domingo, 26 de junio de 2011

Capítulo 22 - "¿Tú?"


No había sabido nada de Joe ni Estefanía en todo el día, mejor dicho, no había sabido nada de nadie, sentía que me estaba ahogando en una burbuja y mi círculo se cerraba de a poco, no tenía idea de como estaban Domi y Colette, no le he escrito a mis padres, apenas vi a Aracelly y el tema con Bill se estaba volviendo color de hormiga, aunque esto último era lo que menos me importaba después de la escena con esa chiquilla que ni siquiera sé su nombre.
Sólo quería que llegara la noche y llegar a mi habitación, así olvidarme de todo y escaparme a la otra dimensión, ahí, donde cerrar los ojos te permite abrir nuevas puertas y colorear el mundo a mi manera, pero aún quedaban 4 horas para que pasara eso y el pensar no me ayudaba mucho, sólo me recordaba lo desdichada que soy y lo complicado que es trabajar en algo que no es de mi agrado, claro, en vez de estar en una universidad estudiando los sistemas del cuerpo y abriendo personitas yo me encontraba trabajando para quién sabe qué cosa.
No había mucho que hacer, Sam ordenaba unos papeles en su escritorio y los transcribía en la computadora y Lourdes leía un libro sentada en un sillón, a juzgar por el título era algo relacionado con psicología, me hubiese encantado compartir su lectura si en ese preciso instante no me hubiese sentido tan mal.
Mis hombros me pesaban, la espalda me dolía y la garganta me jugaba suciamente, era como un aire que subía y bajaba por mi esófago, el mismo aire que rondaba por mi cabeza, tal como si mi cuerpo pesara menos que una pluma, comencé a mover las piernas pero eso sólo empeoró la situación, antes que pudiese decir algo, un fuego horrible corrió violentamente de mi boca hasta el suelo, dejando mi polerón lleno de aquella asquerosa mezcla estomacal.

- ¿Estás bien?. Sí Lourdes, aún respira - escuchaba la voz de Sam cerca de mí, de pronto se volvió todo oscuro, por un momento pensé que había perdido la visión, pero sólo me había desmayado.

- Déjala, no la muevas, puede marearse denuevo, espera que se levante sola - dijo ella e intenté aclarar mi vista.

- ¿Qué me pasó? - dije al fin.

- ¡Niña! Cambiaste increíblemente tu tono de piel de un segundo a otro y vomitaste en toda tu ropa.

- ¿De verdad? Pensé que estaba soñando.

- Por eso me extrañó que dieras tantas vueltas en las sala - añadió Lourdes.

- ¿Vueltas? - me extrañé, en ningún momento hice eso, que recuerde.

- Sí, ibas de un lado a otro como animal de circo en su jaula - se burló Sam intentando cambiar mi cara de cansancio.

- ¿En qué momen...? Oh, Díganme que estoy loca.

- Puede que haya sido tu sistema nervioso, entraste en trance y ahora no recuerdas mucho, es algo parecido al efecto del alcohol. -informó firme la mujer.

- ¿Y mi ropa?

- La mandamos a labar - me sonrió Peterson dando a entender que todo estaba bien - Lourdes te prestó uno de sus uniformes.

- ¿Cómo? - la miré - ¿Ella... me cambió? - adopté un cara de vergüenza y estado de confusión.

- Sí -asintió- Pero no te preocupes, Sam no te vio -sonrió.

Ah- dije con poca convicción.

- Bueno, nos quedan 15 minutos -Sam dio un bostezo y estiró sus brazos- Deberías llevarla a su casa- le dijo a su compañera.

- ¿Tan rápido pasó el tiempo?- me alarmé y vi mi celular para comprobarlo.

- ¡Pero si dormiste 3 horas y media! -rió- Se nota que estás cansada, uno ya se acostumbra al ritmo de esto.

- In...creíble -comenté.

- Bien -Foreman dejó sus cuadernos y tomó el chaquetón que colgaba de su silla indicándome con gestos que me apresurara mientras ella salía rauda por la puerta, como siempre.

- Sí, en un segundo -abrí mi bolso para asegurarme que todo se encontraba en su lugar y poder irme sin preocupación- Adiós Sam.

- Adiós muñeca, ¡Cuida ese estómago! -y me retiré en busca de Lourdes.

Cuando llegué al estacionamiento busqué el auto de mi tutora con la vista, lo cual no fue difícil, ya que no habían muchos vehículos a tal hora de la noche, miré por las ventanas por si se encontraba adentro, pero nada, no obstante, me detuve a observar el reflejo de mi cuerpo, no había tenido la instancia de mirar con más detalle el uniforme que me había prestado Lourdes. Era muy elegante, de un color azul marino con detalles en las mangas y en el cuello, la blusa y la chaqueta me quedaban un poco grande, será porque nunca fui voluminosa de busto, pero aún así lucía refinado. Me puse a pensar, ¿Ésta sería yo en un tiempo más? ¿Seré capaz de llegar tan lejos por proteger a alguien que tal vez, en ese entonces ya no esté para mí, ni yo para él?

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Las pocas luces que continuaban en las calles de la ciudad eran suficientes para crear el ambiente de una escena que esperaba ser resuelta.
Pazhy, sin embargo, no deseaba ser incauta, pero aquello que había pasado hace unas horas la dejó con la cabeza en cualquier parte, así que no tuvo más que solventar sus dudas frente al acontecimiento.

- ¿Por qué hiciste eso? -interrogó aprovechada del semáforo que encendía su luz roja.

- ¿Qué cosa?

- Eso, ya sabes...

- No, no lo sé -dijo Bill con un tono bastante serio para ser de él.

- ¿Por qué me besaste?

- Ah, eso...

- Sí Bill, eso ¿No me dijiste que tenías novia?

- En realidad no la tengo - el semáforo cambió la señalización y echó a andar el motor.

- Pero, es que no logro entender -se acomodó en el asiento.

- Yo tampoco, sólo no le des importancia.

- ¿No darle importancia? Bill, nos conocemos desde la infancia, el que haya pasado esto no es cualquier cosa.

- No siento nada por ti, si eso te mantiene tranquila.

- ¡Eso es exactamente lo que me inquieta! Si no sientes nada, entonces ¿Por qué lo hiciste?

- No sé, María Paz, ¡No sé!

- Por Dios, ¿Sabes?, es mejor olvidar todo esto.

- Es lo que he intentado decirte desde el principio -Bill dejó de tensarse un poco creyendo que la conversación se había terminado.

- Y es mejor que yo me vaya de tu casa... -finalizó.

- ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

- Que si empiezas a tener esos "impulsos" es mejor que no sea conmigo.

- Pero si sólo sucedió una vez, ¡Pazhy, no puedo dejarte sola!

- No estaré sola -dijo segura.

- ¿Entonces?

- ¿No sería absurdo si te lo sigo? -se burló.

- Sería lo correcto -paró el auto- No puedes andar por Los Ángeles merodeando como mendiga.

- ¡Mendiga tu abuela! Yo veré como me las arreglo -abrió la puerta y caminó hacia la entrada.

- ¡No, si crees que te voy a dejar hacer esa locura estás muy equivocada!

- No tengo 14 años, esos días ya pasaron... -entró a la casa y subió las escaleras.

María Paz se veía confiada, como si estuviese planeando esto desde hace mucho, así como cual acto de rebeldía de madre e hija en la cual la segunda decide ser independiente y dejar la cuna de su familia, llenó sus maletas y bajó con éstas a la puerta sin dejar de escuchar los sermones de Bill, los cuales despertaron a su hermano, quien se hizo presente para descubrir cual era el problema que le había interrumpido el sueño.

- ¿Qué les sucede? ¡Parecen matrimonio! -alegó.

- ¡Cállate! -dijeron ambos al unísono con una voz que se escuchó en todo el lugar.

- Ok, ok ¿Qué pasó aquí? -dijo al ver las maletas de María Paz.

- Pues, me voy...

- No, no se irá -interrumpió Bill.

- Claro que me iré -discrepó

- ¿En qué te irás, ah?

- ¡En taxi! -manifestó como el rugido de una leona y lo evadió.

- ¡No! -pero algo lo hizo detener.

- Bill, déjala, no eres su madre

- ¿Tú que sabes? ¡Ahora estás feliz, tú querías que ella se fuera! -protestaba mientras forcejeaba con los brazos de Tom.

- No empieces a echarle la culpa a los demás, ella tendrá sus razones.. -manteniéndose firme

- El problema son esas razones...

- Ya, hermano, cálmate, actúas como si te gustara...

- No... no, ella no me gusta... -dijo calmándose de a poco, Tom suspiró y prosiguió.

- Sólo déjala, ya es grande, no necesita de ti para poder vivir en una ciudad...

- Tienes razón...

- Ahora, hablando del tema ¿Cómo te fue con...? Ya sabes..

- Pésimo, tu novia casi me deja estéril.

- ¿Qué tiene que ver Ara con Lala?- interrogó de manera entre cómica y confundida.

- Es una larga historia...

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- Ahí estás.

- Tu uniforme, es lindo -le sonreí.

- Es sólo lo que corresponde -dijo y presionó el botón de sus llaves para quitar la alarma.

- Supongo... -abrí la puerta y me abroché el cinturón.

No tenía intensión de empezar una conversación con ella, porque verdaderamente sólo deseaba mi cama y el poder descansar, pero la etapa se fue dando de otra manera y curiosamente, los papeles cambiados.

- Primer día... ¿Qué te pareció?

- Aburrido.

- ¿Te esperabas tal recibimiento?

- No.

- ¿Qué sientes sobre lo que pueda pasar? ¿Miedo, ansias, curiosidad?

- Me da igual.

- Es normal.

Lourdes parecía entender mi estado, era como si se metiera dentro de mi cabeza y tuviera comprensión de todas mis acciones, sentí culpa por haberle respondido tan cortante, pero a estas alturas decidí dejarlo pasar, creo que ella ya debe entender el por qué de mi ánimo.

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Lo que había anunciado no era una broma ni algo por lo cual hacerse fuerte, María Paz de verdad sabía exactamente donde ir, la razón de todo esto radica en su primera clase de danza, si bien había interactuado con muchas personas, y la pequeña Ying Ye no estaba excluyente de eso, además a Pazhy le llamó intensamente la atención aquella niña que se retiró de la nada de aquél estudio que no dudó en preguntar su nombre y todo lo que pudieran entregarle, se veía muy amigable y la chica japonesa le dijo que podría ayudarla cuando necesitara, pero ¿Lo estaba tomando de una forma correcta? No lo sabría hasta que su taxi se detuvo en la dirección que el papelito escrito por Ying indicaba.

- ¡Gracias! -dijo animosa y subió las escaleras, su expresión fue la misma que la de las chicas, un asombro por el lujo de aquel hotel y por lo bello que se veían los vidrios de la puerta, tanto así que daba una angustia el tener que empujarlos por el miedo a que éstos pudiesen romperse o algo por el estilo.

La muchacha acudió a la mesa larga de la recepcionista y le entregó el mismo papel que el taxista ocupó para llevarla a ese enorme lugar.

- ¿Es usted pariente de la señorita? -dijo la mujer.

- Eh.. sí, es... amiga de mi hermana.

- Espere un momento, llamaré a su habitación -tomó el teléfono y marcó el número correspondiente a la suite- Señorita, no contesta, probablemente no haya nadie en esa habitación.

- Quizás esté durmiendo, siga intentando, por favor.

- Bien...

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- ¿Y viste como finalizó todo? ¡Fue estupendo! Y entonces yo dije "¡Jamás volverás a este lugar sin antes pisar los restos de mi cuerpo!"

- Sí, que gran final... -decía Colette sin mucho entusiasmo mientras caminaba con un café en la mano acompañada de su fiel amiga Dominique.

- ¡Definitivamente amo el teatro! ¡Sólo quedan 2 días! ¡2 días, Colette! -el café saltaba por todas partes por los brincos de la chica.

- Sí, lo sé...

- ¿Crees que Lala pueda ir?

- No lo sé, creo que debe ir al doctor...

- ¡Pero la función es a las 7! ¡Y la pasaremos tan bien! ¡Sería nuestra oportunidad de pasar un rato juntas! ¡Sí! -atrapó en sus brazos a Colette y exclamó- ¡Todas juntas!

- Sí Domi... ¡Todas juntas! -dijo queriendo imitar toda la alegría que desbordaba la santiaguina, pero le fue imposible, Colette no sabía fingir su molestia.

Y así el camino casi se hizo eterno, y es que a Colette le disgustaba excesivamente tener que opacarle el momento a Dominique aunque sea por su rostro, porque aparte de su estado anímico, se encontraba muy cansada, y el café no había hecho efecto en absoluto.

Para cuando llegaron al hotel ya no quedaban más que 5 minutos para las 10 de la noche.

- ¡Hola! -saludaron ambas y la recepcionista les saludó un tanto incómoda.

- Colette... Creo que algo pasa...

- ¿Ah, sí? -volteó- Dominique, no te metas en asuntos ajenos, necesitamos dormir -a lo que ella no hizo caso y se devolvió dejando atrás a su extenuada amiga francesa.

- ¿Hay algo mal? -interrumpió sin querer ser imprudente.

- Sí, señorita Garrido, creo que hay un inconveniente con la habitación de su amiga, la señorita Rojas.

- ¿Por qué lo dice? -levantó una ceja.

- Esta joven dice que la conoce y viene a verla.

- ¿Y quién eres tú?

- ¡Hola! -sonrió y extendió su mano- Me llamo María Paz Riquelme y voy en la academia de tu amiga.

- ¿Y por qué estás aquí?

- Bueno, yo... -no bastó que María Paz terminara su respuesta para que otra sorpresa viniera justo a tiempo.

- ¿Dominique? -pregunté atónita de lo que estaba viendo.

- ¡Aquí estás! ¿Y esa pinta? ¿Dónde fuiste? -dijo bromeando mientras yo no despegaba mis ojos de la muchacha del cual su rostro me era bastante familiar.

- ¿Qué hace ella aquí?


lunes, 20 de junio de 2011

Capítulo 21 - No pierdas la noción





Tom tomó la actitud de Bill como algo instantáneo, tanto así que preguntó de golpe:

- ¿Qué pasó con ella?

- Pasó lo que no quería...

- ¡Mierda! -Tom entendió al instante de lo que se refería su hermano, pero aún así preguntó para confirmarlo- ¿María Paz?

- Sí.

- ¿Qué pasó, te vio, le dio celos?

- Cuando acabe el día te contaré más detalle.

- Ah, que fé te tienes, hombre.

- ¿Qué?

- Te das por vencido muy pronto, das como perdido el día.

- No te entiendo.

- ¡Ve a buscarla!

- No puedo, tengo que estar con Pazhy hasta que termine su clase.

- Bueno, suerte con eso.

- ¡No, Tom, no me cortes!

- Creo que estás solo en esto, debes tomar una decisión antes de que se ponga peor.

- Lo sé, pero ahora mi prioridad es Pazhy.

- De acuerdo Bill, pero ten en cuenta que lo haz dicho tú.

- ¿Qué cosa?

- Adiós, debo colgar.

- No, ¡Tom, ayúdame! -

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Las calles nunca fueron tan grandes y extensas para Colette, será porque siempre las recorrió acompañada y solía tomar más atención al tema de charla que al paisaje, en esta oportunidad, se detuvo y trató de recuperar su serenidad para pensar en algo antes de que todo empeorara.
Primero, no debía correr en cualquier dirección, sino que en la del teatro, porque, era cosa de lógica que Dominique se encontrara ahí, eso por un lado la mantenía con la razón aún dominante. Lo verdaderamente anormal fue el extraño caminar que adoptó, hace unos segundos su corazón casi se descarrilaba por culpa de la hora y el atraso que tanto odia Luke, por otra parte, la idea de triunfar como actriz se le estaba desgastando con el tiempo.

Eso no impidió que llegara a su destino, Colette no era irresponsable, menos cuando involucraba a otra persona como era Dominique, y ella sí que estaba entusiasmada, bastaba sólo con verle la cara cuando Colette entraba al camarín y dejaba lentamente su bolso en la mesita del tocador. Una mirada casi insoportable que te gritaba "¡Debemos estar perfectas!" antes de que pudieras escuchar cualquier sonido de disgusto o emoción de la boca de Dominique.

No era para menos que la chiquilla santiaguina había estado despertando sus dotes como actriz de una manera muy positiva las últimas sesiones, era casi como verla enamorada, enamorada del arte del teatro, y llegaba a ser escalofriante que eso pudiese llegar a un punto crítico en su pequeña humanidad.

Pero Colette sabía que no podía abandonar esto así como así, no era una mujer que dejaba las cosas a medio hacer, no era alguien desleal ni mucho menos egoísta, entonces, aunque ella padeciera de una horrible enfermedad que le estaba causando una repugnancia a Luke y su paupérrimo criterio de actuación, no lo daría a conocer ni de casualidad.

¿Quién más ingenua, Dominique o Colette?

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No estaba segura sobre mi estado en el momento de salir del auto, ni siquiera sabía que cosas debería hacer, todo esto era realmente una especie de adaptación al juego del miedo que nunca quise experimentar.

- ¡Ya era hora!- quise tomar aquella expresión como un saludo y no como una queja estrictamente.

- Hola Sam.

- ¿Por qué tanta demora?- miró a Lourdes.

- Hubo inconvenientes en el camino, tránsito, ya sabes- se sentó y comenzó a teclear.

- ¿Qué debo hacer ahora? -pregunté deseando ubicarme en todo el asunto.

- Necesitamos registrar tu hora de llegada... -dijo el hombre sin despegar la vista de su enorme y delgado monitor.

- Enton...

- ¡Listo!- avisó sin dejarme concluir.

- Andando, Rojas... -Lourdes se puso frente a mí invítandome a caminar hacia la puerta que daba al pasillo.

Ambos acompañaban mis pasos, Sam a mi derecha y Lourdes a mi izquierda, pude notar en la cara de Sam un pequeño grado de preocupación, esperaba que no fuese por mi impuntualidad a la cita. Por otra parte, Lourdes se veía como siempre, sus facciones no cambiaban en absoluto, a veces me preguntaba si había algo de sensibilidad en ella, estoy segura que sí.

- Oigan... -interrumpí un poco tímida y proseguí- me gustaría saber que es lo que debo hacer ahora, si no les molesta decirme, es decir... Necesito prepararme psicológicamente.

- No será difícil muñequita- respondió Sam- sólo te presentarás frente a la agencia.

- ¿¡Qué!? ¡Pero! No me dejaron cambiar mi ropa, estoy con...

- No interesa tu atuendo, a Tyler sólo le importa saber que estás aquí- prosiguió Lourdes con mucha seguridad.

- Vaya, me sentiría halagada si ese hombre fuera un poco más amable en sus tratos.

Agradezco que la conversación sólo haya quedado hasta ahí, para cuando había pronunciado la última sílaba los dos sujetos ya habían encontrado la sala correspondiente, confieso que me encontraba nerviosa, ¿Y si debía dar algún discurso? ¿Cómo serán los otros que trabajan aquí? ¿Daré una buena impresión? Y denuevo aquella pregunta que siempre regresa a mi cabeza.. ¿Para qué diablos me quiere Tyler?

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Bill estaba desesperado, no sabía si entrar a ese estudio y sacar a María Paz de un brazo sin importarle nada e ir a buscar a Lala o quedarse ahí hasta que el día transcurriera y llegara a su fin, meditaba como loco, como nunca antes lo había hecho, tanto así que su cuerpo experimentaba pequeñas convulsiones en sus manos y labios, caminó hacia la recepción en busca de un vaso de agua, no obstante, recibió algo más...

- ¡Tú!

Bill volteó al escuchar ese grito femenino que suponía era para él.

- Ara -dijo en una batalla para que sus labios dejaran de crispar- ¿Cómo estás?

- ¡Infeliz! -y le propinó un manotazo en la cara.

- ¿¡Qué te pasa!? -alegaba tomándola de los brazos para poder defenderse.

- ¿Y preguntas? ¡Eres un sinvergüenza! - esta vez su rodilla chocó violentamente con la entrepierna de Bill.

- ¡Auch! - la soltó para responder a su impulso humano al haber sido atacado.

- ¡Te mereces eso y más! ¿Y sabes algo más? ¡Jamás volverás a ver a Lala!

- Ok... -dijo después de un rato queriendo recuperar el aliento- ¿Y eso por qué sería? -se dejó caer en la alfombra- Por lo menos déjame saber el por qué casi me dejas sin hijos.

- ¡Porque eres igual a todos los hombres! ¿Cómo tienes moral para entrar con otra mujer de la mano mientras Lala está ahí dentro?

- Oye, yo en ningún momento le tom... -se retorció por el dolor que aún tenía.

- No, no, ¡Por supuesto que no! Si ahora lo negarás todo, te harás la víctima y tratarás de convencerme con excusas baratas como "No Ara, yo amo a tu amiga y jamás le haría daño"

- Aracelly, ¿Qué estás insinuando?

- Ahora soy yo la que piensa mal ¿Verdad? -dijo esta vez más enojada.

- No, espera... -se paró y le tomó los hombros- No quiero que entres en un mal entendido.

- ¿¡Qué mal entendido Kaulitz si te vi yo misma!?

- Mira, puedo explicártelo pero en otra parte, por favor, deja de gritar.. ¿No quieres salir al patio?

- ¡No! ¿Ahora conmigo? Bill, nunca pensé que llegarías a eso.

- ¡Aracelly!

- ¿Quién era ella? Por lo menos dime su nombre, para que Lala tenga una razón más concreta por la cual odiarte.

- ¡Aracelly, ella es María Paz, y no es nada mío, sólo es mi amiga!

- Sí, amiga...

- Te lo juro... Jamás engañaría a tu amiga, daría todo por ella -en esos instantes algo se posó en la espalda de Bill haciéndolo tambalear.

- ¡Ya terminé! ¿Dónde vamos ahora? -decía Pazhy con la cara llena de alegría rodeando con los brazos a su amigo.

- Pazhy... no... Ara... yo... ella.. no...

- Adiós Bill -dijo y se retiró sin titubear.

- Aracelly, no... ¡No, no, no, no, no! -se tomó la cabeza y golpeó la pared.

- ¿Qué pasa Bill, quién era ella?

- No importa.. no importa... -la cara de Bill era totalmente descompuesta.

- No me digas que... -tapó su boca- ¿Era tu novia?

- ¿Qué? ¡No!

- ¿Bill, era tu novia? ¡Cuánto lo siento! ¿Se puso celosa? ¡Tengo que ir a pedirle disculpas y decirle que la amas!

- No Pazhy -le agarró la muñeca- déjalo así.

- ¡Pero Bill! Yo no quiero verte triste, debes llamarla y explicarle todo...

- Sé que le debo una explicación... ¡Pero no es mi novia! -acentuó

- Oh, Bill... No seas así conmigo, sabes que puedes contarme lo que sea... Mira, iremos ahora a que te relajes y después, cuando ya se le pase un poco el enojo la llamarás.. -sonrió con una actitud esperanzadora.

- Uff.. Ya qué... -el muchacho se dio por vencido y salió del rascacielos lo más rápido que pudo.

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Nada más alcancé a respirar mientras caminaba por el pasillo alfombrado lleno de sillas y una mesa gigante que los mantenía a todos ordenados, a ritmo de mis pasos cada uno iba abandonando su respectivo asiento y se mantuvo de pie, eran hombres y mujeres, algunos lucían muy serios, otros las arrugas los delataban y al final, estaba Tyler, con su típica expresión entre sumisa y obsesiva por saber toda la fortuna que iba a sacar de mí.
Lourdes me señaló mi lugar, estaba al lado de Woods, permanecí de pie para no ser descortés, pensé que el hombre tenía algo que decir por mi llegada, pero sólo sentía en mí las miradas de toda la gente en el salón, me sentía el centro de la atención, pero no era para nada agradable, me miraban de arriba hacia abajo, una vez más me culpé por no venir presentable, creo que entre mi pantalón gris y mi polera negra que se asomaba por el cierre semi-abierto del polerón del mismo color, difícilmente podrían creer que yo era una parte "importante" de cualquiera sea su maldito proyecto.

- Señores -decidió por fin hablar y aproveché de botar todo el aire que mantuve en el tortuoso silencio- ahora, podemos tomar asiento- todos hicieron caso a la petición, incluyéndome, para poder continuar- Los he convocado a esta reunión por algo muy importante... Estoy aquí para anunciarles que nuestra empresa tendrá muchos cambios... -su énfasis en la última palabra me hizo aflorar una leve curiosidad sobre qué iba a decir- uno de ellos tiene que ver con la señorita que tengo a mi lado... -todas las miradas se dirigieron nuevamente a mí- Porque ella es la llave hacia un gran futuro, un futuro completamente positivo para cada uno de nosotros, desde la primera vez que la vi supe que ella era lo que le faltaba a esta empresa para poder surgir y liderar en las encuestas, ella es la pieza faltante a nuestros planes, quien hará que sus cifras bancarias aumenten de una forma totalmente benéfica... Quiero presentarles a nuestra nueva Gerente de comunicaciones...

- ¿Cómo? -interrumpió uno - ¿Es una broma? ¿Niña, cuántos años tienes, 15? -se burló.

- Tengo...

- Tiene 19 señor Walker- respondió por mí- ¿Tiene problemas con eso?

- No señor Woods, ninguno... -y bajó la mirada juntando sus manos sobre la mesa.

- ¿Alguien más tiene otra pregunta?- todos ignoraron la interrogante con un miedo terrible que se hacía notar en toda la sala- Bien, me parece, espero que todos se lleven muy bien con la señorita Laura Rojas.

- Sí, señor Woods.

- Un momento... -Tyler se levantó de su silla y plasmó su mirada en una dirección- Cox, ¿Dónde está el inútil de tu amigo?

Casi olvidaba que Cindy era parte de todo, y también dirigí mis ojos a su silla, aún no entendía del todo que era lo que pasaba.

- No sé Señor, Joseph no llegó al trabajo hoy en la mañana... -me sorprendía todo el terror que escondía el timbre de la simpática y alegre maquillista, ese miedo que sólo Tyler le hacía sentir.

- ¿No le dijiste que había una reunión?

- Pensé que sabía, Señor...

No podía quedarme así, estaba casi segura de saber donde estaba Joseph, porque claramente llevé a Estefanía para que hablara con él, pero... ¿Tanto se había demorado?

- ¡Ese idiota, para mañana no tendrá ningún puesto en esta empresa!

- Estaba conmigo... -interrumpí como un relámpago.

- ¿Qué dices? -suavizó raramente su voz y me miró.

- Que estaba conmigo... él... él... me dijo que se sentía mal... estaba con náuseas... sabía lo de la reunión... quería venir a como dé lugar, pero le dije que se quedara, si él no está aquí es por culpa mía... -terminé decidida y miré a Cindy indicándole con mi cara que todo estaba bien.

- Ah... Bueno, espero que esto no vuelva a repetirse, espero que se entere de todo esto...

- Lo hará... -mi respuesta sorprendió a todos, por alguna extraña razón, creo que entre todas las personas de esa sala era la única que Tyler no me intimidaba con su presencia y podía hablarle como a cualquier otra persona.

Así siguió con su larga charla y extraños proyectos de los cuales, obviamente, yo sería partícipe, pero sinceramente sólo anhelaba que la reunión terminara lo antes posible.

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- No veo cambios en tu cara... ¿Tan malo fue?- preguntaba jugando con la larga cuchara en sus dedos.

- No Pazhy, es que sinceramente me cansa la idea de tener que lidiar con tantos malos entendidos.

- ¿Fue mi culpa?

- Completamente no... mira, te aconsejaría que no te metieras en esto, es algo de lo cual debo solucionarlo yo.

- Pero Bill, esa niña te miró con una cara tan... -hizo gestos exagerados con sus manos- no sé, ¡Como si en ese momento fuera a estallar de celos!

- Sí, sí como digas, pero eso lo resolveré yo. ¿Escuchaste? -Pazhy asintió poco convencida- Mira, mejor cambiemos el tema, ¿Cómo fue tu primera clase?

- Oh... ¡Fue fantástica! Todos son muy amables, sólo me costó un poco al principio porque mi inglés no es muy fluido, pero fueron muy simpáticos y me ayudaban a comunicarme con señas para que nos entendiéramos mejor- Bill rió.

- Sí, eso suele pasar cuando llegas acá...

- ¿Cuánto te costó acostumbrarte?

- Unos meses, digo, para hablar fluidamente... Es que debes tener en cuenta que los chicos y yo tenemos una especie de "obligación" a entender el inglés, tenemos clases, todo eso.

- Ah, sí entiendo, no creas que se me olvida que tengo un amigo famoso- dio una risita.

- El problema es que a mí a veces se me olvida...

- ¿Por qué lo dices?

- Por nada, ya no tengo hambre.

- Osh, ¡Pero hombre, te queda poquito! Además, es tu helado favorito.

- Creo que ni mi helado favorito puede hacer un milagro en este momento.

Pazhy se paró sin decir nada y miró al suelo, a lo que Bill la siguió extrañado.

- ¿Te ocurrió algo? -pero éste no tuvo respuesta, sólo dos brazos alrededor de su cuerpo que apretaban todo su tórax de manera cálida- ¿Pazhy?.

- Abrázame.

Por alguna extraña razón Bill cerró los ojos antes de escuchar esa palabra, para cuando lo hizo se imaginó a aquella persona que no podía sacarse de la cabeza, a esa persona que le era tan valiosa, pero problemática a la vez, y aún así la anhelaba con toda su alma, por quien podría dejar todo y a la vez nada, sólo para hacerla feliz... era ella, la chica con quien compartió tantos momentos bellos, quien le dio a su triste mirada una oportunidad para ser feliz, quien le dio a entender el amor de la manera más pura y real, quien a pesar de ser tan particular entre todas las mujeres lo volvía loco, quien había tejido una hermosa historia de amor en su pecho y nunca la podría deshacer... pensaba en Laura y en lo enamorado que seguía a cada instante, con o sin verla, él siempre la sentiría cerca, siempre la recordaría y lucharía hasta el final...

Nunca pudo entender el nexo entre cada segundo que pasó, entre cada mini segmento que hizo separar levemente el cuerpo de esa mujer y él para luego culminarlo en la unión de sus labios aliados por la confusión de lo que pasaba por la cabeza de Bill en esos momentos...

¿Era este... el comienzo de otro problema?


lunes, 25 de abril de 2011

Capítulo 20 - Por un pelo de rana.


¿Algún complot contra mí?
Sea como sea, el sentimiento que experimenté en esos momentos no se lo deseo a nadie, ¿En qué momento Bill conoció a esa niña si sólo me ausenté de su vida por 1 día? ¿Un mísero día basta para reemplazar a una persona como yo?.. ¡Vaya!
No dije nada porque simplemente mi mente no me lo permitió, estaba congelada y totalmente retraída, y es que, estaba segura que si decía algo no sería del todo agradable, hay que añadir a esto que me odiaría por toda la vida si mis chicos se ven incluidos en mis enredos personales, decidí pensar antes de hablar, pensar... Sólo pensar y ser leal a mi silencio.

- ¿Hola?, ¿Interrumpí algo? Están todos muy callados... -dijo la niña llevando su mano a la boca.

- No, no -intervino Nicole- Bienvenida, ¡No te había visto por aquí anteriormente!

Y fue en ese momento cuando recibí una señal divina que me hizo ausentar de la dramática escena, la vibración se hizo notar en el bolsillo de mi pantalón para llevar mi celular a la oreja y salir del salón, ignorando completamente a quien tuviera en el camino, incluso a Bill.

- ¿Hola? ¿Quién habla?.

- ¡Laura, te dije que te necesitaba a las 2 en punto! ¿Dónde estás? -su voz se oía bastante enfadada.

- ¿Lourdes? ¡Santo Dios! ¡Olvidé eso!- me apoyé de golpe en la pared para dejarme caer.

- ¡Regresa ahora! No tenemos tiempo que perder, Tyler odia la impuntualidad.

- Lo siento muchísimo, es que aún no asimilo bien las cosas y...

- ¡Después me das tus excusas! ¡Sal ahora! -dijo impidiéndome terminar.

- Ok, ok... -me paré lo más rápido posible- Iré corriendo al hotel.

- ¡No! Ya estoy afuera del estudio.

- ¿Y cómo supis....

- Sam te buscó tu ubicación por tu teléfono móvil, ¡Sólo apresúrate!

- Caracoles, ustedes si son psicópatas.

- ¡Que salgas ya! -vociferó.

- ¡Ya, ya voy! -me eché el bolso al hombro y corté.

No sé con exactitud si aquella llamada significó algo bueno para la situación, más bien fue un problema que me sacó de otro, en realidad, de otro muy grande.
En el camino vi a Ara, se veía muy molesta y corrió a mí con los brazos cruzados.

- ¿Lo viste? -me dijo.

- ¿A quién?

- ¡A ese desgraciado! -exclamó con rabia.

- ¿Quién? ¡No tengo mucho tiempo!

- ¡A Bill! ¿Viste con quién iba?

- No, y no me interesa... -pasé por su lado histérica por el sonido de la bocina que se hacía notar a las afueras del rascacielos.

- ¡Lala! -alegó Ara a distancia.

- ¡Después conversamos! -dije antes de cerrar la puerta y escaparme de mi vida "normal" para entrar a la de una "gángster"

Ahí estaba su auto con Lourdes adentro, se veía furiosa pero su boca no dio señales de aquello, seguramente por órdenes de Tyler, creo que tienen un tremendo interés porque me quede en el negocio.
Esperé la reacción más lógica, esperaba, incluso algún gesto que expresara su prisa, pero nada. Lourdes era muy profesional para manejar sus sentimientos, o para ser más realistas, mantener la calma en el minuto que tus emociones hierven para dejar escapar un impulso humano.

- Lo lamento mucho, lo había olvidado por completo...

- Ya no importa, debemos apresurarnos. Sólo espero que no se vuelva a repetir- sólo en ese instante dirigió su vista hacia mí para comprobar que yo estaba de acuerdo con su preposición.

- Nunca -concluí para su tranquilidad y me olvidé por completo de todo el entorno y las personas que me rodeaban en ese salón.

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- ¿Alguien puede explicarme qué fue eso? -Nicole tenía los ojos como dos platos de sopa.

- Ni idea -Pazhy se encogió de hombros y volteó para ver a su compañero- ¿Qué te pasa, Bill?

Gran evidencia, todos los rasgos de Bill encarcelaban un nerviosismo terrible combinado con la mirada terrorífica con la cual divisaba los ojos de su amiga para responder a penas por sílabas.

- No-no es... na-da... -y para ser sinceros, ni él se lo creía.

- ¿Seguirá haciéndonos clases usted, señorita Nicole? -preguntó Ying con su característico tono ingenuo y lleno de timidez.

- Así parece, creo que nuestra "amiga" tuvo que evacuar el lugar de urgencia... -giró en sus talones dando la vista al espejo del salón- Aunque no sé que es más importante que un grupo de personas que es lo único que le queda en este país...

- ¿Quién era ella? -se hizo presente la alegre María Paz totalmente confundida por la situación.

- Era la..- Ying tomó la pregunta casi por inercia

- No era nadie -le cortó Nicole- ... Ahora debemos seguir ensayando...


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Era un Lunes sin emoción ni anécdotas que contar, por lo menos para Colette y Dominique lo era, hace días no tenían una conversación con Lala como correspondía y esto ya se hacía notar. Era claro, llegaron juntas y deben permanecer juntas a pesar de todo.

- ¿Te has dado cuenta que ya casi no hablamos con Lala? -decía Colette mientras caminaba con la chilena por una larga y estrecha calle para llegar al teatro.

- Será por sus nuevas obligaciones -agregó Dominique.

- ¿Nunca has pensado que nos estamos separando cada vez más? -la chica de pelo castaño claro frenó de golpe.

- Supongo que eso es lo más lógico por su trabajo.

- ¿Y no te sientes mal por eso?

- Nos lo sintamos o no, no creo que cambiemos algo- respondía de una forma fría y racional, demasiado racional.

- ¿No crees que deberíamos buscar a otra persona?

- ¿Reemplazar a Lala? ¡No! -Dominique respondió como si se tratara de una ofensa hacia su persona.

- ¡No mujer, no me refiero a eso! -la francesa empujó la puerta que hizo sonar las campanitas del Wonder Coffee y ambas entraron a buscar una mesa para ganar un poco de tiempo antes de el estrés que significaba trabajar con ese estúpido de Luke y sus alegatos.

- ¿Entonces? -Domi sólo la seguía con la intención de descubrir qué se traía entre manos.

- Creo que deberíamos ampliar nuestro círculo, ¡Sólo somos tú y yo! ¿Comprendes?

- Comprendo tu pregunta, pero aún no comprendo a qué punto quieres llegar.

- ¡Dominique!

- ¡Ves! Algo tramas, ¿Qué tienes? ¿Una nueva amiga cibernética?, ¡Por eso me trajiste acá!

- No, no. Nada de eso, es sólo una idea... -tomó la carta entre sus manos- Pero si no quieres, entonces ¡No importa! -se cubrió la cara con la gran libreta del menú.

- Espera... -sujetó su mentón tratando de buscar alguna respuesta en el aire- Creo que ya entendí...

- ¿De verdad?

- Sí...

- Pues me parece bien... -seguía desde el otro lado del cartón.

- ¡Sería más fácil comunicarte mi respuesta sin el menú tapando tu cabeza!

- Lo siento - destapó su cara y le escuchó con atención.

- Lo que me estás tratando de decir, es que seamos más sociables e intentemos formar amigos, pero. ¿Para qué?

- Bueno Domi, no sé tú, pero yo necesito tener nexos con otras personas que no tengan un acento raro al hablar en inglés.

- ¿Me estás diciendo que mi inglés es malo? -volvió a ponerse a la defensiva.

- No digo eso, si no que es muy evidente que eres latin... -Colette no alcanzó a terminar el enunciado cuando Dominique levantó el brazo para llamar al mozo- ¿Qué vas a hacer?

- ¿Con que no sé hablar en inglés? ¡Ya vas a ver!

- Dominique... -su intento de detenerla fue inútil.

Cuando el chico vestido elegantemente se acercó a la mesa para atender a Dominique, ésta comenzó a hablarle como si no lo hubiese hecho hace décadas, decía frases extensamente largas y con un alto grado de rapidez, a lo que el joven asentía y le contestaba con educación, ¡Hasta comenzó a entrevistarlo por su vida personal! y esto fue lo que colmó a Colette.

- ¡Ok, ya basta! -golpeó la mesa- ¡Ya entendí, ya entendí!- las miradas de ambos sujetos quedaron pegadas en ella quien trataba de disculparse con gestos pero seguía firme en sus palabras- Tú... -apuntando a la chilena- deja de acosarlo como si no tuviera trabajo que cumplir, y usted- apuntó al mozo- podría pedirle que se retire y nos perdone por hacerlo perder tanto tiempo.

- Sí, señorita, pero no se preocupe, no me molestó en nada.

- ¡Cómo sea! -Colette se dio cuenta de cómo sonó esa expresión y se retractó- Por favor, disculpe... Lo llamaremos cuando necesitemos algo.

- De acuerdo, disfruten su café... -y se retiró en dirección a la cocina.

- ¿¡Qué te sucede!? ¡Ahora resulta que prendes con agua!

- ¡No, pero no soporto que me subestimen!

- ¡Dominique, te lo tomas muy en serio!

- Ya cállate -se cruzó de brazos para no continuar con los gritos que las tenían como el punto de atención de la gente al rededor.

- ¡Y todo comenzó por una pequeña idea de conocer más personas!- se quejó Colette.

- No quiero hablar más del tema.

- ¿Ves que eres inmadura?

- ¡Tú también lo eres! -volvió a gritar- ¿Por qué me sigues el juego?

- ¡Porque... porque! ¡Ya, olvídalo! ¡Ya pasó!.

Domi accedió a tomar un sorbo de su café para intentar tranquilizarse, luego de un tiempo de ver el rostro tenso de Colette, dio un suspiro y agregó:

- Lo siento...

- Ya no importa Dominique... -dijo derrotada y echó una ojeada a su reloj- ¡Ya son las 3!

- ¿Qué? -se paró lo más rápido que pudo dejando el café a medio tomar viendo como Colette salía disparada por la puerta.

- ¡La hora, la hora! ¿Cómo demonios pasó tan rápido?

- ¡Colette! ¡Colette! -gritaba desde atrás abrochándose la chaqueta.

- ¡Domi, apresúrate!

- ¡Colette, no pagaste la cuenta! -paró para llenar sus pulmones de aire mientras contemplaba el suelo, sin embargo, cuando por fin levantó la vista su compañera ya no estaba.

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En la casa de los Kaulitz el ambiente era calmado, agradable y sin novedades que modificara el estado de Georg, Gustav y Tom. Era un día ideal para tocar canciones, aunque faltase la voz de Bill, sus instrumentos musicales eran la salida que tenían del mundo, y eso los hacía inmensamente felices.

Felices, felices hasta aquél momento infaltable, porque como ya sabemos, nada es del todo normal en la vida de los chicos de Tokio Hotel.

Tom hacía un gesto para que sus amigos dejaran de producir melodías improvisadas mientras sostenía en su mano derecha el celular que aún vibraba.

- ¿Hola? -la voz del otro lado era automáticamente reconocible para él, era Bill llamando con un tono un tanto extraño.

- ¿Quién es?- preguntaron los G's buscando la respuesta a la expresión facial de Tom que cambió de un segundo a otro.

El gemelo mayor movió sus manos como queriendo decir "después les contaré, ahora necesito hablar a solas" lo que, afortunadamente, ellos entendieron. Así, Tom caminó hasta el comedor para escuchar mejor a su hermano.

- ¿Qué pasa, Bill? ¿Por qué suenas tan.... diferente?

- Pasó algo terrible, Tom... -Bill sonaba como si tuviese una aguja clavada en el pecho que le impedía hablar de corrido y respirar con serenidad.

- ¿Qué cosa?

-.... -su hermano ejecutaba momentos de silencio que agobiaban a Tom por la exasperación de no tener idea lo que tenía así al joven delgado.

- ¡Mierda, Bill, habla!

- Ocurrió un tremendo malentendido... -y tragó saliva para mejorar su faringe.






sábado, 9 de abril de 2011

Capítulo 19 - Malos presentimientos


- ¿Estefanía? ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás aquí, tirada en el suelo... -traté de buscar la frase correcta- tan.... ajena a tu personalidad?

- Ara está con Tom en el departamento y probablemente él no vuelva a su casa esta noche.

Los brillantes ojos y la cálida mirada que proyectaba Estefanía era más que suficiente para entender la razón que la acongojaba, a nadie le gusta sobrar en un lugar... Pero ¿Por qué a ella le afectaba tanto?.

- Entiendo... -giré la llave con cuidado y abrí la puerta esperando que en ese lápsus de dejar mi bolso en el suelo se me ocurriera algo- Ven, entra... no te quedarás afuera.

- En realidad vine para hablar con Joe...

- ¿Con Joe? -me extrañé- Entonces deberías ir a su habitación en lugar de la mía ¿No crees?

- No sé donde está... -la cara de Estefanía tomaba un aspecto tan frágil e ingenuo que era imposible regañarla aunque fueran las 11 de la noche.

- Debe estar durmiendo -dije con una sonrisa tratando de dejarla satisfecha con mi respuesta.

- Ah.. -pegó su mirada a la alfombra.

- No quiero ser imprudente pero. ¿Qué querías hablar con él?

- Cosas -tomó aire- sin importancia... -me detuve a pensar un poco antes de responderle.

- Si fuera sin importancia no habrías venido tan tarde, arriesgándote a la noticia de que él no se encontrara despierto.

- Supongo- dijo siendo fiel a su desánimo.

- Le hablarás mañana -sonreí- Ahora entra, necesitas descansar.

- No te preocupes, regresaré con Ara -antes que pudiera perderla de vista la detuve de la muñeca.

- ¿Y arriesgarme que te pase algo en el camino? No, ¡Te quedas aquí! -dije en un tono que combinaba regaño y simpatía para que no pensara que estaba enojada y eso la pusiera peor. Claro, ya era raro que no me hablara cada 5 segundos y diera pequeños saltitos que pusieran en evidencia su galopante felicidad, no podía quedarme de brazos cruzados viendo como su alegría se degradaba frente a mis ojos.

- Gracias...- fue entonces cuando soltó una tímida sonrisa.

Al interior de mi alcoba todo fue un poco más tranquilo, la invité a que conversáramos y me confiara que es lo que le ocurría, lo cual se me hizo difícil, pues yo debía persuadir cada situación para que pudiera confirmarla y así obtener un poco de información importante. Se veía insegura y con un pequeño extracto de aquello que llaman miedo. ¿Miedo a qué?

- Al parecer te agradó bastante Joseph... -dije mientras me cepillaba el cabello.

- Sí, es buena persona.

- ¿Sólo buena persona?- interrumpí al momento de procesar su respuesta.

- ¿A qué te refieres? -levantó la cara para mirarme.

- ¿No lo encuentras guapo?

- Ah, sí... Pero sólo amigos.

- Así empieza todo -traté de darle ánimo.

- Eso dicen...

- Por como lo dices... Creo que te gusta... -añadí.

- ¿Joe? No... claro que no.

- Yo pienso que, claro que sí.

- No- reiteró esta vez con más seriedad.

- Vamos, ¿Qué tiene de malo que te guste?

- Él me dijo que ya había alguien en su corazón... -dijo con un tono más bajo del que tenía anteriormente.

- Ah... Y ¿Sabes quién es? ¿Te lo dijo?- la conversación empezó a tornarse interesante, por alguna razón que desconozco.

- No, pero me dijo que estaba luchando contra sus sentimientos...

- Entonces no le gusta tanto esa niña... -concluí.

- Yo pienso que le gusta mucho, pero su amor no debe ser correspondido.

- ¿Cómo?-de un momento a otro la inseguridad de Estefanía se pasó a mi cuerpo junto con una curiosidad casi de otro mundo.

- No sé, tal vez ella tenga novio o no le guste simplemente...

- Pero... Joe no es de muchas amigas, es decir... Su trabajo no lo deja relacionarse con mucha gente anexa.

- Mencionó algo de "Sentimientos fugaces" pero no sé a que se refirió con eso... -Estefanía tomó impulso y se recostó en el colchón.

- Sentimien.... -un escalofrío paranoico me recorrió toda la columna vertebral impidiéndome terminar la idea- Que raro...

- Pero ya no interesa...-esperó un tiempo para continuar- ¿Y tú?

- ¿Yo qué? -como siempre en las nubes o en alguna parte de la galaxia.

- ¿Has visto a Bill?

- Bill... -guardé silencio para procesar bien la información- Buena pregunta, Mmmm... no lo he visto desde el problema con... -me costó terminar- Joseph...

- ¿Problema? ¿Cuál problema? -se enderezó y abrió los ojos.

- Nada, Joe estaba ayudándome con algo y llegó Bill malinterpretando los hechos, creo que no se llevaron bien...

- ¿Bill siente celos de Joe? -su voz volvió a ser normal, pero con un toque de curiosidad y mucha atención.

- ¡No! Bueno, en realidad no lo sé...

- ¡Bill piensa que la niña que quiere Joe eres tú! -mordió sus uñas.

- No creo que Bill sepa esa historia...

- ¡Bill está celoso! ¡Hay que decirle que tú no eres la niña! -ya parecía una escena teatral.

- Shhh... -tapé su boca- La gente duerme...

- Lo siento...

- Mira, haremos todo eso pero mañana... Por ahora debemos dormir.

- Sí, tienes razón.

Así concluyó el encuentro bohemio. Antes de dormir comencé a reflexionar... Estefanía tiene razón, no he hablado con Bill los últimos días, ¿Será que mi nueva vida cotidiana no me dejará tiempo para él? Aún no le tomo el ritmo a todo, es más, ni siquiera asimilo bien todo lo que pasa, ¿De verdad fui a esa oficina y hablé con esas personas? ¿Acabo de hacer un pacto con Tyler Woods? ¿Trabajaré para él impulsada por el miedo y el chantaje?.
De tanta respuesta no tuve más que juntar los ojos hasta la mañana siguiente.
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Eran las 12 Pm. Bastante tarde para quien tenía planes en el día pero algo normal para alguien como Bill, quien sólo deseaba escapar del asqueroso final que había tenido el día anterior, aparte de estar durmiendo en la cama de su hermano el miedo se apoderaba de lo que habría hecho María Paz en su habitación a causa de su enojo, no era gran cosa pero Bill es demasiado aplicado con sus pertenencias y podría ser llevado de urgencia si alguna de sus chaquetas de cuero había sido víctima de la furia de Pazhy.

- No quiero levantarme, no quiero... -miraba al techo mientras refregaba su cara con las manos- tengo el presentimiento que hoy será peor que ayer...-dio una vuelta en el colchón y contó mentalmente hasta 3 para destaparse y colocar sus pies en el piso.

- Yo tampoco...- dijo una voz proveniente del mismo cuarto.

Bill dejó atrás el sueño que aún contenía y dio un salto que hizo acelerar su corazón.

- ¿Qué haces aquí? -preguntó al destapar el otro lado de la cama.

- ¿Cómo que qué hago aquí? Esta es mi cama.

- Pero Tom... ¿No que estabas con Ara?

- Sí, lo estaba... -dio un bostezo.

- ¿Y por qué volviste?- sonó más a una molestia que a una simple pregunta.

- Vaya... Ahora me regañan porque vuelvo a casa- rió despacio.

- Espera... ¿A qué hora llegaste?

- Hace dos horas... Ara debía salir a visitar a tu novia, dijo que probablemente Estefanía estaba con ella.

- ¿Y por qué?- ni Bill sabía en qué orden preguntar lo que le había dicho su hermano.

- No sé, ayer se fue de la nada...-se encogió de hombros.

- ¿Lala?

- No, Estefanía... -se estiró- A propósito, ¿Hace cuánto no la ves?

- ¿A Estefanía?

- ¡No imbécil, a Lala!- dijo sorprendido por la poca comprensión que tenía su gemelo ese día.

- Eh... hace... -golpeó su frente- Tom, no lo recuerdo.

- Eso es grave... -volvió a taparse con las sábanas-

- ¡Tom, no recuerdo que fue lo último que pasó con ella!- lo destapó nuevamente para llamar su atención.

- ¡Ah!, no exageres enano, no pasaron 3 años.

- Tengo que ir a verla..- dijo decidido.

- Un momento... ¿Y Pazhy?- se sentó en el colchón.

- ¡Pazhy! ¡Casi lo olvido! -se apoyó en el umbral de la puerta.

- No la dejarás aquí ¿Verdad? No estoy para aguantar caprichos de niñas mimadas, además no es de mi responsabilidad- se cruzó de brazos.

- ¡Hablas de ella como si fuera un objeto! -alegó con un tono protestante.

- ¿Sabes algo? No debería hablar de ella, porque no me interesa ni tampoco me agrada, así que por favor no la dejes aquí...

- Te va a escuchar- advirtió.

- ¡Al diablo, Bill! ¡Primero esconderle a Lala, después tratar de ser cínico con ella y fingir que estoy enormemente feliz porque la trajiste y debo ser resguardado con las cosas que solía hacer antes en MI casa!.

- ¡También están Gustav y Georg!- interfirió a la defensiva.

- Sí, pero ¿Sabes qué? ¡Son nuestros amigos y aparte son hombres!

- ¿Estás siendo machista?

- Bill, deja ya de usar la mentira para agradarle a ella, si de verdad piensas que vale la pena todo ese tiempo que fueron amigos de la infancia ¡No le ocultes algo tan importante como tu relación sentimental!

- No necesito que alguien como tú venga a decirme qué cosas hacer.

- Si no te lo digo yo ¿Quién lo hará?

- Da igual, pienso que hablas solamente por hablar-intentando calmarse.

- Dime una cosa, ¿Te avergüenzas de ella?

- ¿De quién?

- ¡De tu novia!- la paciencia era imposible de recuperar para Tom.

- ¡No es mi novia!- devolvió con un grito.

- ¡Al carajo Bill, no puedes ser más poco hombre!

- ¡Tú fuiste así por mucho tiempo y jamás te recriminé nada!

- Está bien, haz lo que quieras- ya rendido y sabiendo que la discusión no llevaría a nada.

- ¡Bien!- Bill salió de la habitación dando un portazo.

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Hotel Phoenix

El pasillo que acostumbraba a transitar tomaba otro ambiente, esta vez lo compartía con Estefanía, y en esta ocasión mis pretensiones no eran insistir por alguna de mis ideas desfasadas o arriesgadas, en realidad no sé qué haría al momento de dejarla ahí, sólo tenía en mi mente cumplir su deseo: "Hablar con Joe"

Crucé los dedos para que estuviese ahí y no me hiciera cargar más con la inquietud que poseía Estefanía y su enorme anhelo de entablar una charla con él, golpeé con firmeza la puerta y esperé.

- Lala... -pronunció Estefanía como rayo.

- ¿Qué pasa?

- ¿A ti... te gusta Bill, verdad?

La miré casi con actitud prejuiciosa, no era una pregunta que me alegrara escuchar, menos de ella.

- Sí- creo que mi respuesta fue más fría de la que imaginé, le sonreí para que se tranquilizara y proseguí esforzándome por no decaer- No tienes que preocuparte por eso Estefanía... -acaricié su hombro y la puerta sonó.

- ¿Hola?- dijo un poco confundido con mi visita.

- Hola... Vengo a... -tomé la muñeca de mi acompañante- bueno, ella... Ella quiere hablar contigo.

- ¿Si? ¿De qué sería?- plasmó sus ojos en ella.

- No sé, ¿De la vida? -por un momento me sentí estúpida al pedirle a Joe que hablara de cualquier cosa con ella.

- Hola Joe... -se presenció tímidamente. Era evidente, a Estefanía le gustaba mucho.

- Hola- le besó la mejilla y me miró- ¿Cómo te fue ayer?

Quedé casi helada, ¿Es que este hombre no puede dejar de ser sobreprotector por algún minuto? ¿Ni siquiera cuando una mujer le está hablando?

- Bien... -asentí con la cabeza y agregué rápidamente antes que mi puño cobrara vida y le marcara toda el rostro- Me tengo que ir, debo salir a... comprar.... ropa.

- Ad... - fue lo último que escuché antes de correr a las escaleras.

No fue la mejor manera de despedirme pero algo tenía que hacer antes de explotar en el acto, lo que menos quiero recordar es que ahora trabajo para una banda de mafiosos norteamericanos y lo primero que hace este hombre es preguntarme sobre mi curiosa experiencia de ayer. ¿Será que el karma decidió pegarse a mí, o yo estaré siendo muy exagerada? Ni al caso, ahora debo inventar una excusa para salir y desaparecerme del hotel por lo que dure su conversación.
Salí hacia la recepción para bajar las escaleras de la entrada sintiendo un extraño presentimiento que no descubrí hasta llegar a dos cuadras más lejos...Me detuve y pensé: ¿Con qué voy a comprar si no tengo la billetera? Estos son los momentos que me gustaría tener un mazo gigante y golpearme en la cabeza.
Así como una torpe despistada tuve que regresar a mi habitación, pero no contaba con que gracias a mi "descuido" atendí a quien menos esperaba ese día.

- ¿Ara? ¿Qué haces aquí?

- Vine a buscar a Estefanía... ¿No está contigo?- no sabía si responderle sí o no, tenía la leve intuición que si respondía con la verdad ella pensaría que soy una secuestradora o que no cumplí con mi función de ética de aconsejarle que regresara a casa.

- No... digo sí, lo estaba, pero ahora está hablando con alguien.

- ¿Con quién?- aquí venía la parte difícil de responder.

- Con un... amigo.

- ¿Qué amigo?- odio esas preguntas donde debo profundizar más de lo debido.

- ¡Estará bien! Por si eso quieres saber.

- Pero ¿Con quién está? -ya me asustaba la manera en que lo preguntaba.

- ¡Con Joe!- dije al fin.

- ¿Quién es Joe?

- Ya basta, muchas preguntas.

- ¡Hey! -agarró mi hombro.

- De acuerdo, está con el niño que le gusta- dije resignada con un cartel de "soplona" en mi frente.

- ¿De verdad? -bingo, por fin bajaba su tono.

- Sí, y te recomendaría no interrumpir.

- ¡Me lo podrías haber dicho antes!- ahora sus músculos faciales lucían normales.

- No, no, créeme que no, eres peor que mamá histérica.

- Lo siento... Pero es que me preocupa, ayer estaba muy rara.

- Lo sé, así llegó aquí... -algo me hizo sentir que no debí haber dicho eso.

- ¿Y dónde irás ahora?- dijo queriendo poner un corte al tema.

- Saldré de compras... a alguna parte para distraerme...

- ¿Ya no das ensayos?

- ¡Ensayos! -recordé- ¡Tienes razón, hoy debo asistir a los ensayos!

- ¿Lo olvidaste? ¿En qué planeta estás?- rió.

- No lo sé...

Entré para recoger mi bolso y volví a evacuar el edificio con Ara a mi lado. Sinceramente a veces pienso que soy más idiota de lo que pienso, o existe la posibilidad que esos tipos me hayan drogado cuando me quedé dormida en el laboratorio, vaya, ahora me aterroriza el saber qué cosas me hicieron mientras yo dormía...

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Residencia Kaulitz.

- Buenos días, Bill.

- Hola... Eres educada... -agregó con poco ánimo.

- Oye... -se acercó para sentarse a su lado- discúlpame por lo de ayer, fue una estupidez... Eres mi amigo y te quiero mucho... -se calló esperando la respuesta de quien la escuchaba, o pensaba que la escuchaba.

- Tú también discúlpame... -tomó aire- No puedo seguir así, debo estar bien para las entrevistas futuras, para el disco que se viene, el videoclip y... ¡Ah!

- Sé que tienes una vida muy agitada y no quiero ser otra carga para ti... Las cosas ya no son como antes, ya no somos niños sin preocupaciones ni grandes responsabilidades...

Bill se mantuvo quieto y silencioso.

- Y discúlpame por ocupar tu habitación- añadió también.

- No importa... Estabas enojada, sólo espero que no te hayas desahogado en ninguna cosa de su interior.

- No, sólo arrojé un almohadón... -hizo una pausa violenta mientras Bill seguía con la cabeza agachada-... que chocó contra la mesa de noche...-Bill seguía sin inmutarse y María Paz comenzaba a tomar un tono culpable- y derramó tu delineador...

- Eso no importa, compraré otro...

- En tu chaqueta roja... -concluyó con un volumen casi inaudible. Bill tensó los músculos y apretó los labios.

- ¿En... m-mi chaqueta..?- moduló con una voz aterrorizada.

- ¡Bill, no fue mi intensión, te lo prometo!- comenzó a mover las manos y rascar su cabeza tratando de encontrar palabras por su falta.

- Mi.. chaqueta roja... -aspiró bastante aire por la nariz y lo botó por la boca.

- Bill, juro que te la pagaré, trabajaré de camarera, en un pub, ¡Donde sea!

- No, no digas eso... -rascó su nuca- está bien...

- ¿Estás seguro?- arqueó las cejas.

- Sí, son cosas que pasan... -la miró y le sonrió.

- ¡Gracias Bill!- presionó sus brazos alrededor de él y besó su mejilla cariñosamente- ¿Me acompañarás a mi primer ensayo?

- ¿Ensayo? ¡Es verdad! Hoy comienzas con eso... -la voz de Bill sonaba más a sorpresa que a entusiasmo.

- ¡Sí! ¿No es emocionante? -se paró fugazmente dando brincos hasta llegar al baño con su maleta entera- ¡Ya quiero conocerlos! -gritó desde adentro.

- Espero que ellos también quieran conocerte... -se dijo a sí mismo mientras pensaba cómo explicarle la situación a quién no veía hace días y quien seguramente desearía aquella famosa explicación.

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Estudio Mtv: Recepción

- ¿Emocionada?- interrogó con misterio.

- Algo... Más bien me invade la curiosidad... -respondí.

- ¿Curiosidad por qué?

- Dicen que hay una nueva "reemplazante"- hice comillas con mis dedos.

- ¡Pues debe saber que su trabajo ya terminó y que la reina llegó con todas las ganas de seguir bailando!- Ara me dio un codazo de aliento, o eso creo.

- Quisiera decirlo como tú.

- ¿Por qué no puedes? ¿Aún tienes problemas por lo de tus músculos?

- No, no es eso... Es que, tengo un mal presentimiento- pestañeé con fuerza.

- ¡Pamplinas! ¡Debes pasarlo genial y recuperar tu puesto!- alzó sus brazos con los puños cerrados.

- Sí... En realidad con otras palabras sonaría menos soberbio.

- Sólo entra, pequeña saltamontes -tomó mi mano y dio un impulso para dejarme en el pasillo que antecedía a la sala de baile.

Tomé aire, miré mi reloj para comprobar que todo estaba bien, 1:55... 5 minutos para volver a la hermosa rutina que me llenaba el alma, 5 minutos para cumplir con lo que me había traído a Los Ángeles, sólo 5 minutos... Sentía que me concentraba más en todas las emociones que se interponían en mí que de caminar bien, el peso de mi hombro se volvió invisible, los ruidos provenientes del otro lado de la pared hacían latir fuerte mi corazón, coloqué mi mano en la puerta, cerré mis ojos y conté hasta tres, la empujé y recobré la vista.
Casi me desmayé cuando vi aquella imagen...

- ¡Miren, es la señorita Rojas! -dijo una niña y todas las miradas se posaron en mí, que estaba dura como una piedra.

Podía ver, podía escuchar pero no podía sentir nada, no sentía mis pies, ni mis brazos... Las sonrisas de todos eran evidentes, corrieron a abrazarme llenos de preguntas y de buenos deseos, todos irradiaban felicidad, todos menos una persona, aquella de la cual no podía despegar mi vista, ni ella de la mía. Aquella persona que me hizo entender mi presentimiento de allá afuera.

- Laura Rojas... -pronunció- Tu nombre tiene mucha fama por estos lugares...

- Me imagino, no tenía idea que ya había una reemplazante...

- Ya sabes como son las cosas, todo debe ser rápido y eficiente, estos chicos no pueden quedar desorientados ¿No lo crees?- no me gustaba para nada el tono con que lo decía.

- Deberían haberlo conversado conmigo antes.

- Hay otras personas con cargos superiores a ti, corazón- lamentablemente la ironía nunca fue su fuerte.

- Así veo... -sonó la puerta, lo que al principio pareció ser una excusa perfecta para detener esa incómoda conexión pasó a ser algo peor...

- ¡Hola! -dijo- ¡Lo lamento por llegar tarde! ¡Ven! ¿Por qué no entras, Bill?.

- ¿Bill? -volteé casi de golpe sin importarme el bochornoso encuentro que tuve en esos instantes con un rostro que bien conocía.

¿Qué hacía Nicole ahí... y qué hacía Bill con esa niña?
Casi terrorífico, entre la espada y la pared, es en estos minutos cuando piensas que no puede pasar nada peor y para colmo, sucede.

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domingo, 27 de marzo de 2011

Capítulo 18 - "Sorpresa"


- ¿Hola? ¿Estás bien...? -desde el otro lado de la puerta escuchaba mientras limpiaba mi mentón con un pedazo de papel higiénico amontonado, ya que con la desesperación no tuve tiempo para doblar adecuadamente. Falso, era la misma frase, pero dicha en otra ocasión, un pequeño playback de lo que fue mi asistencia al lavabo.

- Laura... -agitaba su mano insistentemente delante mis ojos vacíos.

- Lo siento Lourdes, estaba acordándome de algo...

- Así veo, te debo ir a dejar... -Lourdes traía puesta una chaqueta larga color azul marino y botones grandes, en sus manos se podían divisar 3 anillos, lo cual me daba a pensar que tal vez estaba casada o comprometida. Bien, un tema con el cual pueda intentar ganarme su confianza.

- ¿A dónde? -perdí tanto la concentración en observarla que se me olvidó por completo lo que me había dicho.

- A tu hotel, es tarde ya...

- Ah, sí... -me levanté, encajé mi polerón y me acomodé el pelo.

- ¿Estás mejor? -dijo mientras abría una gran puerta de vidrio transparente.

- ¿Mejor? Eh... sí -respondí aunque no supiera de lo que me estaba preguntando.

- Después de ir al baño te quedaste dormida en el suelo, así que tuvimos que entrar y llevarte a enfermería...

- ¿¡De verdad!? - Ahora entiendo por qué el sonido de la puerta era lo único que tenía en la mente.

- Sí, nos dijeron que podía tratarse de insomnio, así que con Sam decidimos ignorar el permiso de privacidad que deberíamos haberte pedido antes de entrar a tus redes sociales -esta vez se detuvo para pedir al ascensor.

- Ah, no importa...

- Mañana empezaremos con el trabajo de lleno. -dio un paso invitándome a avanzar e introducirme adentro del elevador.

- Ok...

- Y el Miércoles te llevaremos al médico...

- El Mier.... ¡No puedo! ¡Tengo que ir donde la doctora Tornau!

- Lo sabemos, por eso nosotros te llevaremos -sostuvo sin inmutarse.

- ¿Cómo lo saben?

- Tus archivos... -concluyó, como si esa palabra me hiciera entender todo.

- Ah... Wow... A veces me asustan con sus juegos psicópatas...

Lourdes prefirió no contestarme y salir del elevador a paso firme, sus tacos se hacían sonar por todo el lugar, por fin conocí la recepción... Ya me sentía traficante por entrar por el garage.
El auto de Lourdes estaba justo al lado del jardín principal, al frente de un adhesivo que contenía la palabra "Reservado", detrás de las enormes letras "F.B.I"

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Los 10 minutos jamás fueron 10 minutos, en realidad fueron menos que 5... Ni el entusiasmo de María Paz junto con la "autoridad" de Bill fueron suficientes, así lo recordaban ambos en casa a las 7: 48 Pm.

- ¿Y viste como me miró cuando le dije mi nombre?

- Pazhy, olvidemos eso... ¿No quieres pedir pizza?

- ¡Pero es que me molesta tanto que no tengan mi nombre registrado!

- Son humanos, pueden equivocarse...

- Bill ¡Estoy en el grupo! ¡Deben tenerme! ¿Cómo lo haré cuando tenga que ir a los ensayos oficialmente? -la almohada que ocupaba de respaldo voló por los aires.

- Entonces ahí deberán actualizarlo... -el joven tomó convencido el teléfono para pedir la pizza.

- ¡Yo sólo quería conocer el lugar! -gritó.

- Shhhh, ¿Puedes guardar tu emoción para después?

- ¡No! -gruñó y entró a la habitación de su amigo que no despegaba el teléfono de su oído.

- Deberías...

- ¡Cállate! -aún de una pieza a otra seguía la disputa.

***

- ¿Oíste eso?

- No... -Gustav sostuvo sus dos baquetas y se retiró los audífonos de las orejas.

- Parece que llegaron... -Georg desenchufó su bajo y lo guardó en el estuche para ir a saludar.

- ¿Es mi idea o pelean más que Bill con su novia?

- ¿No es ella?

- No, esa voz es de María Paz...

- Wow, pensé que era su novia... -se sorprendió Geo.

- No me extrañaría que en un tiempo más fuera así.

- ¿Quien te quiere te aporrea? -preguntó con tono humorístico.

- ¿Tú peleas con Domi? -la cara del bajista se desfiguró, como si el nombre "Dominique" se le hubiese olvidado.

- En realidad, ni siquiera hablo con Domi actualmente...

- ¿Y eso por qué? - Georg se encogió de hombros en respuesta de la interrogante - Deberías hablar con ella...

- Mmm.. debería hablar con ella... -reiteró como intentando convencerse a sí mismo que era buena idea.

- Vas a hablar con ella-concretó al ver la actitud floja de su compañero.

- Sí, ¡Voy a hablar con ella! -levantó su puño en señal de victoria.

- Pero ahora no... -le cubrió la mano- Ahora debemos ir con Bill...

- Sí, ¡Debemos ir con Bill! -sin bajar el tono de entusiasmo.

- Geo, ya basta...

- Sí ¡Ya bas.... Ok Gustav... -suspiró.

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El almuerzo concurrió de forma normal, o así estimaron los presentes que ahora disfrutaban de una pelicula en la sala de estar, bueno... Ara y Tom la disfrutaban.

- ¿Dónde vas? -preguntó su prima.

- Voy a ver si está lloviendo...

- Estefanía, quédate aquí... Aún no termina la pelicula -añadió Tom.

- Necesito tomar aire, creo que algunas personas absorben mucho con tanto intercambio de saliva... -los demás rieron, pero a Estefanía no le hizo ninguna gracia, no tenía nada de gracioso el estar sola mientras tu prima disfrutaba de lo lindo que es el amor... -Después me comentan el final- cerró la puerta.

- ¿Qué le pasó? -mirando a Tom - ¿Le dijiste algo? ¿Una de tus bromas sarcásticas? -le golpeó el hombro.

- ¡Auch! ¡No, no hice nada!

- ¿Entonces qué hice yo?

- ¡Nada! ¡Déjala! Quizás necesita un tiempo a solas...

- Pero es mi prima... -dijo bajando la cabeza.

- Pero no es de tu propiedad -le acarició el pelo, nada ayudó... -Yo sí.. -levantó las cejas.

- ¡Tom! -sonrió y le golpeó nuevamente el hombro.

- ¡Sin golpes! -le tomó la mano y se la escondió por atrás de él, quedando en una posición de abrazo.

- Tú te mereces una buena paliza... -alegó.

- No, tú sabes que no es así -sonrió de forma angelical.

- ¿Y por qué no?

- Porque soy demasiado guapo, una paliza arruinaría mi rostro y todo mi hermoso cuerpo...

- Este hombre y su ego... -se soltó y cruzó los brazos.

- Esta mujer y su enojo sensible... -le besó la mejilla.

- Este hombre... este hombre... - y lo besó en los labios suavemente.

"Somos llamados a ser lo que queremos, somos seres que dependen del amor, ya sea propio o dependiente de una persona, el corazón nos pide y nosotros servimos... no obstante, hay veces que somos lo que podemos.. y no lo que queremos"
Píntame un mundo de alegría, y te daré el corazón... sin importar si de ti me enamoro o no... Haz de él lo que quieras, es tuyo.

***
Fría, fría como la noche... La noche sólo es tibia si así la sentimos, subjetividad, generosa subjetividad ¿Por qué todo tiene que ver con el amor? ¿Por qué la gente mata, muere y vive por ello? ¿Por qué tenemos esa necesidad de no sentirnos solos? Ni con nuestra más hermosa sonrisa lo podemos esconder, Estefanía comenzaba a experimentarlo... su lección, su vientre liviano lleno de alas por dentro, el veneno pegado a la garganta, el martillo en la frente y un corazón que exigía libertad para amar.
No quería estar sola, pero no quería llorar. ¿Qué es lo que deseaba? Deseaba que lo que le estaba pasando no fuera dañino, no fuera letal... Quería descubrir por qué todo había cambiado, necesitaba destapar su realidad.

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- ¡Hola! -saludaba animoso Geo a su delgado amigo.

- Hola Geo, Hola Gus... -Bill se dejó caer en el sofá apoyando su frente con las manos.

- ¿Qué sucede? -curioseó Gustav.

- Nada... Creo que Pazhy se enojó por lo de hoy y... eso.

- Al parecer no estás muy acostumbrado a las peleas...

- ¿Ah?

- Que tú con Lala no pelean casi nada...

- Y pensamos que estabas peleando con ella en vez de Pazhy... -agregó Geo.

- ¿Qué están tratando de decirme?- Bill cambió su rostro a uno lleno de intriga.

- Nada... -dijeron al mismo tiempo.

- ¡A mí no me gusta ella! Y no digan el nombre de Lala tan fuerte...

- Estás estresado... -afirmó el baterista como si se tratara de un diagnóstico.

- Es lo menos que podría deducir...

- ¿Y Tom dónde está? -preguntó el muchacho de pelo largo.

- Debe estar con Ara, no sé... Y no me importa.

- Supongo que te importa la reunión que habrá mañana.. -dijo Gustav.

- ¿Qué reunión? -Bill parecía mareado con tanta información.

- La con los dirigentes de la producción...

- ¿Cuál?

- Bill, tenemos que grabar un videoclip. ¡Recuerda que somos Tokio Hotel aún! -regañó el miembro mayor de la banda.

- ¡Ah! ¡Maldita fama! -golpeó la pared y caminó, recordó que María Paz se encontraba en su habitación y cambió el rumbo hacia la de Tom dando un fuerte portazo.

- ¿Estará bien?

- Espero Gustav, espero...

Era evidente que el lazo de amistad que unía a Georg y Gustav con los Kaulitz se veía muy degradado por la aparición de esas mujeres, pero ellos no lo tomaban tan así, después de todo Bill y Tom tenían derecho a divertirse con tanto estrés, pero no así el derecho de desaparecerse como si nada, claro estaba el código "Mujeres pasan, amigos quedan", lo verdaderamente importante era otra cosa, Bill y Tom no estaban rindiendo en los ensayos y el disco no avanzaba como debería, tal vez no era netamente culpa de las chicas, pero aún así ellos necesitaban solucionar este problema que no podía pasar por alto, porque al que deberían rendir cuentas no era ni a Geo ni Gustav, si no a todo el equipo de producción y disquera que trabaja con ellos.

Así mismo se decidieron a intervenir, habían recibido una llamada de David que los impulsó a controlarlos y que volvieran a su vida "normal", y es que en realidad ya lo venían pensando hace tiempo pero como buenos amigos no estimaban correcto ser tan dictatoriales con sus vidas, aunque los Kaulitz fueran los menores de la banda tenían los mismos derechos que ellos, y el detalle de que ya no tenían 17 años para usar el libertinaje como regla en sus vidas.

Tom y Bill; Dos polos opuestos... estrés y relajación... dos almas gemelas separadas solamente por sus destinos.

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Eran alrededor de las 9 de la noche, veía de lejos el hotel y a Lourdes a mi izquierda... al ver sus manos quise romper el silencio...

- ¿Casada? -pregunté.

- ¿Qué? -sin despegar la vista de al frente.

- Si acaso estás casada, comprometida o algo... -mi seguridad del principio disminuyó gradualmente.

- ¿Lo dices por los anillos? Son de mi madre... Los de compromiso no se ponen en ese dedo...

- No lo sabía... -intenté reanudar- ¿Y tu madre...?

- Ya llegamos, recuérdalo... Mañana vendré a buscarte a las 2 en punto... -contestó y esperó a que me bajara.

- De acuerdo... cuídate Lourdes... -salí del auto y me quedé parada, esperé a un gesto o algo de su parte... Nada, sólo encendió el motor y se fue. ¿Qué quedaba? subí las escaleras sin más y me dirigí a mi habitación.

Definitivamente caerle bien a Lourdes no es una tarea sencilla, pero ¿Por qué me interesa tanto caerle bien? No todos tienen la facilidad de confiarle ciertas cosas a los demás... No tengo por qué culparla... A propósito, qué pasará con el baile.. ¿Quién es esa nueva directora? Mañana debo ir a... No, espera... Mañana no puedo... Pero y si me escapo, Dios, necesito saber de mis chicos... Tengo que saber con quién están, tengo que hablar con Ying, debo supervisar la coreografía, debo... ¡Debo tranquilizarme!
Subía a mi piso, crucé por los pasillos, no quise molestar a Domi y Colette, seguramente dormían o estaban cansadas, paré en mi puerta, dirigí mi vista hacia abajo para buscar entre mi bolso las llaves, pero...

¡Sorpresa!...