domingo, 13 de febrero de 2011

Capítulo 10 - "Con un toque de medicina"


Vamos por parte...
El día no me ayudó en absolutamente nada, fue un martirio despertar, una tortura levantarme y para qué hablar de la ducha, si hasta el roce del agua caliente era intolerable, definitivamente no podía ir a ensayar, necesitaba idear algo, algo para mis chicos. Llamé a mi fiel japonesa para que le anunciara a los demás sobre mi estado y que practicaran lo que llevábamos hecho, por esa parte todo bien, supongo... No creo que sea tan difícil cumplir ese pequeño favor.

Bill insiste con llevarme al médico ¡Qué pesado es! Por fin encontré algo de lo cual enojarme con él. No me gusta que sea tan sobreprotector cuando tiene millones de cosas en las cuales concentrarse, los paparazzis viven afuera del hotel por culpa del auto que Bill estacionó, el sólo hecho de salir ya es un suicidio ¡Y él quiere llevarme al doctor! ¡María Santísima! Si mamá supiera todo lo que me ha pasado aquí... Si mi padre supiera con quien estoy andando, si sólo me gustara aunque sea un poco el que sean tan atentos conmigo... ¡Pero no! Aquí viene la señorita mañosa que no puede dejar a un hombre ser caballero con ella, a esto me refiero con toda la paciencia que debe tener, él dice que le gusta que me enoje, Ah... ¿A quién engaño? Si hasta en eso es lindo, pero no se salva de mis alegatos por ser independiente. Si no estuviera tan adolorida ¡Yo lo...! Lo llenaría de besos y le diría lo mucho que lo amo... Ayayai ¿Por qué eso sólo pasa en mi mente? ¿Por qué aún no soy capaz de eso? En fin.
Mis protestas no sirvieron de nada ya que se aprovechó de mi debilidad muscular y me sacó de la suite para trasladarme en su Audi con hermosas personas pegadas al vidrio (hablando sarcásticamente) hasta el hospital más cercano. No le hablé en todo el camino, lo que pareció no importarle, me miraba momentáneamente para hacerle desprecio y él sólo se reía para seguir con su trayecto.

Segundo, ¿Qué pasó con Joe? No lo he visto en toda la mañana, cuando pasé por su habitación no lo vi en ningún lado. Ok, no espero que me reciba feliz de la vida después de lo que pasó pero claramente la bronca no era conmigo y encontraba totalmente ilógico que se enojara con mi persona o por la situación, después de todo sólo somos amigos, él lo entiende así, supongo. Tal vez yo estoy siendo muy paranoica y sólo salió a dar una vuelta o fue al estudio para arreglar algunos retoques, quien sabe. Tarde o temprano tenía que encontrarme con él porque aún tenía un caso pendiente con Tyler.

Tercero, algo muy extraño pasa con Ying, trata de evitarme siempre que puede, si es que no la presiono para que hablemos (y me duele decir eso) me esquiva y hace todo lo posible para no toparse conmigo, esto lo venía sospechando unos días antes, y con lo que pasó ese día de mi golpiza me preocupé aún más. Quizás algo hice mal, o algo le dijeron de mí... Me costó un mundo llamarla para que pudiera comunicarle a los demás que no asistiría, supongo que sólo lo hizo porque era importante para todos, algo "profesional", apenas salga de esto hablaré con ella de forma urgente.
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Los Ángeles, Residencia Molina.

Narra Aracelly:
Ya era otro día, me encontraba en L.A. y mi búsqueda estaba recién empezando, lo primero era encontrar a mis sujetos. Claro, antes debía sacarme a Estefanía de encima, o para sonar más realistas, conseguir que me acompañara a encontrar a Lala y Domi.
Fue una gran hazaña el convencer a la señorita "Siempre hay un tema de que hablar" porque aparte de ser bien habladora resulta que es caprichosa, jamás tuve que sobornar a una persona para que me hiciera un insignificante favor, pero ¿Qué me quedaba? Si era la única individua aparte de mí que estaba en ese departamento, cuando encuentre a las chicas me desharé de Estefanía... ¿Qué estoy diciendo? ¡Es mi prima! No puedo hacerlo... Ella me acogió en su casa y no puedo pagarle así por muy desagradable que sea, en realidad no es desagradable pero yo no estoy acostumbrada a que me hablen todo el día, ni tampoco tengo una respuesta para todo como ella. Bien, después de un largo soborno digno de titular como "La mafia Molina-Morales" me acompañará al estudio de Mtv para poder encontrar a mis amigas.

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Hotel Phoenix.

Quedaban 4 días para la obra que preparaban exhaustamente Domi y Colette, suficiente tiempo si hablamos de algo general, pero para el rígido perfeccionismo de la chilena era demasiado poco y el proceso no ayudaba en mucho.

- No lo lograremos -se lamentaba saliendo del hotel.

- ¡Sí lo haremos Dominique!

- ¡Tú lo harás, yo no! -bramaba

- ¿Por qué eres tan pesimista? -interrogó la francesa.

- Tú eres demasiado optimista que llegas a ser fantasiosa. -fastidió

- No es cierto, los pensamientos malos sólo atraen cosas malas.

- ¡Ya no empieces como guía espiritual! -selló la conversación y siguieron caminando sin pronunciar ninguna palabra.

El que ambas chocaran en la suerte de la obra era preocupante, más que mal las dos deberían actuar y de ellas dependía el futuro de la "pieza de arte" de Luke, si algo salía mal definitivamente quedarían fuera de todo, flotando en la atmósfera Inglesa y jugando a las cartas en las cuatro paredes de sus habitaciones, algo que ninguna de las dos quería.

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Hotel Sunset.

Bingo, era el día en el cual las cosas comenzarían a funcionar, Nicole salía de su habitación con un papel arrugado en la mano como lo había hecho la primera vez para encontrar su residencia, esta oportunidad la hoja incluía una información de suma consideración que sería su primer paso para consumar sus expectativas.
Caminaba por la 7ma Avenida cuando consultó sobre la dirección que estaba escrita, le otorgaron algunas indicaciones que la condujeron a una casa color crema rodeada por una alta reja en su parte delantera, Nicole divisó un pequeño botón en el costado de los barrotes, lo presionó y ojeó la presencia de una mujer por la ventana que se hizo aparecer.

- Buenas tardes... -saludó afectuosamente la señora.

- Buenas tardes-contestó- ¿Aquí vive la familia-echando una vista rápida a su papel-... Stewart?

- Sí, ¿Con quién desea hablar?.

- Gerard... -dijo con poca convicción- ¿Se encuentra en casa?

- Sí sí, aguarda un minuto - el cuerpo de la mujer desapareció y se escuchó un extraño sonido que hizo abrir la reja en la cual Nicole se apoyaba. La chiquilla cruzó la barrera de metal y caminó hacia la puerta abierta por la fémina que la había atendido anteriormente y la invitó a pasar.

- Permiso... -accediendo con timidez al lugar.

- ¿No quieres algo de beber? ¿Agua, jugo, té?

- No, gracias...

- ¿Eres latina? -preguntaba llena de curiosidad.

- Sí, ¿Cómo supo?

- Tu acento, es muy particular -sonrío de lado- Gerard está arriba, si quieres sube.

- Gracias -bajó la cabeza haciendo coherencia a sus agradecimientos y subió las escaleras.

Habían alrededor de 5 puertas, parecía un juego de azar. ¿Cuál sería la del muchacho? Si se metía a una equivocada probablemente se llevaría una incómoda sorpresa, optó por la segunda. Incorrecto, era el baño, siguió por la penúltima y vio al joven en un camarote mirando el techo con la vista perdida, al principio le costó interrumpir el incesante momento de concentración del sujeto, pero al cabo de sus pisadas él se fijó de su aparición.

- ¿Quién es? -interrogó con sus ojos aún en el cielo de su cuarto.

- Mi... Me llamo Nicole Ramirez...

- No te conozco -contestó frío.

- Pero yo a ti sí -interrumpió.

- Vaya, eso basta para tener una conversación hoy en día... -se burló.

- Soy de Chile...

Gerard despegó su mirada y la miró por unos minutos, después de escanearla de pies a cabeza continúo diciendo.

- ¿Qué quieres de mí?

- Conozco a Laura... -parándose firme.

- Ajá... Entonces no seremos amigos -siguiendo con su tono sumiso. Nicole no dijo nada y miró el suelo alfombrado de la habitación- ... ¿Por qué viniste? -consultó finalmente.

- Vengo a ayudarte... -lo miró fijamente.

- No necesito la ayuda de nadie, menos de una chilena como tú...

- ¿Me discriminas por ser chilena?

- No te discrimino, sólo soy cuidadoso.

- ¡Qué estupidez! -alegó.

- Vete, deja ya de perder tiempo... - Nicole suspiró y asintió con resignación para retirarse y conseguir otra opción- ... Aunque... -pronunció y bajó violentamente de su camarote.

- ¿Qué?- preguntándole al sujeto que ahora estaba frente a ella.

- ¿Cómo querías ayudarme?

- No lo sé, ella baila... -se encogió de hombros- Podría hacer algo con eso, meterme en el grupo y.... -haciéndose la desinteresada.

- Y eso es lo que harás... -la tomó de los hombros.

- ¿Qué haré?

- Escucha, Laura tuvo una pelea con Julia en la cual salió herida y no podrá dirigir por unos días la coreografía-exhala- Debes incluirte en el grupo y ser la nueva directora.

- ¿Y cómo hago eso? -arqueando las cejas.

- Yo te ayudaré... -sonríe de manera maliciosa.
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Estacionamiento Hospital Darrewl, Los Ángeles.

- Bill, no es necesario...

- Ya estamos aquí, ahora te ayudaré a bajar del auto... -abriendo su puerta y dando la vuelta por fuera hacia la mía.

- ¡No Señor, yo me bajo sola! -sacando mis piernas y aguantando los pequeños pedazos de vidrio que corrían por ellas para ponerme completamente de pie - ¿Ves? No duele.

- Claro, ahora avanza hasta la entrada...

- ¡Avanzo hasta la entrada! -caminando torpe tolerando la incomodidad de cada paso. - ¡En la entrada Señor Kaulitz! -celebraba con los brazos arriba.

- Demasiado por hoy... -sacó una silla de ruedas de un lado y me la señaló.

- No Bill. No...

- Sí Lala. Sí...

- ¡No lo voy a hacer! Usemos el Ascensor, ¡Voy a estar bien, te lo juro!

- Que llevada por tus ideas eres. -con los brazos cruzados- Usaremos el ascensor pero contigo sentada.

- ¡No Joe! -manifesté. Bill me miró con una cara de terror, ni yo me di cuenta de mi falta.

- ¿Qué? -gesticuló con un tono ascendente.

- ¡Nada! -tapé mi boca con ambas manos, seguramente mis pómulos se encontraban colorados de tanta vergüenza.

- Ya no importa... -tomó aire- Por favor, siéntate...

- Sí... - Caramba, ya no tenía ganas de discutir con él, sólo obedecí y me senté en la odiosa silla para que me llevara con el doctor... Algo totalmente bochornoso para mí.

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Residencia Kaulitz.

- ¿Y ahora dónde se fue?

- Creo que está en el hospital- adjuntaba su amigo bajista.

- ¿De nuevo? -se paró- ¿Qué le pasó ahora?

- Tranquilo Tom, al parecer acompañó a Lala..

- ¿A ella le pasó algo?

- Eso me dijo, pero no especificó. Mencionó algo de una pelea...

- ¿Ella y Bill se pelearon? -con un tono casi histérico.

- ¡No! -aclarando.

- ¿Te dijo en qué hospital estaba?

- Sí, pero...

- ¿¡Qué esperas!? -agarra a su amigo del brazo- ¡Gustav deja eso ya, tenemos que ir al hospital!

- ¿Por qué? ¿Serás padre? -golpeando su hi-hat.

- No bromees ¡Andando! -saliendo con Georg por la puerta y subiéndose al auto seguido de Gustav al final.

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Estudio de los Mtv: Recepción. Los Ángeles.

- ¿Cómo que no está? - exigiendo una explicación.

- No está señorita, no vino a ensayar hoy...

- ¿Y dónde mierda está? -subiendo su tono de voz y acorralando con la mirada a la secretaria.

- No lo sé... -encogiéndose de hombros.

- Ara, ya déjala... -tocando el hombro de su prima.

- ¡No te metas! -volviendo a mirar a la mujer- ¿Quién sabe dónde está? ¡Usted debe saber su dirección, la dirección del hotel! ¡Algo!

- Eh... S-sí, tenemos eso en los... registros... -tartamudeando cada palabra.

- ¡Búsquela! -examinando cada movimiento de los torpes dedos que tiritaban de la muchacha con uniforme azul marino.

- Aracelly, ya es suficiente ¿Puedes calmarte un poco? Nos correrán de aquí...

- ¡No, yo no me voy! ¡Yo encontraré a mis amigas cueste lo que cueste!

- Lo conseguirías si fueras más amable con la gente... -haciendo gestos con sus manos.

- ¡Pero si me dicen que no está aquí! ¿Cómo quieres que reaccione? -mirando de nuevo al escritorio- ¡Y usted siga buscando!

- Disculpa... -se acercó lentamente al observar la escena-.. ¿Buscas a la señorita Rojas? -Aracelly volteó rápidamente al escuchar el apellido de su amiga.

- Sí... ¿La conoces?

- Bueno... -acomodó su bolso- Ella es nuestra coreógrafa, y hoy no vino porque fue al doctor...

- ¿Qué? ¿Escuchaste eso Estefanía? -tomándole la polera- ¡Mi Lala está en el hospital!... ¿Qué le pasó?

- No lo sé, nadie del grupo sabe... Pero dicen que está en el hospital de la 5ta Avenida... -torció la boca- Espero que eso te haya servido...

- ¡Gracias, gracias!-corrió a la salida con su prima del brazo- ¡Estefanía, tenemos que ir al hospital!

- Así veo... -levantando una ceja manifestando aburrimiento.

- ¡En marcha! -bajando a saltitos la escalera.

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Hospital Darrewl.

Sentado en una oscura silla de metal unida a todas las demás se encontraba Bill, esperando impaciente al diagnóstico de Laura, el reloj era su peor enemigo, los minutos eran tan densos que sus manos llegaban a sudar, sin mencionar todas las prendas que llevaba encima para disimular su identidad, la gente le miraba de forma sospechosa, era de esperarse, aún con su pañuelo y todo el disfraz que traía sus facciones quedaban al descubierto poniendo en duda a cualquier espectador que tuviese enfrente o a sus lados.

****

- Buenas tardes señorita... -echando un vistazo a su carpeta-... Rojas, un gusto... -estrechando la mano- Quiero que me explique lo que sucedió y por qué está así... -colocándose frente a mí en la camilla.

- ¿De verdad piensa que vale la pena contarle? ¿No es suficiente con verme todas estas inflamaciones?

- En realidad tengo que preguntarle, es muy relevante todos los detalles que usted me pueda otorgar... -sonriendo.

- Sabe, soy estudiante de medicina, sé como funciona el proceso, y créame que la ética aquella de conservar la buena relación entre paciente-médico es una tontería, usted debería actuar primero en vez de hacer tantas preguntas irrelevantes, ¿Si alguien está con una hemorragia interna seguirá preguntándole hasta que logre romperle las arterias sólo para curiosear qué hizo para llegar a ese estado?.

- Si me permite, estoy haciendo mi trabajo, y si usted dice ser estudiante de medicina debe comprender que cada minuto es valioso, me está haciendo perder tiempo con toda esta charla, además se contradice con sus acciones.

- No voy a discutir con usted "doctor", pero no quiero que me atienda un kinesiologo.

- ¿Qué? ¿Cómo...? -se extrañó.

- ¿Cree que no sé diferenciar?. Sus manos lo delatan... Se ve que jamás tomó un bisturí aparte de la visita obligatoria de primer año a la morgue para realizar una autopsia simple. - Me miró por un par de segundos y suspiró hondo.

- ¿Qué quiere que haga?.

***

- ¿Cuándo podré irme a mi casa?

- Bueno, si los antibióticos hacen efecto usted estaría volviendo a su casa mañana por la mañana -sonriendo.

- ¡Qué bueno doctora, por fin veré a mis hijos!

- Pero tenemos que ser precavidos... -se acerca un tipo a sus espaldas y le murmura algo -¿Ahora? -exhala de cansancio- ¡Ese Matt no puede hacer nada solo! -saliendo de la sala- ¡Principiantes!- reclamaba.
¿De quién hablamos?. Hablamos de Rocío Tornau, una joven Doctora de 25 años de edad, internista del hospital Darrewl calificada como una de las mejores en su área, admirada por todos los trabajadores y una pieza muy importante en todo el edificio, su inteligencia no le traía muy buenas pasadas, ya que siempre debía estar de una sala a otra, en casos extremos ahí estaba ella, en diagnósticos difíciles nunca podía faltar la opinión de la renombrada Doctora Tornau, de cabello café con tonos rojizos y cara angelical que desprendía una hermosa sonrisa con una perfecta dentadura.

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Pasillo del hospital Darrewl.

- ¡Bill!

- Cállate Tom, hay mucha gente... -pegándole un codazo.

- Cierto... -susurrando- Bill... ¡Bill!

- Ahí está... -avisó Georg corriendo con los demás hacia su delgado amigo.

- Llegaron... Pensé que me iba a morir...

- Bill, tu cara... -decía Gustav.

- Lo sé...

- ¿Qué le pasó a ella, hermano?

- Peleó con una mujer y rozó su cuerpo con unas herramientas con punta -moviendo exageradamente las manos.

- Ruda... -comentó Geo.

- ¿Te imaginas el día que peleen ustedes dos? -agregó Gustav riéndose.

- ¡No hagan bromas! Siento que voy a morir si no tengo noticias de ella.

- Tú necesitas una bebida para relajarte... -aconsejó su hermano.

- No, estoy bien...

- Claro... ¡Vamos a comer, Bill! -apoyaba su gemelo empujándolo de los hombros.

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Se hacía notar su presencia, ahí estaba nuevamente la mujer entrando en la habitación que había abandonado su colega.

- Hola, mi nombre es Rocío Tornau y soy tu doctora... -estrechando la mano.

- Hola, soy su paciente.. -la muchacha de delantal blanco soltó una leve carcajada y continuó.

- Así que, te deshiciste de mi colega... -me dijo con una mezcla de molestia y sentido del humor.

- No es su colega, si lo fuera sería doctor... -acoté.

- ¿Estudiante?

- Sí... Tercer año.

- Nada mal para diferenciar a un verdadero doctor -sonreía mirando la carpeta que dejó el otro sujeto en el escritorio blanco- Así que Laura... Bien... -apoyándose en la pared y leyendo- Fractura menor en la columna... heridas leves en los muslos y cara.... -mirándome y asegurándose de lo que estaba escrito.

- Fue impacto accidental -le dije.

- Qué bien... -prosiguiendo con su lectura.

- ¿Sólo eso?- pregunté sorprendida... - Como doctora debe saber que cuando el cuerpo no está preparado para un ataque...

- Tiene más debilidad y las heridas pueden ser mayores a lo que se ve... -me interrumpió- Claro que lo sé... Por eso mismo te haré una radiografía.

- Ah... -quedando sin comentarios.

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Entrada del hospital.

- ¿Segura que es aquí?

- ¡Tú conoces más Los Ángeles que yo! -aducía Aracelly.

- Cierto, pero hay muchos hospitales...

- Espero que sea este...

- Tengo hambre... -sintiendo como su estómago crujía.

- ¡Ahora no Estefanía!

- De verdad tengo hambre -sobándose la panza. Ara gruñó.

- ¡Ok, ok! ¡Iremos a comer algo pero después buscamos como locas!

- Tú buscarás como loca, yo sólo vine a acompañarte.

- ¡Pero tú también estás loca!

- ¿También? -preguntó.

- Ah, ¡Cállate! -caminando hacia el casino.

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- Por el momento -retirando una hoja de la libreta y escribiendo- .... te daré estos medicamentos y esta crema para que disminuya el dolor... -entregándomelo.

- Bien... -leyendo- ¿Aspirina?.

- Probablemente con los medicamentos anteriores te dé dolor de cabeza -sonrió- Estás citada el Miércoles para la radiografía y aprovecharé de darte una segunda consulta y ver como están actuando los remedios ¿Bueno?

- Sí...

- ¿Tienes con quien irte?

- Sí...

- Bien, por cualquier cosa te daré mi teléfono -sacó otra hoja para escribirlo y pasármelo- Espero que estés bien y estamos viéndonos el Miércoles... Adiós Laura... -despidiéndose y acompañándome hasta la puerta.

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- ¿Qué? -vociferó con sorpresa.

.....


Capítulo 9 "Incorrecto"



- ¿Emocionada? - decía Estefanía pasando por el lado de su prima con sus maletas correspondientes.

- En realidad tengo curiosidad... -volteándose y retirando su equipaje.

- Aquí no te aburrirás Ara.. - reposando su mano en el hombro de la moza.

- Yo ya estoy aburrida de ti... - murmuró hacia sus adentros.

- ¿Qué dijiste?

- ¿Que cómo me voy a aburrir contigo? -sosteniendo para que no sonara de manera insana. Le respondió con una sonrisa y procedieron a entrar en el departamento.

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Hotel Sunset.

Un comentario insignificante era lo que esperaba la pequeña Nicole en ese instante, estaba más que sola en su habitación asquerosamente lujosa, no había en que entretenerse y no estaba dispuesta a echarse en su cama para poder descansar. Menos llamar a las encargadas de limpieza para que le hicieran compañía y pudiese entablar una conversación sin sentirse una pobre desgraciada que viajaba a Los Ángeles en busca de algo que ni siquiera era seguro encontrar. Pero ahí estaba, seguía dando eternas vueltas por toda la suite tratando de idear algo que diera frutos en los días siguientes, en algún minuto se le ocurrió que sólo había viajado para dejar de sentirse tan excluida en su país, tal vez no buscaba a Laura con desesperación y posiblemente no le interesaba vengarse, pero por alguna razón estaba ahí y no quería regresar a Santiago.

- ¿Y ahora qué? - curioseaba por todas las paredes de su alcoba en busca de alguna huérfana respuesta.

Pero Nicole olvidó algo... Algo que pudo recordar cuando divisó su bolso al final de la cama, ahí estaba su notebook y se levantó de golpe para encenderlo, la esperanza era buscar alguna conexión para conectarse a Internet, debía buscar una importante información.

Y lo hizo, en buena suerte de ella pudo encontrar Internet, se dirigió a la página del "evento" y divisó toda la descripción en busca de algo que la ayudara para encontrar a Laura, sabía el nombre del grupo técnico, los nombres de los integrantes y, por supuesto el de Tyler Woods, salvo con esto estaba un poco menos sola y se dispuso a idear un objetivo que pondría a funcionar el día después.

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Alemania.

Y con respecto a María Paz, el ambiente se tensaba aún más... Bien, por lo menos ya le había dicho a sus padres, no fue la mejor de las reacciones pero ya era un hecho el viajar, temía que su estadía fuera peligrosa, no tenía idea de donde se iba a quedar ni tampoco conocía a las personas que trabajarían con ella, sólo sabía que Bill la estaría esperando en el Aeropuerto y debía conformarse con eso, lo demás saldría totalmente espontáneo y tendría que accionar por su sentido común.

- ¿Por qué te vas? -preguntaba su hermana Marcela leyendo una revista.

- Porque gané un concurso. ¿Vas a seguir preguntando?

- A mí no me afecta en absoluto que te vayas -masticó su chicle- pero debo tener una razón por la cual sentirme feliz.

- Creo que con el sólo hecho de salir de esta casa basta para hacerte feliz... No necesitas saber tanto, después de todo no me llamarás.

- Ajá... -dio vuelta la página- ¿Te veré en televisión?

- No sé... Y si salgo no podré hacerme notar demasiado.

- Hazte amiga de la coreógrafa... -María Paz rió por la idea de su hermana.

- No puedo, eso sería conveniencia.

- Eso sería estrategia, una muy buena estrategia... -sostuvo.

- Pero la coreógrafa a lo mejor es muy mayor o... Sea estricta.

- ¿Qué sabes tú? Inténtalo... -dando vuelta otra página.

- Tan atenta que eres... -sonriendo de lado.

- No es atención, es para que no vuelvas pronto...

- Claro... -salió del cuarto riéndose despacio.

- Si no te tratara así no seríamos hermanas Pazhy... -se dijo a si misma y sonrió frente a su revista.

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Los Ángeles.

La lluvia no cesaba y se intensificaba en cada kilómetro que recorría el Audi de Bill, faltaba poco para llegar al Hotel Phoenix y dejar su auto en un lugar que no pudiese inundarse, se llenaba de curiosidad al conocer la razón de la repentina tristeza de Lala. Trató de normalizar sus nervios para poder conducir bien y no caer en un accidente automovilístico, por lo que se detenía cada 5 minutos para poder tomar aire y recuperar la motricidad fina, no agigantaba la situación, es que de verdad se sentía muy histérico al oír aquella voz por el auricular y no saber la razón ni la causa, pensaba cualquier cosa, desde una ínfima ruptura de uña hasta un caso extremo de violación sexual, así estaba la cabeza de Bill, como un sube y baja de emociones y espejismos sin finales felices, todo apuntaba a algo: Ella no se encontraba bien, y era suficiente para remecer todos sus sentidos, podía sentirlo en el pecho, se le comprimían los pulmones y sólo deseaba encontrarla y asegurarse que su vida no colgaba de un hilo delgado, algo curable; algo simple de tratar.

***
La puerta sonaba con estruendosos golpes y Tom gritaba para que alguien la abriera, en varios intentos no consiguió respuesta y tuvo que interrumpir su terapia de relajación televisiva para levantarse y atender a las repentinas visitas, escuchaba los truenos enérgicos que retumbaban en sus tímpanos y atisbaba las delgadas líneas luminosas que se hacían aparecer por las ventanas, los vidrios se mantenían empapados y aprovechó de cerrar unas 3 ventanas que habían olvidado cerrar y encender la estufa para climatizar el espacio. Los golpes seguían aún con más potencia, gruñó para dirigirse a la entrada y abrir a los "desesperados" invitados.

- ¿Y ustedes? -interpeló Tom.

- Nos mojamos... - respondía Gustav limpiando sus lentes.

- Ya veo... -ríendose de su amigo de pelo largo.

- No opines... -decía Georg estrujando su cabello.

- ¿Qué hacían afuera? -entre pequeñas risas.

- Nos deshacíamos de Bill -acercándose a la estufa y volviendo a limpiar sus lentes.

- ¿De Bill? ¿Ahora qué hizo? -poniéndose su gorro del polerón.

- Nada... En realidad salimos con Gustav para tomar aire.

- Ajá... -cruzándose de brazos.

- ¡Este Tom! -quejaba el baterista riendo y dirigiéndose al baño.

- ¿Dónde está Bill? -le preguntaba a Geo.

- Ni idea -retuvo sus hombros por un tiempo y los dejó caer.

- Qué raro... -rascando su nuca- Espero que no lo encuentre en la calle empapado por la tormenta...

- Relájate, debe haber ido donde su novia...

- Mm... No es su novia...

- ¿No? Vaya, Bill es un idiota...

- Lo sé... -sonrió y compartió una carcajada con su amigo.

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Hotel Phoenix.

Aún tenía el trauma de lo ocurrido y el hielo de Joe no había surtido efecto en la herida de mi espalda y muslos... Lo acepto, las advertencias de mi guía estaban en lo correcto, fue un error meterme con ella, pero no podía dejarla así como así sin enfrentarla. Agradezco que Joe no haya presumido con el típico "Te lo dije", pero sé que su culpabilidad interna era más que suficiente para hacerme sentir a mí la verdadera culpable de todo esto, Joseph era una buena persona, demasiado para ser empleado de un tipo como Woods. Él se merecía algo más, pero... ¿Y lo que me dijo Julia? ¿Será verdad?... Quizás sí creo muy rápido en las personas, pero que él sea capaz de... ¡Ahhhh! Ese dolor otra vez, sentía que los tendones de mis piernas iban a romperse en cualquier segundo, no podía moverme, por primera vez sentí el miedo terrible de no conocer mi estado físico.
Odié con mi alma el sonido de la puerta cuando me encontraba gimiendo de dolor, le pedí al cielo que se retirara pronto o que fuera Jenny y después de unos minutos abriera sola, pero tuve que levantarme porque probablemente era Bill. Vencí el miedo de mis articulaciones y me sentí como anciana de 70 años, apenas pude dar mis primeros pasos fuera de la cama me llené de fuerza para abrir la puerta. Vaya, falsa alarma.

- ¿Qué pasó Joe? - con la mano en la columna.

- Quería asegurarme que estuvieras bien... -haciendo una mueca con la boca.

- Eh... -me apoyé en el umbral de la puerta- Excelente no estoy, pero mejor que antes... Aunque supongo que esto no pasará de un día a otro...

- ¿Quieres compañía?

- Em.. No, no te preocupes, estoy bien...

- Si estuvieras bien estarías durmiendo...

- Eso mismo iba a hacer... -excusándome.

- No te ves con sueño... -insistía. Creo que de verdad deseaba entrar a mi habitación.

- Joe... - Dios Santo, si le digo que vendrá Bill apagaría todo el brillo de sus ojos por el deseo de ayudar a una desgraciada como yo. Suspiré- Bueno, pasa... -me hice a un lado lentamente y lo dejé que entrara. Espero que no se quede por mucho.

- Déjame ayudarte... -tomándome de los brazos conduciéndome a mi jergón.

- ¿Por qué haces esto? -sentándome y moviéndome con dificultad quedando con los ojos en su dirección.

- Porque.. -se sentó a mi lado- de una u otra forma, es mi culpa que estés así...

- No es cierto... yo te obligué a que me llevaras con Tyler...

- Y yo accedí a hacerlo... -recorrió desde su frente hasta la terminación de su pelo con las manos hacia atrás.

- Pero... -tomé oxígeno y me quejé nuevamente.

- Déjame ver eso... -se paró.

- No... no te preocupes, no es nada... -pareció no haberme escuchado y se puso a mis espaldas para palpar desde mi coxis hasta el cuello.

- Tienes muy inflamado... - Sus manos estaban frías, lo que me hizo dar un respingo.

- No me sorprende ¿No crees? Lo raro sería que no tuviera nada... -sentí un pequeño masaje en mis músculos - ¡Joe! -salté de nuevo y volví a quejarme- ¿Qué estás haciendo?

- Quería ayudarte un poco...

- Bueno -me volteé- No lo hagas, por favor... -tomando sus manos-

- De acuerdo... -bajando la mirada.

- Mira... Hablemos de algo... -tratando de consolarlo.

- ¿De qué? -aún con sus manos encarceladas en las mías...

- De... -siento un crujido en mi oído y reacciono rápidamente- ¡Bill!

- ¿Qué? -preguntaba Joe.

- ¡Bill! -repetí y solté las manos de mi guía.

- Ho...la... -levantando su ceja en señal de confusión.

- Llegaste... -me levanté pero mis espasmos corporales me dejaron nuevamente en el colchón.

- ¿Quién es? -preguntaba Joe.

- Lo mismo pregunto... -dijo Bill aún parado en la entrada.

- Eh... yo... -gemí por mi dolor- Bill... él.... -otro espasmo- él es.... Joseph... es... mi...guía...

- Ah... Hola -estrechó la mano al hombre de mi lado.

- Hola... ¿Tú eres Bill Kaulitz, si no me equivoco? -respondiendo al gesto manual.

- Sí... -soltándose.

- ¿Conoces a Laura? -mirándome mientras me retorcía.

- Sí, es más... Creo que mejor que tú... -pronunció.

- Ah, entiendo... -poniéndose de pie- Yo ya me retiro... -dirigió sus ojos a mí- Nos vemos mañana Lala...

- Ok... -dije apenas. Dio unos pasos y salió de la sala.

- No pienses que... -explicándole a Bill.

- No te preocupes... -cerrando la puerta y acercándose- Ahora cuéntame que pasó...

- Te enojarás si lo digo...

- ¿Ese tipo te hizo eso? -subiendo el tono.

- ¡No!.. Joe es mi amigo, él me estaba ayudando...

-Ah... Entonces no me enojaré... -calmándose un poco.

- Creo que la pregunta ahora es ¿Qué te pasa a ti? -le interrogué percatándome de su actitud ofensiva.

- Nada... Me preocupo por ti. ¿Eso es malo?

- No... Pero... -otro nuevo espasmo que me hizo retorcer y dar un acentuado grito.

- Ven... -se sentó a mi lado y acercó mi cabeza a su pecho. Acarició mi rostro y rozó el corte que intentaba esconder con mi pelo- ¿Quién te hizo esto? -exhalé antes de contestar.

- ¿Recuerdas la mujer con la que discutí en el estudio de baile? -Bill sonó afligido y me apretó aún más.

- ¿Qué más te hizo? -su tono de voz era como el de una madre cuando recibía la terrible noticia de que su hijo se encontraba muerto, quizás él sentía que estaba camino a eso, pero sólo exageraba, yo me encontraba bien, en cierta forma.

- Me caí encima de unas herramientas y me lastimé la espalda y los muslos. -trataba de tranquilizarme para que no se preocupara más, sin embardo el decirle eso sólo empeoró más las cosas.

- ¿Y cómo? - se separó un poco para mirarme a los ojos

- Quise esquivarla. Bueno, en realidad lo hice, pero antes caí en unas herramientas que me rozaron la piel... Es todo, Bill... -mostrándome valiente. ¿Y con qué cara? Si me venía quejando todo el rato de la infeliz paliza.

- ¿No te llevo a un hospital? - sus manos temblaban de forma impresionante.

- No, estoy bien... Sólo se inflamó, necesito descansar...

- ¿Segura?

- Sí.. -toqué su perfecta nariz con la mía y le besé los labios en busca que eso sirviera para que sus nervios disminuyeran.

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Joe se mantuvo a distancia de la situación y entró con el rostro pálido con una sensación física de desilución que surgió en su abdomen que encontró casi ridícula. No podía sentirse así por alguien, menos con Laura, era tremendamente incorrecto, no sólo por la diferencia de edad (que en realidad sólo era de 5 años, curiosamente igual que la de Bill con ella), ni por su trabajo, sino que por lo que ahora se había enterado, no sabía lo que estaba pasando por su cabeza hasta que vivió ese incómodo momento que lo hizo enfrentar unas francas miradas con Bill. ¿Qué había pasado con su actitud profesional con la pequeña joven chilena? Había decidido sacársela de la cabeza y concentrar todas sus energías en la carrera que vagamente cumplía últimamente a la perfección, pero ¿Por qué lo hacía? Pues para tener más tiempo con Laura, todo culminaba en eso.
Joseph se encontraba rebalsado de algo que no conoció hasta esa noche, hasta esa lluviosa y tormentosa noche... Una palabra existía: paranoia.
Pero no podía salir de la vida de Laura ni ella de la de él, era su encargado y tenía que acompañarla hasta el fin de su estadía en Los Ángeles, le gustara o no la situación, empezara a sentir cosas por ella o no, tendría que aguantar el terrible masoquismo y luchar contra la corriente de su corazón que, hasta ese momento no sabía exactamente que es lo que sentía por la muchacha.
Y sí, consolemos al alma, quizás es sólo cariño como persona, quizás es un cariño de amistad, quizás Joe estaba confundiendo todo o en realidad se estaba enamorando de a poco y no tenía suficiente razonamiento para ordenar sus pensamientos.
Cierto es, que existen momentos en los cuales no existen palabras para describir los sentimientos, o incluso a veces no hay sentimientos para describir a los sentimientos. Ya qué... Era un dilema del cual Joe temía saber la respuesta, porque de seguro le haría daño no sólo a él, sino también a muchas personas de su entorno.

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Los Ángeles, Departamento Molina.

Como mujer se describía muy fuerte y correcta, por eso jamás Aracelly bajaba la guardia, tenía clara sus pretenciones, no obstante sólo era suficiente el nombre "Tom" para que esto se desviara de la línea, debía controlarlo y tenía conocimiento de como hacerlo. Dormir, pero no había caso, ese hombre aparecía hasta en sus sueños, Tom era como una droga para ella. Lo llevaba en las venas y no podía prescindir de él, era una adicta, una maldita adicta al Don Juan Kaulitz, sabía que no le convenía enamorarse de él; sabía que sería muy mirada en menos por la sociedad si es que llegaba a ser conocida como un vínculo de él, peor aún si era la "novia", Aracelly en varios momentos pensó en cortar todo, pero como ya lo sabía... Para sacar a Tom de sus venas debía tener un largo proceso, algo así como una rehabilitación, un trayecto demasiado largo para realizarlo en toda una vida. Era desdichada, el problema era que ya lo conocía y era demasiado tarde para dejarlo ir.

- Ara. ¿Me estás escuchando? -interrogaba a la mirada volátil que contenía su prima sin decir nada.

- Ah... Sí... -pestañeando volviendo a la realidad.

- ¡No es cierto! ¡Estabas mirando a la pared como si fuera un jugoso pedazo de pollo!

- ¿De verdad? - En realidad estaba pensando sobre su posición y... ¡Tom! Aquí va de nuevo...

- Sabes, mejor me voy a dormir... ya es tarde... -anunció Estefanía.

- Sssssí -dando tres pestañeos en un segundo y corriendo las sábanas para introducirse en la cama.

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El tiempo no pasó en vano, por lo menos para mí. Bill no tocó el tema de Joe pero yo bien sabía el efecto que había causado, no era algo intencional y sinceramente no deseaba seguir manoseando el asunto, quería dormir y que esas heridas no dejaran secuelas que me impidieran seguir con el objetivo musical.
Era de esperarse que Bill empezara con sus amonestaciones exageradas peores de las que me podría dar mi mamá, supongo que era algo normal...
Me OBLIGÓ, porque eso se llama obligar a ir a la cama, cosa que no quería porque no me agrada sentirme débil, como si yo no supiera sobre heridas simples en la columna o en las extremidades, en fin. Lo importante es que pude descansar y esperé que al otro día me encontrara mejor para poder seguir con la rutina sin terminar en una silla de ruedas.

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viernes, 11 de febrero de 2011

Capítulo 8 "Golpe bajo"


Era curioso que me maravillara con todo el lugar, nunca fui de salir a fiestas ni nada de eso, era muy resguardada en ese sentido, por eso el entorno y el lugar era nuevo para mí, Joe no soltaba mi mano, yo sólo lo seguía mientras él se hacía paso entre la gente, me dijo algo pero por el alto volumen de la música no pude escucharlo, me llevó hacia un rincón y se sentó en el piso, yo lo imité y pude entender lo que quería comunicarme.

- Escucha, si no lo consigues no te preocupes, hay muchas más chances para esos chicos, no te sientas presionada... Te juro que buscaré a algún productor y...

- No Joe... -le interrumpía.

- ... podemos sacarlos adelante, no necesito que pongas en riesgo tu bienestar, yo conozco a Tyler, sé como controlarlo, tú no... -esperé a que terminara y divisé el piso.

- Nada ni nadie va a impedir que yo presente ese show -le aclaré haciendo oídos sordos a todas sus advertencias - Tendremos Gala sí, o sí Joe -clavó sus ojos en mí y dio un jadeo de rendición.

- ¿No vas a parar hasta conseguirlo, cierto? -enarcando sus cejas dándome a conocer que era una chica terca. Pestañeé y aspiré oxígeno.

- No voy a parar... Nunca... -haciendo con mi cabeza un especie de arco. Apoyó su cabeza en la pared para después tomar impulso y levantarse, me escaneó para posteriormente extender sus brazos y facilitarme el ponerme de pie.

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Los Ángeles, Residencia Kaulitz 21: 13 Pm

Narra Bill:
La prensa no ha dejado de preguntar sobre aquellos rumores vagos que circulan por Internet, las fans están inquietas por confirmarlos y yo estoy estresado con tanto alboroto, me molesta aparecer en los medios por las polémicas que giran en torno a mi persona en vez de los éxitos que tenemos como banda, me disgusta saber que "Tokio Hotel" abarca portadas de revista sólo para indagar la vida personal de los integrantes, sobre todo a mí... Qué suerte tiene Tom, espero que no le pase con Aracelly, sería algo que lo colapsaría, sería algo sumamente bizarro para las que tienen claro un perfil de él, probablemente lo tomen como algo positivo, no obstante sería una muy jugosa información para todos esos periodistas, las invitaciones a programas lloverían y tendríamos que dar explicaciones a cada minuto.
La extraño, no sé por qué la necesito tanto... Está sola haciendo todo esto, ¿Será correcto dejarla? ¿La tratarán bien en el estudio?, ¿La mirarán? .. Ya estoy pensando como el perfecto maniático celoso que soy, ella no sería capaz de eso... ¿Y a qué se refería con "hacer algo malo"? ¿En qué la metieron? No quiero que la ocupen como marioneta, estos tipos saben muy bien como engatusar a las jovencitas para que cumplan con sus "pedidos".
Pazhy, Pazhy, Pazhy... ¿Qué hago con ella?.. En dos días la veré... Espero que no venga tan emocionada en el viaje y esté tan feliz de verme, o por lo menos que Lala no lo vea... ¡Ahhh!.. Lala, Lala, Lala, Lala... -tomó su celular y comenzó a llamar-


Narra Tom:
Esta noche mientras esperaba que me volasen la cabeza de tanto contraatacar mis impulsos veía la Televisión en busca de alguna distracción barata que pudiese absorber el raro sabor que contenía en mi garganta aprendí dos cosas:

1) A veces las personas piensan que te pasa algo cuando solamente te sientes sensible, no digamos que sensible así como Bill, pero al mínimo gesto de atención por alguien ya todos sospechan que estás mal o alguna cosa por el estilo. Los hombres tenemos un campo de fuerza anti-intimidad que se activa cuando desean obtener las debilidades o los puntos frágiles para que los demás después puedan hacer de las suyas, por lo menos así lo veía yo, no confiaba en nadie aparte de mi hermano, suena lógico porque somos gemelos y tenemos una conexión especial, pero hay veces en las cuales opto por conservar ciertos sentimientos para no caer en que los demás opinen de algo cuando no lo están sintiendo en primera persona, sólo lo ven de afuera y en muchas circunstancias sus consejos no sirven.

2) Necesito a Ara, lo admito, Bill en algo tiene razón y vaya que es difícil para mí encontrarle la razón a él porque sólo habla y habla pero al final no concluye en nada, sólo es una vuelta estúpida de palabras que salen hasta por sus poros y hacen rellenar más la conversación, a los periodistas les parece jugoso eso, pero a mí me marea. Sólo hablo cuando tengo una opinión elocuente y precisa, en ocasiones intento explicarla pero ahí está de nuevo ese enano metiendo la cuchara para seguir gastando saliva, Jaja... Ese Bill, qué gracioso es.
No sé por qué me sorprendió tanto el saber que Ara llegaría a L.A. , Más aún con su prima que ni siquiera conozco y me llamó "Raperito" ese día del Aeropuerto.


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Autopista de California, 21: 26 Pm

- ¿Lo llamaste Raperito? -preguntó con fisgoneo. Adivinaron, la táctica del "dormido" no funcionó, es que con su timbre de voz nadie puede juntar los párpados.

- Sí, es que no sabía su nombre y cuando llegaron los tipos que había visto antes me acordé que se llamaba Ron.

- Estefanía... Se llama Tom... -mirándola tratando de decirle "Idiota" con sus ojos.

- Ah sí... ¡No me eches la culpa a mí, yo estaba preocupada de tu desmayo!

- Ajá -gesticuló- Por eso te diste el tiempo de darle tu celular... -subiendo el cierre de su chaqueta.

- Fue por urgencia... Se veía pálido... -deformando su cara tratando de imitarlo.

- Ya me imagino... -re-acondicionándose en el asiento.

- Le debes importar mucho...

- No es cierto... Quizás un poco -poniendo sus brazos atrás de la nuca.

- Yo diría que mucho más que "un poco" -sonriendo.

- Eres tan loca...

- Y tú eres tan obstinada... -volteándose para dormir.

- No lo soy... -quedándose quieta para pensar- ¿O sí?... -Ojeó a su prima, pero ésta ya reposaba con cuantiosa gana en los grises colchones del auto sin emitir palabra alguna - Por fin te dormiste loquita... -cosquilleó su mano para corroborarlo y se aseguró completamente que ya no la escuchaba- Ah, Estefanía... Tan linda que te vez con la boca cerrada... -suspiró y sonrió para por fin acomodarse y poder descansar las últimas horas que quedaban del camino.

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Los Ángeles, Hotel Phoenix 21: 47 Pm.

- ¡Muerta! -exclamaba Domi lanzándose a su cama.

- Anímate, por lo menos tenemos 5 días más de ensayo... Y nos está saliendo bien -sacándose su chaqueta.

- Tú lo estás haciendo bien, ¡Luke sólo me critica!

- Tienes que relajarte... Todo estará...

- ¡No! ¡Renuncio! -gritando.

- No bromees con eso... Oye... ¿Has sabido algo de Lala? -acercándose a la ventana.

- Jenny dijo que no la vio llegar... -sentándose en la cama.

- ¿En qué andará metida?

- Quizás esté con Bill...

- Puede ser... -corriendo las cortinas- Y posiblemente no regrese...

- ¿Por qué? -ladeando su cabeza.

- Porque llueve como nunca... -empujando el vidrio y colocando su mano para sentir las pequeñas gotitas que caían del cielo.

- Espero que no se resfríe... -tomando su celular y marcando el número.

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El chillido me pareció más fuerte que nunca, incluso di una gran corveta mientras caminaba con Joe... me acerqué el auricular al rostro y lo rodeé con mi mano

- ¿Hola?

- Lala. ¿Estás bien?

- Sí... ¿Por qué?

- Bueno, porque está lloviendo y no estás en el hotel...

- Ya llegaré, no se preocupen... Tengo... -haciéndole unos gestos a Joe- Unos asuntos pendientes...

- ¿Estás en una fiesta? -preguntó su amiga desde el otro lado de la conversación.

- ¡No!

- ¿Y esa música?

- Ah, bueno... Eh... Yo... Eh... ¡Adiós! -corté y alcancé a mi guía quien quedó suspendido frente a una mujer de cabellera rubia. Un segundo, ¡Era Julia! ¿Y su cabello rojo?... Creo que tuvo una cita urgente con el peluquero para pasar las penas... Joe no decía nada y la, ahora rubia ex-coreógrafa determinó cortar el silencio con una frase no muy agradable.

- Me das asco -mirando con odio a mi acompañante. Sólo la miré, al rato descubrió mi presencia y me dirigió un vistazo efímero -Hola princesa -para luego volver a las retinas de Joseph- ¿Vienes a hacer tu buena acción? -contemplándome esta vez con más lentitud -Supongo que subirán tu sueldo... El Diamante tiene un gran precio para Woods -finiquitó con una mirada punzante. Joe no decía nada, no podía permitir que esa mujer lo humillara de ese modo.

- Por lo menos él tiene trabajo -incorporándome a su conexión.

- Tú no te metas, ya he tenido bastantes problemas por tu culpa.

- ¿Mi culpa? ¿Te duele saber la verdad de tus acciones? o ¿Acaso te dolió más el que te dijera la verdad de tu vida? -sus ojos ardían en rabia, recordé la pelea del estudio de danza, pero esta era una Julia distinta, ya no necesitaba controlar su protocolo, Joe me agarró del codo y me alejó de ella para evitar problemas.

- Lala, ¿Podrías dejar de ser tan...

- ¿Sincera? -intercepté.

- ¡Desafiante! -me corrigió - No busques más peleas por favor...

- ¿Peleas? Sólo fue una conversación... ¡Además no dijiste nada!

- Porque prefiero no tener más problemas con ella...

- ¿Eso incumbe permitir que te humille?.

- ¡No busques pelea con ella! Podría molerte los huesos en minutos.

- ¿Ah, sí? -con tono amenazador.

- ¡Sí! -forcejeé con su mano y me solté para buscar a Julia, ¡Al diablo con Tyler! Esta vez las ganas de golpearle la cara no las iba a aguantar. Me hice espacio entre la multitud y la vi a lo lejos

- ¡Julia! - Bramé. Ésta me ignoró y la seguí por una puerta a la cual entró. Sólo una pequeña ampolleta alumbraba toda la sala, busqué pacientemente a la mujer teniendo todos mis sentidos alerta a cualquier movimiento inesperado, sabía que estaba ahí, no podía engañarme, a menos que supiera hacer trucos de magia y era obvio que no... Recordé las lecciones que aprendí en mi academia de baile cuando era pequeña, poner en blanco tu mente, sentir que el aire es tu línea y el cuerpo tu eje, giras en torno a él pero sin moverte, caminar lentamente con la punta y después descansando el talón, me encontraba preparada para cualquier ataque... pero sólo bastó el sonido de una lámina de metal para distraerme de forma errónea y darle un fuerte impacto al lugar donde se escuchó el ruido, mis nudillos sangraban y mi mano derecha ardía, no era muy buena con mi brazo diestro ya que soy zurda y siempre tuve más habilidad con ese lado, escuché otro ruido y olvidé el ardor de mi piel, algo se acercó fugazmente y yo ya tenía conocimiento de quien era.
Sentí la presión de su antebrazo en mi cuello, me mantuve quieta para concentrar mi fuerza y dar un golpe firme, demostrar el dolor sólo debilitaba la resistencia de mi cuerpo, empujé con mi codo hacia atrás con toda la fuerza que pude en su estómago y ésta me soltó por fin para nuevamente atacarme con una cuchilla de su bolsillo, cortó gran parte de mi mejilla izquierda, alcancé a darle un manotazo en la muñeca y conseguir que el arma blanca volara lejos, ya desarmada traté de arrojarla hacia atrás pero ya era tarde cuando su puño finalizó en toda mi boca, me caí encima de unas herramientas que pasaron a llevar mis muslos y espalda, ahí estaba de nuevo Julia preparando otro golpe para hacerme perder el conocimiento, gracias a un reflejo pude evitarlo y ésta incrustó su mano en las filosas puntas de una madera con clavos, jaló tan fuerte como pudo y siguió mi presencia con la mirada para acabar por fin con mi pequeño pero ágil cuerpo, se aproximó una vez más y de una rápida maniobra conseguí atrapar su brazo, agarré su muñeca para inmovilizarla y dejarla contra la pared.

- Perra... -dijo mordiendo sus labios de impotencia

- Esos no son modales Julia... -aguantando el dolor de mi cara y doblando aún más su brazo mientras se quejaba.

- ¡Suéltame hija de puta! -forcejeaba inútilmente.

- Y sigues diciendo groserías -tomando su otro brazo -Creo que alguien necesita enseñarte buenos modales... -doblando su dedo índice. Julia comenzó a reírse macabramente como si mis palabras tuvieran una gota de sentido del humor, cada vez se reía más fuerte, ya me incomodaba bastante -¿De qué te ríes? -pregunté al fin.

- De lo ingenua que eres, bebé... -siguió con su carcajada- Tú piensas que todos son buenos contigo porque les caes bien... Y confías ciegamente en Joseph cuando dice que quiere cuidarte... -se burló.

- ¿A qué te refieres? - Su alborozo maligno no cesaba.

- ¿No sabes por qué estás aquí?... ¿No sabes por qué él está a cargo de ti?... Para dejar de ser un desgraciado con un trabajo de mierda...

- ¡Mientes!

- Finge ayudarte para que llegues a la fama, y como sabe que te encariñarás con él se aprovechará de tu dinero y te usará como billetera de prostituta -volvió a reírse.

- Tú... no lo conoces.... -aplastándola más a la muralla.

- Tú tampoco... ¿Y qué me dices de ese... Bill Kaulitz? -raspando su labio con el ladrillo del paredón.

- ¿Que-qué quieres decir? -la solté inconscientemente quedándome petrificada.

- Tú eres tan inocente pequeña -limpiando la sangre de su boca con la mano. -Confías tan fácil en las personas... confías en un famoso...

- ¡No te metas con Bill!

- Él... es famoso, vive de lo que hace, no va a dejar todo por ti...

- ¡Yo no quiero que lo haga! -sostuve.

- ¿Qué pasará cuando todos sepan quien eres, Laura?

- No... No te entiendo....

- ¡Cuando todo el mundo conozca tu nombre! ¡Cuando todos los fans sepan que eres la novia del hombre que les quita el sueño y por el cual mueren! -quedé en silencio- ¿No entiendes que eres una niñita con suerte y que MUCHAS chicas desean lo que tú NO PUEDES cuidar?

- E-Eso no es cierto... -mi voz tiritaba de forma evidente.

- ¿Te crees especial? ¡Mírate! Eres igual que todas sus fans, ¿Tienes un apellido renombrado?. ¿Tienes algo que te hace mejor que ellas?... Todas te criticarán... te querrán ver muerta... ¡Se les caerá la cara de vergüenza al saber que Bill está con alguien como TÚ! -di dos pasos atrás casi inválida de mis piernas y muerta en mi dentror, se acercó nuevamente a mí y tomó mi rostro- Pero yo sé que hacer... yo sé que podemos hacer corazón... -la miré con la poca fuerza de voluntad que me quedaba- Aléjate de él... Desaparece de su vida... Ve a tu país... Así no lo harás sufrir más... -acariciando cínicamente mis pómulos-

- No puedo... -susurrando con un nudo terrible en mi garganta - Él... me..necesita...

- Preciosa... él necesita a sus amigos, a sus fans.... A su música... Tú necesitas tu casa, tu familia... Él puede seguir sin ti... -me sentí muerta en ese instante, maldita charla de esa mujer, estoy segura que esas palabras dolieron mucho más que toda la riña que experimentamos anteriormente, era el golpe bajo, el impacto final...

Ambas no teníamos más fuerzas para seguir con nuestro enfrentamiento, ella se tambaleaba quejándose del río de sangre que caía por las heridas de sus nudillos y el dolor de sus articulaciones. Yo, casi en coma mental soportaba el fuego que me causaba el amplio corte en mi mejilla que se tornaba de a poco en un rojo intenso combinado con el negro tono de mi delineador recorriendo todo mi cuello y asfixiada en la cruda realidad que me había dejado el discurso de Julia... Por fin escuché la puerta, sabía exactamente quien era, no dudó en correr a mí y preguntarme el por qué de mi estado, cuando vio a mi contrincante entendió todo y me sacó rápidamente de ahí prestándome su chaqueta, ya que la mía yacía húmeda por toda mi emoción y el efecto de la hemoglobina que desprendía mi cuerpo, aparte cabe mencionar de la gran tormenta que había afuera. Me llevó al auto y, aún sin echarlo a andar se sujetó con las dos manos en el volante para tomar 3 largos suspiros mirándome sin saber si regañarme o abrazarme en ese mismo instante, no optó ninguna y tomó una última inhalación.

- No tienes que decirlo... -le dije aún con mis ojos mojados y la voz más seca que nunca.

- No lo voy a hacer, pero... ¿Crees que no me duele verte así? -tocando mi hombro.

- Lo siento... -soltando una nueva lágrima.

- Ya no importa, hay que curar esas heridas... -frotando su pulgar por mi frente- Vamos a casa... -encendió el vehículo.

- Y al final no hablé con Tyler... -me lamenté.

- No pienses en eso... -dijo negando con la cabeza. no respondí nada e impulsé mi nuca hacia atrás para cerrar los ojos.

Cuando volví a abrirlos estaba con algo helado en mi cara, me lo saqué para poder observar en donde me encontraba, era la habitación de Joe y él me miraba atentamente sentado a los pies de la cama, seguramente esperando que despertara.

- ¿Cómo pudiste...? -me referí con el hielo en la mano.

- No es nada... Tenía que sanarte...

- No... no me refiero a eso... -contesté.

- ¿Entonces?

- ¿Por qué estoy en tu habitación.... y no en un hospital?.

- ¿Te duele mucho?

- No... pero... creí que me llevarías a un hospital para deshacerte rápido de mí... -movió la cabeza y sonrió.

- No tengo problemas con traerte acá, en serio -suspiró- Ahora.. si puedes... Podrías explicarme qué pasó... Sólo... si... quieres... -me hablaba como si hubiese sido víctima de un secuestro o de una violación.

- Sólo... peleamos... -hice una mueca con la cara como diciendo "eso..."

- ¿Te dijo algo?

A mi mente volvió las crudas palabras que pronunció Julia y quise ponerme a llorar en ese segundo, pero me contuve y moví mi cabeza hacia los lados diciendo "no".

- ¿Quieres que te lleve a tu habitación? -asentí con la cabeza. sabía que si abría mi boca el llanto saldría irrevocablemente. Extendió la mano para que me levantara y lo seguí hasta llegar a la puerta de mi suite... Dijo algo como "disculpándose", pero no le tomé atención, sólo esperé a que terminara para...

- Joe... ¿Somos amigos, verdad?... -le pregunté.

- Yo-Yo creo... ¿Por qué?

- Abrázame... -dudó por unos segundos pero al final cumplió con mi humilde petición. Cuando nos separamos por fin entré y me acosté para descansar, antes di una ojeada a mi celular... 15 llamadas perdidas, todas de Bill... Usé las pocas ganas que quedaban para marcar el número y apretar el botón verde.

- ¿Hola? - Escuchar su voz fue como llegar al cielo después de tanto sufrir en la tierra.

- Mi amor... -pronuncié... Vaya, esto es raro.

- ¿Qué pasó?

- ¿Por qué me estabas llamando?

- Quería saber como est... -no aguanté más y un sollozo se escapó de mi boca, gran error Lala - ¿Qué te pasó?

- Bill... Tengo miedo... -respirando de golpe a causa del llanto.

- ¿De qué, mi niña? -su voz era tan desgarradora que hasta me sentía culpable de causar eso.

- De perderte... -su silencio fue eterno y torturador, sentí como tomaba aire y...

- Tú no me vas a perder... ¿No quieres que vaya a verte?

- No, no... No te molestes...

- Estoy en el auto...

- Bill... -amonestándolo.

- Te veo en 15 minutos... -corta.

De nuevo me sentía idiota, ¿Acaso no puedo aguantarme un minuto con mis sentimientos? ¿No puedo avanzar en vez de retroceder al mismo asunto que me hace mal?... Si sigo así probablemente me internen en un manicomnio...

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Los Ángeles, 11: 45 Pm.

- ¡Niñas llegamos! -decía con tono animoso.

- ¿De verdad? -Aracelly abrió de a poco sus ojos y miró por la ventana- ¡Santo Dios!. ¡Es hermoso!

- ¿Cierto? -bostezando- Hay muchas cosas que hacer...

- Las dejaré en el apartamento... -virando por una avenida.

- ¿Usted se da tan largo viaje sólo para traernos? -preguntaba a su tío.

- ¿Largo? Yo encuentro que está bien... -sonreía por el espejo retrovisor.

- Ah... Claro... -de nuevo recordando que es USA.

- ¿Qué haremos? - preguntaba Estefanía recobrando la energía desbordante.

- Bueno, llegaremos... y Dormiremos... Ah, sí.... Vaya que dormiremos... -sonreía con los ojos cerrados.

- ¡No! ¡No quiero dormir!

- Entonces yo duermo... -frunciendo el ceño- Y tú.... tú haces cualquier cosa... -su prima le hace desprecio y baja el vidrio de la ventana.

- Nos queda poco... -anunciaba.

- ¡Qué bueno! -expresaba con satisfacción.

- Mira, ahí está el estudio de los Mtv... -Ara reacciona de golpe.

- ¿Dónde? -asomándose.

- Ahí... -apuntando.

- Oh... -con asombro por tan grande construcción- Cerca de aquí deben estar.. -pensando en sus amigas y viendo los altos rascacielos de lujo que había en torno al estudio.

- ¿El chico de trenzas? -interpelaba con curiosidad.

- ¡No! -Ahhh, ahora me acordé de Tom.. ¡Perfecto! .. pensaba con ironía.

- No te enojes... -volviendo su vista al exterior- ¡Aquí es!

- ¿En serio? -examinando el departamento. Era lindo, se veía amplio y con buena vista.

- Llegamos... -deteniendo el auto y abriendo la puerta...

Con un impulso hacia afuera y dejando al descubierto sus acalambradas piernas se puso de pie y admiró la altura del edificio.

- ¡Al fin en Hollywood!




jueves, 10 de febrero de 2011

Capítulo 7 "Encontrémonos en Hollywood"


El viento soplaba formando una delicada melodía que se combinaba con el largo cabello de Nicole, sus pupilas se dirigieron rápidamente a un lado, pero no movió la cabeza, sólo lo hizo para colocar su mano en el tirante de su bolso, no traía abundante equipaje, sabía que no se quedaría por mucho.
Aunque estaba sola en un país desconocido caminaba segura siguiendo el trayecto hacia el exterior del Aeropuerto, nadie la esperaba, debía llegar a Los Ángeles sola. Sólo la acompañaba su bagaje y el papel que su madre le había entregado minutos antes de dejar Santiago, en él contenía la dirección del hotel al cual debía llegar, ahora el problema era. ¿Cómo llegar?. Está bien, ya estaba en California, pero le esperaban aún muchos kilómetros, demasiados para ir caminando, pero lo intentó. El Sol alumbraba fuertemente en la cabeza de la chica, lamentaba el no llevar un calzado adecuado, por el apuro no tuvo otra que salir con sus sandalias y sus dedos eran víctimas de las piedrecillas que obtenía en cada paso por la carretera, la cual estaba increíblemente sola y sin ningún auto que pudiese circular. ¿Cómo era posible?. Estaba en una de las potencias más grandes del mundo y no había ni una sola alma que se atreviera a cruzar por el camino de una joven inmigrante, Nicole se quejaba de su situación mientras soportaba el calor y la molestia de sus pies cuando de repente escuchó el sonido de un motor acercarse, volteó rápidamente e hizo notar su brazo para que parara, para su buena suerte resultó. El vehículo se estacionó unos metros adelante y ella corrió para alcanzarlo.

- ¿Dónde vas? -preguntó el muchacho de la camioneta. Nicole lo miró y respondió breve.

- Los Ángeles- el tipo le hizo un gesto y ella subió para acomodarse y tomar un poco de aire.

- ¿Eres americana? -le charlaba mientras conducía con su acento inglés, lo que a Nicole le pareció un poco raro, nunca antes había conversado con un norteamericano, pero sabía un poco del idioma.

- Sí, pero soy del Sur de América -dijo pausadamente.

- ¡Oh! ¿De qué parte? -sonriendo.

- Chile -abrió una botella que traía en el bolso.

- ¿El país del terremoto del 2010?

- Eh, sí... -vaya, que lindo que recuerden a Chile por eso... pensaba sarcásticamente.

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Los Ángeles, estudio de danza 16: 39 Pm.

Narra Laura:
Según el formato que tenía en mi mente de "tiempo-prolijidad" con los chicos avanzamos muy bien, son fabulosos, el ver sus rostros y escuchar las risotadas que nos dábamos cuando cada uno aportaba su granito de arena para la coreografía era fantástico, hasta Ying sonreía como nunca, quedan 6 días para la Gala y los pensamientos en mi cabeza volaban como de costumbre.
Me apestaba la idea de tener que juntarme nuevamente con ese sujeto para decirle algo que de seguro me odiaría al momento que salga de mi boca, pero tenía que hacerlo... Los instantes con todos esos semejantes hizo florecer algo en mí, un sentimiento de compartir con otros el mismo amor que tú tienes por algo, la última vez que sentí esto fue a mis 12 años, asistía al taller de danza moderna con Dominique... Un segundo... No, no era Dominique. ¿Entonces quién era? Por más que pretendía recordar no conseguía hacerlo, mi pasado era una puerta la cual había abierto en ese instante que me sentí como una anciana con alzheimer y eso que yo no acostumbro a revivir de mi pasado, pero eso fue algo muy peculiar...

- Lala... Lala.... ¡Lala! -sentí un zamarreo que hizo alborotar el embrollo que contenía hace unos segundos atrás.

- ¿Ah?- respondí desconcentrada.

- Todos ya se fueron... Sólo quería despedirme...

- No, espera Ying... -regresé para encajarme el polerón y tomar mi bolso -Te acompañaré...

- No te preocupes -movía sus manos- No tienes que hacerlo..

- ¿No quieres un helado? ¿Un café? -me encogí de hombros.

- No, no... Gracias, en serio... -avanzó acelerando su paso.

- ¿Qué te sucede Ying?-la alcancé- Nunca antes me habías rechazado una invitación...

- Lo que sucede es... -balbuceó por un rato- que tengo examen mañana y necesito estudiar...

- ¿Estás segura?

- ¡Claro! -se despidió con su mano y retomó su trayecto sin voltear. Cuando cruzó la puerta al mismo tiempo alguien venía entrando, se toparon y Ying pidió disculpas con su típica personalidad introvertida, pero ahora mucho más atemorizada de lo normal. ¿Acaso soy una especie de sonámbulo cuando pienso? Es decir, mis viajes mentales al espacio junto con todos mis pensamientos hacen que me mantenga en un estado "casi-coma" que a juzgar por la situación podría hablar incoherencias o peor aún, cosas coherentes que puedan herir a los demás... O yo estaré muy loca para que se me cruce esa idiotez por la cabeza de ser sonámbula...

- ¿Estás lista? -dando un aplauso seco y abriendo los ojos.

- Joe -cable a tierra de nuevo-... antes necesito que me lleves a un lado... -retiró el bolso de mi hombro y caminó por el pasillo.

- ¿Ah, sí? ¿Dónde? .

- A la oficina de Tyler... -sentí como se detuvo de golpe y tuve que retroceder tres pasos.

- ¿Para qué quieres volver a ese lugar? -su mirada me recordó a la que pude visualizar cuando le exigí ver a Woods antes del tiempo que me había programado.

- Necesito hablar con él...

- Él no está en su oficina... -mirando hacia el frente para seguir caminando.

- ¿Dónde está?

- Lala, ¿Por qué? -hizo un gesto de cansancio.

- Joe, el ver como todos contribuyen para formar algo inmenso, el alborozo junto con la alegría incontrolable que se sentía cuando alguien se equivocaba y la seriedad con la que enfrentaban tan grande responsabilidad. ¡Esos chicos merecen tomar una estrella para escribir su nombre y que la gente sepa quienes son! -pronuncié emocionada.

- ¿Me estás diciendo que la vez pasada rechazaste lo que Tyler te dijo?

Carajo, metí la pata...

- N-no exactamente...

- Tú me dijiste que ya habías arreglado todo con él la vez que hablaron...

- Sí... O sea, no tanto... Quedaron algunos asuntillos pendientes... -chocando mis dedos índices.

- ¡Lala! -me regañó como si fuera mi padre.

- Pero no te enojes... -arqueando mis cejas tratando que me disculpara- Sólo es esta vez y nada más...

- ¡No! -empujando la puerta de salida.

- ¡Joseph! -junté mis manos.

- ¡No! ¿Crees que estaré ahí concediéndote todo? -me ignoró para proseguir con su marcha veloz.

- Pero Joe... ¡Es por los chicos!

- ¡No me chantajees emocionalmente!

- ¡No te chantajeo, es la verdad! -no hubo respuesta -¡Joe, escúchame, no seas mal educado!

- No seas masoquista... -entregándome una mirada fugaz.

- ¡No lo soy! ¡No me hagas rogarte!

- No quiero que lo hagas... -echando mi bolso a la maleta- Es peligroso...

- Ya salí viva una vez...

- Bueno, por algo los llaman "accidentes" -cerrando la valija de metal-Sube al auto... -dudé un poco y me crucé de brazos-

- ¡No!

- ¿Por qué no? -levantando una ceja con expresión de incordio.

- ¡Porque no! ¿Crees que estaré ahí concediéndote todo? -bramé.

- ¡Eso es muy distinto! ¡No actúes como quinceañera!

- ¡Sólo tengo 19 años!

- ¡Ya eres mayor de edad! -vociferó.

- ¡Tú lo dijiste! Soy mayor de edad... Tengo derecho a tomar mis propias decisiones y tú eres mi guía y ¡Me vas a llevar con Tyler! -tomó aire pero optó por tragarse todas las palabras, apretó su puño como avisando "Me rindo".

- ¡La última vez! -le sonreí y lo abracé con toda la fuerza que tenía en ese instante -Ahora sube al auto, por favor...

- ¡Sí! -dije satisfecha abriendo la puerta para acoplarme adentro.

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Los Ángeles, Hotel Sunset 19: 10

Narra Nicole:
Según el arrugado papel que contenía en mis manos ya había llegado a lo que sería mi hogar por unos días, sabía perfectamente que llegaría a un Hotel 5 estrellas por lo superficial que es mi madre, aunque hubiese preferido una cabaña en la cual habitara sola sin vecinos a 3 metros de la puerta, era una de las cosas que odiaba de mi familia. Todo era lujo, todo era caro, todo era moderno, todo era objeto de ostentación para los demás niños cuando iba en la escuela. ¿Quién poseía el último celular? Nicole... ¿Quién vestía la ropa más costosa? Nicole... ¿Quién tenía las vacaciones soñadas? Nicole... Todo Nicole, apestaba el sólo hecho de saber que nunca te mirarán como alguien del montón, en todo Chile el apellido Ramirez era sinónimo de Joyas y dinero, nadie te toma en serio, todos fingen ser buenos contigo y te regalan dulces exclusivamente porque tu padre es una de las personas con la fortuna más grande del país, casi no tenía amigos por el hecho que pensaban que era una "cuica" y que la vergüenza los consumiría si me contaban que su chaqueta es de algún supermercado y no hecha por un diseñador mundialmente conocido, despreciaba con toda mi alma la vida que me dieron mis padres. ¿No podía la gente darse el tiempo de mirar algo más que el número de ceros que tenía la cuenta corriente de la hija de el señor Ramirez?. Mis hermanos se portaban pésimo, todos los días deseaban algo nuevo, todo lo que yo tenía eran "las sobras" de ellos, no me gustaba explotar la economía de mis padres, pero claro, llamémosle sobras a los celulares con los que ellos se aburrían al transcurrir de una semana porque "se había manchado la pantalla" los desperdicios de ellos eran los sueños de todos los niños normales, los perfumes de Susana eran la envidia de toda muchacha, y el esfuerzo de todo un año de sus familias. Es por eso que me encariñé tanto con Laura, cuando la conocí no le importó mi apellido, me trataba como cualquier persona, compartíamos algo en común: El baile, sólo importaba eso, ella veía en mí el valor de tener a alguien que te entendiera en lo que te apasiona por la vida, no veía todos los privilegios económicos que podría obtener juntándose conmigo, era la única que se atrevía a gritarme y regañarme cuando las cosas salían mal, Lala era lo que siempre deseé y que mi papá nunca pudo comprarme. Perderla fue volver a lo mismo, a ser "La hija de Domingo Ramirez" y el que nuestro vínculo se haya roto por factores externos era algo de lo cual nunca perdonaría, más aún cuando la opción de recuperarlo estaba en sus manos y nunca lo hizo.
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Autopista de California, 20: 36 Pm

Narra Aracelly:
Las casi 8 horas en el auto se hacían tan espesas que ni tiempo había de relajarse, no estaba acostumbrada a circular en un país tan grande donde la gente tiene ese maldito pensamiento de llamarle "cerca" a un estado que puede durar toda una jornada en un colegio de Santiago, claro, en Chile le llamamos cerca el ir a otra región con sólo 2 horas de trayecto, pero debía recordarme a cada segundo que estaba en Estados Unidos... ¡Y cuánto cuesta familiarizarse con el desgraciado pedazo de tierra!. Mi batería no alcanzó ni siquiera para la mitad del camino, ¿Por qué Señor me quitabas mi querida música tan temprano? Si envías un milagro iré a misa todos los domingos... Pfff Ara, no digas blasfemias.
Suelo ponerme muy ansiosa al viajar y por eso no duermo, algo totalmente infeliz porque debía aguantar todas las conversaciones de Estefanía. ¿De dónde sacaba tanta saliva? Está bien, yo soy bastante habladora pero esta tipa pasa los límites, no era extraño que me cuestionara si de verdad ella tenía una pizca de sangre igual a la mía, ¿Quién sabe si es adoptada? ¡Aracelly! Ok, concuerdo con que te estrese seguirle la corriente pero no puedes ser así con ella, a lo mejor puede estar leyéndote la mente con esos enormes ojos brillantes color césped que tiene... ¡Ya me está hablando de nuevo de su sueño americano y de la repetida historia que me ha venido contando desde que salimos del maldito estado de Arizona!. Si sólo pudiera salir de aquí aunque sea por un minuto, si solamente no estuviera su padre en el asiento de adelante ya sabría esa infante lo que es verme enojada, no la entiendo en absoluto, he sido más cortante que nunca en toda mi vida y aún persiste jurando a las tres Marías que estoy interesada en sus anécdotas. ¿Qué me importa a mí la vida de Britney Spears y de cómo llegó a la fama? ¿Para qué necesito saber que Madonna vendía donas con crema antes de ser famosa? ¿¡Y qué carajo me afecta el hecho que Estefanía tenga un lunar de nacimiento en el hombro y que le puso Roberto!? ¡Por la mierda!. Inhala, exhala... Ya sé que haré, fingiré quedarme dormida, así no seguirá cacareando.


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Los Ángeles, Residencia Kaulitz 20: 48 Pm

Me inquieta la situación, se supone que hoy llegaría Ara, pero ni señales ha dejado ¿Le habrá pasado algo en el camino? ¿Estará bien?..

- Sí lo está -aseguraba Georg con el bajo en la mano.

- ¿Quién?

- Ara...

- ¿Cómo supis...?

- Acabas de preguntarlo... -se encogió de hombros.

- ¿Qué? -Al parecer la última pregunta no fue exactamente hacia los adentros de Tom - Ah, no pienses que estoy...

- Ok Tom, Ok... -gruñó porque su amigo no le dejó finalizar la idea.

- ¡Gustav, explícale que yo no estoy preocupado! -mirándolo. Su compañero sacó los audífonos de sus oídos.

- Él no está preocupado -dijo en un timbre que exhibía desinterés y volvió a conectarse los aparatos.

- ¡Cuánta atención! -se quejó - Oye Georg... ¿Tú no estabas con Domi? -indagando al bajista que guardaba una uñeta en su bolsillo.

- Sí... ¿Por qué?

- No se nota...

- Ah, Tom... no te preocupes tanto por tu ex -Gustav ríe de forma burlesca.

- ¡No lo decía por eso! -alzó sus brazos enfadado y entró a su habitación, ahí estaba Bill firmando algunas fotos en el escritorio.

- ¿Qué te pasó ahora? -sin despegar la vista de lo que estaba haciendo.

- ¡Nada, nadie entiende que no me pasa nada!

- Le creería más a Georg si me dijera que se va a cortar el cabello. Aracelly te tiene loco Tom...

- ¡Que no! -abucheó.

- ¡Que sí!

- ¡Que no! -insistió.

- ¡Que no! -firmando otra fotografía.

- ¡Que sí! -Tom se dio cuenta de la molesta estrategia de su hermano y se lanzó de espalda a su litera.

- ¿Ves?. Ni siquiera te concentras -dejando a un lado las imágenes.

- Tú también estás loco por Lala... -defendiéndose.

- La diferencia es que yo no soy testarudo, además tengo el coraje suficiente para dejar atrás el orgullo de cuidar mi propia imagen y rendirme ante el amor de una mujer maravillosa. -su hermano se enmudeció- ¿Por qué siempre con lo mismo?

- No... sé...

- Hoy llegaba, ¿Cierto?

- Sí... -suena el celular de Bill.

- Después conversamos... -tomando el móvil- ¿Hola?.. David... -se alejó y cerró la puerta.

- ¿Cuál es el afán de dejarme solo? ¿Este es el precio de enamorarse?... -se lamentaba mientras buscaba el control remoto de la televisión.
....

- ¿Tienes idea de lo que le pasa a Tom? - decía Gustav apagando su personal.

- No, pero de seguro esa niña con la que peleó en su cumpleaños tiene que estar incumbida -guardando el bajo en el estuche.

- Tienes razón... ¿Cómo se llamaba?

- ¿Ana?... -se encogió de hombros.

- No... Ara... -afirmó Gustav chasqueando los dedos.

- ¡Eso! -Bill rondaba por toda la casa con el celular en la mano- ¿Y a este qué le pasó?

- Lorena... -levantaba las cejas.

- No, era Laura... -rascando su nuca.

- ¡Lo mismo! -rió.

- Tenemos conferencia mañana... -anunció Bill colgando por fin la llamada y buscando las miradas de sus amigos.

- Ah, entonces no era... -dijo Gustav dirigiéndose a su interlocutor.

- ¿Quién? -preguntaba el vocalista confundido.

- No, no era... -respondió Georg

- ¿De qué hablan?

- Falsa alarma... -moviendo la cabeza de un lado a otro.

- Así parece... -siguiendo la acción del baterista.

- ¿Ah? -levantó la ceja en la cual llevaba su piercing -¡Explíquense! -protestó. Los dos se miraron como cómplices de un negocio sucio y acudieron hacia afuera de la casa, ignorando enteramente la petición de su alto y delgado amigo.

- ¡Ajá! ¡Qué adorables son! -gritando hacia afuera con ironía - En fin, tendré que hablar con mi conciencia... -sentándose en el sillón- Aunque....

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El rostro de Joseph era tan irritado que me llegaba a dar risa la maldad que había cometido, era como si tuviera unas ganas enormes de parar el auto y echarme a la calle pero aún así se contenía, y esa expresión de abstinencia hacía que sonriera sin darme cuenta, tal vez por maldad, tal vez por inocencia o porque realmente su cara contenía facciones dignas de un actor cómico.
Pude apreciar que el recorrido no era el mismo de la otra vez, me sentí un poco extrañada y pensé que Joe me estaba llevando a otro lugar... posiblemente se estaba enojando en serio y quería trasladarme a un callejón para que me comieran los ratones. Jajá...

- ¡Por aquí no es! -refiriéndome a una vuelta que dio el auto.

- Te dije que Tyler no estaba en su oficina... -manteniendo la calma.

- ¿Y dónde está?

- En Luxurious...

- ¿Qué es eso? -le consulté llena de curiosidad, el nombre sonaba muy interesante.

- Una discoteque...

- ¿Y qué hace un viejo como él en una discoteque?- me mofé y Joe rió conmigo.

- Trabaja... -volviendo a ponerse serio

- ¿Trabaja en una discoteque?

- No necesariamente. Hace negocios con sujetos que van a esa discoteque... Es como su punto de "encuentro" - mirándome con misterio.

- Ah... atractivo...

- Atrayente... -agregó.

- Terrorífico..

- Más que eso... -detuvo el auto, el lugar estaba repleto con luces y se escuchaba la música que retumbaba por todos los alrededores- Ahora, no te alejes de ... -revisando el asiento trasero sin encontrar nada- ¿Lala? -inquietándose.

- ¡Qué hermoso! -decía parada frente a tantos destellos y letreros luminosos.

- Lala... -bajándose del auto- Escúchame -tomándola de los hombros- Pase lo que pase... -la mira fijamente- No sueltes mi mano... -Costó un poco responder a tal indicación, quedé anonadada por unos minutos en los cuales sólo admiré sus profundos ojos celestes, no era capaz de quitar la vista de aquél hombre y él tampoco lo hacía, sentí un escalofrío por todas las venas de mi cuerpo, sentí un fuego en mi garganta... Algo que decidí detener al remover sus manos de mis hombros.

- De-De acuerdo. -dije casi con un volumen inaudible. Él me miró e hizo un ademán con su boca.

- Vamos... -capturando mi muñeca y empujándome levemente hacia adentro del recinto.