domingo, 19 de febrero de 2012

Capítulo 26 - Luces, cámara, drama.


- ¿Estás tratando de decirme que fui a la habitación de tu novia? -María Paz apenas pronunciaba bien.

- ¿Fuiste a su habitación? -repitió abriendo los ojos.

- O sea, es que... -dudó- ¡Sí! Fui a su habitación.

- ¿Por qué, Pazhy?

- Porque una niña de la academia dijo que ella era una buena persona, que si tenía algún problema recurriera a ella... - Bill rió despacio.

- Pazhy... Ella es una buena persona, pero aún no entiendo cómo te pasó esto.

- No me preguntes eso, aún no puedo reponerme del momento.

- Pero, tranquila...

- ¡Bill! -gritó- Ella escuchó lo del beso, ¡Tienes que darle una explicación! ¿Te imaginas qué debe estar pensando? -trató de levantarse y salir de la cama, pero Bill la contuvo- ¡Te ordeno que vayas con ella, ahora!

- Tranquila, tranquila ¿No ves cómo estás?

- Da igual eso, yo estoy bien, ¡Ella no! -gruñó.

- No Pazhy, todo va a estar bien -suspiró- La veré hoy a la noche, hablaré con ella, o eso intentaré.

- ¡Te mato, Bill! ¡Te mato si arruinas la oportunidad! -dijo pegándole en el brazo.

- ¿Por qué eres tan escandalosa?

- Bill, yo hablé con ella pensando que no era ella, ¡Quiero decir...!

- Respira -dijo con calma- O tendré que llamar a una enfermera.

- Bien, bien, me calmo -manifestó al fin.

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Las horas no pesaban lo suficiente para sumergir mis pensamientos, Lourdes me dijo que antes de la conferencia debía asistir a una reunión con los jefes de otras empresas; el confiar tan ciegamente en una extraña y poco profesional adolescente como yo me ponía un enorme peso en los hombros, muchas veces los grandes ignoran las palabras de los jóvenes porque piensan que vivimos de ideas utópicas, nada aportivas para sus negocios.

En este lugar no se puede ni respirar con tranquilidad, siempre hay algo que hacer, la gente no deja de trabajar y a veces me pregunto si tienen tiempo para comer.

No quería dar la impresión de ser una muchachita tonta, por tanto, accedí a pensar frío y concentrarme cuidadosamente en todo lo que diría, pues nunca me había enfrentado con personas de tanto peso en un lugar, ni siquiera Tyler daba la cara para dar una buena impresión; prefería mandarme a mí, como una ruleta rusa, esperando que todo saliera como estaba premeditado, y si no, seguramente me arrepentiría por un largo tiempo.

- Te están esperando -dijo Lourdes y se detuvo frente a una puerta doble, la empujó y se quedó parada sin cruzar el umbral.

- ¿No me acompañarás?

- La invitada es usted, señorita.

- No conozco a nadie, ¿Qué pasa si alguien intenta herirme? -reclamé sin dar un paso adelante.

-Nadie la va a herir, son empresarios conocidos y serios en su área.

- Insisto, quiero que me acompañes.

- Está bien.

Avancé hacia la sala con Lourdes a mi espaldas y un sujeto con una bandeja de plata me atendió, sus cabellos rubios y ojos celestes se posaron en mí de una manera quieta pero muy intensa, queriendo vislumbrar todos los detalles de mi cuerpo de una forma casi inhumana. Los ingleses no están muy acostumbrados a ver latinas, mucho menos en asambleas tan importantes.

- ¿Se le ofrece algún trago, señorita Rojas? -me dijo.

- Sí, gracias -volteé- ¿Lourdes, quieres uno?

El individuo me miró confundido, como si yo acabara de decir alguna grosería.

- No- dijo en un tono seco y me agarró el brazo para movernos a otro lado de la enorme sala con personas de trajes carísimos y joyas que ostentaban sus enormes riquezas.

- ¿Por qué me miró así?

- No importa, no hagas caso, sólo haz lo que te diga.

Asentí por cortesía y seguí su paso hasta encontrarme con una mesa larga al fondo del pasillo.

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- No vayas a ahuyentarla.

- ¿Por qué dices eso?

- Tienes cara de estar enojado, así -Estefanía arrugó lo que más pudo las facciones de su rostro para que Tom la entendiera.

- No lo estoy -dijo en un tono sereno.

- Lo estaba, pero cuando escuchó el nombre Aracelly... -un golpe en el hombro le impidió a Georg terminar con lo que iba a decir, que de seguro era vergonzoso para el joven de trenzas que estaba apoyado en la pared.

- Ah, entiendo- dijo sin más la pequeña mujercita -No te preocupes, ya va a llegar, venía conmigo hasta la entrada, de ahí comencé a correr porque un sujeto nos había mirado raro, Aracelly no se inmutó, pero yo sabía que escondía algo -achicó los ojos- y lo más probable es que no nos dejarían entrar, le avisé que me apuraría y desde ese momento le perdí la vista.

- Entonces, debería llegar...

- Sí -volteó- ¡Y hablando de la reina de Roma!

La joven que había sido el centro de conversación por los minutos anteriores se hizo notar y saludó a todos antes de entablar una conversación con su prima.

- ¿Por qué saliste tan disparada, Estefanía? Te dije que tenías que estar a mi lado.

- ¡Ya te dije, ya te dije! -alegó- ¡Ese hombre nos quería echar!

- ¡Era un guardia, por el amor de Dios!

- ¿O sea que nos vio cara de delincuentes? -agitó los brazos y los cruzó- ¡Peor aún!

- ¡No!,¡Eres demasiado paranoica!

- Lamento interrumpir su conversación familiar, pero seguimos aquí -anunciaba animoso Gustav oscilando su mano.

- Lo siento -se disculpó Aracelly- ¿Cómo está ella?

- ¿Quién? ¿La importante para ti, o la importante para Bill? -se burló Georg, lo que le hizo merecedor de un codazo de Gustav.

- Creo que en ese caso es una sola persona -objetó la dueña de la pregunta inicial.

- En realidad no sabem... -sin poder finalizar, Bill salió de la habitación y se sorprendió al ver a Aracelly. Hubo un silencio incómodo que fue roto por la joven de pelo largo latina.

- Hola, Bill.

- Hola, Ara.

- ¡Qué ánimo! -comentó Estefanía.

- ¿Y mi amiga? -continuó.

- Es una larga historia... -suspiró Bill.

- Sí, sí, sí, ¿Podemos ir a otra parte? -se quejó el baterista.

- ¿Dónde está ella? -prosiguió Aracelly haciendo oídos sordos a la recomendación del muchacho de lentes.

- No sé, créeme que a mí también me gustaría saberlo.

Aracelly miró el piso, sabía, o tenía una enorme intuición de las condiciones que se estaban dando nuevamente en la relación de Bill y su amiga, el culpar a Bill por todo no era lo adecuado, mucho menos en una situación así, ni en un lugar como ése, por eso guardó silencio y siguió a los chicos por el pasillo. Se puso al lado del mozo alto y de cabello extravagante y le dirigió unas nuevas palabras para no cortar el hilo de comunicación; sabía que le debía unas disculpas por el malentendido que se formó.

- ¿Y tu amiga, cómo está?

- Mejor, se pondrá bien en unas semanas, tuvo suerte -intentó sonreír, pero su cara ya no reflejaba el mismo brillo que hace unos días atrás.

- Me alegro... -mordió sus labios y dejó que la culpa no la dejara sin palabras- Bill, camina más lento.

- ¿Me quieres decir algo?

- Algo así...

- No hay problema -con esto, obedeció la petición de Aracelly y dejó adelante a los demás para poder escuchar lo que ella tenía para comunicarle.

- Quisiera pedirte disculpas -dijo con la mirada en el suelo y las manos unidas hacia atrás de su cuerpo.

- ¿Por qué? -la inocencia de Bill por esas disculpas rozaba la ternura de un niño indefenso que buscaba una explicación.

- Por la vez que te malinterpreté, ya sabes -tomó aire- con Lala.

- ¡Ahh! -en su cara se dibujó una sensación de alivio- No te preocupes, eso ya pasó.

- Espero que no hayan tenido muchos problemas por eso...

- Unos cuantos -levantó una ceja- Pero se arreglarán.

- ¿Tuvieron problemas por lo que te dije?

- No -desmintió sólido- Por otras cosas, problemas entre nosotros.

- Bill... -Aracelly se detuvo y miró de frente al delgado chico, con una actitud dudosa, pero de un momento a otro muy convincente, lo abrazó y dejó su cabeza de lado.

- No estés así -la rodeó cariñosamente- Tú no tienes la culpa.

- Bill -levantó la cabeza y se separó un poco- Yo sé que ella es muy indecisa, y muchas veces te puede resultar fría e indiferente, pero por favor, -dijo en un tono tembloroso al borde de que el espejo de su alma se humedeciera- por favor no la dejes sola, ella te ama, Bill, yo sé lo mucho que te ama. Yo sé que ya no hablamos tanto, que ella pasa la mayoría de su día afuera y que sólo podemos tener un grado de comunicación antes de dormir, pero yo la conozco -en su mejilla ya se había dibujado el rastro de su emoción- Y desde que te vio a ti, la veo muy distinta, ella dejó todo allá en Chile por ti, viajó a Alemania con la ilusión de encontrarte a ti, aún recuerdo cuando todavía tenía miedo por contarme lo que pasaba contigo. Cuando ella llegó a Alemania y la acompañé a esa fiesta en la que tú estabas, ella no sabía si te iba a encontrar o no, Bill, el brillo de sus ojos cuando estábamos en el auto, esa esperanza de poder verte de nuevo... y no soy quién para decírtelo, pero es lo que pienso y siento como amiga de Laura; ella podrá tener discusiones contigo, podrá quejarse de muchas cosas, pero nunca, nunca te haría daño, y si algún día lo llegase a hacer, créeme que se sentiría muy m..

- Aracelly, detente -le cortó, mordiéndose el labio para no dejar que sus sentimientos se apoderaran de él.

- Bill, es verdad, te juro que es verdad.

- Yo lo sé, Aracelly, lo sé. Pero... -botó aire con fuerza- siento que últimamente he tomado muy malas decisiones.

- ¿Cómo cuales?

- No te gustaría saberlo, o si no, te arrepentirías de haberme pedido disculpas -se soltó finalmente y tomó asiento en una banca cercana. Aracelly se agachó frente a él para quedar a la altura de sus ojos.

- ¿Qué hiciste, Bill? ¿Es muy grave?

- Muy grave...

- ¿Qué tan grave?

- Grave, sólo grave -tragó saliva.

- Mírame -le decretó- ¿Le fuiste infiel?

Bill no deseaba responder, bajó la cabeza e intentó contener su rabia, a lo que Aracelly entendió; acarició el hombro del muchacho y le dio ánimos para que se levantara y alcanzaran al resto... Comprendió que de ahí, ya no podía hacer nada más, todo estaba en manos de él... y ella.

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- ¿Y Ara? -preguntaba la risueña jovencita mirando hacia atrás.

- ¿Y Bill? -agregaba el bajista de pelo largo.

- ¿Dónde se metieron?

- ¿Bill y Ara? -dijo Gustav. Al momento que todos sincronizadamente miraron a Tom.

- ¿Qué? -manifestó el muchacho de ropa holgada.

- Eso no es buena señal, viejo -bromeó Georg.

- ¡Por favor, es mi hermano! -dijo con indiferencia.

- ¡Y ella es mi prima!

- Eso no tiene nada que ver, Estefanía -rió Gustav.

- ¡No sé! ¡Era para cambiarle la cara de psicótico que tiene!

- ¡No tengo cara de...! -refunfuñó y se cruzó de brazos centrando sus ojos en la baldosa.

- Debe ser insoportable que tu propio hermano... -continuaba Georg- y tu novia...

- ¡Cállate! -gritó- ¡Ustedes me quieren volver loco! ¡Yo conozco a mi hermano!

- Sólo bromeamos, Tom. Si lo conoces no deberías enfadarte -expuso Gustav.

Era un cuadro dramático el que se vivía en ese entonces, los chicos reían por las cosas que podrían estar pasando por la cabeza del guitarrista al saber que Bill y Aracelly se habían desviado de la caminata que hace unos minutos tenían todos. Se dispusieron a esperar que ellos volvieran, o por lo menos, eso pensaban que pasaría.

Luego de unos 5 minutos, los pasos se oyeron a lo lejos y Estefanía pudo reconocer a su prima y los muchachos a Bill, nadie se atrevió a preguntar la gran duda que surgía en las sucias cabezas de todos. Menos Tom, ya que no tenía espacio en su cabeza para preguntarse algo, simplemente se le veía muy enojado por el momento embarazoso.

- Deberías hablar con Tom -aconsejó Estefanía a su prima que caminaba a su lado.

- ¿Por qué?

- No sé, por hablar, ¡Hace tiempo no lo hacen!

- ¡No me digas que estuvo pensando que Bill y yo...!

- Shhh -la silenció- No grites, el tema podría ser muy incómodo si estamos todos aquí, mejor invítalo al departamento.

- ¿Cómo lo voy a invitar? Tú vives conmigo.

- Digamos que... Tengo que salir -afirmó sonriente.

- ¿Ah, sí? ¿Dónde? ¿Con quién?

- ¡Oye! Mis padres se quedaron en Arizona, señorita -parloteó y siguió caminando sin dar la mínima información de su misteriosa salida.

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Sinceramente el escuchar las charlas de todos los sujetos de la sala me aburría, habían pasado 45 minutos desde que entré y no me habían dejado hablar, algunos proyectaban imágenes en la pared, otros hablaban de estadísticas, otros hablaban de las cuentas que tenían con otras empresas, todo era tan monótono que por poco me quedo dormida, pero Lourdes se encargaba de que yo pusiera el máximo de atención y que no quedara como una mal educada.

Pasaban largos minutos discutiendo el mismo tema, y hasta pensaba que yo estaba ahí solamente para marcar presencia, hasta que busqué el momento exacto para interferir.

- Lo que no logro entender, es por qué las ventas han bajado tanto y la sintonía se ha vuelto un factor preocupante en esta empresa -expresaba un sujeto de corbata y rasgos muy definidos mientras miraba su teléfono celular, seguramente de última tecnología.

En ese momento me levanté de mi asiento, obteniendo automáticamente las miradas de todos los hombres de esa sala.

- Es porque todo gira en torno a los adultos -dije, con seguridad. Lourdes me miró como queriendo decir "vuelve a sentarte, niña malcriada", pero seguí con mi postura - Lo que necesitan es una simple táctica, algo simple, al público adolescente le aburre la formalidad y lo complejo -hice una pausa para ver la reacción que tenían ellos, todos guardaban silencio, lo que me impulsaba a continuar- Pero sin olvidar la originalidad, el proyecto se debe plantear como algo nuevo, fresco, auténtico y simple, que llame la atención ¡Se luzca! Quizás muchos tratarán de mejorarlo, pero siempre es bueno ser el primero en algo, mucho más que ser el mejor. Así, la gente recuerda con facilidad... Los "mejores" programas de televisión nunca son los mejores siempre, porque hay otros programas que intentan igualar o superar ese nivel, pero el primero, siempre será el primero -finalicé.

Me dio un poco de miedo el que nadie emitiera un sólo comentario después de mi plática, dirigí mi mirada a cada una de las caras de los hombres elegantes y luego a Lourdes, que aún seguía con una actitud poco alentadora de lo que había dicho. Sin más, me rendí y tomé asiento nuevamente.

- Es... ¡Brillante! -dejó escapar por fin un varón con un cabello castaño suave y semblante de seriedad en sus ojos.

Acto seguido, todos comenzaron a murmurar entre ellos, cuando por fin el director de la reunión me dio las gracias y me comunicó que Tyler era muy afortunado por haberme escogido, claro, ese halago me hubiese sabido más dulce sin escuchar ese nombre.

La gente salió de la habitación con sus maletas y artefactos debajo el hombro, yo por mi parte busqué a Lourdes para seguir con la rutina antes de la conferencia de prensa, me llevó a otro pasillo que al fondo se atisbaba una escalera. Yo, como siempre, la seguí sin titubear.

- ¿Cuánto falta para la conferencia? -pregunté.

- Es a las 6 -dijo mirando su reloj.

- Tengo hambre, ¿Podemos comer?

Volvió a mirar su muñeca sin dar ánimos de una respuesta instantánea, sólo la dio hasta que llegamos a la recepción del rascacielos.

- Estás en horario libre, debes llegar a las 4 para la sesión de fotos, la entrevista y finalmente la conferencia.

- ¿Cómo? ¿Puedo salir?

- Sí, sólo hasta las 4.

- ¡Wow! ¡Creí que no iba a descansar! -dije animada estirando los brazos.

- El tiempo es oro, Rojas.

- ¡Sí, sí! ¡Gracias! -la abracé- ¿Viste cómo quedaron? -reí haciendo un gesto victorioso- ¡A ver la cara que tendrá Tyler! ¡Ni siquiera sabía si iba a funcionar! ¡Si no hubiese sido por ti, Lourdes, no me habría parado y hubiese dicho eso! -la volví a abrazar.

- Sólo vete... -me dijo- No llegues tarde.

Tengo que admitir que la frialdad de Lourdes a veces me deja perpleja, pero entiendo que es así como debe ser por su trabajo. Sea como sea, debo aprovechar este tiempo para tratar de relajarme y estar lista para lo que será mi primera conferencia de prensa. ¡Caramba! Suena tan serio que hasta llega a dar miedo.

Me preocupaba el hecho que sólo faltaba un día para la presentación de baile, mi plan era ir a visitarlos, es decir, comprar algún bocadillo rápido en el camino y aprovechar el tiempo para revisar cómo iba todo, y en realidad, poco me importaba que Nicole estuviera ahí. Claramente no iba a verla a ella, por mucho que fuese inevitable encontrármela. ¡Qué vida tan loca! Viajé a Estados Unidos por una razón; dirigir el baile, y ahora resulta que estoy haciendo de todo menos dirigir el famoso baile.

Al caminar por las primeras calles me sentí un poco mareada, casi olvidaba la condición en la que me encontraba, no podría caminar hasta llegar al estudio, mi única opción era llegar en taxi, pero primero debía encontrar un lugar para saciar mi hambre. Ahora más que nunca, debía alimentarme bien y dejar esa manía de no comer por demasiado estrés o asuntos raros en la agencia con Sam y Lourdes.

Los pasos aún me eran fáciles de ejercer, en algunos instantes me desorientaba al caminar, pero era simplemente porque mi marcha era muy acelerada, por ende, debía disminuir el ritmo y todo volvía a la normalidad, entre comillas. Cuando transitaba por las avenidas comerciales en busca de un restaurant me topé con muchas tiendas de ropa, entre ellas, una tienda para bebés, nunca pensé que iba a tener que entrar a una a tan temprana edad, aún no podía incorporar de lleno aquella noticia en mi vida. Pero, por alguna extraña razón, entré.

Las paredes tenían unos colores muy dulces para la vista, son esos típicos colores pasteles que junto con los miles de dibujos de criaturas peludas y con trazos delicados, hacían de la tienda un lugar muy agradable y feliz para quien examinara sus vitrinas. Caminé lento, analizando cada prenda que estaba separada por colores y estaciones del año, para mi opinión,la mayoría eran demasiado grandes, tocaba con cuidado el material de las ropitas, era tierno al tacto y encantador al imaginarse a un bebé usándolo. En ese instante no hacía otra cosa que pensar, las vitrinas de la tienda eran una especie de terapia para ayudarme a familiarizar lo que era ser madre, que para mis adentros sonaba como algo increíble, pero que me dejaba sin aliento al mentalizar cómo serían los primeros días en la vida de esa criatura, cómo enfrentaría ese momento, ¿En qué momento se enterará Bill? Claro está que no puedo ocultarlo por mucho tiempo, ¡Oh, vamos! ¿Quién podría odiar a una cosita tan pequeñita e indefensa como un bebé? De seguro mis padres cuando se enteren no sabrán que decirme, el hecho de no escribirles para saber de mi estadía es preocupante, y que la primera información que les llegue de mí sea un "¡Mamá, papá, serán abuelos" Es para sorprenderse y entrar un poco en trance. Aunque pienso que ellos no serían los únicos en un estado así, tal vez en el camino decida abandonar esto. Pero, ¿Cómo podría yo quitarle a este angelito la oportunidad de vivir? Por mucho que mi vida no sea la mejor para criarlo, algo debo pensar, pero ya habrá momento para eso, primero debo concentrarme en cómo se lo diré a..

- ¿La atiendo en algo, señorita?

Salté de susto a la inesperada intervención de la muchacha que me ofreció su ayuda.

- ¡Lo siento mucho! ¿La asusté? -me dijo con la mano en el pecho.

- No, no se preocupe.

- Bien, pero ¿Necesita ayuda con alguna cosa?

-No, sólo estaba... -señalé la vitrina- ...mirando.

- ¿Madre primeriza?

- Más bien, una madre todavía no asumida.

- ¡Oh! -rió- ¡Siempre pasa! Si me permite y no le incomoda, ¿Cuántos años tiene?

- Diecinueve, no me da vergüenza decir mi edad, ¡A menos que me vea más vieja!

- No, no, ¡Todo lo contrario! Su acento es muy particular, ¿Latina?

- Sí, chilena -sonreí.

- ¡Oh, chilena! -reiteró feliz y me dio la mano.

- ¡Sí!, Vaya... creí que aquí no conocían mucho Chile.

- ¡No, por favor! ¡Si es de América, se conoce, señorita!

Dí una pequeña carcajada por la simpatía que emanaba la maciza pero bella vendedora, luego de esto, miré mi celular y salí de la tienda, el tiempo se me estaba acabando, necesitaba comer y visitar el estudio de baile antes de las cuatro, todo minuto valía oro y se me era imposible darme el lujo de desperdiciarlo.

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- ¿Las llevamos a casa?

- No, Georg, gracias.

- ¡Qué mal educada! -rezongó Estefanía- ¡Sí, claro que pueden llevarnos!

- ¡Pero no es necesario!

- Claro que lo es, Ara.

- ¡Ya, no peleen! -Gustav llegó a tiempo para detener la pataleta de ambas.

- Yo no iré -agregó Bill- Me quedaré con María Paz y después debo ir a ver a Lala.

- Buena suerte -dijo en voz baja su hermano gemelo luego de darle una palmada en la espalda.

- La voy a necesitar -respondió.

- Bueno, -dijo Gustav- entonces nos vamos con las chicas.

- ¿No les molesta?

- Claro que no, Aracelly -objetó Georg- es más, le hacemos el favor a Tom.

Todos miraron al pelinegro joven de trenzas, que seguía sin manifestar ninguna emoción con su cara.

- ¿No te molesta, Tom? -interrogó esta vez Aracelly mirando al alto muchacho.

- Hay otras cosas que me molestan -rebatió tajante.

Aracelly no respondió, pero claro estaba que Tom no tenía el mejor genio en esos momentos, por eso mismo tomó el silencio como la mejor decisión antes que se desatara una pelea entre ambos. "Ya habrá tiempo para conversar" se dijo a sí misma.

El auto los llevó rápidamente a su destino, Tom al volante no emitía ninguna palabra, pero eso a Aracelly no le importaba como para cambiar su estado anímico y volverse paranoica por la razón de su seriedad. En cambio a su prima sí.

- ¿Por qué no hablas con él?

- Porque es mejor que se le pase solo.

- Quizá se le pase con una conversación. -insistía Estefanía.

- No necesito darle explicaciones, él no es mi dueño.

- No seas tan egoísta -suspiró-... él te quiere.

Aracelly tomó aire y lo botó con fuerza, miró afuera de la ventana y luego miró hacia el frente, donde se encontraba Tom, se suspendió ahí por un instante hasta que una palabra se formulara en su cabeza y pudiese comunicarla de sus labios.

- Intentaré hacerlo...

- ¿Van a bajarse? -dijo con una sonrisa burlona Georg.

- ¿Ya llegamos? -decía confusa la jovencita santiaguina.

- ¡Así parece! ¿Viven aquí? -reía Gustav.

- Sí, aquí viven -dijo Tom con una voz más grave que lo habitual.

- ¡Mil disculpas, señor! -emitía con sarcasmo Ara- ¡No sigo ensuciando su preciado auto! -y abrió la puerta con fuerza acomodándose su cartera al hombro y dando pasos densos pero veloces hasta llegar a la recepción del departamento.

- ¡Eres un genio! -manifestó con fastidio el bajista.

- ¿Yo? ¡Ella se enojó!

- ¡Sí, ella se enojó por el genio tan agradable que tienes!

- ¿Y qué quieres que haga?

- ¡Sal del auto y síguela! -dijo Gustav desde el asiento trasero.

- ¿Qué?

- ¡Sí! ¡Ve y conversa como hombre! -añadía su amigo de cabello largo.

- ¿Seguros? -el tono de Tom comenzaba a cambiar paulatinamente.

- ¡No tienes nada que perder! -insistía el baterista.

- ¡Nosotros nos llevamos el auto! -seguía su compañero.

- ¡Holaaaaa! ¡Sigo aquí! -aleteaba la joven que no había bajado del auto junto con su prima- ¿Puedo dar mi opinión? -tomó aire al no recibir respuesta- Bueno, lo que yo pienso es que debes ir y tratar de calmarla, luego de eso, puedes empezar a explicarle del por qué estabas enojado, y por último (...) ¡Bueno, agrégale lo que quieras!

- Es... que

- ¡Ya, sal! -ordenó Georg dando un fuerte empujón que dejó con la mitad del cuerpo fuera del auto a Tom.

- No me ayuden tanto.. -se quejó luego de pararse y cerrar la puerta del vehículo.

- ¡Y no te preocupes por mí, probablemente no llegue esta noche! -alertó Estefanía.

- ¿Ah?.

Pero no obtuvo respuesta más que el sonido del motor y su mismísimo auto avanzando derecho por la calle hasta perderlo de vista. "Aquí voy" pensó, y dio los primeros pasos de algo que posiblemente, le significaría un riesgo.

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Mi estómago no tenía razón ya para crujir, había comido y mi siguiente parada era el estudio de baile, las calles estaban llenas, como de costumbre, y la comida que había digerido hace unos minutos me estaba pasando la cuenta, no era la idea hacer una escena enfermiza en medio de la calle, pero una sensación de agobio causaba una ingrávida torpeza al caminar, el clima no me acompañaba en absoluto y tuve que parar para sentarme en el suelo. Contaba hasta 10 en voz baja, esperando que mis engorros cesaran y me dejaran continuar en el tiempo adecuado, pero en vez de eso, me hacían contar nuevamente hasta diez, haciéndome creer que este muchachito no quería darme tregua.

No recuerdo cuánto tiempo estuve así, lo que sí evoco fue la vibración que sentí en mi bolsillo. Aspiré hondo para darle firmeza a mi mano y poder sacar el celular del bolsillo y posarlo en mi oreja, para cuando atendí, ya sabía de quién se trataba.

- ¿Qué sucede?

- Tuve un infortunio- sobé mi cabeza- ¿Por qué llamas, Lourdes?

- Porque ya deberías estar aquí.

- ¿Qué? ¿Qué hora es?

- Son las tres cincuenta y cinco.

- ¿Tan rápido?

- ¿Rápido? -se escuchaba un poco molesta, y no es para menos, hasta yo detestaba muchas veces mi irresponsabilidad.

- Es que -tragué saliva- ...se pasó veloz el tiempo.

- ¿Le pasa algo?

- No, estoy bien, sólo fue algo que comí.

Escuché que mi tutora murmuró algo y luego volvió al teléfono.

- ¿Dónde te encuentras? Te iré a buscar.

- Eh... -tomé vuelo y me paré para divisar la dirección- Ban..Bandi..

- Estás en Bandini -interrumpió- Quédate ahí, llegaré en unos minutos.


Es para preocuparse cuando Lourdes dice "Unos minutos", porque realmente es así, y no podía verme en estas condiciones, seguramente sospecharía y eso claramente no estaba en mis planes, así que agité mi cabeza y pretendí recuperarme para cuando su auto oscuro se estacionara frente a mi persona.

Así fue, caminé aparentando normalidad y me subí al vehículo con ella. Frecuentemente me imagino a Lourdes como mi madre, disciplinando todos mis movimientos de una manera estricta y yo queriendo engañarla fingiendo que todo está perfecto. Pero es mejor que ella viva con la mentira que trato de darle a conocer, después de todo, ella no me conoce lo suficiente para asegurar si acaso falsifico o no con mi salud.

El impedimento al no poder asistir al estudio me llenó la cabeza de impotencia, el tiempo me juega muchas malas pasadas, cuando estoy en la oficina con Sam o en reuniones de "trabajo" los minutos parecen pesar una tonelada, en cambio, cuando necesito dosificar mis propósitos, el reloj también lo hace con sus manecillas, algo así como si alguna fuerza extraña quisiese alejarme de toda la civilización.

El motor dejó de funcionar frente al mismo edificio que estuve hace horas, nada nuevo a estas alturas para mis ojos, me estaba acostumbrando a la programación que lleva ser "el rostro joven" de Tyler, miré a Lourdes por un minuto, dudé en mi pregunta pero finalmente no pude contenerla.

- ¿Qué ganas tú con esto?

Lourdes arqueó las cejas manifestando el escaso entendimiento a mi interrogación.

- Tú... -continué- ¿Qué ganas? o mejor dicho ¿Qué pierdes si no trabajas para Tyler?

- Esos son asuntos externos.

- Ustedes se meten en mi vida todo el tiempo, y si me niego a darles información la sacan por las malas, ¿Mi pregunta es inapropiada tomando en cuenta lo que acabo de decirte?

- Son cosas distintas -abrió la puerta de su auto-... cosas que una chiquilla de diecinueve cuestionaría mucho -pisó el pavimento y se arregló la chaqueta.

Bajé también y me puse a su lado al caminar.

- ¿Por qué tú no lo cuestionas? ¿Es un especie de chantaje, o algo así?

La mujer no me respondió y siguió su marcha como si nada.

- ¿Tyler es un tipo de mafioso que los controla? -insistí.

Esta vez habló con un tipo que nos condujo a una estancia con forma geométrica y muchas luces.

- ¿O acaso tienes sentimientos por...

- ¡Silencio! -me cortó- ¡Estoy intentando ayudarte! ¿Puedes concentrarte en lo que realmente importa?

Era primera vez que Lourdes me hablaba con un tono tan elevado, evidentemente estaba molesta por mi hostigamiento, pero yo deseaba que entre nosotras hubiese más comunicación que un simple diálogo "profesional", con ella pasaba la mayoría del día, debería entender que está jugando el rol de mis amigos, e incluso de Bill.

- Lo siento -dije e incliné la cabeza.

Minutos después, era la misma historia, la muchacha que veía mi vestuario, la otra mujer preocupada del maquillaje, y así. Esta vez fue más fácil porque Elizabeth ya poseía mi talla y había encontrado muchos vestidos para mí, me preguntaba ¿Realmente debo usar todos para una simple conferencia de prensa? Supongo que la voluntad de Elizabeth iba por eso, y quién soy yo para exigir algo aquí, si ni siquiera soy famosa o algo por el estilo.

Estaba lista, eran las cinco y media de la tarde, busqué en mi bolso una botella y me dirigí al baño para llenarla con agua. Lourdes estaba en un rincón de la sala con cientos de papeles en la mano, me acerqué lento y tomé asiento frente a ella.

- De verdad lo lamento por lo que pasó hace poco... -dije.

- Eso no importa- respondió sin despegar los ojos de los papeles.

- ¿Qué es eso?

- Es la programación de la gala.

- ¿La gala?

- ¡Claro, ahí estarás tú!

- Pensé que sólo era una conferencia de prensa -me sorprendí- ¿O sea que pasaré por una alfombra roja?

- Sí, y deberás dar entrevistas.

- ¡Pero si yo no soy conocida!

- Con la charla que tuviste temprano aumentaste tu popularidad. Mañana estarás en los periódicos -buscó entre el montón de papeles y me mostró uno impreso con una foto mía.

- Por eso el hombre que estaba aquí quería fotografiarme...

- Correcto -acentuó.

- Pero Lourdes, tú no me dijiste nada de esto ¿Y si lo hago mal?

- No querrás hacerlo mal -dijo con franqueza.

- Ya lo sé, pero es difícil, no sé nada de galas, ni alfombra roja -incliné la botella para tomar un sorbo y mojar mi garganta.

Lourdes dejó los papeles a un lado y tomó una bocanada de aire antes de mirarme por fin a los ojos.

- Tienes que estar tranquila, no mires mucho a la cámara, no sonrías si no es necesario, no hables como si fueras candidata presidencial, no dudes en tus respuestas, si sientes un flash sonríe. Si preguntan algo molesto, no respondas...

- Entiendo... -asentí con la cabeza.

- ...y cuando termine, ven de inmediato, ¿Está claro?

- Eso creo.

Froté mi cabeza, me levanté y arreglé detalles de mi vestido. Ya era momento de enfrentar todo como correspondía...

viernes, 6 de enero de 2012

Capítulo 25 - Una vida más.


[Antes de leer, ponle play~ http://www.youtube.com/watch?v=anJ8Knxoazc ]

- ¡Bill, a tu amiga María Paz la atropellaron!- dije en un grito de desesperación y culpa, mis emociones rebalsaban y yo me quedaba sin aliento.

- ¿Q-Qué? -pronunció en un hilo de voz- Pero ¿Qué le pasó, cómo está ella?

- No sé, Bill, aún no he podido verla.

- Pero... pero...

- Debes venir... -entendía cómo se debía estar sintiendo, su voz lo delataba y yo lo conocía muy bien, no era para menos.

- Sí, sí... voy- tartamudeaba.

- Pero no vengas solo, dile a Tom que te acompañe.

- S-sí.

- Tranquilo... -que estúpido consejo para tremenda situación.

- Adiós- y cortó.

Suspiré y miré a Joe queriendo que me diera una cachetada en ese instante por lo mal que comuniqué la noticia, pero él no dijo nada, sólo me abrazó y siguió caminando conmigo hasta llegar a la habitación 347. En ese instante sentí que millones de libélulas volaban por mis venas y me dejaban sin sangre que bombear, los dedos se me congelaban, no sentía mis brazos y de un momento a otro la cabeza me comenzó a hervir.

- ¿Vas a entrar? -me dijo Joe al verme petrificada frente a la puerta.

- No estoy segura si estoy preparada para lo que vea.

- No estés así, ¿Estudiaste medicina en tu país, no?

- Pero no es lo mismo, hace mucho tiempo no tengo ningún vínculo con mi carrera, es como si me hubieran lavado el cerebro.

Joe se detuvo a pensar e inclinó su cabeza hacia un lado, después de unos segundos me tomó la mano y la puso alrededor de la manilla de la puerta.

- Estarás peor si no sabes qué hay detrás- sonrió queriendo darme ánimos.

- Cierto... -asentí y bajé mi cabeza.

- Yo esperaré afuera, sólo... relájate, todo va a estar bien.

- Gracias, Joe- empujé la puerta y di 4 pasos antes de levantar mi vista.

Algo raro sucedió, no era primera vez que me encontraba con una escena así, ver tanto artefacto tecnológico me recordó la vez que Bill cayó en el hospital, sólo que esta vez no podía entender por qué el estado de esta muchacha me angustiaba tanto. El dolor que tenía antes de entrar dejó de taladrearme el cráneo y pude recobrar la sensibilidad en mis extremidades. Me acerqué a la camilla y la observé, estaba dormida, en la orilla de la litera se encontraba el informe médico, por un momento dudé en verlo, pensé que no entendería nada, pero la curiosidad fue más grande y lo revisé con cuidado. María Paz había sufrido una fractura a su cadera y piernas, además de lesiones leves al cráneo y unos notables moretones en su cara que se podían apreciar a simple vista sin necesidad de ser doctor. Ahí mis dientes crisparon, la primera idea que se vino a mi cabeza fue que no podría caminar nunca más, de sólo pensar eso me daba pánico.
No quise despertarla, pero tenía unas enormes ganas de pedirle disculpas, de explicarle lo que había pasado, conversar con ella sobre qué hizo esa noche que quiso salir del hotel, decirle la verdad sobre mi vínculo con Bill, o algo más simple aún, el comprobar que su accidente no afectó a la parte cerebral y que aún tenía los recuerdos intactos y vivos en su cabeza.

- ¡Laura! Otra vez por aquí. -escuché una voz a mis espaldas que me tomó por sorpresa.

- Doctora Tornau -contesté después de dar un pequeño saltito.

- ¿Es tu amiga? -preguntó mirando a la chiquilla.

- No... digamos que, somos conocidas.

- Mmm... ¿Tú estabas con ella el día que le sucedió el accidente? No encontraría otra razón por la cual estuvieras aquí tomándole la mano.

- ¿Ah? -efectivamente tenía encarcelada su mano en la mía, ¿Cuándo pasó eso? la solté con cuidado para responder -Técnicamente no, pero... -detuve mi intención de explicarle la situación por una duda más importante- Doctora, ¿Cuánto tiempo más estará aquí?

- Bueno, quizás la tengamos aquí un tiempo, no lo sabemos... -dijo arqueando las cejas.

- Ah- asentí sin ganas.

- Oye, el tipo de afuera ¿Es tu novio?- cambiaba de tema.

- ¿Joseph?- pregunté.

- Ese muchacho guapo de ojos azules ¿Eh?- mencionó queriendo insinuar algo- ¿Él es el afortunado?

- ¿Afortunado?- reiteré confundida- No, doctora, él no es mi novio, sólo somos amigos...

- ¿Entonces no es formal?- siguió interrogando.

- ¿Qué está diciendo? No somos nada. -respondí casi molesta.

- Pero, ¿Cómo, entonces? ¿Bebes, te drogas?

- ¿De qué habla? -esto ya me estaba empezando a asustar.

- No te he contado...- se detuvo a pensar- Cuando termines aquí, pasa a mi oficina.

- Eh, bueno- aprobé y la vi desaparecer por la puerta.

Nuevamente estaba sola con María Paz, no había cambios en su situación, seguía dormida y en la sala sólo adornaba el seco sonido de la máquina que le contabilizaba los latidos de su corazón. Me senté a su lado de nuevo con el motivo de esperar hasta que tuviera un signo de poder despertarse o reaccionar al cambio de temperatura que adaptó la habitación con mi llegada.

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- Bill, viejo, estás pálido -opinó Georg.

- ¿Otro drama con tu doncella?- interrogó Gustav tratando de suavizar la circunstancia.

- ¿Le pasó algo, Bill?- interpeló su gemelo con tono firme.

- Debo ir al hospital...- masculló.

- ¿Quieres compañía? -agregó Tom.

- Sí, no puedo conducir así...

- ¡Esperen, esperen! -interrumpió el bajista- ¡Siempre salen ustedes dos y nos dejan con la duda! ¿Lo olvidaron? Somos amigos, hay confianza, ¿Por qué se cierran entre ustedes si saben que nos preocupamos y tenemos intención de apoyarlos en lo que necesiten? -hizo notar con un acento autoritario.

- Bill, si algo le sucedió a Laura también nos incumbe, porque es alguien importante para ti, y tú eres importante para nosotros- agregó Gustav.

- Chicos, agradezco lo que dicen, pero esta vez no...-dijo Bill moviendo sus manos.

- Iremos, ¡Te guste o no! -alegó el mayor de la banda.

- Ya déjalos, hay que ir rápido... -le dijo Tom a su hermano.

- ¡Ahí vamos! -ratificó Gustav siguiendo a los gemelos junto a su amigo Georg.

- Sólo quiero llegar rápido a ese hospital... -dijo Bill y subieron al auto.

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"Si nuestra vida fuera una línea recta, jamás se crecería como persona, si vivir no fuera una competencia, nadie sabría lo satisfactorio que es cumplir metas y sueños, si el amor no fuera doloroso, no sería amor..."

Los minutos pasaban lentos y tranquilos, no tenían razón de apurarlos, casi concluía el mediodía de ese terrorífico Martes, todo pasaba como de costumbre; Nicole en el estudio dando los últimos arreglos a la coreografía que se exhibiría al día siguiente, Tyler en su oficina, Gerard fastidiando todo y tratando de contener su rabia por el hecho que Laura siguiera viviendo y Cindy en el camarín preparando todo para el próximo día. Cabía recordar, que gracias a la maniobra de ese tal "Richard", la propuesta a Tyler de 3 días adicionales se había anulado por completo.

Así estaba yo, deshecha, por un lado culpable de dejar solos a todos esos chicos maravillosos, ahora todo se encontraba en manos de Nicole, claramente nuestra relación era distinta a como solía ser antes, quizás qué planes traía, supongo que si viajó desde Chile hasta acá no fue precisamente para darme un abrazo de felicitaciones.
El silencio de la sala del hospital me ayudaba mucho a reflexionar, el aire fresco que entraba por la ventana era perfecto, el color blanco de las paredes me ayudaba a aislarme de todo, pero seguía con esa actitud pesimista dentro de mí, no sólo había destruido mi sueño de bailar, sino que también destruí el de María Paz, pues ella había viajado para ser parte del grupo, y yo sólo le di malas pasadas, a ella y a Bill. Las ganas de llorar me carcomían todo el cuerpo, sin embargo debía mantener la calma, confiar en que ella podía despertar, en que se pondría bien, que volvería a abrir sus ojos y probablemente me odiaría por el resto de su vida, pero eso no me importaba, después de todo me lo merecía.

Me levanté de mi asiento y me dirigí a la ventana, dándole totalmente la espalda a María Paz, quise respirar hondo y tranquila, sacarme todo ese peso al verla en ese estado, admirar lo hermoso del día, poder sonreír sin razón, encontrarle lo bello a cosas simples, ser optimista en todo esto, analizar el por qué de tanto embrollo en mi cabeza, pensar de por qué estaba tomando este camino, ¿Cuál era realmente mi objetivo en todo esto? ¿Cuál era el final de este pasadizo? Hasta entonces jamás me lo pregunté, porque sinceramente nunca me di el tiempo para pensar como ahora, siempre era igual; la rutina aburrida y al final del día caer muerta en la cama para esperar el día siguiente y comenzar con lo mismo. Verdaderamente me estaba convirtiendo en alguien infeliz, sentía que algo pasaba con mi cuerpo, algo más allá de lo psicológico, es como si algo se estuviese moviendo inquietamente, como si no estuviese sola ningún momento, como si...

Pero en ese instante detuve mis pensamientos y concentré mis sentidos en María Paz, estaba intentando decir algo, al principio creí que soñaba, después comencé a acercarme y le toqué la frente; no tenía fiebre, seguramente faltaba poco para que despertara de su accidente, y si eso pasaba debía prepararme para no asustarla ni demostrar mis nervios.

- ¿María Paz? -susurré- María Paz... -subí un poco el tono de voz- ella comenzó a reaccionar como si sus párpados estuviesen pegados y luchara por abrirlos.


Ya era tiempo, tragué saliva y elaboré cuál sería mi primera frase cuando ella despertara, me tranquilicé y puse mi mente en blanco para volver a procesar.

- ¿Puedes oírme, María Paz?- ahora ella lucía mejor, pero aún tenía sus ojos cerrados, llevó su mano a su frente y frotó con debilidad. -Escúchame... ¿Recuerdas quién.. -y no pude concluir, sentí un ruido en la pared y una fuerza sobre mi hombro que me empujó hacia atrás chocando con la ventana, quedé atónita antes de asimilarlo todo.

- ¿¡Pazhy!?- dijo y tomó sus mejillas con ambas manos.

- B...bi..

- No intentes decir nada, está bien... Todo está bien, ya estoy aquí -decía mientras tomaba su mano.

- ¿Dónde estoy, Bill? -dijo apenas.

- En el Hospital Pazhy, pero no te preocupes, ya saldrás de aquí- decía con una voz que llegaba a traspasar su corazón- Te lo prometo, vas a estar bien...

- Bill, soñé con eso...

- ¿Con qué? -dijo confundido.

- Con ese día... el beso... y aún no logro entender por qué lo hiciste...

- María Paz, no es momento para hablar de eso, ya te lo expliqué.

- Bill... Ella... ¿Está aquí?

- ¿Quién? ¿De quién hablas? -antes de que su amiga respondiera continuó- ¿Sabes quién eres? ¿Recuerdas todo?

- Ella... -levantó un poco su cabeza y me miró- Ella salvó mi vida...

Bill volteó, por primera vez se dio cuenta que yo me encontraba ahí, pero yo no deseaba estar en ese lugar en ese momento, sentí algo en mi garganta, un sabor horrible, ¿A qué se refería con "ese beso"? ¿Qué estaba tratando de decir? ¿Todo este tiempo me estuve sintiendo culpable por la persona equivocada? Bajé mi cabeza y salí lo más rápido posible de la habitación, pasé por en medio de los demás muchachos que venían con Bill y pedí un ascensor sin decir ninguna palabra, pero antes que éste llegara sentí que alguien corría hacia mí y me detuvo para ponerme contra la pared del pasillo.

- ¿Qué ocurrió? ¿Cómo está?- Joe tomó mis brazos acorralándome frente a él.

- Llévame al hotel...

- No puedo -metió su mano al bolsillo y sacó un papel- Tienes hora con la doctora... -leyó- Tornau.. -dijo dudando un poco sobre la pronunciación.

Tomé aire y asentí, debía reponerme para el compromiso, ya tenía bastante de habladurías y quiera o no el problema de Bill y esa niña tenía que ocupar lugar en mi cabeza en otro momento.
Como yendo contra la corriente me dispuse a caminar hasta la oficina de la doctora Rocío Tornau, por primera vez en mi vida pude censurar a mi subconsciente de todo comentario o palabra que se le ocurriera lanzar para causar un caos cerebral.

Joe seguía a mi lado para acompañarme y asegurarse que todo estaba bien, pero no dudé ni 5 minutos sin demostrarle lo que estaba sucediendo.

- Estoy sola...

- ¿Qué? -respondió y detuvo su caminar.

- Que estoy sola... -repetí.

- Es que no te entiendo, no entiendo qué quieres decir.

- Cuando estaba con María Paz en la sala, él llegó a verla...

- Sí- me interrumpió- Me preocupó el hecho de que entrara tan alterado y tú estuvieses adentro aún.

- ... Pero no se percató de mi presencia- añadí.

- ¿Cómo? ¿No te vio?

- No me vio hasta que ella le dijo- Joe dio una mirada fugaz al techo antes de responder.

- Esto es increíble -se sorprendió y tocó su frente.

- Y ella le habló de algo... -dije en voz baja.

- ¿De qué?

- Le dijo algo sobre "un beso" -la última palabra sonó más bajo y frío de lo que yo acostumbraba a hablar.

- ¿Un beso? Es decir... ¿Piensas que él... y ella...? -me dijo y chasqueó la lengua.

- ¿Hay otra cosa que pueda pensar? -Joe comenzaba a comprender mucho mejor mi reacción al salir corriendo por el pasillo.

- ¿Y cómo te sientes?

- No creo que sea necesario que te lo diga...

- Pero-titubeó- digo, él no es el único culpable... Tú también... Digo... No quería llegar a este punto pero...

- Eso es distinto -dije de golpe.

- ¿Por qué es distinto? Es infidelidad igual.

- ¡No es infidelidad! -me defendí.

- ¿Ah, no? ¿Por qué no? -cuestionó frunciendo el ceño.

- Porque no es mi novio... -dije finalmente, y hasta yo me di asco por tremenda respuesta.

- Pero tienes sentimientos por él ¿O me equivoco?

- Joe, voy a pasar a ver a mi doctora -interrumpí y di un paso adelante.

- Está bien... -pronunció vencido- Te esperaré aquí... -continué sin responder ni inmutarme.

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- ¿Qué fue eso? -decía Georg por fin después del largo silencio que guardaron todos por ver a la muchacha correr cuando Bill entró a la habitación.

- Creo que algo pasó... y no creo que sea algo bueno -respondió Gustav mirando en dirección donde Laura escapó.

- Se lo dije... -dijo Tom en voz baja.

- ¿Que le dijiste?- curioseó Gustav.

- Esa niña sólo ha traído problemas...

- No seas así, Tom -dijo Georg- Es la amiga de Bill, debemos respetar eso.

- Ella no respetó nada... -decía con despecho- Se metió en un problema gigante y ahora Bill debe pagar por esto- volteó y miró a sus dos amigos- ¿Acaso eso es justo? Díganmelo, ya es suficiente trabajo el que le da Laura a Bill, por su culpa no podemos grabar, por la culpa de ella no podemos salir como antes, por culpa de ella Bill no quiere trabajar.

- No creo que sea tan así, lo ves de una manera demasiado pesimista- contestó Gustav seguro- Nunca vimos a Bill tan feliz como cuando la conoció en Chile, y tú mejor que nadie sabes que éso era lo que él buscaba, una persona que lo quisiera.

- ¡Claro! Que lo quisiera, ¡Pero no que le causara tantos problemas! -bramó.

- Tom, si fuese así, a ti también te tiene mal esa otra muchacha- interrumpió Georg.

- No es igual, tú sabes perfectamente que yo no reacciono igual que Bill, jamás dejaría que una mujer arruinara mi sueño.

- ¿No? -dijeron a coro los dos.

- ¡No!

- ¡Raperito!- se escuchó a lo lejos.

- Pero ¿Qué demonios? -dijo Tom volteando su cabeza y divisando una cara conocida.

- ¡Uf! -se detuvo para recobrar aire- Aquí estás, con mi prima te buscamos por todas partes.

- ¿Aracelly está aquí? -musitó el joven con trenzas.

- ¡Claro! -miró a sus espaldas- ¿¡Pero qué le ocurre!? ¿Por qué no llega? Debe haberse quedado atrapada en... -Estefanía apoyó su cuerpo en la muralla.

- ¿En donde?- insistió Tom para que la chiquilla terminara su enunciado.

- "No, si yo soy distinto"- se burlaba Georg.

- ¡Cállense! -impuso el mayor de los Kaulitz.

- "No me dejo llevar por ninguna mujer" -continuaba Gustav y se reían con su amigo.

- ¿Ah, sí? -Tom golpeó en la cabeza a sus dos compañeros y esta vez el dueño de la carcajada fue él- ¡Eso sí es chistoso!

- No entiendo nada -decía la niña de ojos verdosos que seguía esperando a su prima.

- No es necesario... -finalizó Tom y dio un suspiro largo.

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Por otro lado, pero no del todo ajeno, el aire corría sin descanso por las ramas de los árboles, el vivo color verde del pasto llenaba de frescura y belleza el paisaje que en los días como éstos tocaba tímidamente la perfección, el paraíso de una ciudad de Los Ángeles infestada de gente que no se miraba ni se hablaba al cruzar por las avenidas, el bello canto de pajaritos que aprovechaban el clima para pasear de copa en copa y atiborrar los alrededores con cantos y recordar que la naturaleza vivía. Todo era bello y armónico, lo único que podía contrastar en esos instantes era la fría mirada de Colette, porque no era otra quién descansaba mirando las nubes, tratando de buscarle sentido a todo lo que poseía a sus aledaños, pero para ella no era simple, no después de lo que pasó, la francesa no tenía grandes expectativas de ese día soleado, porque para ella había sido nefasto, no podía encontrar una razón para explotar su imaginación o ir junto con el viento para dejar caer sus preocupaciones en el suelo y que éstas se desvanecieran por completo. Colette se sentía sola, triste y decepcionada, las palabras de quien creía que era su única compañía en la enorme ciudad le percutían en la cabeza, como dos bombos sonando al unísono, como dos bombas nucleares a punto de estallar.
Colette se puso de pie e intentó inhalar lo más fuerte que pudo para luego soltar ese aire y así sentirse un poco mejor, pero era inútil, sus ojos no habían secado aún, seguían dispuestos a seguir llorando, sólo por el hecho de recordar que jamás debió mencionarle a Dominique el problema de su infancia. Todo por aquél fantasma que seguía atormentando sus días, el espíritu de su madre, esa madre que nunca tuvo y siempre deseó, la que jamás tocó ni besó, ése era el recuerdo que tanto le carcomía el corazón, ése fue el punto débil que la hizo bajar su escudo y marcharse, no tenía armas para enfrentarse a Dominique, y ¿Cómo se iba a defender? Si con eso la habían dejado sin movimientos, sin chances, sin ánimos. Ella sabía que debía regresar al Hotel, pues no tenía donde ir, no quería ver la cara de la chilena, no obstante las cosas no debían combinarse. Pero fue aquél día en el cual Colette entendió que...

"No conocemos a nadie, y nadie nos conoce a nosotros."
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Reaccioné al segundo de encontrar la puerta correspondiente que decía con letras pequeñas "Doctora Rocío Tornau", antes de abrir me llené de curiosidad ¿Qué es lo que deseaba decirme? ¿Por qué esas preguntas cuando me encontraba al lado de María Paz?. Si seguía manifestando más preguntas de seguro no abriría nunca esa puerta, así que me dejé de cuestionar y giré la manilla, crucé el umbral y la saludé como de costumbre.

- Toma asiento- me dijo con una sonrisa.

- Aún no entiendo nada... -manifesté haciendo caso a su invitación.

- Tengo que decirte algo...

- La escucho- manifesté calmada.

- Te explicaré con cuidado y por partes... -suspiró- No podré hacerte las radiografías ni los exámenes mañana.

- ¿Qué? ¿Por qué? -pronuncié asustada.

- Bueno-prosiguió- cuando llegaste aquí y te examiné, aproveché de sacarte unas muestras de sangre ¿Verdad?

- Sí... -estaba empezando a asustarme, intenté encajar las pocas piezas que me estaba otorgando para poder deducir antes lo que me debía decir.

- Bien, esas pruebas dieron un resultado, el cual significa que no puedo hacer los exámenes que tenías programado mañana- dio una pequeña sonrisa como dado por hecho que yo ya sabía a qué se refería.

- No, no-balbuceé- No sé si le estoy entendiendo bien, doctora.

- Creo que es fácil, se ve en primer año de Medicina- puso sus manos encima de la mesa.

- No-dije rápidamente- No es cierto... Es imposible doctora, se equivocó con los exámenes.

- No creo que sea imposible, a menos que seas virgen, ¿Lo eres?- se me heló la piel con esta afirmación indirecta.

- No, pero... pero- quedé muda por un momento- ¿Está segura? ¿Totalmente segura?

- Por eso te pregunté si el muchacho de ojos claros era tu novio...

- Y por eso las preguntas extrañas consecutivas a eso... -entendí y me paré- No puede ser, no ¡No! ¡Doctora, dígame que me está jugando una broma! ¡Por Dios, sólo fue una vez!

- Quizás estabas en tu período fértil... -decía manteniendo su compostura y tratando de tranquilizarme.

- ¿¡Pero por qué a mí!?

- Siéntate. -me ordenó- Sé que es difícil, digo, algunas mujeres desearían tener la suerte que tú, muchas de ellas han llegado aquí y lloran porque no pueden formar una familia, no tomes esto como un castigo, Laura, tómalo como una nueva oportunidad de cambiar tu vida.

- Es que, no entiende-tragué saliva- Justamente en este momento me tenía que enterar... En el momento que no puedo desconcentrarme ni tener sorpresas como éstas.

- ¿Tienes problemas con tu pareja? -me interrogó.

- Eso es lo de menos, estoy colapsada con mi vida, doctora ¡Es que con suerte puedo ver a mis amigas! ¡Hace mucho que no hablo con ellas, y lo peor es que están en el mismo hotel que yo!-enuncié con las lágrimas encadenadas para no dejarlas brotar.

- Debes decirles, debes contarle esto a alguien, Laura. No vas a poder esconderlo por mucho tiempo... ¿Es porque tienes miedo de cómo reaccione él?

- Es porque no puedo contárselo a nadie -hice una pausa y mi voz comenzó a tiritar- y porque tengo miedo, doctora -mordí mi labio inferior con fuerzas- No quiero que por culpa de mi ritmo de vida esta criatura tenga una mala formación, o quizás la pierda... Eso no podría perdonármelo... Nunca.

La doctora tomó una bocanada de aire y acarició mi pelo para volver a entablar nuestra conversación.

- Si tú quieres, puedo darte una licencia médica... -me dijo.

- No, eso no... No puedo, debo cumplir con mis obligaciones... ¿Sabe? Quizás no fue el tiempo ni fue el momento, quizás nunca pensé en que esto podía pasar... pero sucedió, y no puedo desistir con esto, no puedo y no debo.

- Recuerda que ahora debes pensar por él o ella también...

Bajé mi cabeza y luego la miré a ella- ¿Puede guardar este secreto?

- Es mi deber como profesional no revelar lo que...

- No-la corté- no se lo pido como profesional ni como médica, se lo pido... Como persona, como mujer.

Quedó pensando un momento y se inclinó hacia atrás de su silla para volver y poner sus codos en la mesa.

- Sí- avaló.

Y la conversación quedó en esto, nadie sabría qué pasó en esa sala, nadie sabría sobre mi estado, tendría una vida "normal", haría las mismas cosas, pero lo que era cierto... Es que jamás me sentiría la misma persona que hace 10 minutos atrás...

Se hacía tarde, eran las 1:45 de la tarde, seguramente la puntualidad y la llamada de Lourdes no tardaría en hacer sonar mi celular, debía ser rápida, aún tenía su ropa y eso seguramente la pondría de mal humor, pero creo que para esta situación tendré que dar una pequeña mentira piadosa para librarme de su enojo al no entregarle su uniforme limpio e impecable.

Salí con Joseph del Hospital, seguía con su mirada recelosa de tener una conversación pendiente, creo que para él era importante el aclarar el malentendido con Bill, digo, para mí también lo era, pero después de saber que iba a ser madre todo lo demás era totalmente ínfimo, por mucho que Bill estuviese igual de involucrado que yo, le dije a Joseph que ya habría tiempo para seguir con nuestra charla y que no se preocupara tanto, después de todo ya tenía 19 años y 2 viajes larguísimos en mi bitácora. Como siempre fue fiel a su silencio al momento de salir del Hospital y subir al auto, al cabo de 15 minutos ya nos encontrábamos en el Hotel Phoenix, intenté no mostrarme distinta, no quería siquiera que sospechara de lo que había hablado con mi doctora ahí dentro mientras él esperaba pacientemente a las afueras del pasillo. Así que subí a mi suite, me di una ducha y me vestí con lo primero que encontré, le dije a Jenny que llevara la ropa de Lourdes al cuarto de lavado y que volvería probablemente en la noche, ella como siempre asintió de buena forma y me deseó suerte en mi día. No sé qué haría sin los buenos deseos de Jenny, es como una galleta de la fortuna que te levanta el ánimo con sólo una sonrisa.

Como lo esperaba, antes de coger el ascensor mi teléfono sonó y yo estaba totalmente segura de quien era, sospecho que la puntualidad de mi tutora era superiormente mejor que la alarma de un aparato electrónico, me comunicó que ya estaba abajo y que me apresurara, no lucía enfadada pero yo tenía total conocimiento de que este día sería lo mismo de siempre...

Al subirme a su auto se sorprendió con mi apariencia, tanto así que no vaciló en soltar un comentario.

- ¿Así piensas ir a trabajar?

- Nadie me dijo que necesito un uniforme especial -me defendí.

- El día de hoy tendrás tu primera conferencia de prensa. -aseguró prendiendo el aire acondicionado del vehículo.

- ¿Qué? -dije extrañada y sorprendida.

- Tyler dijo que no necesitas tanto tiempo para prepararte y que necesitamos aprovecharte al máximo.

- Pero ¿Qué voy a decir?.

- Sólo debes responder a lo que los periodistas te digan, no es difícil, además -aclaró su garganta- Sam y yo debemos asegurarnos que salga bien.

- Espero.. -tomé una bocanada de oxígeno y la solté para dejarme caer hacia atrás del asiento.

Las charlas con Lourdes no solían ser de otra cosa que no fuera "el trabajo, trabajo y el trabajo" Ah sí, y a veces sobre "lecciones de cómo no conseguir que Tyler se enfade".
Cuando llegamos, todo era muy distinto a la oficina que había acudido días anteriores.

- Lourdes, ¿Estás segura que es aquí? -dije un poco desorientada.

- Sí, vamos, andando... -decía adelantándose con paso firme.

- ¡Oye! -le grité, ella se detuvo y me observó con extrañeza- Discúlpame por no traer tu uniforme hoy, hubo un problema con la lavadora ¡Pero mañana estará como nuevo!

- ¿Sólo eso? Vamos, Rojas -mencionó quitándole interés a mis disculpas. Sólo me quedaba acceder a seguirla.

Aún no entiendo si Lourdes se comporta de esa manera porque su trabajo le obliga a que debe enfocarse en sólo una cosa o realmente su carácter es así. De nuevo se me viene la interrogante de si le agrado o no, tal vez ella fue la favorita de Tyler alguna vez y yo vine a romper algo en su relación profesional o, cosas por el estilo, creo que preocuparme mucho de Lourdes me hace entender que de verdad necesito a alguien que me escuche entre medio de tanta gente desconocida.

El edificio por dentro era espacioso y de un color blanco que contrastaba con los muebles de vidrio y color gris que habían, Lourdes se detuvo en un escritorio grande y largo para preguntar por algo, luego de esto me miró y me hizo un gesto para que no le perdiera los pasos, cosa que obedecí para no terminar en quién sabe dónde.

Llegamos a una sala extraña, parecía un estudio de Televisión, habían escenarios y puertas por todas partes, una sala llena de artefactos de sonido y micrófonos, cámaras y luces por todas partes, comencé a sentirme un poco mareada, por lo cual detuve un poco mi ritmo al caminar, ahora sí entendía por qué me ocurrían tales trastornos, pero también debía cuidar muy bien de mi salud, aún así pude llegar hasta donde mi tutora me indicó. Habían muchas personas, pude divisar que Lourdes le decía algo al oído a una de ellas, la mujer de cabello oscuro y lentes cuadrados se acercó a mí y me saludó con dos besos, uno en cada mejilla y me vio de pies a cabeza.

- ¡Pero qué alegría verla, señorita Laura! Es un honor tener a una muchacha tan guapa como usted por estas partes- me tocó la cara- ¡Desde Jennifer López que no veía una piel tan hermosa!

- Gracias -dije sin ganas- Pero, aún no entiendo por qué estoy aquí.

- ¡Oh, pues yo soy la encargada de su vestuario para esta oportunidad! Me presento, soy Elizabeth Leigh. Veo que usted no vino muy preparada para una "Conferencia de prensa" -rió bajito de forma burlesca, como lo haría mi tía abuela.

- Creo que no... -musité.

- ¡Venga, venga! Creo tener el conjunto perfecto para usted -me tomó del brazo y me llevó a un armario gigante lleno de prendas brillantes y coloridas- Creo que esto le podría quedar -lo sobrepuso en mi cuerpo- ¡No, demasiado rosa! -comentó- ¡Ahh!- sacando otra combinación- ¡Ésta! -repitió la misma acción que con la otra y dio un gesto de aprobación- ¡Perfecto! Ahora, ¡Ve a probártelo! -me lo entregó.

- Pero...

- ¡Anda, niña, no tengas miedo, pruébese, aún queda el trabajo de maquillaje y la conferencia empieza en unos minutos más! -empujándome.

- Bueno, bueno.. -dije casi rendida y entré a la casilla del vestidor, honestamente no me agradaba esta gente y no entendía cómo de estar en un Hospital recibiendo una noticia tan importante ahora estaba en un estudio apunto de ser acosada por cámaras y cosas así, ni modo. Me saqué la ropa que llevaba puesta y me probé el conjunto que me dio esa tipa con voz ronca.

- ¿Ya estás lista, niña? -decía desde el otro lado de la puerta.

- ¡Ya casi! -cuando cerraba el último botón de la chaqueta escuché el ruidoso sonido de mi celular y di un salto como loca antes de contestar, ya era bastante por el momento. -¿Hola?- Reconocí su voz al instante, era Bill, se me heló la sangre, no sabía qué tono poner-... Sí.... Eh, ahora estoy ocupada.... No... No, que diga, no sé si pueda hoy... -suspiré- Como quieras, Bill, adiós- corté sin ánimos, deseaba verme hoy, creo que tendré visitas en mi suite a la noche, pero honestamente no quería hablar con nadie, menos con él, espero que se le olvide o tenga otros planes... ¡Qué digo! Es Bill... No puedo ser así, después de todo Joe tenía razón, ambos nos debemos una disculpa, el único problema es que él no sabe lo que yo tengo que decirle. Espero que esto no se ponga peor de como está.

- ¡Niña! ¿Hasta cuando? -gritaba ya con una voz molesta.

- ¡Sí, lo siento! -dije y salí de la casilla con pasos inseguros- y... ¿Queda bien?

- ¡Fabuloso! ¡Ahora ve a maquillaje para que te arreglen los últimos retoques!- manifestó dándome una palmada en mi trasero, cosa que no me agradó para nada pero que simplemente ignoré.

Jamás me había maquillado profesionalmente, siempre había visto vídeos o cosas por el estilo de famosos y espejos gigantes con muchos artefactos cosméticos a su alrededor, pero no sabía lo que se sentía, y creo que era una buena oportunidad para averiguarlo.
Cuando vi a la maquillista me recordó a Cindy, no por la cara ni sus gestos, simplemente por el hecho de tener siempre un lápiz labial o un estuche de sombras en su mano. Cuánto extrañaba a esas personas, y más a todos los del baile, ¿Qué estarán haciendo?, ¿Nicole los estará tratando bien? ¿Cómo estará Ying? ¿Qué será de Gerard y Julia? Tantas interrogantes hicieron que el tiempo en la silla de maquillaje se hiciera corto, para cuando terminaba mi nostálgica búsqueda de recuerdos mentales, la muchacha ya soltaba un "Estás lista" de su boca. Gracias a esta señal me puse de pie y esperé a que alguien me diera indicaciones de mi próximo movimiento, ya que aquí no puedes hacer algo si no te lo ordenan.

Busqué a Lourdes con la mirada, pero no la encontré, eso sí, sentí un flash a mi espalda, volteé sin entender y me tapé el rostro con la mano, era un tipo con barba y una chaqueta de cuero negra, en sus manos tenía una cámara fotográfica profesional, lo que me hizo deducir al instante qué rol cumplía en todo el equipo, lo que no entendía era por qué esa clase de "Bienvenida"

- Eh... -dije sin quitarme la mano del rostro- ¿Sería mejor si me avisaras cuando debo posar?

- Lo siento- expresó- Me llamo Chris, un gusto, soy... -miró el artefacto de sus manos- Bueno, ya debes haberlo adivinado- rió.

- Sí. Yo soy...

- Lo sé, eres Laura Rojas, la chiquilla chilena que viajó hasta acá-me interrumpió.

- Vaya, soy conocida -dije un poco pasmada.

- Bastante -afirmó- Oye, ¿Por qué no me ayudas con algunas fotos?

- Es que -reí- Yo no soy fotogénica...

- ¡Vamos! Eres latina, eso te hace sexy por naturaleza -aseguró y solté una carcajada- ¿Lo ves? Tu risa es muy linda, dame más poses.

No entendía el por qué de toda la situación, sólo me dejé llevar y obedecí a la petición del sujeto quién parecía bastante agradable.

- ¿Así está bien? -dije inclinando mi cabeza un poco hacia adelante.

- ¡Bien! Estarán en la revista -reía y apretaba el botón que hacía desprender un flash- Tyler sabe escoger- agregó, aunque su acotación no me sonó muy bien en mis adentros, continué moviéndome, el sólo hecho de escuchar el nombre de ese hombre me ponía inquieta, pero debía controlarme, sobre todo ahora.

"En algún momento creí que tenía todo lo que quería, pero la verdad... no tenía nada que realmente necesitara..."
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- Bill, no entiendo aún por qué ella se fue... -insistía María Paz después de una larga conversación con su amigo.

- Hay ciertas cosas que no te he contado. -dijo él.

- ¿Como cuáles?

- Sobre el lazo que tengo con esa chica.

- ¿Cómo? ¿Se conocen? -achicó un poco los ojos.

- Sí, y creo que por eso es que se fue... -dijo con un tono más bajo.

- Eso no tiene sentido... -agregó.

- Sí lo tiene, más aún cuando mencionaste lo del... "beso".

- Pero ¿Cómo? ¿Acaso tu novia no era esa muchacha del estudio, esa de pelo largo y oscuro? -se enderezó de la cama quejándose un poco por el dolor que aún tenía.

- Cuidado, Pazhy -le ayudó a moverse y continuó- No, no era ella, esa niña se llama Aracelly, y es amiga de Laura -María Paz levantó una ceja- Y Laura es la muchacha con la que yo salgo... -hubo un silencio profundo que dejó a su amiga con los ojos clavados en un punto fijo.


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sábado, 17 de septiembre de 2011

Capítulo 24 - "Velocidad"



Me ahogué en su presencia y contuve mi respiración, supuse que eso me ayudaría para no estallar en llanto, por lo menos las vagas lágrimas podían esconderse en un pañuelo desechable. Pero no quería compartir mi ambiente con nadie en ese instante, quería ser el ejemplo de lo egoísta sin importar lo que pensara el resto, quería asfixiarme en mi culpa y sentirme una masoquista con razón de serlo, pero no podía, creo que soy lo suficientemente gente para no echar a patadas a la sonriente María Paz. Eso sí, no intercambiaríamos muchas palabras después de esto, porque si lo hacía, me estaría obligando a tomar medidas drásticas para dejar de ser una "persona".

Ni necesidad hubo de explicarle lo que pasaba, creo que lo presintió al notar mi silencio, no preguntó nada, excepto dónde se encontraba el baño y si acaso podía usarlo para darse una ducha. Le indiqué y respondí afirmativamente, me daría un tiempo para pensar y poder convencerme que sólo era una estúpida exageración de parte mía. Quería que llegara el día Miércoles y hablar con mi doctora, tal vez yo necesitaba un psiquiatra en vez de un doctor común y corriente.

Aún faltaba pasar el día Martes, ¿Qué haría?, miré mi ropa y lo recordé. Debo devolverle esto a Lourdes y recuperar mis pertenencias, aún no comprendo el por qué de lo ocurrido hoy en la tarde, es como si no hubiese sido yo quien estaba en mi cuerpo, como si... Como si me estuviese enloqueciendo de a poco. Creo que el estar tan alejada de mi Universidad me ha dejado totalmente ignorante a lo que sucede en mis sistemas, ya no soy la chica con amor profundo a la Medicina, en estos momentos ni siquiera me siento capaz de sanar una raspadura en la rodilla.

María Paz aún no había regresado y yo no podía dormir, pensé en hacer algo estúpido, pero en esos momentos ése algo era lo que necesitaba para poder descansar tranquila.

Me paré rápido, supongo que fue normal el que me haya mareado, cuando me estabilicé corrí a la puerta y la cerré por afuera con cuidado, los pasillos seguían iluminados aunque fuesen las 2 de la mañana, probablemente Jenny estaba merodeando aún por el Hotel, a veces pienso que esa mujer nunca duerme, pero lo hace.
Pedí el ascensor, cuando llegó me metí adentro y esperé a que se abrieran nuevamente las puertas en el piso que solicité, fue un trámite rápido, podría haber ido perfectamente por las escaleras pero mi cansancio físico y psicológico no me lo hubiese permitido. Caminé hacia el fondo del pasadizo y doblé a la izquierda, al principio dudé un poco, ¿Estará dormido? ¿Será inapropiado entrar ahí?. Pero creo que mis palabras se oyeron hasta el otro lado de la puerta, porque sin siquiera tocar con mis dedos la estructura se abrió.

- ¿Tú no duermes, niñita? -me dijo sonriendo.

- No creo que esta noche, Joe.

- ¿Vienes a hablar conmigo?

- Creo que eso haría si me permitieras pasar... -expresé sin vergüenza.

- ¿Dónde está la niña que trajiste hace un rato? ¿Ya la echaste a la calle? -rió.

- No, está en mi habitación tomando una ducha -dije sin hacerle gracia a su comentario.

- Ok, supongo que estás esperando a que te diga que puedes pasar.

- No me molestaría si me dices que estás ocupado o estás follándote a alguien.

- ¡Laura! -gritó ofendido.

- Es la verdad, Joe, no me siento bien, no me tomes como si te estuviera jugando una broma de "Déjame entrar o si no..."

- Bueno, tienes razón, pero está un poco desordenado. Mañana tengo que entregar un informe a Tyler sobre las luces e instalaciones para la gala.

- La gala... -pensé- ¿Tú conoces a esa tipa nueva que vino a "reemplazarme"? -pregunté.

- Nadie la conoce, salió de la nada.

- Ah... Es una de las cosas que necesito conversar...

- Bien, pasa... -abrió más la puerta y se inclinó a un lado dándome el paso.

- No es que quiera acosarte con mis tontas vivencias ni nada, pero siento que contigo tengo más confianza que con el resto.

- ¿Y tu novio?.

- Muy ocupado para mí... Y no es mi novio, Joe.

- Eso es lo que pasa por meterse con personas famosas... -cerró la puerta y tomó asiento en su escritorio.

- No vine aquí a recibir tus sermones.

- No estás aquí para hacerme caso -sonrió- Continúa, te escucho.

Suspiré y me senté en su cama.

- A veces pienso que debo renunciar a todo, que no me quedan fuerzas para hacer nada más, que todo me da lo mismo y... Joe, ¿Por qué no me miras a los ojos cuando te hablo?

- Lo siento, estoy haciendo esto, viniste en un mal momento... -decía sin despegar la vista de su monitor.

Yo no estaba enojada, sinceramente no me quedaban ni ánimos para estarlo, pero necesitaba que alguien posara su atención completamente en mí para sentirme importante, aunque sea por unos míseros minutos, en esos instantes era capaz de limosnear que hubiese alguien para entenderme.

- Tienes razón, creo que será mejor que me vaya -me puse de pie bruscamente pero volví a caer en el colchón.

- No puedes irte sola -sólo al escuchar el ruido Joe soltó su notebook y se acercó a mí.

- Sí puedo, además tú estás ocupado...-decía mientras él buscaba un vaso de agua y lo ponía frente a mí.

- Creo que puedo hacerme un tiempo e irte a dejar, eso no implica nada.

- Eres un idiota... -le dije, al no tener nada coherente en mi cabeza.

- Toma esto, luego te iré a dejar- acercándome el vaso de vidrio a los labios.

- ¿Por qué te cuesta tanto mirarme a los ojos? -reclamé sin permitir que me diera el líquido.

- ¿Estás delirando? -dejó el vaso en otro lado y puso dos dedos frente a mí.

- No hagas eso Joseph, ¡Estoy bien! Sólo estoy cansada -me defendí frente a su insinuación de locura en mí.

- Bien, te llevaré a tu cuarto -dijo decidido y me paró frente a él, yo aún seguía con la idea de por qué se le hacía difícil mirarme.

- ¡Joseph! -me mantuve firme y arrebaté mi brazo de su mano.

Quedé frente a él, por fin conecté mi mirada con la suya, era un capricho que no entendí, no comprendí la verdadera razón por la cual quería que me mirara a los ojos, pero ambos cristales eran algo realmente hermoso, eran dos perlas azules que incitaban a mirarlas y a ser esclava de sus pupilas, como si el brillo que desprendían fuera lo único que importaba en ese momento, y el reflejo de mi moribunda cara en sus luceros color cielo fuera lo único que opacara la imagen. Jamás sentí el deseo de mirar fijamente a Joe, porque sinceramente jamás tuve otras intensiones con él, ni tampoco quería tenerlas, por lo menos no sobria y sana.
El crudo silencio hizo lo suyo, separó la racionalidad de mí y acercó nuestros cuerpos como si ambos tuviéramos un imán dentro de nosotros que nos obligaba a juntarnos.

Nunca quise besar a Joe, pero lo hice...

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Las luces seguían sin apagarse en la habitación del alto joven vocalista, con sus ojos aún oscuros por el delineador y la mirada penetrando el techo en busca de respuestas, en busca de concentración. Para Bill no era sencillo tener líos en su vida personal y seguir escribiendo o trabajando duro en sus discos como lo hacía antes, la baja de producción se notaba en las salas de ensayo y la paciencia enorme de las fans que anhelaban saber algo de su banda favorita a veces le hacía vivir bajo presión, aunque todas las presidentas de los distintos fanclubs del mundo le enviaran e-mails diciéndole que se repusiera completamente y que sacaran su disco cuando estuvieran tranquilos todos. Pero para el perfeccionismo de Bill, el no rendir lo suficiente era algo de lo que no podía mantenerse indiferente.
Eran las 3 de la mañana, la cabeza de Bill no lograba quedarse callada con tantas obligaciones que él mismo se imponía, le preocupaba el hecho de que Laura hubiese recibido el mensaje, el hecho que Aracelly no malinterprete las cosas, el hecho de no saber dónde estaba María Paz, el hecho de combinar tantas cosas y no poder buscarle el desenlace a nada.

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Silencio, sólo cabía espacio para el silencio, porque ni siquiera la somnolienta María Paz daba prueba alguna de que el sonido existía en esa habitación, sabía que estaba sola, pero no le importaba, por algún motivo extraño permanecía ahí sin preguntar nada, hasta que el suave canto del viento a la madrugada la hizo despertar de su hipnosis momentánea.
Se dirigió a la ventana, miro al cielo y liberó un suspiro de cansancio, sentía que no debía estar ahí, que no debió molestar a Laura y que debía volver a la casa de Bill, pues éste ya estaría muy preocupado después de la escena infantil que logró montar antes de salir corriendo y quedar parada frente a la chiquilla chilena. Tomó sus cosas entonces y bajó hacia la recepción sin desear que Laura se enojara por no avisarle de su repentino cambio de opinión.

Dejó las maletas al lado de los sillones del gran salón de bienvenida para salir a la calle y buscar un taxi, fue bajando despacio, pensando cada paso que daba y convenciéndose que volver sería la mejor opción. Los faroles de su alrededor eran lo único que permitían verle el camino para conseguir su vehículo. Avanzó hacia el centro de la avenida para ver mejor... nada, ni siquiera un ciclista que estuviera rondando a esas horas las calles del hotel Phoenix.
Confiada de esto decidió esperar, dando tres pequeños pasos y registrando en su bolso la localización de su celular para llamar a Bill, pero antes que esto fuera concretado el atronador ruido de un motor a toda velocidad la dejó sin habla, sin capacidad de reaccionar y sin sentido de la vista, sólo alcanzó a percatarse del gran golpe de su cabeza, el auto comenzó a tocar su bocina, pero ya era tarde para evitar el accidente.

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- ¿Oíste eso?

En esos minutos el infortunio que había pasado con Joe era ínfimo comparado con lo que habían escuchado mis oídos.

- Creo que fue un choque -respondió y yo me acerqué a la ventana.

- ¡Hay una niña herida! -grité - ¡Llama a una ambulancia, Joe!

- Pero ¿Qué vas a hacer...

- ¡Mierda, Joe, llama a una ambulancia, volveré cuando pueda! -la fuerza con la que abrí la puerta y la rapidez con que bajé los escalones me hizo sentir la emoción que jamás experimenté ni siquiera en mi primer año de Medicina en Chile. Tenía que calmarme y recordar qué hacer mientras llegaba la ambulancia, era mi primer caso real desde que decidí dedicarme a la salud, debía estar tranquila y pensar fríamente.

La gente poco a poco salía del hotel y rodeaba el lugar del accidente, tuve que abrirme paso entre todos para poder llegar, pero en cuanto lo hice quedé helada. Era María Paz, ¡Era la amiga de Bill! ¿Qué hacía ella ahí? ¿Qué hacía fuera de mi habitación? No recobré la razón hasta que una señora gritó que la joven no tenía pulso.
Tenía que actuar, a otro tiempo con las preguntas estúpidas. Apliqué toda la teoría que conocía, desde reanimación hasta masajes toráxicos para recobrar el oxígeno, cuando por fin pudo respirar la sirena comienza a hacerse notar cada vez más cerca, toqué su muñeca, su pulso había vuelto, sin embargo, tan rápido como me alivié, una camilla bajó del vehículo subiendo a María Paz en ella, el joven preguntó si había algún familiar, contesté afirmativamente y subí al furgón para sentarme junto a ella. Las puertas se cerraron y la gente comenzó a comentar sobre lo ocurrido, del chofer y del auto jamás se supo.

No podía quedarme callada, no podía quedarme quieta, analizaba cada acción de los paramédicos y enfermeros que atendían a María Paz en la ambulancia, seguramente ellos no esperaban a alguien tan insistente como yo.

- ¿Qué le pasó, exactamente?- me preguntó uno de ellos.

- No sé, estaba dentro del hotel y de pronto escuché una bocina afuera y vi por la ventana, estaba ella en el suelo y...

- Comprendo, es lesión cervical -dijo el otro.

- Si fuera lesión cervical la hubiese visto unas dos cuadras más lejos, pero el auto la chocó y frenó al momento de su caída...- dije.

- ¿Cómo está tan segura si no venía de unas calles más allá?- me interrogó desafiante.

- Porque estaba en mi habitación, es imposible que haya estado en otra parte que no sea a las afueras del mismo hotel -le dije con rabia.

- No importa, los exámenes dirán todo... -pronunció al fin, y guardé silencio como afirmando lo que acababa de escuchar.

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- Tomas como hombre, Nicole...

- Cállate, necesito despejarme de toda esta basura..-volvió a tomar un sorbo- Los Ángeles... ¡Já! Púdrete, maldita ciudad..

- Ya estás demasiado ebria, nos tenemos que ir...-dijo Gerard quitándole el vaso de las manos.

- ¡Déjame! Tengo que estar despejada para darle su merecido a esa perra.

- ¿Emborrachándote conseguirás tu objetivo de venganza con la chilenita?

- ¿¡Y eso a ti qué te importa!? No eres mi padre, ya soy grande para pensar por mí misma -tomó la botella y la inclinó verticalmente a su boca- Y no le digas "chilenita", recuerda que yo también vengo de allá.

- Nicole, son las 4 y media de la mañana, todavía no entiendo por qué tienes que venir a estas horas a hacer tus "caprichos" en los bares.

- Jamás he ido a un bar... ¡Creo que esta es mi primera vez! -rió fuerte.

- Mañana tienes que ir al estudio de danza..

- ¡Ah, cállate rubio amargado! -moduló con burla- Si no quieres estar aquí ¡Pues vete!

- No puedo irme, no contigo en ese estado... -quitándole la botella.

- ¡Niña! ¡Devuélvemelo, yo pagué por ese bebé!

- Nicole, ¿No tienes miedo de emborracharte en una de las ciudades con más ladrones en el mundo?

- No conozco el miedo... ¿Sabes lo que es el miedo? ¡Es una estúpida trampa para las niñas débiles! -tomó otro sorbo- Dime, ¿Tú crees que ella tuvo miedo al perder una amiga?

- No me cabe duda, pero es patético que por eso estés tomando de esa botella.

- ¡Tu cabello es patético! Ja-ja-ja

- Ay, Nicole...-soltando una bocanada de aire.

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Los minutos en el salón del hospital eran eternos, era como si la persona que estuviera ahí fuera parte de mi familia, cuando sólo la había conocido hace unos días... y de primera impresión no me había agradado para nada...
Jugaba con mis dedos para evadir el nerviosismo, sabía que por el impacto y la imagen que vi era imposible que pasara algo suficientemente grave como para la posición que estaba tomando al preocuparme tanto, pero aún así, tenía miedo, mucho miedo...

- Ahí estás...

- Llegaste, Joe...-traté de sonreír.

- Pensé que estaba tu novio contigo, digo... Por el momento incómodo y eso...

- No, no quiero causarle más problemas a Bill.

- Tarde ya... -dijo.

- Joseph, no hablemos de eso aquí.

- De acuerdo, lo siento.

- Dios, me siento tan culpable...

- ¿Por qué dices eso? -me miró extrañado.

- Porque fui yo quien la dejó sola... Si yo hubiese estado con ella, si sólo hubiese... -sacudí la cabeza y apoyé mis manos en mi frente dejando caer su peso en mis rodillas.

- No digas eso, fue un accidente Lala...

- ¡No, ese accidente se pudo haber evitado si yo hubiese estado ahí! ¿¡Entiendes!? ¡Se pudo haber evitado, se pudo! -de mis ojos corrían lágrimas de impotencia y culpa, las cuales no entendía perfectamente.

- Tranquila...- abrió sus brazos y me acurrucó a su cuerpo- Va a estar bien... No te preocupes...


***

La noche pasó fugaz, para cuando mis ojos se abrieron la sala estaba iluminada y habían enfermeras de un lado a otro, Joe no estaba a mi lado, supuse que tuvo que ir a trabajar y di un bostezo acompañado de un estiramiento de brazos que necesitaba para levantarme y buscar a un doctor.
Al instante que recorrí el pasillo hacia informaciones me topé con una sorpresa bastante inesperada, sentadas en las sillas estaban Dominique y Colette con la mirada al suelo y los ojos hinchados.

- ¿Y ustedes? -dije al acercarme a ellas por atrás.

- ¡Lala! -saltaron de susto y se pararon a abrazarme.

- ¿Qué les sucede, por qué esos ojos?

- ¡Lala, por Dios! ¡La secretaria nos dijo lo del accidente y pensamos que habías sido tú! -dijo Colette con las manos pegadas a sus párpados para secarse.

- ¿Yo? No, yo estoy bien... La niña que se accidentó fue otra...

- ¿Y por qué tú estás aquí? -me interrogó Dominique.

- Porque... este...-balbuceé un rato- Quería... ayudar y... la niña no tenía parientes y...

- ¡Ya, en serio, dí la verdad! -ordenó Domi. Tomé aire...

- Es María Paz... Es una amiga de Bill... fue a mi habitación y, salí por un momento, cuando ocurrió el accidente yo estaba con... con... -tragué saliva- con...

- Te traje café -me dijo una voz ronca a mis espaldas y volteé con espanto.

- ¡Joe! -dije con asombro.

- Bien, ya entendimos... -dijo Colette.

- ¡No, no, no... o sea, sí, pero! -dije idiotamente.

- Ya, no te preocupes, iremos al baño... -expresó Domi y tomó a Colette del brazo retirándose del lugar.

- Pensé que te habías ido...

- No, fui al casino a comprar algo, tienes que comer al despertar o quedarás pequeña... -dijo con tono suave.

- Ya es tarde... -refuté y Joe dio una carcajada.

- ¿Cómo está la niña?

- No lo sé, justamente venía a preguntar eso en informaciones...

- ¡Entonces vamos!

- Sí... -manifesté con poco ánimo.

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Las cuatro paredes que rodeaban el salón de los baños se hicieron minúsculas al observar la escena que estaba por suceder...

- Dominique... -dijo la francesa al mojar su pelo para ordenarlo.

- ¿Qué pasa?

- Bueno, quería hablarte de algo... -dijo al voltear y quedar con la mirada frente a ella.

- Entonces hablemos... -bromeó.

- Es que, es Martes y... Como sabes, mañana es la obra y... -contuvo la respiración por unos segundos y continuó- No sé como decírtelo.. es que, no... no...

- ¡Colette, relájate y dilo! ¿No te has aprendido el libreto aún? Eso no importa, ¡Podemos practicarlo todas las veces que quieras hasta que quedes tranquila!

- Es que, no habrán más ensayos, Dominique...

- ¿Por qué? ¿Luke te dijo algo?- levantó una ceja.

- No, no... Es que... -cerró los ojos y botó aire- No quiero actuar en esa obra.

- ¿Ah? -rió- ¿Qué me dices?-empezó a aumentar el volumen de sus carcajadas- ¡No bromees con eso, Colette!

- No... me....estoy....riendo....

- Pero.. -dejó golpear el cuerpo en la pared y movió sus manos como desesperada sin decir nada.

- Mira, Dominique, yo sé que no es el mejor momento de decirte es...

- ¡Eres una maldita perra egoísta! -gritó con rabia- ¿Por qué sólo te importa lo que piensas tú?

- Dominique, tú eres como una hermana para mí...

- ¡Nunca supiste lo que era una familia! ¡Porque nunca te quisieron!

- Eso es todo Dominique... -dijo en un hilo de voz- Eso... es... todo.. -y salió dejando atrás a su amiga que aún se inundaba en su ataque de cólera.

Colette quedó helada con las últimas frases dichas por su hasta entonces amiga inseparable, no podía creer que estuviera mezclando las cosas. ¿Tanto importaba para ella esa tonta obra? ¿Tanto significaba el aparecer en ese teatro? ¿Tanto así, para sacar el tema de su madre y su infancia, la cual le había confiado ciegamente? ¿Quién estaba siendo realmente egoísta? La francesa no tenía palabras, pensaba que ser sincera era lo mejor, pero jamás se imaginó la reacción que tuvo Dominique en esos instantes, en los cuales se sintió enormemente humillada frente a las muchachas que hacían uso de los lavabos y baños al momento de la discusión.

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- Disculpe, necesito saber en qué sala está la señorita María Paz.

- ¿Apellido? -contestó la mujer.

- Apellido.. Eh, bueno... María Paz... María Paz...

¡Diablos! No lo recordaba, o es que tal vez nunca me lo dijo... ¡Genial!..

- Riquelme, señorita -interrumpió Joe seguro.

- María Paz Riquelme... -repitió ella y tecleó en la computadora- Habitación 347, piso 3.

- ¡Gracias! -dijo Joseph y volteó para caminar, yo permanecí inmóvil por unos segundos- ¿Qué te pasó? ¿No vas a ir a verla?

- ¿Có-có..cómo..

- Ah, su apellido, ella me lo dijo cuando hablamos la noche que la llevaste para que yo la "cuidara"- sonrió intentando quitarme la cara de perplejidad.

Asentí con la cabeza tiesa, dirigí la vista hacia un reloj del pasillo y me dije "Vaya, las 9 de la mañana, espero que no haya empeorado su condición..."
Caminaba con un paso terco, a veces estúpido y distraído, tenía que aguantar que Joe me tomara del brazo cada cierto tiempo para que no tropezara con mis propios pies y fuera yo la que estuviese en una sala siendo operada por una nariz rota.

- Deberías llamarlo... -dijo mientras subía el ascensor.

- Aún no...

- Lala, estás muy mal...

- ¿Crees que él mejorará mi estado? -dije en un tono frío.

- Sólo sé que te ha llamado todo este rato...

- ¿Cómo lo sabes? -miré arqueando las cejas.

- Ha sonado tu celular y no contestas.

- ¿Qué? ¡Mientes! -metí mi mano al bolsillo y revisé. En efecto, Bill había estado llamando más de 20 veces- Pero ¿Cómo diantres no lo escuché?.

- Ves que estás mal.. -movió su cabeza de un lado a otro.

- No me ayudes tanto -salí del ascensor.

- Llámalo, debe estar preocupado- se situó a mi lado y miró fijamente como dando una orden.

- Está bien...

Para Joe era fácil, para mí, nunca, iba a hablar con Bill y le diría que su amiga estaba en el hospital, al momento que me pregunte ¿Y cómo está? no sabré responder, porque tampoco conozco el estado de María Paz, y lo dejaría aún peor de todo el estrés que debe llevar sobre sus hombros, pero mi instinto común me hizo marcar su número sin importar lo que pasara después.

- ¿Hola? -dije, simulando seguridad.

- ¡Mi vida, por fin! ¿Cómo estás? ¿Por qué no contestabas? Oh, perdón... olvidé que aún estás...

- No Bill, eso ahora no importa, necesito que vengas al hospital...

- ¿Por qué? ¿Te pasó algo? ¡Dime! ¿A qué hospital? ¿Llevo algo? ¿Te sient...

- ¡Bill, a tu amiga María Paz la atropellaron!.