sábado, 17 de septiembre de 2011

Capítulo 24 - "Velocidad"



Me ahogué en su presencia y contuve mi respiración, supuse que eso me ayudaría para no estallar en llanto, por lo menos las vagas lágrimas podían esconderse en un pañuelo desechable. Pero no quería compartir mi ambiente con nadie en ese instante, quería ser el ejemplo de lo egoísta sin importar lo que pensara el resto, quería asfixiarme en mi culpa y sentirme una masoquista con razón de serlo, pero no podía, creo que soy lo suficientemente gente para no echar a patadas a la sonriente María Paz. Eso sí, no intercambiaríamos muchas palabras después de esto, porque si lo hacía, me estaría obligando a tomar medidas drásticas para dejar de ser una "persona".

Ni necesidad hubo de explicarle lo que pasaba, creo que lo presintió al notar mi silencio, no preguntó nada, excepto dónde se encontraba el baño y si acaso podía usarlo para darse una ducha. Le indiqué y respondí afirmativamente, me daría un tiempo para pensar y poder convencerme que sólo era una estúpida exageración de parte mía. Quería que llegara el día Miércoles y hablar con mi doctora, tal vez yo necesitaba un psiquiatra en vez de un doctor común y corriente.

Aún faltaba pasar el día Martes, ¿Qué haría?, miré mi ropa y lo recordé. Debo devolverle esto a Lourdes y recuperar mis pertenencias, aún no comprendo el por qué de lo ocurrido hoy en la tarde, es como si no hubiese sido yo quien estaba en mi cuerpo, como si... Como si me estuviese enloqueciendo de a poco. Creo que el estar tan alejada de mi Universidad me ha dejado totalmente ignorante a lo que sucede en mis sistemas, ya no soy la chica con amor profundo a la Medicina, en estos momentos ni siquiera me siento capaz de sanar una raspadura en la rodilla.

María Paz aún no había regresado y yo no podía dormir, pensé en hacer algo estúpido, pero en esos momentos ése algo era lo que necesitaba para poder descansar tranquila.

Me paré rápido, supongo que fue normal el que me haya mareado, cuando me estabilicé corrí a la puerta y la cerré por afuera con cuidado, los pasillos seguían iluminados aunque fuesen las 2 de la mañana, probablemente Jenny estaba merodeando aún por el Hotel, a veces pienso que esa mujer nunca duerme, pero lo hace.
Pedí el ascensor, cuando llegó me metí adentro y esperé a que se abrieran nuevamente las puertas en el piso que solicité, fue un trámite rápido, podría haber ido perfectamente por las escaleras pero mi cansancio físico y psicológico no me lo hubiese permitido. Caminé hacia el fondo del pasadizo y doblé a la izquierda, al principio dudé un poco, ¿Estará dormido? ¿Será inapropiado entrar ahí?. Pero creo que mis palabras se oyeron hasta el otro lado de la puerta, porque sin siquiera tocar con mis dedos la estructura se abrió.

- ¿Tú no duermes, niñita? -me dijo sonriendo.

- No creo que esta noche, Joe.

- ¿Vienes a hablar conmigo?

- Creo que eso haría si me permitieras pasar... -expresé sin vergüenza.

- ¿Dónde está la niña que trajiste hace un rato? ¿Ya la echaste a la calle? -rió.

- No, está en mi habitación tomando una ducha -dije sin hacerle gracia a su comentario.

- Ok, supongo que estás esperando a que te diga que puedes pasar.

- No me molestaría si me dices que estás ocupado o estás follándote a alguien.

- ¡Laura! -gritó ofendido.

- Es la verdad, Joe, no me siento bien, no me tomes como si te estuviera jugando una broma de "Déjame entrar o si no..."

- Bueno, tienes razón, pero está un poco desordenado. Mañana tengo que entregar un informe a Tyler sobre las luces e instalaciones para la gala.

- La gala... -pensé- ¿Tú conoces a esa tipa nueva que vino a "reemplazarme"? -pregunté.

- Nadie la conoce, salió de la nada.

- Ah... Es una de las cosas que necesito conversar...

- Bien, pasa... -abrió más la puerta y se inclinó a un lado dándome el paso.

- No es que quiera acosarte con mis tontas vivencias ni nada, pero siento que contigo tengo más confianza que con el resto.

- ¿Y tu novio?.

- Muy ocupado para mí... Y no es mi novio, Joe.

- Eso es lo que pasa por meterse con personas famosas... -cerró la puerta y tomó asiento en su escritorio.

- No vine aquí a recibir tus sermones.

- No estás aquí para hacerme caso -sonrió- Continúa, te escucho.

Suspiré y me senté en su cama.

- A veces pienso que debo renunciar a todo, que no me quedan fuerzas para hacer nada más, que todo me da lo mismo y... Joe, ¿Por qué no me miras a los ojos cuando te hablo?

- Lo siento, estoy haciendo esto, viniste en un mal momento... -decía sin despegar la vista de su monitor.

Yo no estaba enojada, sinceramente no me quedaban ni ánimos para estarlo, pero necesitaba que alguien posara su atención completamente en mí para sentirme importante, aunque sea por unos míseros minutos, en esos instantes era capaz de limosnear que hubiese alguien para entenderme.

- Tienes razón, creo que será mejor que me vaya -me puse de pie bruscamente pero volví a caer en el colchón.

- No puedes irte sola -sólo al escuchar el ruido Joe soltó su notebook y se acercó a mí.

- Sí puedo, además tú estás ocupado...-decía mientras él buscaba un vaso de agua y lo ponía frente a mí.

- Creo que puedo hacerme un tiempo e irte a dejar, eso no implica nada.

- Eres un idiota... -le dije, al no tener nada coherente en mi cabeza.

- Toma esto, luego te iré a dejar- acercándome el vaso de vidrio a los labios.

- ¿Por qué te cuesta tanto mirarme a los ojos? -reclamé sin permitir que me diera el líquido.

- ¿Estás delirando? -dejó el vaso en otro lado y puso dos dedos frente a mí.

- No hagas eso Joseph, ¡Estoy bien! Sólo estoy cansada -me defendí frente a su insinuación de locura en mí.

- Bien, te llevaré a tu cuarto -dijo decidido y me paró frente a él, yo aún seguía con la idea de por qué se le hacía difícil mirarme.

- ¡Joseph! -me mantuve firme y arrebaté mi brazo de su mano.

Quedé frente a él, por fin conecté mi mirada con la suya, era un capricho que no entendí, no comprendí la verdadera razón por la cual quería que me mirara a los ojos, pero ambos cristales eran algo realmente hermoso, eran dos perlas azules que incitaban a mirarlas y a ser esclava de sus pupilas, como si el brillo que desprendían fuera lo único que importaba en ese momento, y el reflejo de mi moribunda cara en sus luceros color cielo fuera lo único que opacara la imagen. Jamás sentí el deseo de mirar fijamente a Joe, porque sinceramente jamás tuve otras intensiones con él, ni tampoco quería tenerlas, por lo menos no sobria y sana.
El crudo silencio hizo lo suyo, separó la racionalidad de mí y acercó nuestros cuerpos como si ambos tuviéramos un imán dentro de nosotros que nos obligaba a juntarnos.

Nunca quise besar a Joe, pero lo hice...

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Las luces seguían sin apagarse en la habitación del alto joven vocalista, con sus ojos aún oscuros por el delineador y la mirada penetrando el techo en busca de respuestas, en busca de concentración. Para Bill no era sencillo tener líos en su vida personal y seguir escribiendo o trabajando duro en sus discos como lo hacía antes, la baja de producción se notaba en las salas de ensayo y la paciencia enorme de las fans que anhelaban saber algo de su banda favorita a veces le hacía vivir bajo presión, aunque todas las presidentas de los distintos fanclubs del mundo le enviaran e-mails diciéndole que se repusiera completamente y que sacaran su disco cuando estuvieran tranquilos todos. Pero para el perfeccionismo de Bill, el no rendir lo suficiente era algo de lo que no podía mantenerse indiferente.
Eran las 3 de la mañana, la cabeza de Bill no lograba quedarse callada con tantas obligaciones que él mismo se imponía, le preocupaba el hecho de que Laura hubiese recibido el mensaje, el hecho que Aracelly no malinterprete las cosas, el hecho de no saber dónde estaba María Paz, el hecho de combinar tantas cosas y no poder buscarle el desenlace a nada.

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Silencio, sólo cabía espacio para el silencio, porque ni siquiera la somnolienta María Paz daba prueba alguna de que el sonido existía en esa habitación, sabía que estaba sola, pero no le importaba, por algún motivo extraño permanecía ahí sin preguntar nada, hasta que el suave canto del viento a la madrugada la hizo despertar de su hipnosis momentánea.
Se dirigió a la ventana, miro al cielo y liberó un suspiro de cansancio, sentía que no debía estar ahí, que no debió molestar a Laura y que debía volver a la casa de Bill, pues éste ya estaría muy preocupado después de la escena infantil que logró montar antes de salir corriendo y quedar parada frente a la chiquilla chilena. Tomó sus cosas entonces y bajó hacia la recepción sin desear que Laura se enojara por no avisarle de su repentino cambio de opinión.

Dejó las maletas al lado de los sillones del gran salón de bienvenida para salir a la calle y buscar un taxi, fue bajando despacio, pensando cada paso que daba y convenciéndose que volver sería la mejor opción. Los faroles de su alrededor eran lo único que permitían verle el camino para conseguir su vehículo. Avanzó hacia el centro de la avenida para ver mejor... nada, ni siquiera un ciclista que estuviera rondando a esas horas las calles del hotel Phoenix.
Confiada de esto decidió esperar, dando tres pequeños pasos y registrando en su bolso la localización de su celular para llamar a Bill, pero antes que esto fuera concretado el atronador ruido de un motor a toda velocidad la dejó sin habla, sin capacidad de reaccionar y sin sentido de la vista, sólo alcanzó a percatarse del gran golpe de su cabeza, el auto comenzó a tocar su bocina, pero ya era tarde para evitar el accidente.

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- ¿Oíste eso?

En esos minutos el infortunio que había pasado con Joe era ínfimo comparado con lo que habían escuchado mis oídos.

- Creo que fue un choque -respondió y yo me acerqué a la ventana.

- ¡Hay una niña herida! -grité - ¡Llama a una ambulancia, Joe!

- Pero ¿Qué vas a hacer...

- ¡Mierda, Joe, llama a una ambulancia, volveré cuando pueda! -la fuerza con la que abrí la puerta y la rapidez con que bajé los escalones me hizo sentir la emoción que jamás experimenté ni siquiera en mi primer año de Medicina en Chile. Tenía que calmarme y recordar qué hacer mientras llegaba la ambulancia, era mi primer caso real desde que decidí dedicarme a la salud, debía estar tranquila y pensar fríamente.

La gente poco a poco salía del hotel y rodeaba el lugar del accidente, tuve que abrirme paso entre todos para poder llegar, pero en cuanto lo hice quedé helada. Era María Paz, ¡Era la amiga de Bill! ¿Qué hacía ella ahí? ¿Qué hacía fuera de mi habitación? No recobré la razón hasta que una señora gritó que la joven no tenía pulso.
Tenía que actuar, a otro tiempo con las preguntas estúpidas. Apliqué toda la teoría que conocía, desde reanimación hasta masajes toráxicos para recobrar el oxígeno, cuando por fin pudo respirar la sirena comienza a hacerse notar cada vez más cerca, toqué su muñeca, su pulso había vuelto, sin embargo, tan rápido como me alivié, una camilla bajó del vehículo subiendo a María Paz en ella, el joven preguntó si había algún familiar, contesté afirmativamente y subí al furgón para sentarme junto a ella. Las puertas se cerraron y la gente comenzó a comentar sobre lo ocurrido, del chofer y del auto jamás se supo.

No podía quedarme callada, no podía quedarme quieta, analizaba cada acción de los paramédicos y enfermeros que atendían a María Paz en la ambulancia, seguramente ellos no esperaban a alguien tan insistente como yo.

- ¿Qué le pasó, exactamente?- me preguntó uno de ellos.

- No sé, estaba dentro del hotel y de pronto escuché una bocina afuera y vi por la ventana, estaba ella en el suelo y...

- Comprendo, es lesión cervical -dijo el otro.

- Si fuera lesión cervical la hubiese visto unas dos cuadras más lejos, pero el auto la chocó y frenó al momento de su caída...- dije.

- ¿Cómo está tan segura si no venía de unas calles más allá?- me interrogó desafiante.

- Porque estaba en mi habitación, es imposible que haya estado en otra parte que no sea a las afueras del mismo hotel -le dije con rabia.

- No importa, los exámenes dirán todo... -pronunció al fin, y guardé silencio como afirmando lo que acababa de escuchar.

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- Tomas como hombre, Nicole...

- Cállate, necesito despejarme de toda esta basura..-volvió a tomar un sorbo- Los Ángeles... ¡Já! Púdrete, maldita ciudad..

- Ya estás demasiado ebria, nos tenemos que ir...-dijo Gerard quitándole el vaso de las manos.

- ¡Déjame! Tengo que estar despejada para darle su merecido a esa perra.

- ¿Emborrachándote conseguirás tu objetivo de venganza con la chilenita?

- ¿¡Y eso a ti qué te importa!? No eres mi padre, ya soy grande para pensar por mí misma -tomó la botella y la inclinó verticalmente a su boca- Y no le digas "chilenita", recuerda que yo también vengo de allá.

- Nicole, son las 4 y media de la mañana, todavía no entiendo por qué tienes que venir a estas horas a hacer tus "caprichos" en los bares.

- Jamás he ido a un bar... ¡Creo que esta es mi primera vez! -rió fuerte.

- Mañana tienes que ir al estudio de danza..

- ¡Ah, cállate rubio amargado! -moduló con burla- Si no quieres estar aquí ¡Pues vete!

- No puedo irme, no contigo en ese estado... -quitándole la botella.

- ¡Niña! ¡Devuélvemelo, yo pagué por ese bebé!

- Nicole, ¿No tienes miedo de emborracharte en una de las ciudades con más ladrones en el mundo?

- No conozco el miedo... ¿Sabes lo que es el miedo? ¡Es una estúpida trampa para las niñas débiles! -tomó otro sorbo- Dime, ¿Tú crees que ella tuvo miedo al perder una amiga?

- No me cabe duda, pero es patético que por eso estés tomando de esa botella.

- ¡Tu cabello es patético! Ja-ja-ja

- Ay, Nicole...-soltando una bocanada de aire.

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Los minutos en el salón del hospital eran eternos, era como si la persona que estuviera ahí fuera parte de mi familia, cuando sólo la había conocido hace unos días... y de primera impresión no me había agradado para nada...
Jugaba con mis dedos para evadir el nerviosismo, sabía que por el impacto y la imagen que vi era imposible que pasara algo suficientemente grave como para la posición que estaba tomando al preocuparme tanto, pero aún así, tenía miedo, mucho miedo...

- Ahí estás...

- Llegaste, Joe...-traté de sonreír.

- Pensé que estaba tu novio contigo, digo... Por el momento incómodo y eso...

- No, no quiero causarle más problemas a Bill.

- Tarde ya... -dijo.

- Joseph, no hablemos de eso aquí.

- De acuerdo, lo siento.

- Dios, me siento tan culpable...

- ¿Por qué dices eso? -me miró extrañado.

- Porque fui yo quien la dejó sola... Si yo hubiese estado con ella, si sólo hubiese... -sacudí la cabeza y apoyé mis manos en mi frente dejando caer su peso en mis rodillas.

- No digas eso, fue un accidente Lala...

- ¡No, ese accidente se pudo haber evitado si yo hubiese estado ahí! ¿¡Entiendes!? ¡Se pudo haber evitado, se pudo! -de mis ojos corrían lágrimas de impotencia y culpa, las cuales no entendía perfectamente.

- Tranquila...- abrió sus brazos y me acurrucó a su cuerpo- Va a estar bien... No te preocupes...


***

La noche pasó fugaz, para cuando mis ojos se abrieron la sala estaba iluminada y habían enfermeras de un lado a otro, Joe no estaba a mi lado, supuse que tuvo que ir a trabajar y di un bostezo acompañado de un estiramiento de brazos que necesitaba para levantarme y buscar a un doctor.
Al instante que recorrí el pasillo hacia informaciones me topé con una sorpresa bastante inesperada, sentadas en las sillas estaban Dominique y Colette con la mirada al suelo y los ojos hinchados.

- ¿Y ustedes? -dije al acercarme a ellas por atrás.

- ¡Lala! -saltaron de susto y se pararon a abrazarme.

- ¿Qué les sucede, por qué esos ojos?

- ¡Lala, por Dios! ¡La secretaria nos dijo lo del accidente y pensamos que habías sido tú! -dijo Colette con las manos pegadas a sus párpados para secarse.

- ¿Yo? No, yo estoy bien... La niña que se accidentó fue otra...

- ¿Y por qué tú estás aquí? -me interrogó Dominique.

- Porque... este...-balbuceé un rato- Quería... ayudar y... la niña no tenía parientes y...

- ¡Ya, en serio, dí la verdad! -ordenó Domi. Tomé aire...

- Es María Paz... Es una amiga de Bill... fue a mi habitación y, salí por un momento, cuando ocurrió el accidente yo estaba con... con... -tragué saliva- con...

- Te traje café -me dijo una voz ronca a mis espaldas y volteé con espanto.

- ¡Joe! -dije con asombro.

- Bien, ya entendimos... -dijo Colette.

- ¡No, no, no... o sea, sí, pero! -dije idiotamente.

- Ya, no te preocupes, iremos al baño... -expresó Domi y tomó a Colette del brazo retirándose del lugar.

- Pensé que te habías ido...

- No, fui al casino a comprar algo, tienes que comer al despertar o quedarás pequeña... -dijo con tono suave.

- Ya es tarde... -refuté y Joe dio una carcajada.

- ¿Cómo está la niña?

- No lo sé, justamente venía a preguntar eso en informaciones...

- ¡Entonces vamos!

- Sí... -manifesté con poco ánimo.

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Las cuatro paredes que rodeaban el salón de los baños se hicieron minúsculas al observar la escena que estaba por suceder...

- Dominique... -dijo la francesa al mojar su pelo para ordenarlo.

- ¿Qué pasa?

- Bueno, quería hablarte de algo... -dijo al voltear y quedar con la mirada frente a ella.

- Entonces hablemos... -bromeó.

- Es que, es Martes y... Como sabes, mañana es la obra y... -contuvo la respiración por unos segundos y continuó- No sé como decírtelo.. es que, no... no...

- ¡Colette, relájate y dilo! ¿No te has aprendido el libreto aún? Eso no importa, ¡Podemos practicarlo todas las veces que quieras hasta que quedes tranquila!

- Es que, no habrán más ensayos, Dominique...

- ¿Por qué? ¿Luke te dijo algo?- levantó una ceja.

- No, no... Es que... -cerró los ojos y botó aire- No quiero actuar en esa obra.

- ¿Ah? -rió- ¿Qué me dices?-empezó a aumentar el volumen de sus carcajadas- ¡No bromees con eso, Colette!

- No... me....estoy....riendo....

- Pero.. -dejó golpear el cuerpo en la pared y movió sus manos como desesperada sin decir nada.

- Mira, Dominique, yo sé que no es el mejor momento de decirte es...

- ¡Eres una maldita perra egoísta! -gritó con rabia- ¿Por qué sólo te importa lo que piensas tú?

- Dominique, tú eres como una hermana para mí...

- ¡Nunca supiste lo que era una familia! ¡Porque nunca te quisieron!

- Eso es todo Dominique... -dijo en un hilo de voz- Eso... es... todo.. -y salió dejando atrás a su amiga que aún se inundaba en su ataque de cólera.

Colette quedó helada con las últimas frases dichas por su hasta entonces amiga inseparable, no podía creer que estuviera mezclando las cosas. ¿Tanto importaba para ella esa tonta obra? ¿Tanto significaba el aparecer en ese teatro? ¿Tanto así, para sacar el tema de su madre y su infancia, la cual le había confiado ciegamente? ¿Quién estaba siendo realmente egoísta? La francesa no tenía palabras, pensaba que ser sincera era lo mejor, pero jamás se imaginó la reacción que tuvo Dominique en esos instantes, en los cuales se sintió enormemente humillada frente a las muchachas que hacían uso de los lavabos y baños al momento de la discusión.

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- Disculpe, necesito saber en qué sala está la señorita María Paz.

- ¿Apellido? -contestó la mujer.

- Apellido.. Eh, bueno... María Paz... María Paz...

¡Diablos! No lo recordaba, o es que tal vez nunca me lo dijo... ¡Genial!..

- Riquelme, señorita -interrumpió Joe seguro.

- María Paz Riquelme... -repitió ella y tecleó en la computadora- Habitación 347, piso 3.

- ¡Gracias! -dijo Joseph y volteó para caminar, yo permanecí inmóvil por unos segundos- ¿Qué te pasó? ¿No vas a ir a verla?

- ¿Có-có..cómo..

- Ah, su apellido, ella me lo dijo cuando hablamos la noche que la llevaste para que yo la "cuidara"- sonrió intentando quitarme la cara de perplejidad.

Asentí con la cabeza tiesa, dirigí la vista hacia un reloj del pasillo y me dije "Vaya, las 9 de la mañana, espero que no haya empeorado su condición..."
Caminaba con un paso terco, a veces estúpido y distraído, tenía que aguantar que Joe me tomara del brazo cada cierto tiempo para que no tropezara con mis propios pies y fuera yo la que estuviese en una sala siendo operada por una nariz rota.

- Deberías llamarlo... -dijo mientras subía el ascensor.

- Aún no...

- Lala, estás muy mal...

- ¿Crees que él mejorará mi estado? -dije en un tono frío.

- Sólo sé que te ha llamado todo este rato...

- ¿Cómo lo sabes? -miré arqueando las cejas.

- Ha sonado tu celular y no contestas.

- ¿Qué? ¡Mientes! -metí mi mano al bolsillo y revisé. En efecto, Bill había estado llamando más de 20 veces- Pero ¿Cómo diantres no lo escuché?.

- Ves que estás mal.. -movió su cabeza de un lado a otro.

- No me ayudes tanto -salí del ascensor.

- Llámalo, debe estar preocupado- se situó a mi lado y miró fijamente como dando una orden.

- Está bien...

Para Joe era fácil, para mí, nunca, iba a hablar con Bill y le diría que su amiga estaba en el hospital, al momento que me pregunte ¿Y cómo está? no sabré responder, porque tampoco conozco el estado de María Paz, y lo dejaría aún peor de todo el estrés que debe llevar sobre sus hombros, pero mi instinto común me hizo marcar su número sin importar lo que pasara después.

- ¿Hola? -dije, simulando seguridad.

- ¡Mi vida, por fin! ¿Cómo estás? ¿Por qué no contestabas? Oh, perdón... olvidé que aún estás...

- No Bill, eso ahora no importa, necesito que vengas al hospital...

- ¿Por qué? ¿Te pasó algo? ¡Dime! ¿A qué hospital? ¿Llevo algo? ¿Te sient...

- ¡Bill, a tu amiga María Paz la atropellaron!.




domingo, 17 de julio de 2011

Capítulo 23 - "Sólo eso bastaba"




- Pensé que tú la conocías, te vino a ver a ti -dijo Dominique con una mueca de poca seguridad.

- ¿Cómo pudo ser...?

Al diablo, no quise ni siquiera terminar mi pregunta, no quería meterme en otro lío al final del día, mis planes iban por otro lado. Ignoré a Dominique y a la chiquilla para adentrarme en el ascensor con una actitud descortés a la que tuve que recurrir por salud mental o por miedo, sin embargo, no contaba con que esa muchacha no se daría por vencida tan fácil, fue por esto que sin titubear me siguió al elevador y se mantuvo a mi lado silenciosa como un felino, yo no deseaba entablar ningún tipo de conversación para no dar a mostrar una mala impresión. Eso sí, me bajé en un piso que no correspondía a mi habitación, en ese momento se me ocurrió una idea para zafarme de ésta.

La jovencita seguía a mis espaldas, ya me llegaba a recordar a una hermana pequeña que te sigue a todas partes sin preguntar el por qué ni el dónde me dirijo, ella sólo caminaba en la misma dirección de mis piernas.

Dejé de caminar y toqué la puerta con decisión, tratando de desatender la presencia de esa chiquilla que había estado con Bill hace unas horas, claramente yo no tenía nada que hablar con ella, y si es que ese Kaulitz la mandó para pedirme disculpas, entonces es un completo imbécil.

- ¡Hola! ¿Por qué estás usando el uniforme de...?

- No hables Joe -lo corté, y bajé mi tono de voz acercándome a su oreja- Tengo un problemita...

- Ah... ¿Y quién es ella? -dijo sonriendo.

- ¡No sé! Ni tampoco quiero saberlo... -dije susurrando.

- ¿Y por qué te sigue?

- ¡Si lo supiera no estaría aquí!

- ¿Quieres que yo le pregunte?

- ¡No!, Que diga ¡Sí!

- ¿Ah? -levantó la ceja.

- ¿Me dejas pasar?

- La pregunta es si las dejo pasar...

- ¿¡Pero por qué debe entrar ella también!?

- ¿Y tus modales?

- ¿Y Estefanía? -no me explico de dónde salió esa pregunta que no venía ni al caso.

- Ya se fue, hace horas...

- ¿De qué hablaron?

- ¡No cambies el tema!

- ¡Hey! -alegué- ¡Salvé tu trabajo, Tyler casi te despide por tu ausencia a la reunión!

- ¿Qué reu..? -golpeó su frente- ¡La olvidé!

- Así veo.

- Pero ¿Qué harás con la niña?

- ¡No sé, deja que duerma aquí!

- ¿Por qué?

- ¡Joe, ayúdame un poco!

- De acuerdo... -dirigió su mirada a la joven y se acomodó la chaqueta.

Era el momento de escapar, no iba a quedarme ahí a escuchar toda la parafernalia que no me interesaba en absoluto, supongo que Joe le conseguiría un taxi o le daría dinero para otra habitación o algo así, pues yo ya tenía suficiente por el día.

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- Así que eso pasó... -decía Tom moviendo sutilmente su cabeza.

- Sí, ¡Ahora Aracelly piensa que soy un mujeriego y engañé a su amiga! -pronunció antes de apoyar el rostro en la palma de sus manos.

- Para ser sincero, yo también hubiese pensado lo mismo, esa niña es tan cargante...

- ¿Tú crees?

- Lo aseguro...

Bill tomó aire y lo botó con fuerza.

- ¿Dónde habrá ido?

- ¿Te imaginas si alquiló una habitación en el mismo hotel que Laura?.

Ambos guardaron silencio, por un momento Bill se lo imaginó y entró en pánico, pero luego al ver el rostro de su hermano relajó los músculos y ambos comenzaron a reír.

- ¡No inventes, Tom!

- Sólo decía... ¿Por qué no la llamas para saber cómo está?

- Uff, con lo de hoy, con suerte me respondería la llamada.

- Entonces un mensaje de texto, si el orgullo le gana, la curiosidad de saber lo que escribiste no lo hará.

- Está bien...

Procedió a tomar el teléfono móvil y a escribir algo, no demasiado largo ni que expresara algún sentimiento inadecuado, tampoco una invitación forzada a que lo perdonase, pero ¿Perdonarlo de qué? Si Bill sabía que no había hecho nada malo, que todo de lo que probablemente podría disculparse sería por la interpretación que le dio Aracelly, de lo que ella le dijo a Laura, y de lo que Laura pudo haber entendido de todo. De cierto modo, Bill se encontraba tranquilo, porque a decir verdad, le aterraba más la realidad que los rumores que podían llegar a los oídos de la gente, ya se había acostumbrado a ese ritmo de vida, donde los periodistas inventan mentiras de su vida, donde vinculan a cuanta persona con el fin de conseguir espectadores, con el fin de conseguir dinero a costa de ellos, pero Bill no complicaba su existencia por ello, debería enfrentar esta situación como acostumbraba, "Esperando que la noticia vuele y desmentirla".

Por otro lado, a Tom le costaba desmenuzar todo el embrollo, después de todo, le importaba por dos cosas; la primera era por su hermano, Tom sabía mejor que nadie lo mucho que Bill amaba a Laura, y si algo llegase a salir mal entre ellos, sería un gran agujero tanto para él como para la banda. Era verdad que no habían tenido tanto acoso ni presión de David o de los productores, pero Tokio Hotel seguía haciendo ruido en Internet y los medios de comunicación. Suerte tenían ambos, que la prensa no se había metido en sus relaciones. Bueno, por lo menos en la de Bill, porque a Tom no le preocupaba en absoluto.
Recordó aquella vez que Bill dejó de comer por culpa de ella, tanto así, que llegó a parar en el hospital y casi deja de respirar para siempre, curiosamente sólo por amor.
Y es que esto no le hacía gracia al mayor de los Kaulitz, podía llevarse de maravilla con la chica de su hermano, pero anteponía por sobre todo que necesitaba protegerlo y cuidarlo. Así como también recordó la pelea con Laura en el hospital mientras Bill seguía con agujas y medicamentos en todas sus venas. Tom jamás creyó que podía llegar al extremo de gritonear a una mujer así, pero estaba seguro que si era necesario hacerlo, lo haría sin duda, Bill era más que su hermano, era su gemelo.

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Ya era un hecho que mis pensamientos quisieran taladrar todos mis huesos antes de llegar a mi alcoba, respiré hondo y me volteé para asegurarme que la niña seguía hablando con Joe, sinceramente era mi única esperanza, no tenía ganas de pensar pero inconscientemente lo hice.
¿Por qué está ella aquí? ¿Por qué? ¿Qué quiere de mí?. Si yo fuera ella me daría vergüenza el recurrir a la chica del sujeto que intentaste enganchar.
Un momento, ¿No estaré siendo demasiado exagerada? ¿Por fin estaba experimentando lo que era sentir celos de alguien por Bill?. Me detuve al llegar a la puerta para reflexionar sobre eso, era algo que no había sentido antes, por lo menos estando con él, era como un reencuentro de emociones, sentirme como una quinceañera de nuevo, volver a experimentar esa inseguridad e incertidumbre en mi cuerpo, el miedo de perder a alguien por culpa de terceros... La sensación de adrenalina y el fuego de...

- Hola -alguien interrumpió mi momento a solas con las palabras vagas de mi mente.

- ¿Por qué sigues aquí, niña? -dije al voltearme y darme cuenta que era ella.

- Porque yo vine a hablar contigo, no con ese muchacho.

- ¿Y qué quieres hablar conmigo? -traté de mantener la calma y la educación.

- Bueno, primero que todo -dejó sus maletas y me extendió la mano- Mi nombre es María Paz, puedes decirme Pazhy- mencionó entrecerrando los ojos con un gesto de simpatía.

- Ah, bueno... -respondí a su gesto- Mi nombre es..

- Laura y te dicen Lala ¿Correcto? -interfirió.

Y la desgraciada se sabe mi nombre, ya estaba completamente segura, venía a encararme o a decirme alguna pesadez, por un lado admiraba su acción de decirme su nombre, no cualquiera lo da en una conversación así.

- Sí -dije cortante, esto ya me estaba molestando- Aún no me dices por qué viniste a mí.

- Bueno, tú eres muy conocida por los chicos de la academia y me llamó la atención tu visita al estudio temprano, además, me transmitiste algo que me dejó intrigada....

Caramba, ni más ni menos que a hacer una ¿¡Invitación sexual!?

- Y pensé -prosiguió María Paz- que tú podías ayudarme, una niña me dio tu dirección y quise asistir aquí, sería una buena opción para conocernos -sonrió.

- Espera, espera.. No estoy entendiendo bien tu propósito.

- Es que... ¿Puedo entrar?

¡A la mierda! Quiere que la deje entrar ¡Sucia descarada, no le bastaba con meterse con Bill, ahora viene por mí!. Momento, ¿"Meterse con Bill"? ¿Eso salió de mí?.

- ¿Por qué quieres entrar? -mi posición ya era del todo defensiva.

- Es que, tuve un problema y.. estaría más cómoda hablando sólo contigo. Todos dijeron que eras muy buena y amable cuando eras coreógrafa y...

- Mira, lamento mucho lo de tu problema, pero eso no me interesa, estoy aquí en Los Ángeles para bailar, no para hacer vida social -procedí a entrar.

- ¡Ying dijo que la ayudaste cuando no tenía a nadie y ni siquiera la conocías! -dijo antes de que la puerta tocara el umbral para cerrarse por completo.

Ahí mi pecho se apretó, recordé a Ying, tan indefensa en ese rincón... No podía ser así, ella quizás estaba en una situación similar o quien sabe si peor, y yo por mi estúpido orgullo la estaba dejando afuera de mi habitación, sólo por el asqueroso sentimiento de que "pudo" tener algo con Bill. Volví a abrir lentamente la puerta, aún estaba ahí a un costado del pasillo sentada en su maleta.

- Ven, entra... -le dije.

- ¡Gracias! -dijo efusiva y rodeó mi cintura con sus brazos.

- Disculpa por la reacción... -de verdad me sentía estúpida por hacer esto, pero más por la embarazosa situación bipolar.

- No te preocupes...

- Y... ¿No quieres algo? -aunque intentara remediar mi antipatía con ella, aún seguía en mi mente lo de Bill.

- No, no.. Estoy bien...

- De acuerdo -me senté a su lado- ¿Y qué es lo que te pasó?

- Bueno, tengo un amigo, creo que lo debes conocer ¡Es muy famoso!

- Ah... ¿Te refieres a Bill Kaulitz? -dije.

- Sí, bueno... ¡Él es mi amigo desde que eramos muy pequeños! Y, creo que metí la pata...

- ¿Por qué? -detestaba hablar con la amiguita con ventaja de esto, pero la curiosidad era más fuerte.

- Porque su novia nos vio, y ¡Creo que se enojó con él!

- ¿Su novia?

¿Esta chica está fallada del mate? La única persona que tiene "algo" con Bill soy yo... Que yo sepa.

- ¡Sí! Bueno, él no lo quiso confirmar, ¡Pero ella estaba furiosa! Y tuvimos una pelea.

- ¿Una pelea? -dije con tono interrogante.
- Sí, porque yo le dije que fuera a hablar con ella ¡Quizás ella mal interpretó todo! Y yo no quiero que mi amigo pierda a su amor por mí, yo sólo soy su amiga y quiero lo mejor para él.

- ¿Y qué dijo él?- concentré mi atención aún más.

- ¡Se enojó! Dijo que no me metiera en esos asuntos, que no insistiera, que él resolvería "esos asuntos" después... Yo me enojé ¡Claro! ¿Quién no lo haría? ¿Qué pensarías tú si vieras a tu novio con otra chica abrazándolo? Lo que ella no entendió es que sólo fue un abrazo de amigos... ¡Y ese Bill, dejó que se fuera!

- Espera María Paz, ¿Cómo era la niña? -dije cortando su relato.

- Pues, era de mediana estatura, de cabello oscuro y largo... ¡Muy largo! y tenía un acento divertido, creo que era latina, ¡Tenía un acento parecido al tuyo!

¿Será posible que me estaba hablando de...? No, espera...

- ¿Y... llevaba audífonos en sus orejas?- interrogué.

- Mmm.. -se detuvo a recordar- ¡Sí! ¡Eran enormes! Redondos, de color negro.

- ¡Santa Cachucha! -salté.

- ¿Qué te sucede? ¿La conoces?

- ¡Sí! - Era Ara a quien vio, ¡Probablemente se enojó con él porque pensó que...! ¡Ah! ¡Ahora lo entiendo todo!

- ¡Si la ves, dile que todo fue un mal entendido! ¡Bill ama a su novia, siempre me habla de ella!

- ¿De verdad? -la volví a mirar intrigante.
- Así es... -asintió con la cabeza.

- ¿Qué cosas te habla de m... o sea... de ella?

- Me dice que la ama, que si no la tuviera en su vida, sería más infeliz que antes de conocerla... Cosas de ese estilo..

- ¿En serio Bill te dice eso? -sentía ese cosquilleo en mi estómago, aquellas maripositas de las que tanto hablan cuando te sientes embriagado de amor, ese pequeño escalofrío que recorre por tus venas llegando hasta tu cabeza y le da un brillo incomparable a tus ojos.

- Ajá... Y, si tú ves a esa niña... Deberías decírselo, debe estar muy indignada y yo no deseo quedar mal con ella, ni siquiera la conozco, pero con todo lo que Bill me habla de ella debe ser una maravillosa persona por dentro.

- No sé si tanto... -respondí.

- ¿Por qué? ¿No son amigas?

- No es eso, es que... No creo que sea para tanto.

- Yo pienso que sí, para tener a Bill así, debe serlo -sonrió.

- Supongo...

Me dio una extraña pulsación en todo el cuerpo, pensé en todo lo que he hecho desde que estoy con Bill, procesé lentamente las palabras dichas por María Paz, me retracté totalmente de todo lo que había pensado sobre ella, es una buena chica, pero no sé si es apropiado decirle la verdad sobre "la novia de Bill", creo que es mejor que siga así, pensando que está hablando con una extraña, con una niña que conoció en base a lo que le dijeron los demás chicos de la academia, desconozco la reacción que pueda tomar después de eso, desconozco lo que Ara pueda decirme mañana o en un tiempo más por lo que esta niña me acaba de decir, me sentía mal, me sentía superficial, por un momento creí que María Paz era una cualquiera, la tomé como enemiga por poco más de la mitad del día, hasta me quise deshacer de ella entregándosela a Joe, ¿Quién era yo para juzgarla en este momento? ¿Quién era yo para culparla sobre su ingenuidad, pero que aún así escondía sólo buenos deseos? Yo no era nadie, sólo la mujer con quien estaba teniendo una conversación en esos minutos.

Deseé ver la hora, estaba cansada, tomé mi celular y aclaré la pantalla, pero no necesariamente le puse atención al reloj digital de la derecha, sino que a una notificación de un Mensaje de texto que decía "Bill"

"Mi niña, sé lo que debes estar pensando en este instante, y entiéndeme que estoy sintiéndome como debería sentirme, pero no pienses que te dejaré ir tan fácil, deseo hablar contigo lo más pronto posible. Te amo, siempre tuyo, Bill"

Eso era todo, me sentía absolutamente una basura y mis ojos no fueron de ayuda para ocultar la pena que sentía, ni siquiera les importó la presencia de María Paz...


domingo, 26 de junio de 2011

Capítulo 22 - "¿Tú?"


No había sabido nada de Joe ni Estefanía en todo el día, mejor dicho, no había sabido nada de nadie, sentía que me estaba ahogando en una burbuja y mi círculo se cerraba de a poco, no tenía idea de como estaban Domi y Colette, no le he escrito a mis padres, apenas vi a Aracelly y el tema con Bill se estaba volviendo color de hormiga, aunque esto último era lo que menos me importaba después de la escena con esa chiquilla que ni siquiera sé su nombre.
Sólo quería que llegara la noche y llegar a mi habitación, así olvidarme de todo y escaparme a la otra dimensión, ahí, donde cerrar los ojos te permite abrir nuevas puertas y colorear el mundo a mi manera, pero aún quedaban 4 horas para que pasara eso y el pensar no me ayudaba mucho, sólo me recordaba lo desdichada que soy y lo complicado que es trabajar en algo que no es de mi agrado, claro, en vez de estar en una universidad estudiando los sistemas del cuerpo y abriendo personitas yo me encontraba trabajando para quién sabe qué cosa.
No había mucho que hacer, Sam ordenaba unos papeles en su escritorio y los transcribía en la computadora y Lourdes leía un libro sentada en un sillón, a juzgar por el título era algo relacionado con psicología, me hubiese encantado compartir su lectura si en ese preciso instante no me hubiese sentido tan mal.
Mis hombros me pesaban, la espalda me dolía y la garganta me jugaba suciamente, era como un aire que subía y bajaba por mi esófago, el mismo aire que rondaba por mi cabeza, tal como si mi cuerpo pesara menos que una pluma, comencé a mover las piernas pero eso sólo empeoró la situación, antes que pudiese decir algo, un fuego horrible corrió violentamente de mi boca hasta el suelo, dejando mi polerón lleno de aquella asquerosa mezcla estomacal.

- ¿Estás bien?. Sí Lourdes, aún respira - escuchaba la voz de Sam cerca de mí, de pronto se volvió todo oscuro, por un momento pensé que había perdido la visión, pero sólo me había desmayado.

- Déjala, no la muevas, puede marearse denuevo, espera que se levante sola - dijo ella e intenté aclarar mi vista.

- ¿Qué me pasó? - dije al fin.

- ¡Niña! Cambiaste increíblemente tu tono de piel de un segundo a otro y vomitaste en toda tu ropa.

- ¿De verdad? Pensé que estaba soñando.

- Por eso me extrañó que dieras tantas vueltas en las sala - añadió Lourdes.

- ¿Vueltas? - me extrañé, en ningún momento hice eso, que recuerde.

- Sí, ibas de un lado a otro como animal de circo en su jaula - se burló Sam intentando cambiar mi cara de cansancio.

- ¿En qué momen...? Oh, Díganme que estoy loca.

- Puede que haya sido tu sistema nervioso, entraste en trance y ahora no recuerdas mucho, es algo parecido al efecto del alcohol. -informó firme la mujer.

- ¿Y mi ropa?

- La mandamos a labar - me sonrió Peterson dando a entender que todo estaba bien - Lourdes te prestó uno de sus uniformes.

- ¿Cómo? - la miré - ¿Ella... me cambió? - adopté un cara de vergüenza y estado de confusión.

- Sí -asintió- Pero no te preocupes, Sam no te vio -sonrió.

Ah- dije con poca convicción.

- Bueno, nos quedan 15 minutos -Sam dio un bostezo y estiró sus brazos- Deberías llevarla a su casa- le dijo a su compañera.

- ¿Tan rápido pasó el tiempo?- me alarmé y vi mi celular para comprobarlo.

- ¡Pero si dormiste 3 horas y media! -rió- Se nota que estás cansada, uno ya se acostumbra al ritmo de esto.

- In...creíble -comenté.

- Bien -Foreman dejó sus cuadernos y tomó el chaquetón que colgaba de su silla indicándome con gestos que me apresurara mientras ella salía rauda por la puerta, como siempre.

- Sí, en un segundo -abrí mi bolso para asegurarme que todo se encontraba en su lugar y poder irme sin preocupación- Adiós Sam.

- Adiós muñeca, ¡Cuida ese estómago! -y me retiré en busca de Lourdes.

Cuando llegué al estacionamiento busqué el auto de mi tutora con la vista, lo cual no fue difícil, ya que no habían muchos vehículos a tal hora de la noche, miré por las ventanas por si se encontraba adentro, pero nada, no obstante, me detuve a observar el reflejo de mi cuerpo, no había tenido la instancia de mirar con más detalle el uniforme que me había prestado Lourdes. Era muy elegante, de un color azul marino con detalles en las mangas y en el cuello, la blusa y la chaqueta me quedaban un poco grande, será porque nunca fui voluminosa de busto, pero aún así lucía refinado. Me puse a pensar, ¿Ésta sería yo en un tiempo más? ¿Seré capaz de llegar tan lejos por proteger a alguien que tal vez, en ese entonces ya no esté para mí, ni yo para él?

_________________________

Las pocas luces que continuaban en las calles de la ciudad eran suficientes para crear el ambiente de una escena que esperaba ser resuelta.
Pazhy, sin embargo, no deseaba ser incauta, pero aquello que había pasado hace unas horas la dejó con la cabeza en cualquier parte, así que no tuvo más que solventar sus dudas frente al acontecimiento.

- ¿Por qué hiciste eso? -interrogó aprovechada del semáforo que encendía su luz roja.

- ¿Qué cosa?

- Eso, ya sabes...

- No, no lo sé -dijo Bill con un tono bastante serio para ser de él.

- ¿Por qué me besaste?

- Ah, eso...

- Sí Bill, eso ¿No me dijiste que tenías novia?

- En realidad no la tengo - el semáforo cambió la señalización y echó a andar el motor.

- Pero, es que no logro entender -se acomodó en el asiento.

- Yo tampoco, sólo no le des importancia.

- ¿No darle importancia? Bill, nos conocemos desde la infancia, el que haya pasado esto no es cualquier cosa.

- No siento nada por ti, si eso te mantiene tranquila.

- ¡Eso es exactamente lo que me inquieta! Si no sientes nada, entonces ¿Por qué lo hiciste?

- No sé, María Paz, ¡No sé!

- Por Dios, ¿Sabes?, es mejor olvidar todo esto.

- Es lo que he intentado decirte desde el principio -Bill dejó de tensarse un poco creyendo que la conversación se había terminado.

- Y es mejor que yo me vaya de tu casa... -finalizó.

- ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

- Que si empiezas a tener esos "impulsos" es mejor que no sea conmigo.

- Pero si sólo sucedió una vez, ¡Pazhy, no puedo dejarte sola!

- No estaré sola -dijo segura.

- ¿Entonces?

- ¿No sería absurdo si te lo sigo? -se burló.

- Sería lo correcto -paró el auto- No puedes andar por Los Ángeles merodeando como mendiga.

- ¡Mendiga tu abuela! Yo veré como me las arreglo -abrió la puerta y caminó hacia la entrada.

- ¡No, si crees que te voy a dejar hacer esa locura estás muy equivocada!

- No tengo 14 años, esos días ya pasaron... -entró a la casa y subió las escaleras.

María Paz se veía confiada, como si estuviese planeando esto desde hace mucho, así como cual acto de rebeldía de madre e hija en la cual la segunda decide ser independiente y dejar la cuna de su familia, llenó sus maletas y bajó con éstas a la puerta sin dejar de escuchar los sermones de Bill, los cuales despertaron a su hermano, quien se hizo presente para descubrir cual era el problema que le había interrumpido el sueño.

- ¿Qué les sucede? ¡Parecen matrimonio! -alegó.

- ¡Cállate! -dijeron ambos al unísono con una voz que se escuchó en todo el lugar.

- Ok, ok ¿Qué pasó aquí? -dijo al ver las maletas de María Paz.

- Pues, me voy...

- No, no se irá -interrumpió Bill.

- Claro que me iré -discrepó

- ¿En qué te irás, ah?

- ¡En taxi! -manifestó como el rugido de una leona y lo evadió.

- ¡No! -pero algo lo hizo detener.

- Bill, déjala, no eres su madre

- ¿Tú que sabes? ¡Ahora estás feliz, tú querías que ella se fuera! -protestaba mientras forcejeaba con los brazos de Tom.

- No empieces a echarle la culpa a los demás, ella tendrá sus razones.. -manteniéndose firme

- El problema son esas razones...

- Ya, hermano, cálmate, actúas como si te gustara...

- No... no, ella no me gusta... -dijo calmándose de a poco, Tom suspiró y prosiguió.

- Sólo déjala, ya es grande, no necesita de ti para poder vivir en una ciudad...

- Tienes razón...

- Ahora, hablando del tema ¿Cómo te fue con...? Ya sabes..

- Pésimo, tu novia casi me deja estéril.

- ¿Qué tiene que ver Ara con Lala?- interrogó de manera entre cómica y confundida.

- Es una larga historia...

_______________________________

- Ahí estás.

- Tu uniforme, es lindo -le sonreí.

- Es sólo lo que corresponde -dijo y presionó el botón de sus llaves para quitar la alarma.

- Supongo... -abrí la puerta y me abroché el cinturón.

No tenía intensión de empezar una conversación con ella, porque verdaderamente sólo deseaba mi cama y el poder descansar, pero la etapa se fue dando de otra manera y curiosamente, los papeles cambiados.

- Primer día... ¿Qué te pareció?

- Aburrido.

- ¿Te esperabas tal recibimiento?

- No.

- ¿Qué sientes sobre lo que pueda pasar? ¿Miedo, ansias, curiosidad?

- Me da igual.

- Es normal.

Lourdes parecía entender mi estado, era como si se metiera dentro de mi cabeza y tuviera comprensión de todas mis acciones, sentí culpa por haberle respondido tan cortante, pero a estas alturas decidí dejarlo pasar, creo que ella ya debe entender el por qué de mi ánimo.

_____________________________

Lo que había anunciado no era una broma ni algo por lo cual hacerse fuerte, María Paz de verdad sabía exactamente donde ir, la razón de todo esto radica en su primera clase de danza, si bien había interactuado con muchas personas, y la pequeña Ying Ye no estaba excluyente de eso, además a Pazhy le llamó intensamente la atención aquella niña que se retiró de la nada de aquél estudio que no dudó en preguntar su nombre y todo lo que pudieran entregarle, se veía muy amigable y la chica japonesa le dijo que podría ayudarla cuando necesitara, pero ¿Lo estaba tomando de una forma correcta? No lo sabría hasta que su taxi se detuvo en la dirección que el papelito escrito por Ying indicaba.

- ¡Gracias! -dijo animosa y subió las escaleras, su expresión fue la misma que la de las chicas, un asombro por el lujo de aquel hotel y por lo bello que se veían los vidrios de la puerta, tanto así que daba una angustia el tener que empujarlos por el miedo a que éstos pudiesen romperse o algo por el estilo.

La muchacha acudió a la mesa larga de la recepcionista y le entregó el mismo papel que el taxista ocupó para llevarla a ese enorme lugar.

- ¿Es usted pariente de la señorita? -dijo la mujer.

- Eh.. sí, es... amiga de mi hermana.

- Espere un momento, llamaré a su habitación -tomó el teléfono y marcó el número correspondiente a la suite- Señorita, no contesta, probablemente no haya nadie en esa habitación.

- Quizás esté durmiendo, siga intentando, por favor.

- Bien...

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- ¿Y viste como finalizó todo? ¡Fue estupendo! Y entonces yo dije "¡Jamás volverás a este lugar sin antes pisar los restos de mi cuerpo!"

- Sí, que gran final... -decía Colette sin mucho entusiasmo mientras caminaba con un café en la mano acompañada de su fiel amiga Dominique.

- ¡Definitivamente amo el teatro! ¡Sólo quedan 2 días! ¡2 días, Colette! -el café saltaba por todas partes por los brincos de la chica.

- Sí, lo sé...

- ¿Crees que Lala pueda ir?

- No lo sé, creo que debe ir al doctor...

- ¡Pero la función es a las 7! ¡Y la pasaremos tan bien! ¡Sería nuestra oportunidad de pasar un rato juntas! ¡Sí! -atrapó en sus brazos a Colette y exclamó- ¡Todas juntas!

- Sí Domi... ¡Todas juntas! -dijo queriendo imitar toda la alegría que desbordaba la santiaguina, pero le fue imposible, Colette no sabía fingir su molestia.

Y así el camino casi se hizo eterno, y es que a Colette le disgustaba excesivamente tener que opacarle el momento a Dominique aunque sea por su rostro, porque aparte de su estado anímico, se encontraba muy cansada, y el café no había hecho efecto en absoluto.

Para cuando llegaron al hotel ya no quedaban más que 5 minutos para las 10 de la noche.

- ¡Hola! -saludaron ambas y la recepcionista les saludó un tanto incómoda.

- Colette... Creo que algo pasa...

- ¿Ah, sí? -volteó- Dominique, no te metas en asuntos ajenos, necesitamos dormir -a lo que ella no hizo caso y se devolvió dejando atrás a su extenuada amiga francesa.

- ¿Hay algo mal? -interrumpió sin querer ser imprudente.

- Sí, señorita Garrido, creo que hay un inconveniente con la habitación de su amiga, la señorita Rojas.

- ¿Por qué lo dice? -levantó una ceja.

- Esta joven dice que la conoce y viene a verla.

- ¿Y quién eres tú?

- ¡Hola! -sonrió y extendió su mano- Me llamo María Paz Riquelme y voy en la academia de tu amiga.

- ¿Y por qué estás aquí?

- Bueno, yo... -no bastó que María Paz terminara su respuesta para que otra sorpresa viniera justo a tiempo.

- ¿Dominique? -pregunté atónita de lo que estaba viendo.

- ¡Aquí estás! ¿Y esa pinta? ¿Dónde fuiste? -dijo bromeando mientras yo no despegaba mis ojos de la muchacha del cual su rostro me era bastante familiar.

- ¿Qué hace ella aquí?


lunes, 20 de junio de 2011

Capítulo 21 - No pierdas la noción





Tom tomó la actitud de Bill como algo instantáneo, tanto así que preguntó de golpe:

- ¿Qué pasó con ella?

- Pasó lo que no quería...

- ¡Mierda! -Tom entendió al instante de lo que se refería su hermano, pero aún así preguntó para confirmarlo- ¿María Paz?

- Sí.

- ¿Qué pasó, te vio, le dio celos?

- Cuando acabe el día te contaré más detalle.

- Ah, que fé te tienes, hombre.

- ¿Qué?

- Te das por vencido muy pronto, das como perdido el día.

- No te entiendo.

- ¡Ve a buscarla!

- No puedo, tengo que estar con Pazhy hasta que termine su clase.

- Bueno, suerte con eso.

- ¡No, Tom, no me cortes!

- Creo que estás solo en esto, debes tomar una decisión antes de que se ponga peor.

- Lo sé, pero ahora mi prioridad es Pazhy.

- De acuerdo Bill, pero ten en cuenta que lo haz dicho tú.

- ¿Qué cosa?

- Adiós, debo colgar.

- No, ¡Tom, ayúdame! -

_________________________________________

Las calles nunca fueron tan grandes y extensas para Colette, será porque siempre las recorrió acompañada y solía tomar más atención al tema de charla que al paisaje, en esta oportunidad, se detuvo y trató de recuperar su serenidad para pensar en algo antes de que todo empeorara.
Primero, no debía correr en cualquier dirección, sino que en la del teatro, porque, era cosa de lógica que Dominique se encontrara ahí, eso por un lado la mantenía con la razón aún dominante. Lo verdaderamente anormal fue el extraño caminar que adoptó, hace unos segundos su corazón casi se descarrilaba por culpa de la hora y el atraso que tanto odia Luke, por otra parte, la idea de triunfar como actriz se le estaba desgastando con el tiempo.

Eso no impidió que llegara a su destino, Colette no era irresponsable, menos cuando involucraba a otra persona como era Dominique, y ella sí que estaba entusiasmada, bastaba sólo con verle la cara cuando Colette entraba al camarín y dejaba lentamente su bolso en la mesita del tocador. Una mirada casi insoportable que te gritaba "¡Debemos estar perfectas!" antes de que pudieras escuchar cualquier sonido de disgusto o emoción de la boca de Dominique.

No era para menos que la chiquilla santiaguina había estado despertando sus dotes como actriz de una manera muy positiva las últimas sesiones, era casi como verla enamorada, enamorada del arte del teatro, y llegaba a ser escalofriante que eso pudiese llegar a un punto crítico en su pequeña humanidad.

Pero Colette sabía que no podía abandonar esto así como así, no era una mujer que dejaba las cosas a medio hacer, no era alguien desleal ni mucho menos egoísta, entonces, aunque ella padeciera de una horrible enfermedad que le estaba causando una repugnancia a Luke y su paupérrimo criterio de actuación, no lo daría a conocer ni de casualidad.

¿Quién más ingenua, Dominique o Colette?

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No estaba segura sobre mi estado en el momento de salir del auto, ni siquiera sabía que cosas debería hacer, todo esto era realmente una especie de adaptación al juego del miedo que nunca quise experimentar.

- ¡Ya era hora!- quise tomar aquella expresión como un saludo y no como una queja estrictamente.

- Hola Sam.

- ¿Por qué tanta demora?- miró a Lourdes.

- Hubo inconvenientes en el camino, tránsito, ya sabes- se sentó y comenzó a teclear.

- ¿Qué debo hacer ahora? -pregunté deseando ubicarme en todo el asunto.

- Necesitamos registrar tu hora de llegada... -dijo el hombre sin despegar la vista de su enorme y delgado monitor.

- Enton...

- ¡Listo!- avisó sin dejarme concluir.

- Andando, Rojas... -Lourdes se puso frente a mí invítandome a caminar hacia la puerta que daba al pasillo.

Ambos acompañaban mis pasos, Sam a mi derecha y Lourdes a mi izquierda, pude notar en la cara de Sam un pequeño grado de preocupación, esperaba que no fuese por mi impuntualidad a la cita. Por otra parte, Lourdes se veía como siempre, sus facciones no cambiaban en absoluto, a veces me preguntaba si había algo de sensibilidad en ella, estoy segura que sí.

- Oigan... -interrumpí un poco tímida y proseguí- me gustaría saber que es lo que debo hacer ahora, si no les molesta decirme, es decir... Necesito prepararme psicológicamente.

- No será difícil muñequita- respondió Sam- sólo te presentarás frente a la agencia.

- ¿¡Qué!? ¡Pero! No me dejaron cambiar mi ropa, estoy con...

- No interesa tu atuendo, a Tyler sólo le importa saber que estás aquí- prosiguió Lourdes con mucha seguridad.

- Vaya, me sentiría halagada si ese hombre fuera un poco más amable en sus tratos.

Agradezco que la conversación sólo haya quedado hasta ahí, para cuando había pronunciado la última sílaba los dos sujetos ya habían encontrado la sala correspondiente, confieso que me encontraba nerviosa, ¿Y si debía dar algún discurso? ¿Cómo serán los otros que trabajan aquí? ¿Daré una buena impresión? Y denuevo aquella pregunta que siempre regresa a mi cabeza.. ¿Para qué diablos me quiere Tyler?

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Bill estaba desesperado, no sabía si entrar a ese estudio y sacar a María Paz de un brazo sin importarle nada e ir a buscar a Lala o quedarse ahí hasta que el día transcurriera y llegara a su fin, meditaba como loco, como nunca antes lo había hecho, tanto así que su cuerpo experimentaba pequeñas convulsiones en sus manos y labios, caminó hacia la recepción en busca de un vaso de agua, no obstante, recibió algo más...

- ¡Tú!

Bill volteó al escuchar ese grito femenino que suponía era para él.

- Ara -dijo en una batalla para que sus labios dejaran de crispar- ¿Cómo estás?

- ¡Infeliz! -y le propinó un manotazo en la cara.

- ¿¡Qué te pasa!? -alegaba tomándola de los brazos para poder defenderse.

- ¿Y preguntas? ¡Eres un sinvergüenza! - esta vez su rodilla chocó violentamente con la entrepierna de Bill.

- ¡Auch! - la soltó para responder a su impulso humano al haber sido atacado.

- ¡Te mereces eso y más! ¿Y sabes algo más? ¡Jamás volverás a ver a Lala!

- Ok... -dijo después de un rato queriendo recuperar el aliento- ¿Y eso por qué sería? -se dejó caer en la alfombra- Por lo menos déjame saber el por qué casi me dejas sin hijos.

- ¡Porque eres igual a todos los hombres! ¿Cómo tienes moral para entrar con otra mujer de la mano mientras Lala está ahí dentro?

- Oye, yo en ningún momento le tom... -se retorció por el dolor que aún tenía.

- No, no, ¡Por supuesto que no! Si ahora lo negarás todo, te harás la víctima y tratarás de convencerme con excusas baratas como "No Ara, yo amo a tu amiga y jamás le haría daño"

- Aracelly, ¿Qué estás insinuando?

- Ahora soy yo la que piensa mal ¿Verdad? -dijo esta vez más enojada.

- No, espera... -se paró y le tomó los hombros- No quiero que entres en un mal entendido.

- ¿¡Qué mal entendido Kaulitz si te vi yo misma!?

- Mira, puedo explicártelo pero en otra parte, por favor, deja de gritar.. ¿No quieres salir al patio?

- ¡No! ¿Ahora conmigo? Bill, nunca pensé que llegarías a eso.

- ¡Aracelly!

- ¿Quién era ella? Por lo menos dime su nombre, para que Lala tenga una razón más concreta por la cual odiarte.

- ¡Aracelly, ella es María Paz, y no es nada mío, sólo es mi amiga!

- Sí, amiga...

- Te lo juro... Jamás engañaría a tu amiga, daría todo por ella -en esos instantes algo se posó en la espalda de Bill haciéndolo tambalear.

- ¡Ya terminé! ¿Dónde vamos ahora? -decía Pazhy con la cara llena de alegría rodeando con los brazos a su amigo.

- Pazhy... no... Ara... yo... ella.. no...

- Adiós Bill -dijo y se retiró sin titubear.

- Aracelly, no... ¡No, no, no, no, no! -se tomó la cabeza y golpeó la pared.

- ¿Qué pasa Bill, quién era ella?

- No importa.. no importa... -la cara de Bill era totalmente descompuesta.

- No me digas que... -tapó su boca- ¿Era tu novia?

- ¿Qué? ¡No!

- ¿Bill, era tu novia? ¡Cuánto lo siento! ¿Se puso celosa? ¡Tengo que ir a pedirle disculpas y decirle que la amas!

- No Pazhy -le agarró la muñeca- déjalo así.

- ¡Pero Bill! Yo no quiero verte triste, debes llamarla y explicarle todo...

- Sé que le debo una explicación... ¡Pero no es mi novia! -acentuó

- Oh, Bill... No seas así conmigo, sabes que puedes contarme lo que sea... Mira, iremos ahora a que te relajes y después, cuando ya se le pase un poco el enojo la llamarás.. -sonrió con una actitud esperanzadora.

- Uff.. Ya qué... -el muchacho se dio por vencido y salió del rascacielos lo más rápido que pudo.

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Nada más alcancé a respirar mientras caminaba por el pasillo alfombrado lleno de sillas y una mesa gigante que los mantenía a todos ordenados, a ritmo de mis pasos cada uno iba abandonando su respectivo asiento y se mantuvo de pie, eran hombres y mujeres, algunos lucían muy serios, otros las arrugas los delataban y al final, estaba Tyler, con su típica expresión entre sumisa y obsesiva por saber toda la fortuna que iba a sacar de mí.
Lourdes me señaló mi lugar, estaba al lado de Woods, permanecí de pie para no ser descortés, pensé que el hombre tenía algo que decir por mi llegada, pero sólo sentía en mí las miradas de toda la gente en el salón, me sentía el centro de la atención, pero no era para nada agradable, me miraban de arriba hacia abajo, una vez más me culpé por no venir presentable, creo que entre mi pantalón gris y mi polera negra que se asomaba por el cierre semi-abierto del polerón del mismo color, difícilmente podrían creer que yo era una parte "importante" de cualquiera sea su maldito proyecto.

- Señores -decidió por fin hablar y aproveché de botar todo el aire que mantuve en el tortuoso silencio- ahora, podemos tomar asiento- todos hicieron caso a la petición, incluyéndome, para poder continuar- Los he convocado a esta reunión por algo muy importante... Estoy aquí para anunciarles que nuestra empresa tendrá muchos cambios... -su énfasis en la última palabra me hizo aflorar una leve curiosidad sobre qué iba a decir- uno de ellos tiene que ver con la señorita que tengo a mi lado... -todas las miradas se dirigieron nuevamente a mí- Porque ella es la llave hacia un gran futuro, un futuro completamente positivo para cada uno de nosotros, desde la primera vez que la vi supe que ella era lo que le faltaba a esta empresa para poder surgir y liderar en las encuestas, ella es la pieza faltante a nuestros planes, quien hará que sus cifras bancarias aumenten de una forma totalmente benéfica... Quiero presentarles a nuestra nueva Gerente de comunicaciones...

- ¿Cómo? -interrumpió uno - ¿Es una broma? ¿Niña, cuántos años tienes, 15? -se burló.

- Tengo...

- Tiene 19 señor Walker- respondió por mí- ¿Tiene problemas con eso?

- No señor Woods, ninguno... -y bajó la mirada juntando sus manos sobre la mesa.

- ¿Alguien más tiene otra pregunta?- todos ignoraron la interrogante con un miedo terrible que se hacía notar en toda la sala- Bien, me parece, espero que todos se lleven muy bien con la señorita Laura Rojas.

- Sí, señor Woods.

- Un momento... -Tyler se levantó de su silla y plasmó su mirada en una dirección- Cox, ¿Dónde está el inútil de tu amigo?

Casi olvidaba que Cindy era parte de todo, y también dirigí mis ojos a su silla, aún no entendía del todo que era lo que pasaba.

- No sé Señor, Joseph no llegó al trabajo hoy en la mañana... -me sorprendía todo el terror que escondía el timbre de la simpática y alegre maquillista, ese miedo que sólo Tyler le hacía sentir.

- ¿No le dijiste que había una reunión?

- Pensé que sabía, Señor...

No podía quedarme así, estaba casi segura de saber donde estaba Joseph, porque claramente llevé a Estefanía para que hablara con él, pero... ¿Tanto se había demorado?

- ¡Ese idiota, para mañana no tendrá ningún puesto en esta empresa!

- Estaba conmigo... -interrumpí como un relámpago.

- ¿Qué dices? -suavizó raramente su voz y me miró.

- Que estaba conmigo... él... él... me dijo que se sentía mal... estaba con náuseas... sabía lo de la reunión... quería venir a como dé lugar, pero le dije que se quedara, si él no está aquí es por culpa mía... -terminé decidida y miré a Cindy indicándole con mi cara que todo estaba bien.

- Ah... Bueno, espero que esto no vuelva a repetirse, espero que se entere de todo esto...

- Lo hará... -mi respuesta sorprendió a todos, por alguna extraña razón, creo que entre todas las personas de esa sala era la única que Tyler no me intimidaba con su presencia y podía hablarle como a cualquier otra persona.

Así siguió con su larga charla y extraños proyectos de los cuales, obviamente, yo sería partícipe, pero sinceramente sólo anhelaba que la reunión terminara lo antes posible.

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- No veo cambios en tu cara... ¿Tan malo fue?- preguntaba jugando con la larga cuchara en sus dedos.

- No Pazhy, es que sinceramente me cansa la idea de tener que lidiar con tantos malos entendidos.

- ¿Fue mi culpa?

- Completamente no... mira, te aconsejaría que no te metieras en esto, es algo de lo cual debo solucionarlo yo.

- Pero Bill, esa niña te miró con una cara tan... -hizo gestos exagerados con sus manos- no sé, ¡Como si en ese momento fuera a estallar de celos!

- Sí, sí como digas, pero eso lo resolveré yo. ¿Escuchaste? -Pazhy asintió poco convencida- Mira, mejor cambiemos el tema, ¿Cómo fue tu primera clase?

- Oh... ¡Fue fantástica! Todos son muy amables, sólo me costó un poco al principio porque mi inglés no es muy fluido, pero fueron muy simpáticos y me ayudaban a comunicarme con señas para que nos entendiéramos mejor- Bill rió.

- Sí, eso suele pasar cuando llegas acá...

- ¿Cuánto te costó acostumbrarte?

- Unos meses, digo, para hablar fluidamente... Es que debes tener en cuenta que los chicos y yo tenemos una especie de "obligación" a entender el inglés, tenemos clases, todo eso.

- Ah, sí entiendo, no creas que se me olvida que tengo un amigo famoso- dio una risita.

- El problema es que a mí a veces se me olvida...

- ¿Por qué lo dices?

- Por nada, ya no tengo hambre.

- Osh, ¡Pero hombre, te queda poquito! Además, es tu helado favorito.

- Creo que ni mi helado favorito puede hacer un milagro en este momento.

Pazhy se paró sin decir nada y miró al suelo, a lo que Bill la siguió extrañado.

- ¿Te ocurrió algo? -pero éste no tuvo respuesta, sólo dos brazos alrededor de su cuerpo que apretaban todo su tórax de manera cálida- ¿Pazhy?.

- Abrázame.

Por alguna extraña razón Bill cerró los ojos antes de escuchar esa palabra, para cuando lo hizo se imaginó a aquella persona que no podía sacarse de la cabeza, a esa persona que le era tan valiosa, pero problemática a la vez, y aún así la anhelaba con toda su alma, por quien podría dejar todo y a la vez nada, sólo para hacerla feliz... era ella, la chica con quien compartió tantos momentos bellos, quien le dio a su triste mirada una oportunidad para ser feliz, quien le dio a entender el amor de la manera más pura y real, quien a pesar de ser tan particular entre todas las mujeres lo volvía loco, quien había tejido una hermosa historia de amor en su pecho y nunca la podría deshacer... pensaba en Laura y en lo enamorado que seguía a cada instante, con o sin verla, él siempre la sentiría cerca, siempre la recordaría y lucharía hasta el final...

Nunca pudo entender el nexo entre cada segundo que pasó, entre cada mini segmento que hizo separar levemente el cuerpo de esa mujer y él para luego culminarlo en la unión de sus labios aliados por la confusión de lo que pasaba por la cabeza de Bill en esos momentos...

¿Era este... el comienzo de otro problema?


lunes, 25 de abril de 2011

Capítulo 20 - Por un pelo de rana.


¿Algún complot contra mí?
Sea como sea, el sentimiento que experimenté en esos momentos no se lo deseo a nadie, ¿En qué momento Bill conoció a esa niña si sólo me ausenté de su vida por 1 día? ¿Un mísero día basta para reemplazar a una persona como yo?.. ¡Vaya!
No dije nada porque simplemente mi mente no me lo permitió, estaba congelada y totalmente retraída, y es que, estaba segura que si decía algo no sería del todo agradable, hay que añadir a esto que me odiaría por toda la vida si mis chicos se ven incluidos en mis enredos personales, decidí pensar antes de hablar, pensar... Sólo pensar y ser leal a mi silencio.

- ¿Hola?, ¿Interrumpí algo? Están todos muy callados... -dijo la niña llevando su mano a la boca.

- No, no -intervino Nicole- Bienvenida, ¡No te había visto por aquí anteriormente!

Y fue en ese momento cuando recibí una señal divina que me hizo ausentar de la dramática escena, la vibración se hizo notar en el bolsillo de mi pantalón para llevar mi celular a la oreja y salir del salón, ignorando completamente a quien tuviera en el camino, incluso a Bill.

- ¿Hola? ¿Quién habla?.

- ¡Laura, te dije que te necesitaba a las 2 en punto! ¿Dónde estás? -su voz se oía bastante enfadada.

- ¿Lourdes? ¡Santo Dios! ¡Olvidé eso!- me apoyé de golpe en la pared para dejarme caer.

- ¡Regresa ahora! No tenemos tiempo que perder, Tyler odia la impuntualidad.

- Lo siento muchísimo, es que aún no asimilo bien las cosas y...

- ¡Después me das tus excusas! ¡Sal ahora! -dijo impidiéndome terminar.

- Ok, ok... -me paré lo más rápido posible- Iré corriendo al hotel.

- ¡No! Ya estoy afuera del estudio.

- ¿Y cómo supis....

- Sam te buscó tu ubicación por tu teléfono móvil, ¡Sólo apresúrate!

- Caracoles, ustedes si son psicópatas.

- ¡Que salgas ya! -vociferó.

- ¡Ya, ya voy! -me eché el bolso al hombro y corté.

No sé con exactitud si aquella llamada significó algo bueno para la situación, más bien fue un problema que me sacó de otro, en realidad, de otro muy grande.
En el camino vi a Ara, se veía muy molesta y corrió a mí con los brazos cruzados.

- ¿Lo viste? -me dijo.

- ¿A quién?

- ¡A ese desgraciado! -exclamó con rabia.

- ¿Quién? ¡No tengo mucho tiempo!

- ¡A Bill! ¿Viste con quién iba?

- No, y no me interesa... -pasé por su lado histérica por el sonido de la bocina que se hacía notar a las afueras del rascacielos.

- ¡Lala! -alegó Ara a distancia.

- ¡Después conversamos! -dije antes de cerrar la puerta y escaparme de mi vida "normal" para entrar a la de una "gángster"

Ahí estaba su auto con Lourdes adentro, se veía furiosa pero su boca no dio señales de aquello, seguramente por órdenes de Tyler, creo que tienen un tremendo interés porque me quede en el negocio.
Esperé la reacción más lógica, esperaba, incluso algún gesto que expresara su prisa, pero nada. Lourdes era muy profesional para manejar sus sentimientos, o para ser más realistas, mantener la calma en el minuto que tus emociones hierven para dejar escapar un impulso humano.

- Lo lamento mucho, lo había olvidado por completo...

- Ya no importa, debemos apresurarnos. Sólo espero que no se vuelva a repetir- sólo en ese instante dirigió su vista hacia mí para comprobar que yo estaba de acuerdo con su preposición.

- Nunca -concluí para su tranquilidad y me olvidé por completo de todo el entorno y las personas que me rodeaban en ese salón.

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- ¿Alguien puede explicarme qué fue eso? -Nicole tenía los ojos como dos platos de sopa.

- Ni idea -Pazhy se encogió de hombros y volteó para ver a su compañero- ¿Qué te pasa, Bill?

Gran evidencia, todos los rasgos de Bill encarcelaban un nerviosismo terrible combinado con la mirada terrorífica con la cual divisaba los ojos de su amiga para responder a penas por sílabas.

- No-no es... na-da... -y para ser sinceros, ni él se lo creía.

- ¿Seguirá haciéndonos clases usted, señorita Nicole? -preguntó Ying con su característico tono ingenuo y lleno de timidez.

- Así parece, creo que nuestra "amiga" tuvo que evacuar el lugar de urgencia... -giró en sus talones dando la vista al espejo del salón- Aunque no sé que es más importante que un grupo de personas que es lo único que le queda en este país...

- ¿Quién era ella? -se hizo presente la alegre María Paz totalmente confundida por la situación.

- Era la..- Ying tomó la pregunta casi por inercia

- No era nadie -le cortó Nicole- ... Ahora debemos seguir ensayando...


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Era un Lunes sin emoción ni anécdotas que contar, por lo menos para Colette y Dominique lo era, hace días no tenían una conversación con Lala como correspondía y esto ya se hacía notar. Era claro, llegaron juntas y deben permanecer juntas a pesar de todo.

- ¿Te has dado cuenta que ya casi no hablamos con Lala? -decía Colette mientras caminaba con la chilena por una larga y estrecha calle para llegar al teatro.

- Será por sus nuevas obligaciones -agregó Dominique.

- ¿Nunca has pensado que nos estamos separando cada vez más? -la chica de pelo castaño claro frenó de golpe.

- Supongo que eso es lo más lógico por su trabajo.

- ¿Y no te sientes mal por eso?

- Nos lo sintamos o no, no creo que cambiemos algo- respondía de una forma fría y racional, demasiado racional.

- ¿No crees que deberíamos buscar a otra persona?

- ¿Reemplazar a Lala? ¡No! -Dominique respondió como si se tratara de una ofensa hacia su persona.

- ¡No mujer, no me refiero a eso! -la francesa empujó la puerta que hizo sonar las campanitas del Wonder Coffee y ambas entraron a buscar una mesa para ganar un poco de tiempo antes de el estrés que significaba trabajar con ese estúpido de Luke y sus alegatos.

- ¿Entonces? -Domi sólo la seguía con la intención de descubrir qué se traía entre manos.

- Creo que deberíamos ampliar nuestro círculo, ¡Sólo somos tú y yo! ¿Comprendes?

- Comprendo tu pregunta, pero aún no comprendo a qué punto quieres llegar.

- ¡Dominique!

- ¡Ves! Algo tramas, ¿Qué tienes? ¿Una nueva amiga cibernética?, ¡Por eso me trajiste acá!

- No, no. Nada de eso, es sólo una idea... -tomó la carta entre sus manos- Pero si no quieres, entonces ¡No importa! -se cubrió la cara con la gran libreta del menú.

- Espera... -sujetó su mentón tratando de buscar alguna respuesta en el aire- Creo que ya entendí...

- ¿De verdad?

- Sí...

- Pues me parece bien... -seguía desde el otro lado del cartón.

- ¡Sería más fácil comunicarte mi respuesta sin el menú tapando tu cabeza!

- Lo siento - destapó su cara y le escuchó con atención.

- Lo que me estás tratando de decir, es que seamos más sociables e intentemos formar amigos, pero. ¿Para qué?

- Bueno Domi, no sé tú, pero yo necesito tener nexos con otras personas que no tengan un acento raro al hablar en inglés.

- ¿Me estás diciendo que mi inglés es malo? -volvió a ponerse a la defensiva.

- No digo eso, si no que es muy evidente que eres latin... -Colette no alcanzó a terminar el enunciado cuando Dominique levantó el brazo para llamar al mozo- ¿Qué vas a hacer?

- ¿Con que no sé hablar en inglés? ¡Ya vas a ver!

- Dominique... -su intento de detenerla fue inútil.

Cuando el chico vestido elegantemente se acercó a la mesa para atender a Dominique, ésta comenzó a hablarle como si no lo hubiese hecho hace décadas, decía frases extensamente largas y con un alto grado de rapidez, a lo que el joven asentía y le contestaba con educación, ¡Hasta comenzó a entrevistarlo por su vida personal! y esto fue lo que colmó a Colette.

- ¡Ok, ya basta! -golpeó la mesa- ¡Ya entendí, ya entendí!- las miradas de ambos sujetos quedaron pegadas en ella quien trataba de disculparse con gestos pero seguía firme en sus palabras- Tú... -apuntando a la chilena- deja de acosarlo como si no tuviera trabajo que cumplir, y usted- apuntó al mozo- podría pedirle que se retire y nos perdone por hacerlo perder tanto tiempo.

- Sí, señorita, pero no se preocupe, no me molestó en nada.

- ¡Cómo sea! -Colette se dio cuenta de cómo sonó esa expresión y se retractó- Por favor, disculpe... Lo llamaremos cuando necesitemos algo.

- De acuerdo, disfruten su café... -y se retiró en dirección a la cocina.

- ¿¡Qué te sucede!? ¡Ahora resulta que prendes con agua!

- ¡No, pero no soporto que me subestimen!

- ¡Dominique, te lo tomas muy en serio!

- Ya cállate -se cruzó de brazos para no continuar con los gritos que las tenían como el punto de atención de la gente al rededor.

- ¡Y todo comenzó por una pequeña idea de conocer más personas!- se quejó Colette.

- No quiero hablar más del tema.

- ¿Ves que eres inmadura?

- ¡Tú también lo eres! -volvió a gritar- ¿Por qué me sigues el juego?

- ¡Porque... porque! ¡Ya, olvídalo! ¡Ya pasó!.

Domi accedió a tomar un sorbo de su café para intentar tranquilizarse, luego de un tiempo de ver el rostro tenso de Colette, dio un suspiro y agregó:

- Lo siento...

- Ya no importa Dominique... -dijo derrotada y echó una ojeada a su reloj- ¡Ya son las 3!

- ¿Qué? -se paró lo más rápido que pudo dejando el café a medio tomar viendo como Colette salía disparada por la puerta.

- ¡La hora, la hora! ¿Cómo demonios pasó tan rápido?

- ¡Colette! ¡Colette! -gritaba desde atrás abrochándose la chaqueta.

- ¡Domi, apresúrate!

- ¡Colette, no pagaste la cuenta! -paró para llenar sus pulmones de aire mientras contemplaba el suelo, sin embargo, cuando por fin levantó la vista su compañera ya no estaba.

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En la casa de los Kaulitz el ambiente era calmado, agradable y sin novedades que modificara el estado de Georg, Gustav y Tom. Era un día ideal para tocar canciones, aunque faltase la voz de Bill, sus instrumentos musicales eran la salida que tenían del mundo, y eso los hacía inmensamente felices.

Felices, felices hasta aquél momento infaltable, porque como ya sabemos, nada es del todo normal en la vida de los chicos de Tokio Hotel.

Tom hacía un gesto para que sus amigos dejaran de producir melodías improvisadas mientras sostenía en su mano derecha el celular que aún vibraba.

- ¿Hola? -la voz del otro lado era automáticamente reconocible para él, era Bill llamando con un tono un tanto extraño.

- ¿Quién es?- preguntaron los G's buscando la respuesta a la expresión facial de Tom que cambió de un segundo a otro.

El gemelo mayor movió sus manos como queriendo decir "después les contaré, ahora necesito hablar a solas" lo que, afortunadamente, ellos entendieron. Así, Tom caminó hasta el comedor para escuchar mejor a su hermano.

- ¿Qué pasa, Bill? ¿Por qué suenas tan.... diferente?

- Pasó algo terrible, Tom... -Bill sonaba como si tuviese una aguja clavada en el pecho que le impedía hablar de corrido y respirar con serenidad.

- ¿Qué cosa?

-.... -su hermano ejecutaba momentos de silencio que agobiaban a Tom por la exasperación de no tener idea lo que tenía así al joven delgado.

- ¡Mierda, Bill, habla!

- Ocurrió un tremendo malentendido... -y tragó saliva para mejorar su faringe.