lunes, 25 de abril de 2011

Capítulo 20 - Por un pelo de rana.


¿Algún complot contra mí?
Sea como sea, el sentimiento que experimenté en esos momentos no se lo deseo a nadie, ¿En qué momento Bill conoció a esa niña si sólo me ausenté de su vida por 1 día? ¿Un mísero día basta para reemplazar a una persona como yo?.. ¡Vaya!
No dije nada porque simplemente mi mente no me lo permitió, estaba congelada y totalmente retraída, y es que, estaba segura que si decía algo no sería del todo agradable, hay que añadir a esto que me odiaría por toda la vida si mis chicos se ven incluidos en mis enredos personales, decidí pensar antes de hablar, pensar... Sólo pensar y ser leal a mi silencio.

- ¿Hola?, ¿Interrumpí algo? Están todos muy callados... -dijo la niña llevando su mano a la boca.

- No, no -intervino Nicole- Bienvenida, ¡No te había visto por aquí anteriormente!

Y fue en ese momento cuando recibí una señal divina que me hizo ausentar de la dramática escena, la vibración se hizo notar en el bolsillo de mi pantalón para llevar mi celular a la oreja y salir del salón, ignorando completamente a quien tuviera en el camino, incluso a Bill.

- ¿Hola? ¿Quién habla?.

- ¡Laura, te dije que te necesitaba a las 2 en punto! ¿Dónde estás? -su voz se oía bastante enfadada.

- ¿Lourdes? ¡Santo Dios! ¡Olvidé eso!- me apoyé de golpe en la pared para dejarme caer.

- ¡Regresa ahora! No tenemos tiempo que perder, Tyler odia la impuntualidad.

- Lo siento muchísimo, es que aún no asimilo bien las cosas y...

- ¡Después me das tus excusas! ¡Sal ahora! -dijo impidiéndome terminar.

- Ok, ok... -me paré lo más rápido posible- Iré corriendo al hotel.

- ¡No! Ya estoy afuera del estudio.

- ¿Y cómo supis....

- Sam te buscó tu ubicación por tu teléfono móvil, ¡Sólo apresúrate!

- Caracoles, ustedes si son psicópatas.

- ¡Que salgas ya! -vociferó.

- ¡Ya, ya voy! -me eché el bolso al hombro y corté.

No sé con exactitud si aquella llamada significó algo bueno para la situación, más bien fue un problema que me sacó de otro, en realidad, de otro muy grande.
En el camino vi a Ara, se veía muy molesta y corrió a mí con los brazos cruzados.

- ¿Lo viste? -me dijo.

- ¿A quién?

- ¡A ese desgraciado! -exclamó con rabia.

- ¿Quién? ¡No tengo mucho tiempo!

- ¡A Bill! ¿Viste con quién iba?

- No, y no me interesa... -pasé por su lado histérica por el sonido de la bocina que se hacía notar a las afueras del rascacielos.

- ¡Lala! -alegó Ara a distancia.

- ¡Después conversamos! -dije antes de cerrar la puerta y escaparme de mi vida "normal" para entrar a la de una "gángster"

Ahí estaba su auto con Lourdes adentro, se veía furiosa pero su boca no dio señales de aquello, seguramente por órdenes de Tyler, creo que tienen un tremendo interés porque me quede en el negocio.
Esperé la reacción más lógica, esperaba, incluso algún gesto que expresara su prisa, pero nada. Lourdes era muy profesional para manejar sus sentimientos, o para ser más realistas, mantener la calma en el minuto que tus emociones hierven para dejar escapar un impulso humano.

- Lo lamento mucho, lo había olvidado por completo...

- Ya no importa, debemos apresurarnos. Sólo espero que no se vuelva a repetir- sólo en ese instante dirigió su vista hacia mí para comprobar que yo estaba de acuerdo con su preposición.

- Nunca -concluí para su tranquilidad y me olvidé por completo de todo el entorno y las personas que me rodeaban en ese salón.

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- ¿Alguien puede explicarme qué fue eso? -Nicole tenía los ojos como dos platos de sopa.

- Ni idea -Pazhy se encogió de hombros y volteó para ver a su compañero- ¿Qué te pasa, Bill?

Gran evidencia, todos los rasgos de Bill encarcelaban un nerviosismo terrible combinado con la mirada terrorífica con la cual divisaba los ojos de su amiga para responder a penas por sílabas.

- No-no es... na-da... -y para ser sinceros, ni él se lo creía.

- ¿Seguirá haciéndonos clases usted, señorita Nicole? -preguntó Ying con su característico tono ingenuo y lleno de timidez.

- Así parece, creo que nuestra "amiga" tuvo que evacuar el lugar de urgencia... -giró en sus talones dando la vista al espejo del salón- Aunque no sé que es más importante que un grupo de personas que es lo único que le queda en este país...

- ¿Quién era ella? -se hizo presente la alegre María Paz totalmente confundida por la situación.

- Era la..- Ying tomó la pregunta casi por inercia

- No era nadie -le cortó Nicole- ... Ahora debemos seguir ensayando...


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Era un Lunes sin emoción ni anécdotas que contar, por lo menos para Colette y Dominique lo era, hace días no tenían una conversación con Lala como correspondía y esto ya se hacía notar. Era claro, llegaron juntas y deben permanecer juntas a pesar de todo.

- ¿Te has dado cuenta que ya casi no hablamos con Lala? -decía Colette mientras caminaba con la chilena por una larga y estrecha calle para llegar al teatro.

- Será por sus nuevas obligaciones -agregó Dominique.

- ¿Nunca has pensado que nos estamos separando cada vez más? -la chica de pelo castaño claro frenó de golpe.

- Supongo que eso es lo más lógico por su trabajo.

- ¿Y no te sientes mal por eso?

- Nos lo sintamos o no, no creo que cambiemos algo- respondía de una forma fría y racional, demasiado racional.

- ¿No crees que deberíamos buscar a otra persona?

- ¿Reemplazar a Lala? ¡No! -Dominique respondió como si se tratara de una ofensa hacia su persona.

- ¡No mujer, no me refiero a eso! -la francesa empujó la puerta que hizo sonar las campanitas del Wonder Coffee y ambas entraron a buscar una mesa para ganar un poco de tiempo antes de el estrés que significaba trabajar con ese estúpido de Luke y sus alegatos.

- ¿Entonces? -Domi sólo la seguía con la intención de descubrir qué se traía entre manos.

- Creo que deberíamos ampliar nuestro círculo, ¡Sólo somos tú y yo! ¿Comprendes?

- Comprendo tu pregunta, pero aún no comprendo a qué punto quieres llegar.

- ¡Dominique!

- ¡Ves! Algo tramas, ¿Qué tienes? ¿Una nueva amiga cibernética?, ¡Por eso me trajiste acá!

- No, no. Nada de eso, es sólo una idea... -tomó la carta entre sus manos- Pero si no quieres, entonces ¡No importa! -se cubrió la cara con la gran libreta del menú.

- Espera... -sujetó su mentón tratando de buscar alguna respuesta en el aire- Creo que ya entendí...

- ¿De verdad?

- Sí...

- Pues me parece bien... -seguía desde el otro lado del cartón.

- ¡Sería más fácil comunicarte mi respuesta sin el menú tapando tu cabeza!

- Lo siento - destapó su cara y le escuchó con atención.

- Lo que me estás tratando de decir, es que seamos más sociables e intentemos formar amigos, pero. ¿Para qué?

- Bueno Domi, no sé tú, pero yo necesito tener nexos con otras personas que no tengan un acento raro al hablar en inglés.

- ¿Me estás diciendo que mi inglés es malo? -volvió a ponerse a la defensiva.

- No digo eso, si no que es muy evidente que eres latin... -Colette no alcanzó a terminar el enunciado cuando Dominique levantó el brazo para llamar al mozo- ¿Qué vas a hacer?

- ¿Con que no sé hablar en inglés? ¡Ya vas a ver!

- Dominique... -su intento de detenerla fue inútil.

Cuando el chico vestido elegantemente se acercó a la mesa para atender a Dominique, ésta comenzó a hablarle como si no lo hubiese hecho hace décadas, decía frases extensamente largas y con un alto grado de rapidez, a lo que el joven asentía y le contestaba con educación, ¡Hasta comenzó a entrevistarlo por su vida personal! y esto fue lo que colmó a Colette.

- ¡Ok, ya basta! -golpeó la mesa- ¡Ya entendí, ya entendí!- las miradas de ambos sujetos quedaron pegadas en ella quien trataba de disculparse con gestos pero seguía firme en sus palabras- Tú... -apuntando a la chilena- deja de acosarlo como si no tuviera trabajo que cumplir, y usted- apuntó al mozo- podría pedirle que se retire y nos perdone por hacerlo perder tanto tiempo.

- Sí, señorita, pero no se preocupe, no me molestó en nada.

- ¡Cómo sea! -Colette se dio cuenta de cómo sonó esa expresión y se retractó- Por favor, disculpe... Lo llamaremos cuando necesitemos algo.

- De acuerdo, disfruten su café... -y se retiró en dirección a la cocina.

- ¿¡Qué te sucede!? ¡Ahora resulta que prendes con agua!

- ¡No, pero no soporto que me subestimen!

- ¡Dominique, te lo tomas muy en serio!

- Ya cállate -se cruzó de brazos para no continuar con los gritos que las tenían como el punto de atención de la gente al rededor.

- ¡Y todo comenzó por una pequeña idea de conocer más personas!- se quejó Colette.

- No quiero hablar más del tema.

- ¿Ves que eres inmadura?

- ¡Tú también lo eres! -volvió a gritar- ¿Por qué me sigues el juego?

- ¡Porque... porque! ¡Ya, olvídalo! ¡Ya pasó!.

Domi accedió a tomar un sorbo de su café para intentar tranquilizarse, luego de un tiempo de ver el rostro tenso de Colette, dio un suspiro y agregó:

- Lo siento...

- Ya no importa Dominique... -dijo derrotada y echó una ojeada a su reloj- ¡Ya son las 3!

- ¿Qué? -se paró lo más rápido que pudo dejando el café a medio tomar viendo como Colette salía disparada por la puerta.

- ¡La hora, la hora! ¿Cómo demonios pasó tan rápido?

- ¡Colette! ¡Colette! -gritaba desde atrás abrochándose la chaqueta.

- ¡Domi, apresúrate!

- ¡Colette, no pagaste la cuenta! -paró para llenar sus pulmones de aire mientras contemplaba el suelo, sin embargo, cuando por fin levantó la vista su compañera ya no estaba.

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En la casa de los Kaulitz el ambiente era calmado, agradable y sin novedades que modificara el estado de Georg, Gustav y Tom. Era un día ideal para tocar canciones, aunque faltase la voz de Bill, sus instrumentos musicales eran la salida que tenían del mundo, y eso los hacía inmensamente felices.

Felices, felices hasta aquél momento infaltable, porque como ya sabemos, nada es del todo normal en la vida de los chicos de Tokio Hotel.

Tom hacía un gesto para que sus amigos dejaran de producir melodías improvisadas mientras sostenía en su mano derecha el celular que aún vibraba.

- ¿Hola? -la voz del otro lado era automáticamente reconocible para él, era Bill llamando con un tono un tanto extraño.

- ¿Quién es?- preguntaron los G's buscando la respuesta a la expresión facial de Tom que cambió de un segundo a otro.

El gemelo mayor movió sus manos como queriendo decir "después les contaré, ahora necesito hablar a solas" lo que, afortunadamente, ellos entendieron. Así, Tom caminó hasta el comedor para escuchar mejor a su hermano.

- ¿Qué pasa, Bill? ¿Por qué suenas tan.... diferente?

- Pasó algo terrible, Tom... -Bill sonaba como si tuviese una aguja clavada en el pecho que le impedía hablar de corrido y respirar con serenidad.

- ¿Qué cosa?

-.... -su hermano ejecutaba momentos de silencio que agobiaban a Tom por la exasperación de no tener idea lo que tenía así al joven delgado.

- ¡Mierda, Bill, habla!

- Ocurrió un tremendo malentendido... -y tragó saliva para mejorar su faringe.






sábado, 9 de abril de 2011

Capítulo 19 - Malos presentimientos


- ¿Estefanía? ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás aquí, tirada en el suelo... -traté de buscar la frase correcta- tan.... ajena a tu personalidad?

- Ara está con Tom en el departamento y probablemente él no vuelva a su casa esta noche.

Los brillantes ojos y la cálida mirada que proyectaba Estefanía era más que suficiente para entender la razón que la acongojaba, a nadie le gusta sobrar en un lugar... Pero ¿Por qué a ella le afectaba tanto?.

- Entiendo... -giré la llave con cuidado y abrí la puerta esperando que en ese lápsus de dejar mi bolso en el suelo se me ocurriera algo- Ven, entra... no te quedarás afuera.

- En realidad vine para hablar con Joe...

- ¿Con Joe? -me extrañé- Entonces deberías ir a su habitación en lugar de la mía ¿No crees?

- No sé donde está... -la cara de Estefanía tomaba un aspecto tan frágil e ingenuo que era imposible regañarla aunque fueran las 11 de la noche.

- Debe estar durmiendo -dije con una sonrisa tratando de dejarla satisfecha con mi respuesta.

- Ah.. -pegó su mirada a la alfombra.

- No quiero ser imprudente pero. ¿Qué querías hablar con él?

- Cosas -tomó aire- sin importancia... -me detuve a pensar un poco antes de responderle.

- Si fuera sin importancia no habrías venido tan tarde, arriesgándote a la noticia de que él no se encontrara despierto.

- Supongo- dijo siendo fiel a su desánimo.

- Le hablarás mañana -sonreí- Ahora entra, necesitas descansar.

- No te preocupes, regresaré con Ara -antes que pudiera perderla de vista la detuve de la muñeca.

- ¿Y arriesgarme que te pase algo en el camino? No, ¡Te quedas aquí! -dije en un tono que combinaba regaño y simpatía para que no pensara que estaba enojada y eso la pusiera peor. Claro, ya era raro que no me hablara cada 5 segundos y diera pequeños saltitos que pusieran en evidencia su galopante felicidad, no podía quedarme de brazos cruzados viendo como su alegría se degradaba frente a mis ojos.

- Gracias...- fue entonces cuando soltó una tímida sonrisa.

Al interior de mi alcoba todo fue un poco más tranquilo, la invité a que conversáramos y me confiara que es lo que le ocurría, lo cual se me hizo difícil, pues yo debía persuadir cada situación para que pudiera confirmarla y así obtener un poco de información importante. Se veía insegura y con un pequeño extracto de aquello que llaman miedo. ¿Miedo a qué?

- Al parecer te agradó bastante Joseph... -dije mientras me cepillaba el cabello.

- Sí, es buena persona.

- ¿Sólo buena persona?- interrumpí al momento de procesar su respuesta.

- ¿A qué te refieres? -levantó la cara para mirarme.

- ¿No lo encuentras guapo?

- Ah, sí... Pero sólo amigos.

- Así empieza todo -traté de darle ánimo.

- Eso dicen...

- Por como lo dices... Creo que te gusta... -añadí.

- ¿Joe? No... claro que no.

- Yo pienso que, claro que sí.

- No- reiteró esta vez con más seriedad.

- Vamos, ¿Qué tiene de malo que te guste?

- Él me dijo que ya había alguien en su corazón... -dijo con un tono más bajo del que tenía anteriormente.

- Ah... Y ¿Sabes quién es? ¿Te lo dijo?- la conversación empezó a tornarse interesante, por alguna razón que desconozco.

- No, pero me dijo que estaba luchando contra sus sentimientos...

- Entonces no le gusta tanto esa niña... -concluí.

- Yo pienso que le gusta mucho, pero su amor no debe ser correspondido.

- ¿Cómo?-de un momento a otro la inseguridad de Estefanía se pasó a mi cuerpo junto con una curiosidad casi de otro mundo.

- No sé, tal vez ella tenga novio o no le guste simplemente...

- Pero... Joe no es de muchas amigas, es decir... Su trabajo no lo deja relacionarse con mucha gente anexa.

- Mencionó algo de "Sentimientos fugaces" pero no sé a que se refirió con eso... -Estefanía tomó impulso y se recostó en el colchón.

- Sentimien.... -un escalofrío paranoico me recorrió toda la columna vertebral impidiéndome terminar la idea- Que raro...

- Pero ya no interesa...-esperó un tiempo para continuar- ¿Y tú?

- ¿Yo qué? -como siempre en las nubes o en alguna parte de la galaxia.

- ¿Has visto a Bill?

- Bill... -guardé silencio para procesar bien la información- Buena pregunta, Mmmm... no lo he visto desde el problema con... -me costó terminar- Joseph...

- ¿Problema? ¿Cuál problema? -se enderezó y abrió los ojos.

- Nada, Joe estaba ayudándome con algo y llegó Bill malinterpretando los hechos, creo que no se llevaron bien...

- ¿Bill siente celos de Joe? -su voz volvió a ser normal, pero con un toque de curiosidad y mucha atención.

- ¡No! Bueno, en realidad no lo sé...

- ¡Bill piensa que la niña que quiere Joe eres tú! -mordió sus uñas.

- No creo que Bill sepa esa historia...

- ¡Bill está celoso! ¡Hay que decirle que tú no eres la niña! -ya parecía una escena teatral.

- Shhh... -tapé su boca- La gente duerme...

- Lo siento...

- Mira, haremos todo eso pero mañana... Por ahora debemos dormir.

- Sí, tienes razón.

Así concluyó el encuentro bohemio. Antes de dormir comencé a reflexionar... Estefanía tiene razón, no he hablado con Bill los últimos días, ¿Será que mi nueva vida cotidiana no me dejará tiempo para él? Aún no le tomo el ritmo a todo, es más, ni siquiera asimilo bien todo lo que pasa, ¿De verdad fui a esa oficina y hablé con esas personas? ¿Acabo de hacer un pacto con Tyler Woods? ¿Trabajaré para él impulsada por el miedo y el chantaje?.
De tanta respuesta no tuve más que juntar los ojos hasta la mañana siguiente.
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Eran las 12 Pm. Bastante tarde para quien tenía planes en el día pero algo normal para alguien como Bill, quien sólo deseaba escapar del asqueroso final que había tenido el día anterior, aparte de estar durmiendo en la cama de su hermano el miedo se apoderaba de lo que habría hecho María Paz en su habitación a causa de su enojo, no era gran cosa pero Bill es demasiado aplicado con sus pertenencias y podría ser llevado de urgencia si alguna de sus chaquetas de cuero había sido víctima de la furia de Pazhy.

- No quiero levantarme, no quiero... -miraba al techo mientras refregaba su cara con las manos- tengo el presentimiento que hoy será peor que ayer...-dio una vuelta en el colchón y contó mentalmente hasta 3 para destaparse y colocar sus pies en el piso.

- Yo tampoco...- dijo una voz proveniente del mismo cuarto.

Bill dejó atrás el sueño que aún contenía y dio un salto que hizo acelerar su corazón.

- ¿Qué haces aquí? -preguntó al destapar el otro lado de la cama.

- ¿Cómo que qué hago aquí? Esta es mi cama.

- Pero Tom... ¿No que estabas con Ara?

- Sí, lo estaba... -dio un bostezo.

- ¿Y por qué volviste?- sonó más a una molestia que a una simple pregunta.

- Vaya... Ahora me regañan porque vuelvo a casa- rió despacio.

- Espera... ¿A qué hora llegaste?

- Hace dos horas... Ara debía salir a visitar a tu novia, dijo que probablemente Estefanía estaba con ella.

- ¿Y por qué?- ni Bill sabía en qué orden preguntar lo que le había dicho su hermano.

- No sé, ayer se fue de la nada...-se encogió de hombros.

- ¿Lala?

- No, Estefanía... -se estiró- A propósito, ¿Hace cuánto no la ves?

- ¿A Estefanía?

- ¡No imbécil, a Lala!- dijo sorprendido por la poca comprensión que tenía su gemelo ese día.

- Eh... hace... -golpeó su frente- Tom, no lo recuerdo.

- Eso es grave... -volvió a taparse con las sábanas-

- ¡Tom, no recuerdo que fue lo último que pasó con ella!- lo destapó nuevamente para llamar su atención.

- ¡Ah!, no exageres enano, no pasaron 3 años.

- Tengo que ir a verla..- dijo decidido.

- Un momento... ¿Y Pazhy?- se sentó en el colchón.

- ¡Pazhy! ¡Casi lo olvido! -se apoyó en el umbral de la puerta.

- No la dejarás aquí ¿Verdad? No estoy para aguantar caprichos de niñas mimadas, además no es de mi responsabilidad- se cruzó de brazos.

- ¡Hablas de ella como si fuera un objeto! -alegó con un tono protestante.

- ¿Sabes algo? No debería hablar de ella, porque no me interesa ni tampoco me agrada, así que por favor no la dejes aquí...

- Te va a escuchar- advirtió.

- ¡Al diablo, Bill! ¡Primero esconderle a Lala, después tratar de ser cínico con ella y fingir que estoy enormemente feliz porque la trajiste y debo ser resguardado con las cosas que solía hacer antes en MI casa!.

- ¡También están Gustav y Georg!- interfirió a la defensiva.

- Sí, pero ¿Sabes qué? ¡Son nuestros amigos y aparte son hombres!

- ¿Estás siendo machista?

- Bill, deja ya de usar la mentira para agradarle a ella, si de verdad piensas que vale la pena todo ese tiempo que fueron amigos de la infancia ¡No le ocultes algo tan importante como tu relación sentimental!

- No necesito que alguien como tú venga a decirme qué cosas hacer.

- Si no te lo digo yo ¿Quién lo hará?

- Da igual, pienso que hablas solamente por hablar-intentando calmarse.

- Dime una cosa, ¿Te avergüenzas de ella?

- ¿De quién?

- ¡De tu novia!- la paciencia era imposible de recuperar para Tom.

- ¡No es mi novia!- devolvió con un grito.

- ¡Al carajo Bill, no puedes ser más poco hombre!

- ¡Tú fuiste así por mucho tiempo y jamás te recriminé nada!

- Está bien, haz lo que quieras- ya rendido y sabiendo que la discusión no llevaría a nada.

- ¡Bien!- Bill salió de la habitación dando un portazo.

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Hotel Phoenix

El pasillo que acostumbraba a transitar tomaba otro ambiente, esta vez lo compartía con Estefanía, y en esta ocasión mis pretensiones no eran insistir por alguna de mis ideas desfasadas o arriesgadas, en realidad no sé qué haría al momento de dejarla ahí, sólo tenía en mi mente cumplir su deseo: "Hablar con Joe"

Crucé los dedos para que estuviese ahí y no me hiciera cargar más con la inquietud que poseía Estefanía y su enorme anhelo de entablar una charla con él, golpeé con firmeza la puerta y esperé.

- Lala... -pronunció Estefanía como rayo.

- ¿Qué pasa?

- ¿A ti... te gusta Bill, verdad?

La miré casi con actitud prejuiciosa, no era una pregunta que me alegrara escuchar, menos de ella.

- Sí- creo que mi respuesta fue más fría de la que imaginé, le sonreí para que se tranquilizara y proseguí esforzándome por no decaer- No tienes que preocuparte por eso Estefanía... -acaricié su hombro y la puerta sonó.

- ¿Hola?- dijo un poco confundido con mi visita.

- Hola... Vengo a... -tomé la muñeca de mi acompañante- bueno, ella... Ella quiere hablar contigo.

- ¿Si? ¿De qué sería?- plasmó sus ojos en ella.

- No sé, ¿De la vida? -por un momento me sentí estúpida al pedirle a Joe que hablara de cualquier cosa con ella.

- Hola Joe... -se presenció tímidamente. Era evidente, a Estefanía le gustaba mucho.

- Hola- le besó la mejilla y me miró- ¿Cómo te fue ayer?

Quedé casi helada, ¿Es que este hombre no puede dejar de ser sobreprotector por algún minuto? ¿Ni siquiera cuando una mujer le está hablando?

- Bien... -asentí con la cabeza y agregué rápidamente antes que mi puño cobrara vida y le marcara toda el rostro- Me tengo que ir, debo salir a... comprar.... ropa.

- Ad... - fue lo último que escuché antes de correr a las escaleras.

No fue la mejor manera de despedirme pero algo tenía que hacer antes de explotar en el acto, lo que menos quiero recordar es que ahora trabajo para una banda de mafiosos norteamericanos y lo primero que hace este hombre es preguntarme sobre mi curiosa experiencia de ayer. ¿Será que el karma decidió pegarse a mí, o yo estaré siendo muy exagerada? Ni al caso, ahora debo inventar una excusa para salir y desaparecerme del hotel por lo que dure su conversación.
Salí hacia la recepción para bajar las escaleras de la entrada sintiendo un extraño presentimiento que no descubrí hasta llegar a dos cuadras más lejos...Me detuve y pensé: ¿Con qué voy a comprar si no tengo la billetera? Estos son los momentos que me gustaría tener un mazo gigante y golpearme en la cabeza.
Así como una torpe despistada tuve que regresar a mi habitación, pero no contaba con que gracias a mi "descuido" atendí a quien menos esperaba ese día.

- ¿Ara? ¿Qué haces aquí?

- Vine a buscar a Estefanía... ¿No está contigo?- no sabía si responderle sí o no, tenía la leve intuición que si respondía con la verdad ella pensaría que soy una secuestradora o que no cumplí con mi función de ética de aconsejarle que regresara a casa.

- No... digo sí, lo estaba, pero ahora está hablando con alguien.

- ¿Con quién?- aquí venía la parte difícil de responder.

- Con un... amigo.

- ¿Qué amigo?- odio esas preguntas donde debo profundizar más de lo debido.

- ¡Estará bien! Por si eso quieres saber.

- Pero ¿Con quién está? -ya me asustaba la manera en que lo preguntaba.

- ¡Con Joe!- dije al fin.

- ¿Quién es Joe?

- Ya basta, muchas preguntas.

- ¡Hey! -agarró mi hombro.

- De acuerdo, está con el niño que le gusta- dije resignada con un cartel de "soplona" en mi frente.

- ¿De verdad? -bingo, por fin bajaba su tono.

- Sí, y te recomendaría no interrumpir.

- ¡Me lo podrías haber dicho antes!- ahora sus músculos faciales lucían normales.

- No, no, créeme que no, eres peor que mamá histérica.

- Lo siento... Pero es que me preocupa, ayer estaba muy rara.

- Lo sé, así llegó aquí... -algo me hizo sentir que no debí haber dicho eso.

- ¿Y dónde irás ahora?- dijo queriendo poner un corte al tema.

- Saldré de compras... a alguna parte para distraerme...

- ¿Ya no das ensayos?

- ¡Ensayos! -recordé- ¡Tienes razón, hoy debo asistir a los ensayos!

- ¿Lo olvidaste? ¿En qué planeta estás?- rió.

- No lo sé...

Entré para recoger mi bolso y volví a evacuar el edificio con Ara a mi lado. Sinceramente a veces pienso que soy más idiota de lo que pienso, o existe la posibilidad que esos tipos me hayan drogado cuando me quedé dormida en el laboratorio, vaya, ahora me aterroriza el saber qué cosas me hicieron mientras yo dormía...

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Residencia Kaulitz.

- Buenos días, Bill.

- Hola... Eres educada... -agregó con poco ánimo.

- Oye... -se acercó para sentarse a su lado- discúlpame por lo de ayer, fue una estupidez... Eres mi amigo y te quiero mucho... -se calló esperando la respuesta de quien la escuchaba, o pensaba que la escuchaba.

- Tú también discúlpame... -tomó aire- No puedo seguir así, debo estar bien para las entrevistas futuras, para el disco que se viene, el videoclip y... ¡Ah!

- Sé que tienes una vida muy agitada y no quiero ser otra carga para ti... Las cosas ya no son como antes, ya no somos niños sin preocupaciones ni grandes responsabilidades...

Bill se mantuvo quieto y silencioso.

- Y discúlpame por ocupar tu habitación- añadió también.

- No importa... Estabas enojada, sólo espero que no te hayas desahogado en ninguna cosa de su interior.

- No, sólo arrojé un almohadón... -hizo una pausa violenta mientras Bill seguía con la cabeza agachada-... que chocó contra la mesa de noche...-Bill seguía sin inmutarse y María Paz comenzaba a tomar un tono culpable- y derramó tu delineador...

- Eso no importa, compraré otro...

- En tu chaqueta roja... -concluyó con un volumen casi inaudible. Bill tensó los músculos y apretó los labios.

- ¿En... m-mi chaqueta..?- moduló con una voz aterrorizada.

- ¡Bill, no fue mi intensión, te lo prometo!- comenzó a mover las manos y rascar su cabeza tratando de encontrar palabras por su falta.

- Mi.. chaqueta roja... -aspiró bastante aire por la nariz y lo botó por la boca.

- Bill, juro que te la pagaré, trabajaré de camarera, en un pub, ¡Donde sea!

- No, no digas eso... -rascó su nuca- está bien...

- ¿Estás seguro?- arqueó las cejas.

- Sí, son cosas que pasan... -la miró y le sonrió.

- ¡Gracias Bill!- presionó sus brazos alrededor de él y besó su mejilla cariñosamente- ¿Me acompañarás a mi primer ensayo?

- ¿Ensayo? ¡Es verdad! Hoy comienzas con eso... -la voz de Bill sonaba más a sorpresa que a entusiasmo.

- ¡Sí! ¿No es emocionante? -se paró fugazmente dando brincos hasta llegar al baño con su maleta entera- ¡Ya quiero conocerlos! -gritó desde adentro.

- Espero que ellos también quieran conocerte... -se dijo a sí mismo mientras pensaba cómo explicarle la situación a quién no veía hace días y quien seguramente desearía aquella famosa explicación.

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Estudio Mtv: Recepción

- ¿Emocionada?- interrogó con misterio.

- Algo... Más bien me invade la curiosidad... -respondí.

- ¿Curiosidad por qué?

- Dicen que hay una nueva "reemplazante"- hice comillas con mis dedos.

- ¡Pues debe saber que su trabajo ya terminó y que la reina llegó con todas las ganas de seguir bailando!- Ara me dio un codazo de aliento, o eso creo.

- Quisiera decirlo como tú.

- ¿Por qué no puedes? ¿Aún tienes problemas por lo de tus músculos?

- No, no es eso... Es que, tengo un mal presentimiento- pestañeé con fuerza.

- ¡Pamplinas! ¡Debes pasarlo genial y recuperar tu puesto!- alzó sus brazos con los puños cerrados.

- Sí... En realidad con otras palabras sonaría menos soberbio.

- Sólo entra, pequeña saltamontes -tomó mi mano y dio un impulso para dejarme en el pasillo que antecedía a la sala de baile.

Tomé aire, miré mi reloj para comprobar que todo estaba bien, 1:55... 5 minutos para volver a la hermosa rutina que me llenaba el alma, 5 minutos para cumplir con lo que me había traído a Los Ángeles, sólo 5 minutos... Sentía que me concentraba más en todas las emociones que se interponían en mí que de caminar bien, el peso de mi hombro se volvió invisible, los ruidos provenientes del otro lado de la pared hacían latir fuerte mi corazón, coloqué mi mano en la puerta, cerré mis ojos y conté hasta tres, la empujé y recobré la vista.
Casi me desmayé cuando vi aquella imagen...

- ¡Miren, es la señorita Rojas! -dijo una niña y todas las miradas se posaron en mí, que estaba dura como una piedra.

Podía ver, podía escuchar pero no podía sentir nada, no sentía mis pies, ni mis brazos... Las sonrisas de todos eran evidentes, corrieron a abrazarme llenos de preguntas y de buenos deseos, todos irradiaban felicidad, todos menos una persona, aquella de la cual no podía despegar mi vista, ni ella de la mía. Aquella persona que me hizo entender mi presentimiento de allá afuera.

- Laura Rojas... -pronunció- Tu nombre tiene mucha fama por estos lugares...

- Me imagino, no tenía idea que ya había una reemplazante...

- Ya sabes como son las cosas, todo debe ser rápido y eficiente, estos chicos no pueden quedar desorientados ¿No lo crees?- no me gustaba para nada el tono con que lo decía.

- Deberían haberlo conversado conmigo antes.

- Hay otras personas con cargos superiores a ti, corazón- lamentablemente la ironía nunca fue su fuerte.

- Así veo... -sonó la puerta, lo que al principio pareció ser una excusa perfecta para detener esa incómoda conexión pasó a ser algo peor...

- ¡Hola! -dijo- ¡Lo lamento por llegar tarde! ¡Ven! ¿Por qué no entras, Bill?.

- ¿Bill? -volteé casi de golpe sin importarme el bochornoso encuentro que tuve en esos instantes con un rostro que bien conocía.

¿Qué hacía Nicole ahí... y qué hacía Bill con esa niña?
Casi terrorífico, entre la espada y la pared, es en estos minutos cuando piensas que no puede pasar nada peor y para colmo, sucede.

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domingo, 27 de marzo de 2011

Capítulo 18 - "Sorpresa"


- ¿Hola? ¿Estás bien...? -desde el otro lado de la puerta escuchaba mientras limpiaba mi mentón con un pedazo de papel higiénico amontonado, ya que con la desesperación no tuve tiempo para doblar adecuadamente. Falso, era la misma frase, pero dicha en otra ocasión, un pequeño playback de lo que fue mi asistencia al lavabo.

- Laura... -agitaba su mano insistentemente delante mis ojos vacíos.

- Lo siento Lourdes, estaba acordándome de algo...

- Así veo, te debo ir a dejar... -Lourdes traía puesta una chaqueta larga color azul marino y botones grandes, en sus manos se podían divisar 3 anillos, lo cual me daba a pensar que tal vez estaba casada o comprometida. Bien, un tema con el cual pueda intentar ganarme su confianza.

- ¿A dónde? -perdí tanto la concentración en observarla que se me olvidó por completo lo que me había dicho.

- A tu hotel, es tarde ya...

- Ah, sí... -me levanté, encajé mi polerón y me acomodé el pelo.

- ¿Estás mejor? -dijo mientras abría una gran puerta de vidrio transparente.

- ¿Mejor? Eh... sí -respondí aunque no supiera de lo que me estaba preguntando.

- Después de ir al baño te quedaste dormida en el suelo, así que tuvimos que entrar y llevarte a enfermería...

- ¿¡De verdad!? - Ahora entiendo por qué el sonido de la puerta era lo único que tenía en la mente.

- Sí, nos dijeron que podía tratarse de insomnio, así que con Sam decidimos ignorar el permiso de privacidad que deberíamos haberte pedido antes de entrar a tus redes sociales -esta vez se detuvo para pedir al ascensor.

- Ah, no importa...

- Mañana empezaremos con el trabajo de lleno. -dio un paso invitándome a avanzar e introducirme adentro del elevador.

- Ok...

- Y el Miércoles te llevaremos al médico...

- El Mier.... ¡No puedo! ¡Tengo que ir donde la doctora Tornau!

- Lo sabemos, por eso nosotros te llevaremos -sostuvo sin inmutarse.

- ¿Cómo lo saben?

- Tus archivos... -concluyó, como si esa palabra me hiciera entender todo.

- Ah... Wow... A veces me asustan con sus juegos psicópatas...

Lourdes prefirió no contestarme y salir del elevador a paso firme, sus tacos se hacían sonar por todo el lugar, por fin conocí la recepción... Ya me sentía traficante por entrar por el garage.
El auto de Lourdes estaba justo al lado del jardín principal, al frente de un adhesivo que contenía la palabra "Reservado", detrás de las enormes letras "F.B.I"

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Los 10 minutos jamás fueron 10 minutos, en realidad fueron menos que 5... Ni el entusiasmo de María Paz junto con la "autoridad" de Bill fueron suficientes, así lo recordaban ambos en casa a las 7: 48 Pm.

- ¿Y viste como me miró cuando le dije mi nombre?

- Pazhy, olvidemos eso... ¿No quieres pedir pizza?

- ¡Pero es que me molesta tanto que no tengan mi nombre registrado!

- Son humanos, pueden equivocarse...

- Bill ¡Estoy en el grupo! ¡Deben tenerme! ¿Cómo lo haré cuando tenga que ir a los ensayos oficialmente? -la almohada que ocupaba de respaldo voló por los aires.

- Entonces ahí deberán actualizarlo... -el joven tomó convencido el teléfono para pedir la pizza.

- ¡Yo sólo quería conocer el lugar! -gritó.

- Shhhh, ¿Puedes guardar tu emoción para después?

- ¡No! -gruñó y entró a la habitación de su amigo que no despegaba el teléfono de su oído.

- Deberías...

- ¡Cállate! -aún de una pieza a otra seguía la disputa.

***

- ¿Oíste eso?

- No... -Gustav sostuvo sus dos baquetas y se retiró los audífonos de las orejas.

- Parece que llegaron... -Georg desenchufó su bajo y lo guardó en el estuche para ir a saludar.

- ¿Es mi idea o pelean más que Bill con su novia?

- ¿No es ella?

- No, esa voz es de María Paz...

- Wow, pensé que era su novia... -se sorprendió Geo.

- No me extrañaría que en un tiempo más fuera así.

- ¿Quien te quiere te aporrea? -preguntó con tono humorístico.

- ¿Tú peleas con Domi? -la cara del bajista se desfiguró, como si el nombre "Dominique" se le hubiese olvidado.

- En realidad, ni siquiera hablo con Domi actualmente...

- ¿Y eso por qué? - Georg se encogió de hombros en respuesta de la interrogante - Deberías hablar con ella...

- Mmm.. debería hablar con ella... -reiteró como intentando convencerse a sí mismo que era buena idea.

- Vas a hablar con ella-concretó al ver la actitud floja de su compañero.

- Sí, ¡Voy a hablar con ella! -levantó su puño en señal de victoria.

- Pero ahora no... -le cubrió la mano- Ahora debemos ir con Bill...

- Sí, ¡Debemos ir con Bill! -sin bajar el tono de entusiasmo.

- Geo, ya basta...

- Sí ¡Ya bas.... Ok Gustav... -suspiró.

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El almuerzo concurrió de forma normal, o así estimaron los presentes que ahora disfrutaban de una pelicula en la sala de estar, bueno... Ara y Tom la disfrutaban.

- ¿Dónde vas? -preguntó su prima.

- Voy a ver si está lloviendo...

- Estefanía, quédate aquí... Aún no termina la pelicula -añadió Tom.

- Necesito tomar aire, creo que algunas personas absorben mucho con tanto intercambio de saliva... -los demás rieron, pero a Estefanía no le hizo ninguna gracia, no tenía nada de gracioso el estar sola mientras tu prima disfrutaba de lo lindo que es el amor... -Después me comentan el final- cerró la puerta.

- ¿Qué le pasó? -mirando a Tom - ¿Le dijiste algo? ¿Una de tus bromas sarcásticas? -le golpeó el hombro.

- ¡Auch! ¡No, no hice nada!

- ¿Entonces qué hice yo?

- ¡Nada! ¡Déjala! Quizás necesita un tiempo a solas...

- Pero es mi prima... -dijo bajando la cabeza.

- Pero no es de tu propiedad -le acarició el pelo, nada ayudó... -Yo sí.. -levantó las cejas.

- ¡Tom! -sonrió y le golpeó nuevamente el hombro.

- ¡Sin golpes! -le tomó la mano y se la escondió por atrás de él, quedando en una posición de abrazo.

- Tú te mereces una buena paliza... -alegó.

- No, tú sabes que no es así -sonrió de forma angelical.

- ¿Y por qué no?

- Porque soy demasiado guapo, una paliza arruinaría mi rostro y todo mi hermoso cuerpo...

- Este hombre y su ego... -se soltó y cruzó los brazos.

- Esta mujer y su enojo sensible... -le besó la mejilla.

- Este hombre... este hombre... - y lo besó en los labios suavemente.

"Somos llamados a ser lo que queremos, somos seres que dependen del amor, ya sea propio o dependiente de una persona, el corazón nos pide y nosotros servimos... no obstante, hay veces que somos lo que podemos.. y no lo que queremos"
Píntame un mundo de alegría, y te daré el corazón... sin importar si de ti me enamoro o no... Haz de él lo que quieras, es tuyo.

***
Fría, fría como la noche... La noche sólo es tibia si así la sentimos, subjetividad, generosa subjetividad ¿Por qué todo tiene que ver con el amor? ¿Por qué la gente mata, muere y vive por ello? ¿Por qué tenemos esa necesidad de no sentirnos solos? Ni con nuestra más hermosa sonrisa lo podemos esconder, Estefanía comenzaba a experimentarlo... su lección, su vientre liviano lleno de alas por dentro, el veneno pegado a la garganta, el martillo en la frente y un corazón que exigía libertad para amar.
No quería estar sola, pero no quería llorar. ¿Qué es lo que deseaba? Deseaba que lo que le estaba pasando no fuera dañino, no fuera letal... Quería descubrir por qué todo había cambiado, necesitaba destapar su realidad.

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- ¡Hola! -saludaba animoso Geo a su delgado amigo.

- Hola Geo, Hola Gus... -Bill se dejó caer en el sofá apoyando su frente con las manos.

- ¿Qué sucede? -curioseó Gustav.

- Nada... Creo que Pazhy se enojó por lo de hoy y... eso.

- Al parecer no estás muy acostumbrado a las peleas...

- ¿Ah?

- Que tú con Lala no pelean casi nada...

- Y pensamos que estabas peleando con ella en vez de Pazhy... -agregó Geo.

- ¿Qué están tratando de decirme?- Bill cambió su rostro a uno lleno de intriga.

- Nada... -dijeron al mismo tiempo.

- ¡A mí no me gusta ella! Y no digan el nombre de Lala tan fuerte...

- Estás estresado... -afirmó el baterista como si se tratara de un diagnóstico.

- Es lo menos que podría deducir...

- ¿Y Tom dónde está? -preguntó el muchacho de pelo largo.

- Debe estar con Ara, no sé... Y no me importa.

- Supongo que te importa la reunión que habrá mañana.. -dijo Gustav.

- ¿Qué reunión? -Bill parecía mareado con tanta información.

- La con los dirigentes de la producción...

- ¿Cuál?

- Bill, tenemos que grabar un videoclip. ¡Recuerda que somos Tokio Hotel aún! -regañó el miembro mayor de la banda.

- ¡Ah! ¡Maldita fama! -golpeó la pared y caminó, recordó que María Paz se encontraba en su habitación y cambió el rumbo hacia la de Tom dando un fuerte portazo.

- ¿Estará bien?

- Espero Gustav, espero...

Era evidente que el lazo de amistad que unía a Georg y Gustav con los Kaulitz se veía muy degradado por la aparición de esas mujeres, pero ellos no lo tomaban tan así, después de todo Bill y Tom tenían derecho a divertirse con tanto estrés, pero no así el derecho de desaparecerse como si nada, claro estaba el código "Mujeres pasan, amigos quedan", lo verdaderamente importante era otra cosa, Bill y Tom no estaban rindiendo en los ensayos y el disco no avanzaba como debería, tal vez no era netamente culpa de las chicas, pero aún así ellos necesitaban solucionar este problema que no podía pasar por alto, porque al que deberían rendir cuentas no era ni a Geo ni Gustav, si no a todo el equipo de producción y disquera que trabaja con ellos.

Así mismo se decidieron a intervenir, habían recibido una llamada de David que los impulsó a controlarlos y que volvieran a su vida "normal", y es que en realidad ya lo venían pensando hace tiempo pero como buenos amigos no estimaban correcto ser tan dictatoriales con sus vidas, aunque los Kaulitz fueran los menores de la banda tenían los mismos derechos que ellos, y el detalle de que ya no tenían 17 años para usar el libertinaje como regla en sus vidas.

Tom y Bill; Dos polos opuestos... estrés y relajación... dos almas gemelas separadas solamente por sus destinos.

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Eran alrededor de las 9 de la noche, veía de lejos el hotel y a Lourdes a mi izquierda... al ver sus manos quise romper el silencio...

- ¿Casada? -pregunté.

- ¿Qué? -sin despegar la vista de al frente.

- Si acaso estás casada, comprometida o algo... -mi seguridad del principio disminuyó gradualmente.

- ¿Lo dices por los anillos? Son de mi madre... Los de compromiso no se ponen en ese dedo...

- No lo sabía... -intenté reanudar- ¿Y tu madre...?

- Ya llegamos, recuérdalo... Mañana vendré a buscarte a las 2 en punto... -contestó y esperó a que me bajara.

- De acuerdo... cuídate Lourdes... -salí del auto y me quedé parada, esperé a un gesto o algo de su parte... Nada, sólo encendió el motor y se fue. ¿Qué quedaba? subí las escaleras sin más y me dirigí a mi habitación.

Definitivamente caerle bien a Lourdes no es una tarea sencilla, pero ¿Por qué me interesa tanto caerle bien? No todos tienen la facilidad de confiarle ciertas cosas a los demás... No tengo por qué culparla... A propósito, qué pasará con el baile.. ¿Quién es esa nueva directora? Mañana debo ir a... No, espera... Mañana no puedo... Pero y si me escapo, Dios, necesito saber de mis chicos... Tengo que saber con quién están, tengo que hablar con Ying, debo supervisar la coreografía, debo... ¡Debo tranquilizarme!
Subía a mi piso, crucé por los pasillos, no quise molestar a Domi y Colette, seguramente dormían o estaban cansadas, paré en mi puerta, dirigí mi vista hacia abajo para buscar entre mi bolso las llaves, pero...

¡Sorpresa!...






viernes, 18 de marzo de 2011

Capítulo 17 - "Caíste"


- ¿Ah? -chillé sin tener entendimiento de nada.

- Acompáñame...

Lourdes desconectó su vista de mí y giró en sus talones para caminar a la puerta esperando que la siguiera, me costó asimilar ciertas cosas que estaban pasando, algo así como ¿Tan malo es todo esto? ¿Qué quieren de mí en realidad? Pensé que todo esto era más sencillo, lo que está claro es que no me convertiré en una asesina por influencia de todos estos hombres y mujeres que creen poder manipularme porque acepté su oferta, apenas termine la gala renunciaré... Un segundo, no puedo renunciar... Tyler dijo que Bill... y... ¡Santa Cachucha! Realmente estoy encadenada a todo esto.
No pasaré toda la vida recalcando la culpa que tengo de haber aceptado, pero si lo miro por otro punto de vista, en realidad todo esto valdría la pena.
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Tom miraba de forma cómica como Estefanía y Aracelly desembolsaban toda la mercadería, es que aún les faltaba tomar una ducha para hacer desvanecer toda la harina que se mantenía impregnada en sus prendas de vestir, desconocía la razón por la cual había acudido ese día a ver a la fémina, pertenecía a lo irrelevante de la situación.

- ¿Qué miras? -intrusó la parlanchina.


- Nada... -encogiéndose de hombros a la interrogante de Estefanía.


- Ah... -achicó sus ojos- ¿¡Qué miras!? -volvió a preguntar.


- ¿Qué? ¡Nada! -la insistencia estaba colmando la paciencia de Tom.


- ¿Y por qué no despegas tu vista de allá? -volteando su cabeza hacia la dirección que se refería.


Bingo, por fin Tom entendió el origen de la pregunta, de la nada se percató que no vio los enormes cristales verdosos de quien le hablaba, él sólo se concentraba en... ¿La muralla? Sí, la muralla, pues no había nadie en el sentido que apuntaban sus ojos.


- Esto no se quitará... -Aracelly salió del baño estrujando su cabello dejando caer pequeñas gotitas al suelo.


- Claro que se quitará, necesitas bañarte -se levantó- Sólo con agua no te lo sacarás de la cabeza...


- ¿Quién? -interrumpió el muchacho de aspecto rapero.


- ¿Cómo que quién? -dijo molesta Aracelly- ¡La harina en mi pelo!.


- Ah... -volvió a plasmar su vista en el punto de concentración que anteriormente miraba.


Estefanía dudó un poco de su expresión, pensó muy bien lo que iba a decir antes de lanzarlo al aire como si nada, en ese tiempo nadie emitió ningún sonido.


- ¿A qué vino esa pregunta, Tom?.


- Nada... Sólo, escuché otra cosa... -agitó su cabeza.


- Me iré a bañar... -Aracelly estaba preocupada de otro tema que claramente era mucho más importante que las palabras de Tom.


- Bien... Con Tom serviremos la comida -agregó la risueña chiquilla que miró a Tom esperando una señal de afirmación, pero nada.


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Vamos uniendo las cosas, eran casi las 3 y media de la tarde, la hora justa y correspondiente a los ensayos que acostumbraban a tener los integrantes del estudio Mtv, muchos no tenían ni la menor idea que ese día sería enteramente distinto a todos los anteriores, un rumor rondaba rebelde entre las bocas de todos, el rumor de una nueva coreógrafa, algunos ignoraban tal idea, encontraban absurdo que pudieran reemplazar a Laura, a final de todo, ella era la encargada casi por obligación del grupo, recordemos que fue un premio del concurso en Alemania y era demasiado improbable que de un día a otro ese puesto fuera sustituido como quien se cambia de ropa interior diariamente.


Se oyó la puerta, no fue precisamente la "nueva" directora, si no que Gerard quien hizo su entrada.


- ¿Tú aquí? -dijo sorprendida una muchacha.


- Si quieres reincorporarte ya es tarde, dejaste sola a Laura y no te mereces el apoyo de ninguno de nosotros -añadió desafiante un chico que se acercó a él dándole un pequeño empujón, a lo que Gerard respondió con otro.


- No vengo a bailar con ustedes... -dio un vistazo general a todos los rostros de sus ex-compañeros- ... me dan lástima, tan blandos e ingenuos.. -rió.


- ¿Qué es lo que quieres Gerard? -anunció Tiffany, una chica rubia de facciones finas.


- Supongo que ya saben lo de su directora... -dio dos pasos largos arrastrando las suelas de sus zapatos- .. es obvio, todos se enteran, son una plaga de idiotas...


- ¡Habla ya, si no quieres que te rompa la nariz! -amenazó Tiffany siendo sujetada por dos de sus compañeros.


- Bueno, no vengo a respirar más de su oxígeno, sólo quería presentarles a su nueva directora...- volteó sobre sus talones y dio una seña para que la mujer hiciera su entrada.


Nada más ni nada menos que Nicole Ramirez, la alta y delgada Nicole que sostenía sobre su hombro un bolso deportivo y llevaba un buzo gris con un moño alto sujetándole el cabello.


- ¡Hola! -saludó con su mejor sonrisa.


- Hola.. -dijeron a coro.


- Te dejo, ya hice mi parte... -Gerard echó una última ojeada al salón y salió pasando por el lado de Nicole- No lo arruines... -murmuró entre dientes al caminar cerca de ella.


- Bueno... -tiró su bolso al piso- Yo soy... Nicole Ramirez...


- Hola Nicole... -contestaron todos.


- ¡Sí! -dio una risita de nerviosismo y simpatía- Llevo muy poco tiempo en Los Ángeles y... seré su nueva directora...


- ¿Y la señorita Laura? -preguntó una niña, se veía la más joven del grupo.


- La vengo a reemplazar, corazón... -respondió tratando de controlarse al escuchar ese nombre.


- ¿Quién te contrató?


- Eh.. Chicos.. ¡A ensayar! -dando una notable indiferencia a la interrogante anteriormente formulada y acercándose a la radio.


No quedaba otra, fuera Lala o no, ellos sólo debían seguir órdenes de la directora, aunque no la conocieran ni tuvieran la suficiente confianza con ella, muchos lucían decepcionados, otros simplemente no querían bailar, esto causó un terrible llamado de atención.


- Los de atrás -paró la música- ¿Por qué no están calentando con sus compañeros?


- ¿Cómo sé yo que no eres una impostora? -dijo el mismo chico que desafió a Gerard cuando hizo su entrada.


- ¿Tengo cara de traer malas intenciones? Amo tanto el baile como ustedes... -se defendió firme.


- Pero Gerard te trajo.. -interfirió el otro chiquillo que le acompañaba apoyado en la pared.


- ¿Y eso qué tiene que ver? Que me traiga Gerard o el presidente de los Estados Unidos, da igual -proclamando autoridad.


- Ni siquiera sabemos si de verdad bailas Michelle...


- Me llamo Nicole, y si esa es su "Gran Duda" entonces déjenme darles una pequeña demostración... -caminó al equipo y programó unos botones-


[ Poner Play: http://www.youtube.com/watch?v=JX-1q_Lpzp8]


Comenzó a escucharse el retumbar de los parlantes y Nicole retiró su polerón para quedar con un peto color violeta y empezar a moverse al bit del tema escogido.


No hay que subestimar a Nicole, sus movimientos eran limpios, prolijos y bien ejecutados, tanto así que llegaba a dar gusto verla bailar, a medida que avanzaban los segundos los chicos se entusiasmaban y algunos quedaban boquiabiertos con la precisión y el trabajo de la chilena, si había alguien que podía cubrir el talento de Laura, definitivamente era Nicole, no del todo, pero si gran parte de los requisitos que esta responsabilidad exigía, nada mejor que la sangre latina de la muchacha para hacer que las inquietudes que los chicos vivían por la ausencia de su querida Directora, ahora Ex-Directora Rojas desaparecieran por unos días, por lo menos el tiempo que tomara volver a la normalidad.


[Esperar al 1:02 y pausar]


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- Escucha María Paz, voy a dejarte aquí, pero debes prometerme no despegarte de mi lado, todo lo que hagas puede ser el centro de los periódicos de mañana...


- Ok -respondía asintiendo con la cabeza.


- Así que mantén distancia de mí... -agrego Bill apagando el motor del auto.


- ¡Pero hace unos segundos me dijiste que no me despegara de ti!


- ¡Claro! Pero no... O sea, sí debes hacerlo pero no me refería a eso exactamente... Eh... -movió sus manos queriendo ejemplificar hasta rendirse.


- No entiendo... -abrió de golpe sus ojos dando a conocer su miedo e inseguridad.


- Mira... -salió del auto-.. sólo asegúrate de pasar desapercibida...


- ¿Contigo? .


- Sí -confirmó.


- Lo dices como si fuera lo más fácil del mundo ¡Bill, todo L.A. te conoce! -abrió su puerta para salir.


- Tienes razón... -suspiró- Entonces debemos regresar... -caminó de nuevo al vehículo.


- ¡No! ¡Espera! -le tomó el brazo- ¡Ok, discreción! Juro pasar desapercibida.


- No Pazhy, no quiero ponerte en riesgo como lo hice con...


- ¡Anda, Bill! -le interrumpió antes de dejarlo terminar -¡Te juro que no correré peligro! ¡Me portaré bien!


- Pero...


- ¡Pero nada, por favor!... Hazlo por mí..-juntó las palmas.


- ¡Uff! -botó aire de golpe- Está bien, pero sólo serán 10 minutos... ¡Sólo 10 minutos María Paz! -enfatizando con fuerza.


- Sí, sí, sí -lo empujó hacia adentro para soltarlo después y dejarlo adelante- Yo te seguiré... -susurró y retrocedió unos pasos -¡Haz como que no existo!


- Esta niña... -la miró hacia atrás.


- ¡Mirada adelante capitán! -movió sus brazos. Bill rió.


- Sólo serán 10 minutos... Espero... -culminó y llegó a la recepción.


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- Tom, ¿Confías fácilmente en las personas? -Estefanía sacaba los cubiertos del cajón para ser repartidos.


- No, o... En realidad depende.


- ¿De qué depende?.


- De la persona, lógicamente -se dejó caer en el sofá.


- ¿En mí, podrías confiar? -dejó de poner la mesa y procedió a acercarse.


- Eso creo... pero tú... eres familiar de Ara, así que, tan extraña... No eres...-se enredó con la lengua- Digo... Ah, bueno.. tú entiendes...


- Sí, entiendo... Aunque no siempre tengo un lado loco y todo eso que la mayoría de la gente piensa... -se sentó a su lado.


- Comprendo... eso es bueno, siempre digo que la vida debes disfrutarla y todo eso... -rascó su cabeza.


- ¿Si te pregunto algo... me responderías con la verdad? -manifestó pegando su mirada en él.


- Sí, eso espero... -movió los ojos.


- Pero antes necesito que me mires... -afirmó seria, casi como si no fuera ella.


- ¿Para qué? -hizo caso a la petición pero aún sentía curiosidad por saber qué tenía entre manos, el asunto ya lo estaba empezando a incomodar un poco.


- Si tú me lo dices, yo prometo no contárselo a nadie, ni siquiera a mi prima... -sus ojos pasaron de un verde normal a un tono casi blanco.


- ¿Qué cosa? -Tom desbordaba miedo hasta por los poros, sentía que se le helaba la cabeza, más aún con esos penetrantes ojos que lo intimidaban y lo hacían sentir pequeño y diminuto.


- Primero necesito tu promesa de sinceridad... Esto significaría mucho, podría cambiar muchas cosas... No sé si entiendas la seriedad del asunto...


- AJubiugs -y era de esperarse, Tom suele quedarse en blanco y pronunciar palabras que no tienen ningún significado cuando no puede más del nerviosismo, este era uno de esos momentos.


- ¿Lo prometes? -mostró su mano.


- Es-Estef-anía... -la voz le tiritaba.


- ¿Lo prometes, Tom? ¿Sí o no? .


- Ssssss-sí.. -tragó saliva, podía sentir como el corazón se le salía en cualquier momento.


- Te introduciré un poco... Es sobre amor... -aunque tratara de alargar y hacer más cómoda la conversación Estefanía seguía seria, y eso era lo que atormentaba a Tom.


- ¿Amor? -el frío se le bajó bruscamente a las manos, ya no podía sentirlas.


- Sí, amor...


- ¿Y qué cosa de amor? -la parálisis no se detenía, ahora iba por sus piernas.


- Necesito saber si tú... -los silencios que hacía Estefanía eran un suplicio tortuoso para Tom que ya comenzaba a tomar un aspecto casi moribundo al tratar de indagar lo que quería decirle -bueno, no sé como preguntártelo... -Tom estaba en el límite de todo, sentía que caería desmayado por la presión en cualquier momento...- si acaso tú sientes...


- ¡Estefanía, Estefanía! -la interrumpió como un relámpago- ¡Por favor no! No me digas eso, no me lo digas, ¡Me vas a asesinar! Además tu prima está a pocos pasos de aquí, quizás escuchó todo y.... y.... -tomó una bocanada inmensa de aire.


- ¿Ah? -levantó sus cejas formando un arco asimétrico.


- Yo sé que mi fama de mujeriego me persigue y sé que soy un estúpido que se deja guiar por los impulsos, soy muy débil en ese sentido, ¡Por favor no lo hagas!.


- ¿¡Qué carajo!? -acentuó sorprendida.


- No siento nada por ti, y si te enamoraste de mí, lo siento, por favor, pero amo a Aracelly, ¡La amo, estoy enamorado de ella!


- Wow... -calló por unos minutos y después soltó una risa incontrolable-


- ¿De qué te ríes? -Tom aún conservaba su cara de terror.


- ¿Por qué creíste que yo... y tú? ¡Jajajajajajajajá! -tapó su boca para intentar calmarse de los espasmos que le provocaba la situación absurda que estaba viviendo.


- ¿Qué? ¿No era eso? -la cara aterrorizada de Tom pasó a ser de una duda irrevocable.


- ¡No! ¿Cómo se te puede ocurrir semejante cosa? -decía entre carcajadas.


- ¿Entonces?


- No importa, ya sé lo que quería saber... -sonrió luchando contra su aún intacto alborozo y calmándose.


- ¿Qué? ¿Cómo que ya sabes?


- Ah, Tom ¡Relájate! Cambia tu rostro, en serio... -le dio una palmada en la espalda.


- Eh... sí... tienes razón... -decidió no hablar más y tratar de olvidar la embarazosa escena que había ocurrido unos segundos atrás, ahora su cara se pintaba de un rojo intenso que tapó con un cojín del sillón.


- Ahí viene... -se paró y fue en busca de Aracelly - ¿Y.. salió la harina?


- ¡Sí! Gracias al cielo... -sonrió alegremente.


- Ahora yo tomaré una ducha... -entrando a su alcoba- ¡Ah! -retrocede- ¡No coman sin mí!


- ¡Claro que no! -gritó Aracelly.


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Que si acaso me daba un poco de miedo estar entre tanto policía e integrante del FBI, sí me asustaba, sólo un poco.

Lourdes me condujo a una sala llena de computadoras y pantallas gigantes, todos se concentraban en escribir fórmulas extrañas que no entendía en absoluto. Claro, no pueden pedirle tanto a una estudiante de medicina, con suerte sé las fórmulas complejas de la genética, y con esto de congelar mi año... ¡Ah! Al grano, no estamos en Alemania ni en la universidad...


- Traje a la niña... -le anunció Lourdes a un hombre que manejaba una máquina con muchos botones y miraba a una pantalla, bueno, sólo hasta que volteó para escanearme detenidamente, ya estaba acostumbrada a que lo hicieran, uno más, uno menos.


- Así veo -se levantó. El sujeto tenía una cara muy larga y delgada, su cabello era rizado y tenía un estilo un tanto "De Hollywood" -Sam Peterson, a sus servicios querido Diamante- estrechó mi mano.


- ¿Diamante? -espero que haya sido un cumplido.


- Sam, los datos... -impuso la mujer de mi lado.


- En un segundo -se sentó y giró la silla para empezar a teclear algo en su computadora y proyectarlo en la pantalla. Lourdes y Sam lo miraban detalladamente como obsesionados por tanta letra y códigos que yo consideraba incoherentes, o tal vez era demasiado ignorante para entender todo lo que el mensaje contenía.


- Eh.. Disculpe -le dije a Lourdes- Pero... ¿Qué rol cumple él en lo que respecta a mí? -pronuncié en voz baja-


- Ambos somos tus tutores, Sam es especialista en tecnología y computación, será el encargado de protegerte de los medios...


- ¿Cómo eso? -pregunté curiosa.


- Cuando los medios quieran filtrar información falsa de ti, él intervendrá para que toda esa información desparezca y será propietario de todas tus cuentas de redes sociales.


- ¿Qué? ¿Hasta de Facebook?


- Dije todo... -reiteró Lourdes.


- Pero él no sabe mi contraseña...


- No necesita saberla, por algo trabaja para el FBI... -afirmó.


- ¿Es un hacker?


- En realidad no, sólo sé los principales códigos que inventó Mark Zuckerberg en seguridad de su red social, que por cierto, son bastante básicos... -dijo Sam sin despegarse de su computadora.


- ¿Llamas al creador del Facebook un hombre básico? -me sorprendí.


- No, su seguridad es básica.


- Ah... -me sentía como un bicho raro entre tantos genios, yo que me creía la gran cosa por estudiar medicina...


- Bingo... -victorió Sam.


- Bien hecho -Lourdes tomó su libreta y comenzó a escribir.


- ¿Qué pasó? -me interpuse.


- Aquí está tu primera tarea... -me dijo ella aún escribiendo.


- Yo sólo veo... números... y... ¿Fotos? ¿Pero eso qué tiene que ver? -traté de descifrarlo pero fallé, y no quería lanzar palabras para que se burlaran.


- Yo veo una gran responsabilidad -dijo Sam con una sonrisa alentadora hacia mí. Sí, este tipo sin duda es mucho menos frío que Lourdes, o probablemente yo le caigo mal a ella.


De pronto sentí como si el aire que absorbían mis pulmones se fuera a mi estómago y cabeza, me sentía mareada y con muchas náuseas... La misma sensación que viví el otro día, sentía una necesidad enorme de tomar o comer algo.


- ¿Dónde está el baño? -pregunté sin importarme si era apropiado o no para el momento.


- Por allá -dijo Sam llevándome hasta la puerta y señalándome con su mano.


- Gracias... No tardaré... -espero que mi cara no haya delatado lo que pasaba dentro de mí.


- Es adorable... -se sentó nuevamente a escuchar lo que su compañera tenía que decir, sin embargo, Lourdes no dijo nada.


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Después de largos minutos nadando y bajo el Sol a Dominique le pareció bastante raro que Colette no regresara, no se dio cuenta hasta que vio que la piscina estaba casi vacía y el Sol comenzaba a esconderse. Tomó su toalla por el hombro y entró al edificio para solicitar el ascensor y dirigirse a la suite de Colette, como esperaba ella estaba ahí, pero no entendía por qué.

- ¿Sucede algo? -entró a la habitación y dejó su toalla en el colgador de la terraza.

- Nada, sólo me quedé dormida... -decía sin mucho ánimo.

- ¿Hace cuánto despertaste?

- Ni idea... No tengo idea del tiempo -dijo Colette como en un estado de trance.

- Son las 6: 45 de la tarde -revisando su celular.

- ¿Tanto ha pasado?

- Sí... -aunque Domi intentara fingir su molestia era casi imposible evitar las pocas palabras gentiles que podían salir en ese momento de su boca.

- ¿Cómo estuvo tu nado? -preguntó para no cortar el hilo de la charla.

- Bien -esa maldita frase gatilló aún más el estado indiferente y a la vez curioso que experimentaba Dominique.

- ¿Estaba bien el agua?

- Ajá.

- Mmm... ¿Tomaste Sol? -Domi volvió a responder positivamente con la cabeza -¿Qué te pasa? -ya no había nada que ocultar, la francesa no podía estar más segura del estado de su amiga.

- Nada, estoy cansada... el agua me da hambre y... sueño... -tomó sus cosas para salir y dar una corta despedida desde el umbral de la puerta.

En nada ayudó, en nada concretó...