura, escúchame, ya sé lo que hiciste y no me voy a enojar por eso, entiendo por qué cediste, creo que yo también estoy haciéndolo, olvidemos eso ¿Ok?.
- Lala, yo... Discúlpame, él me obligó, dijo que... -su voz se escuchó débil y temblorosa.
- No, no te preocupes... todo está bien... -traté de calmarla. Escuché unos sollozos y continuó.
- No tenía cara para poder hablarte como si nada después de todo...
- Ya pasó Ying, ya pasó... Necesito que le digas a todos que la gala será el Sábado...
- ¿Qué cosa? ¿Por qué? -su tono cambió a alterada.
- Hablé con Tyler y dijo que nos daría 3 días más, creo que es lo correcto después de mi ausencia...
- Pero Lala, nos dijeron que vendría una nueva directora hoy...
- ¿¡Qué!? -di un grito que hizo eco en toda la sala.
- Eso, Richard nos informó ayer sobre una nueva reemplazante...
- ¿Y quién es?
- No sé, no nos dieron detalles, hoy la conoceremos...
- ¡Pero...! -pateé la muralla con todas mis fuerzas- Ok... -inhalé y exhalé- Ya no puedo hacer nada por hoy... -me quejé por el golpe que me propinó un calambre en mis aún débiles piernas- Mañana trataré de ir...
- Bien, cuídate mucho...
- ¡Ying! -le interrumpí.
- ¿Ajá?
- ¿Que más le dijiste a Tyler aparte de Bill?
- Bueno.... -la puerta sonó de golpe y casi por inercia corté la llamada.
- ¿Laura Rojas? -era una mujer alta, la misma que vi cuando entré, llevaba una carpeta en sus manos.
- Sí.. -respondí y me guardé el celular en el bolsillo.
- Me presento -bajó la carpeta y me estrechó la mano- Lourdes Foreman, psicóloga y especialista en armas de fuego, seré tu asistente social.
- ¿Ah? -respondí a su gesto- Yo soy... bueno, ya sabe quien soy...
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- Y después lo amasamos -dijo Estefanía buscando un uslero entre los cajones del mueble.
- Eso no parece una pizza...
- ¡Silencio! No sabes apreciar el arte culinaria...
- ¿Qué tendrá? -mirando el pedazo de masa que estiraba su prima.
- Tendrá... tomates, salsa, jamón... -su nariz comenzó a picarle y tomó una gran bocanada para culminar en un estornudo que dejó a Aracelly cubierta de harina.
- ¡Oye! -alegó dándose palmadas en la ropa- No es justo... -tomó más harina en sus manos y se la arrojó en la cara-
- ¡Aracelly! -tosió y le devolvió la acción, esta vez tirándole un huevo.
- ¡Mi pelo! -rió inevitablemente- ¡Me vengaré! -tomó la masa y se la presionó en toda la cabeza.
- ¡Era mi pizza! -alegó llena de carcajadas y se sacó la mezcla del cabello.
- ¡Ya no hay pizza! -bromeó y siguió tirando cosas.
- ¡Es tu culpa! -la empujó hacia el sofá.
El juego entre las dos muchachas hacía aún más ruidoso todo el lugar debido a su alborozo y las cosquillas que ambas se hacían, pero no contaban que en ese mismo minuto alguien interrumpiría abriendo la puerta.
- Arace.... -apartó el polvo blanco de su vista con las manos y tosió con dificultad. La chilena volteó para ver de quien se trataba.
- ¿Tom? -achicando los ojos tratando de visualizar mejor entre todo el polvo.
- ¡El niño de trenzas! -celebró Estefanía poniéndose de pie.
- ¿Qué es esto? -preguntó con los ojos como huevo frito.
- ¿Una pizza? -rió la chica de ojos verdes.
- ¿Cómo llegaste aquí? -interrogó Aracelly levantándose tratando de limpiar sus prendas y cabello.
- Busqué tu nombre en el... ¡Ah, no importa! -se rindió al querer explicar.
- ¡No puedes estar aquí! ¡No me puedes ver así! -lo empujó hacia afuera tapándose la cara.
- ¡Pero traje comida! -levantó las bolsas que traía en sus manos.
- Entonces sí puedes... -lo enganchó del polerón impulsándolo hacia adentro nuevamente -¡Tefa, tenemos comida!
- ¡Wohoo! ¡Tenemos comida! -saltaba con una sonrisa de oreja a oreja.
- Vaya... -Tom quedó anonadado por la escena casi infantil pero simpática de la cual estaba siendo testigo, dejó las bolsas en la mesa y ayudó a las chicas a limpiar todo el desastre.
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- ¿Te gusta?
- ¡Sí! Es tan bello, es como siempre lo imaginé en mis sueños... -decía Pazhy maravillada con todo el ambiente de L.A.
- Qué bueno que te guste...
- ¿Sabes dónde está mi estudio?
- Eh... -"¿Por qué tenía que preguntarlo?" pensó- Sí, pero estamos muy lejos...
- Qué pena... Yo quería conocerlo... -agachó su cabeza.
- Ah... Pazhy... -miró el cielo- Está bien, te llevaré...
- ¿De verdad? ¡Gracias! -lo abrazó fogozamente por el torso.
- De nada... -"Bill... ¿Por qué tienes que ser tan blando?", volvió a meditar-
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- ¿Tienes sed, hambre?
- Eh, un poco de sed... -respondí.
- Ten.. -se acercó a un minibar (del cual no me había percatado en la habitación), sacó una bebida y me la entregó.
- Gracias -abrí la botella y di un primer sorbo profundo.
- Bien, tu número es el 278 -cerró la puerta y se dirigió al armario, sacó un perchero con un traje oscuro.
- ¿Cómo? -al cabo de terminar mi pregunta me lanzó el atuendo y lo sobrepuse en mí.
- Por allá hay un espejo... -señaló con la mano.
- Wow, esto parece laboratorio de Sherlock Holmes, todo está bien escondido... -sonreí intentando que la mujer dejara su seriedad pero no hubo caso -Es lindo ¿Qué opinas tú? -volteé para quedar frente a ella- ¿Me veo misteriosa? -volví a levantar mis comisuras. Ella hizo una mueca con la boca.
- Tyler no te lo dijo, ¿Cierto?
- ¿Decirme qué? -levanté las cejas y junté mis labios.
- Esto no es un juego Rojas, vamos a trabajar...

